domingo, noviembre 06, 2016

Novelas del pasado: Plenilunio

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Hay libros de Muñoz Molina con los que no he podido (como El jinete polaco, comenzado en varias ocasiones y abandonado poco tiempo después de empezarlo). Y el de Plenilunio me costó leerlo por un motivo diferente: era tan crudo que me resultada difícil de leer, pero lo terminé. Después de este libro, leería algunos más del autor y este año, en el mes de junio, tuve ocasión de verle en la Feria del Libro de Madrid.

Un innominado inspector de policía que ha estado destinado durante muchos años en el País Vasco en la época de más asesinatos de la banda terrorista ETA, con la consiguiente vida angustiosa marcada por el miedo y las amenazas, obtiene destino en la ciudad donde pasó su adolescencia en un internado de los jesuitas. El inspector busca la tranquilidad y la seguridad de las que carecía en Bilbao. El contacto con el dolor y la muerte provocados por el terrorismo y la relación distante con su mujer le han convertido en un individuo infeliz y escéptico.
En su nuevo destino vuelve a encontrar otro tipo de violencia irracional, la que protagoniza un asesino y violador de menores, un hombre de aparente vida normal, pero perturbado, que se dedica a violar y asesinar niñas en las noches de luna llena (plenilunio).
Alrededor de las investigaciones policiales, se describe la vida de los personajes que mantienen una relación estrecha con el inspector: su mujer, la maestra Susana Grey, el padre Orduña, el médico forense Ferreras y el propio asesino. El eje de la novela no es la acción, secundario y dosificada, sino la reflexión sobre las vidas de estos personajes, condenados a la derrota y al fracaso.
El inspector dedica todo su tiempo a la búsqueda del criminal, que espera conocer por la mirada y que logra detener gracias a la constancia y a la perspicacia policial. Como contrapunto a esta historia criminal, el inspector vuelve a encontrar el amor con una maestra veinte años más joven que él, que le devuelve la ilusión de vivir.
De fondo, la sombra del terrorismo que padeció en Bilbao planea de nuevo sobre él. Termina convirtiéndose en víctima de un atentado de ETA, del que sale malparado. 

