jueves, noviembre 24, 2016

Una anécdota kafkiana

Ayer leí una historia sobre Kafka en un foro literario. La plasmo aquí porque me parece una historia preciosa y, sobre todo, para no olvidarme de adquirir uno de los libros que la narra, Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Sierra i Fabra.
Un día, mientras Kafka paseaba por un parque cercano a su casa, se encontró con una niña que estaba llorando porque había perdido su muñeca. En ese momento, el autor entró en el mismo estado de tensión nerviosa que lo poseía cada vez que se sentaba frente a su escritorio para escribir una carta. Es cuando decidió que tenía que escribir una carta a la niña explicándole por qué se había marchado su muñeca, que había decidido ir a recorrer mundo. La niña le preguntó dónde estaba la carta y él le dijo que se la tenía en su casa. Al día siguiente, cuando Kafka regresó al parque y se encontró con la niña, que le esperaba expectante. La niña encontró consuelo con su lectura y Kafka seguía escribiéndole cartas que describían los viajes de la muñeca. Esta correspondencia duró durante tres semanas. La niña había perdido la muñeca pero había ganado la ilusión de la expectación, la ilusión de conocer otros mundos a través de las palabras que Kafka le escribía.
Esta anécdota la contó Dora Dymant, compañera sentimental de Kafka durante los últimos años de su vida. Es una anécdota real y que nos dice mucho de la personalidad del magnífico y célebre autor.
Lamentablemente las cartas desaparecieron, sobre todo porque nunca se localizó a la niña amiga de Kafka. Cuando Jordi Sierra i Fabra conoció la anécdota decidió escribir sobre ello. También Paul Auster menciona la anécdota en su obra Brooklyn Follies, con el fin de alabar la solidaridad del escritor, al ser capaz de crear una obra de arte para una sola lectora.

Lo cierto es que la anécdota mueve "algo" dentro de nosotros. De alguna manera, nos acerca un poco más a Kafka.

2 comentarios:

Dyhego dijo...

Esa anécdota es muy simpática.
Por lo demás, Kafka me parece soporífero la verdad.
Y que me perdones.

K dijo...

Sólo he leído La metamorfosis, hay libros de él con los que no podría. Y si leemos para disfrutar, hay que disfrutar realmente de lo que estamos leyendo. No puedo con El proceso, por ejemplo.