lunes, julio 29, 2019

"Bohemian Rhapsody"

Corría el año 1992 cuando me enamoré de un fanático de Queen, en uno de esos amores adolescentes que son más platónicos que reales. Entre beso y beso compartíamos los cascos y escuchábamos todo el repertorio de la banda con la voz magistral de Freddie Mercury. Entonces habían editado la que se convertiría en el himno de los Juegos Olímpicos, una Barcelona interpretada por Freddie Mercury y Montserrat Caballé que ponía los pelos como escarpias.
Un año después no quedaba nada de ese amor de adolescencia más que un tierno cariño, pero yo tenía todos los discos de Queen, repartidos en viejas casetes, discos de vinilo y cedés. Creo que cuando compré los cedés de Wembley me olvidé de todo lo demás. Mi hermano se haría partícipe de Queen, escuchándolo casi tanto o más que yo, y hoy me lo ha recordado. 
Empecé a escuchar Queen en una época en que se escuchaba en todos los sitios, ya que Freddie había fallecido en 1991. 
Es un pecado por mi parte haber tardado tanto en ver la película. Demasiado tiempo. Hoy, de repente, quería cine y he escogido una película que me ha traído recuerdos y que me ha soltado las lagrimillas. Porque el Live Aid de 1985 me pone la piel de gallina cada vez que lo veo. Pero Freddie Mercury era espectacular en el escenario. 
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Hacía tiempo que no veía una buena adaptación de la vida de un personaje famoso. He de decir que la interpretación de Rami Malek en el papel de Freddie Mercury es impresionante (no me extraña que ganara el Oscar como mejor actor este año). Tiene estudiadísimos todos los gestos del cantante tan a la perfección que al espectador le deja perplejo. 
Respecto de la vida de Freddie Mercury, cualquier persona puede conocer a grandes rasgos las pinceladas que se dan en la película: su primer y gran amor, Mary (Lucy Boynton); que provenían de la antigua Zanzíbar (hoy Tanzania); que no se operaba el exceso de incisivos porque podían deformar el sonido de sus canciones; que se dio cuenta de que era homosexual y que falleció al haber contraído el SIDA. A grandes rasgos, esto es lo que vemos en la película, pero la majestuosidad de la misma estriba en la puesta en escena de esas giras y esos macroconciertos, desde sus orígenes como una banda de barrio que tocaba en pubs de poca monta hasta convertirse en una de las bandas más importantes del mundo, tanto como para que muchas de sus canciones se hayan convertido en verdaderos himnos, como es el caso de We are the champions, al ganar cualquier competición deportiva.
Pero no es sólo Rami Malek, sino el resto del grupo, Gwilym Lee como Brian May, Ben Hardy como Roger Taylor y Joseph Mazzello como John Deacon, hacen una interpretación magnífica. 
No soy muy de musicales, pero creo que a la película le falta más música, ya que parece que todo se centra en el Live Aid de 1985. Lo que hubiera dado yo por haber estado allí.
Por supuesto, entre las celebérrimas canciones de Queen, me quedo con la que no quiso el productor, con la misma que da el título a la película. Sólo cierro los ojos y me dejo llevar con Bohemian Rhapsody.

Hace unos años visité Wembley, pero no era el viejo estadio del concierto de 1985. En su lugar había una instalación moderna y titánica, que se encontraba vacía en ese momento. Lo recorrí y pensaba en lo que tenía que haber sido en aquel macroconcierto. Y lo dice alguien que rechaza las multitudes en general y los conciertos en particular... pero a ese concierto no me hubiera importado ir.

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