Los personajes de la novela son individuos desilusionados que ya no esperan nada importante de la vida. El inspecto ha llevado una vida muy dura en Bilbao, que ha provocado la enfermedad mental de su mujer. El asesino muestra su frustración familiar y vital. El padre Orduña acusa del fracaso de sus ideales y del olvido a que está sometido. Susana Grey, la maestra, lleva una vida solitaria provocada por el fracaso matrimonial y por el abandono de su hijo en la adolescencia. Susana es el único personaje que lucha contra su vida gris. Ella lleva la iniciativa en la relación amorosa con el inspector y, además, toma la determinación de abandonarlo todo para un cambio de vida en Madrid. El final de la novela abre un camino a una vida más halagüeña, que la relación de Susana y el inspector se consolide, que la fe religiosa del asesino sea sincera y que el forense Ferreras consiga la felicidad.
Con respecto al inspector, no se nos brinda su nombre, y de su aspecto físico sólo se nos dice que tiene el pelo gris, mediana edad y ropa más bien del norte que de su nuevo destino. Es un policía normal, con problemas amorosos, que hasta hace poco abusaba del alcohol, del tabaco y visitaba los prostíbulos. Ha llegado a esta situación por la vida traumática (atentados, amenazas, llamadas telefónicas) que ha llevado en el País Vasco, que ha destrozado psíquicamente a su mujer. En el nuevo destino intenta rehacer su vida y entabla relaciones con Susana Grey, con quien va a descubrir la pasión y el amor, pero siente culpabilidad por la enfermedad de su mujer y esto le impide romper definitivamente con el pasado.
El inspector tiene un pasado de espía, de policía social durante la dictadura. Aunque era hijo de un preso político, cuando era joven se ganaba la vida en la universidad pasando informes sobre los estudiantes politizados. En el aspecto profesional, es un policía concienciado y entregado a su trabajo. Él es el que lleva el peso de la investigación del crimen con obsesión. El inspector tiene elementos de la novela negra: una vida difícil, un sentimiento de desarraigo y la búsqueda de la verdad en un contexto violento.
Con respecto al asesino, se le puede considerar el antagonista del inspector. Al principio, el narrador va dosificando la información sobre el sospechoso, algo habitual en las novelas policíacas. Reitera que el asesino debe llevar el mal impreso en la mirada. Después nos va dando los primeros datos: es un joven moreno, con una mano herida y con una profesión manual. Más tarde nos va revelando la identidad del asesino a través de sus actos y sus pensamientos. Se trata de un personaje atormentado, frustrado y acomplejado por el diminuto tamaño de sus órganos sexuales, por su impotencia, por su oficio de pescadero y por su origen humilde. De su aspecto físico, destaca el gran tamaño de sus manos, sus uñas sucias y rotas y el olor a pescado que siempre impregna toda su ropa.
En el aspecto moral desprecia a sus padres, consume películas pornográficas y es un reprimido a nivel social, sexual y profesional. Como no es capaz de tener relaciones con chicas normales, busca su desahogo atacando a prostitutas o abusando de menores.
Susana Grey es la maestra de la niña asesinada, Fátima, pero su papel es singular, porque va a ser el centro de la trama amorosa con el inspector. Su vida insatisfactoria procede de un fracaso matrimonial con un hombre con el que nunca fue feliz y por la frustración que supone el hecho de que su hijo decida irse a vivir con su padre cuando llega a la adolescencia. Susana es una mujer decidida que lucha por conseguir la felicidad. Ella es la que lleva la iniciativa en la relación amorosa con el inspector. Estamos ante una mujer culta, amante de la literatura y de la música. Frente a los demás personajes, Susana se muestra sensible, culta e inteligente. Es el nexo de unión que une a todos los personajes, pues es amante del inspector, amiga del forense Ferreras, profesora de la niña asesinada y cliente del asesino.
El ex marido de Susana muestra el fracaso de unos ideales progresistas mal asimilados y peor llevados. Sólo Susana abandonada por el marido y por el hijo muestra una capacidad efectiva para sobreponerse al fracaso y al miedo a la soledad.
El padre Orduña, viejo sacerdote jesuita y ex profesor del inspector, sirve para poner de manifiesto el contraste entre el franquismo y la transición democrática. Aparece caracterizado como un cura obrero empeñado en conjugar el cristianismo con el comunismo. Es una figura arquetípica de los últimos años de la dictadura. Se trata de un hombre de otra época, la realidad le ha desbordado y no encuentra su sitio en la nueva sociedad.
Su papel en la novela consiste en explicar la infancia del inspector, hijo de un represaliado en la guerra civil al que, como profesor, no ha conseguido transmitir sus ideales. También cumple la función de escuchar al inspector en una confesión laica mediante la que conocemos sus frustraciones y sus debilidades.
El forense Ferreras tiene dos funciones en la novela, la primera la propia de su profesión: el informe sobre la muerte y la violación de las niñas. Es un profesional cuidadoso y riguroso con su trabajo. La segunda función es la de informarnos del pasado de Susana recién llegada a la ciudad, pues era amigo de su marido hasta que éste se fugó con su novia. En cuanto al carácter, se muestra jovial, impulsivo y charlatán.
La mujer del inspector ayuda a comprender la soledad del inspector. Su matrimonio no ha sido feliz y se agrava con los problemas psiquiátricos como consecuencia de la violencia sufrida en el País Vasco. Esto hace que el inspector se sienta responsable de su estado y no se decida a terminar su relación con ella. Es el principal escollo para que el inspector sea feliz junto a Susana Grey. Al final sólo sabemos que los médicos le van a dar el alta.
Fátima es la niña asesinada, que el inspector conoce después de muerta por el testimonio de la maestra y por las fotos y vídeos domésticos. Procede de una familia obrera y es la mejor alumna de la clase.
Paula es la segunda niña atacada que sobrevive milagrosamente. Se muestra valiente y, con la ayuda del inspector, será capaz de afrontar la situación con entereza. El inspector va a establecer una relación muy cercana con ella, que choca un poco con la imagen dura y problemática que tenemos de él. Esto es un síntoma del cambio que se está produciendo en el inspector, a raíz de su relación con Susana Grey.

En cuanto al tiempo, no hay ninguna referencia al año en que se suceden los acontecimientos. Los hechos son posteriores a 1975 y anteriores a 1887 (año de publicación de la novela). Todas las referencias al franquismo son en pasado. Hay algunos indicios que nos aproximan a la fecha de la acción, por ejemplo, el asesino manifiesta que ha visto varias veces la película El silencio de los corderos, estrenada en 1990. Susana Grey además compara la muerte de la niña con las violaciones y asesinatos realizados por los militares serbios en la guerra de Bosnia (la guerra de la ex Yugoslavia transcurrió entre los años 1991 y 1995). Por lo que los hechos narrados podrían sucederse en el primer lustro de la década de los 90.
Con respecto al tiempo interno de la novela, la acción se desarrolla a lo largo de un año. El narrador aporta algunas referencias temporales: el inspector ha llegado a la ciudad unos meses antes, el crimen de Fátima sucede a finales de otoño o principios de invierno, la violación de Paula se produce unas semanas antes de las vacaciones de Navidad, el inspector dice que añora el frío y la lluvia del lejano invierno y el narrador dice que han pasado siete meses desde la muerte de Fátima. Con estos datos, se puede afirmar que la novela se desarrolla siguiendo un orden lineal entre la primavera y el otoño.
La mayor parte de la novela transcurre en un ambiente nocturno. Tanto el asesinato de la niña como la relación de Susana con el inspector suceden por la noche. Sólo los tres últimos capítulos se desarrollan a la luz del día, que simboliza la superación del temor tras la detención del asesino.

