Creo que cualquiera de por aquí tiene una foto de la infancia con la Virgen del Pilar. En mi caso estamos dos hermanos (el pequeño no había nacido aún) vestidos de marineros y con unos lamparones de chocolate en el traje... esos resquicios inolvidables de los helados que habíamos comido poco antes de entrar en la Basílica. Inmortalizados para la eternidad, mi madre tiene colocada esa foto en un lugar de honor, para mayor inri de los que salimos en la foto.
Hace una semana, alguien me dijo que no había estado en Zaragoza. Y buscaba calor, ya que aquí y en las playas cercanas se preveían tormentas. Así que le recomendé la ciudad y me ha traído los caramelos típicos en versión reducida.
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