En lo que se refiere al espacio, no se nombra la ciudad donde transcurre la acción, sólo se dice que es una ciudad "alta e interior". Cuando la acción sucede fuera de la ciudad se describe el paisaje con elementos de ciudades andaluzas: olivares, cortijos, el color pardo o rojizo de la tierra, y además hay varias referencias al río Guadiana. Todo esto hace suponer que la ciudad donde suceden los hechos es Mágina, designación literaria de Úbeda (ciudad natal del autor).
Los espacios exteriores tienen su importancia en la novela, ya que tanto el inspector como el asesino pasean a menudo por la noche por las calles de la ciudad. El inspector, para detener al criminal, y el asesino, para gozar de la sensación de impunidad.
Los espacios interiores sirven para conocer mejor a los personajes, pues reflejan su personalidad y su modo de vida. La casa del inspector se describe como un piso vacío y este vacío físico no es más que una proyección de su estado de ánimo. El antiguo colegio donde vive el padre Orduña nos ayuda a comprender mejor al personaje, pues se define como anticuado y decrépito. Las casas de las víctimas se caracterizan por la modestia propia de una familia trabajadora y por las abundantes fotografías de las niñas. La decoración de la casa de Susana Grey refuerza su imagen de mujer culta e independiente. La casa del asesino da una sensación de vulgaridad y opresión. Vive con sus padres, pero se encierra en su desordenada habitación, donde pasa las horas viendo películas pornográficas. La cafetería de la plaza, el Monterrey, se describe desde la perspectiva del inspector. Su instinto de protección le hace sentarse en una mesa frente al ventanal que da a la plaza. Estas precauciones hacen que sintamos el peligro de sufrir un atentado.

Respecto al narrador, se trata de un narrador omnisciente que habla en tercera persona, que nos transmite con objetividad lo que ve, pero también lo que piensan o recuerdan los personajes. No los juzga, simplemente transmite lo que hacen o piensan.
A pesar de que la tercera persona es el punto de vista predominante, aparece la confesión personal en primera persona inserta dentro de un diálogo. Cuando Susana cena por primera vez con el inspector le cuenta las vicisitudes de su fracaso matrimonial o cuando el inspector habla con el padre Orduña sobre la búsqueda del asesino y sobre su vida en el colegio.

En cuanto a las técnicas narrativas, hay varios hilos narrativos: el primero y primordial, la trama policial; el segundo, las vivencias del inspector en el País Vasco y el temor a un atentado terrorista; y el tercero, en contrapunto ante tanta desolación, la historia de amor entre el inspector y Susana.
En el desarrollo de la trama, cada capítulo suele estar dedicado a un personaje. A veces, en un mismo capítulo, de forma alterna, a personajes o acontecimientos distintos. Esta forma de narrar parece que tiene influencia del cine o de las series de televisión.
Se utiliza la técnica del suspense para despertar el interés del lector. Se interrumpe el relato en momentos de máxima tensión, dejando al lector con la intriga de lo que sucederá. El suspense de la novela se construye sobre la oposición entre el avance de la investigación del crimen sexual y la planificación silenciosa del atentado de ETA contra el inspector. Sabemos que el asesino de la niña está libre y puede volver a actuar y sabemos que un asesino acecha al policía, porque ha visto su imagen en la televisión y sabe dónde encontrarlo. Pero estas dos líneas de suspense culminan al final de la novela: el asesino es puesto a disposición judicial y el terrorista conseguirá su objetivo, que no es otro que atentar contra el inspector.
Desde el propio título, la luna está presente en casi todos los capítulos de la novela y en los momentos de clímax como luna llena. La luna actuaría a modo de elemento cohesionador. Todo este protagonismo de la luna se basa en la creencia de que la luna llena incita a las personas al mal. 

Dentro del estilo, se utiliza mucho el polisíndetos y abundantes verbos para aumentar la tensión. En la presentación de los personajes aparecen la anáfora y el paralelismo para reforzar los rasgos que nos quiere transmitir.

Con respecto al significado de la novela, además del crimen y su investigación, Plenilunio es una novela en la que el autor reflexiona sobre temas de actualidad como la violencia, el terrorismo, el mal, el amor, la insolidaridad de la sociedad actual y sobre el sensacionalismo de los medios de comunicación.
La violencia se manifiesta en los abusos sexuales a menores y en el asesinato de Fátima. Hay otro episodio, que recuerda el padre Orduña, sobre el abuso y asesinato de uno de los niños del internado a manos de un fraile perturbado. En ningún momento el narrador se muestra moralista, sino que se limita a contar los acontecimientos de forma objetiva. El lector rechaza el mal y toma partido por las víctimas.
La otra violencia que planea por la novela es el terrorismo de ETA, que no sólo asesina con tiros en la nuca o coches bomba, sino que extiende su violencia al ámbito privado (policías y sus familias o empresarios extorsionados) con amenazas verbales, llamadas telefónicas a altas horas o con las pancartas en la calle. La mujer del inspector es víctima de esa otra violencia, que ha deteriorado su matrimonio y la ha llevado a un hospital psiquiátrico. La misma actitud desolada y escéptica del inspector es el fruto de la amenaza del terrorismo.
Todos los personajes muestran su extrañeza sobre la existencia del mal y no son capaces de comprender los motivos que llevan al asesino a cometer los abusos sexuales y el crimen.
La insolidaridad de la sociedad se manifiesta en la impunidad con que actúan los asesinos. El secuestro de las niñas, el traslado hasta el parque, los restos de sangre no despiertan sospecha de ningún ciudadano. Tanto los terroristas de ETA como el asesino pescadero logran cometer sus delitos ante la indiferencia, cuando no inhibición de los ciudadanos.
Otro tema presente es el del amor en una doble vertiente. Por un lado, el amor conyugal del inspector hacia su esposa, que es un amor roto, desgastado por el paso de los años y en el que se ha acabado la pasión. Pero el inspector no es capaz de romper el vínculo con su esposa, porque él se siente responsable de sus problemas psíquicos. La situación vivida en Bilbao, la presión y el acoso de ETA son las causas de su internamiento en un psiquiátrico. Esto le impide iniciar una nueva vida con Susana Grey, que queda convertida en relación adúltera.
La otra vertiente del amor se encuentra en la historia de amor del inspector con Susana Grey. La maestra aparece como la salvadora que le hace descubrir la auténtica pasión. Susana es el único personaje positivo de la novela. Se muestra como una mujer culta, aficionada a la literatura y a la música. Mujer divorciada, que ha tenido que criar a su hijo sola, que luego se va con su padre. Es una mujer independiente, que con cuarenta años, decide rehacer su vida tomando la iniciativa, algo impensable en décadas anteriores. Susana representa a la mujer moderna y liberada de las ataduras de la época de la dictadura.
Cabe destacar el sensacionalismo de los medios de comunicación, tan presentes en nuestra vida diaria. En efecto, cuando se da la noticia del asesinato de Fátima, la plaza se llena de cámaras y de antenas móviles para transmitir al minuto, llegando incluso a los telediarios. En esta actitud de los medios parece que pesa más el morbo para lograr audiencia que la información en sí misma. Prueba de ello es el abandono de todos los medios cuando pasa el momento y la investigación no avanza. Consciente de ello, el inspector quiere evitar que la noticia del ataque de Paula llegue a la prensa. Este hecho va a ser fundamental para detener al asesino. También asombra la aceptación silenciosa de la violencia y del terror suministrados a diario por los medios de comunicación.
El autor muestra al asesino como una figura despreciable, sin que quepa ninguna coartada estética ni relativista y vuelva toda su piedad solidaria con el dolor de las víctimas y de su entorno.
En la novela se hace un claro homenaje a las víctimas, frecuentemente abandonadas en el sistema jurídico español, si bien los asesinos tienen todo tipo de garantías procesales.
El autor parece buscar una reacción extrema de rechazo a la violencia. Como si la escritura tuviera una función catártica. Enfrenta al lector con detalles de unas descripciones que pueden herir su sensibilidad y su conciencia moral.

Adaptación cinematográfica.- En el año 2000 Imanol Uribe estrenó la adaptación al cine de Plenilunio. Colaboró en la adaptación Elvira Lindo en calidad de co-guionista. Interpretó al policía Miguel Ángel Solá, al padre Orduña Fernando Fernán-Gómez, y al asesino y violador, Juan Diego Botto.

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