viernes, noviembre 18, 2016

Novelas del pasado: Memorias de África



Leer Memorias de África fue una entrada en contacto con un mundo desconocido. Debo decir que, desde entonces, quiero visitar Kenia. Para mí, hasta la entrada en mi vida de esta novela, el mundo literario se limitaba a Europa y América, y el resto era el gran desconocido. Con esta novela comencé a amar África.
El libro es una novela escrita por Isak Dinesen, pseudónimo literario utilizado por la escritora y baronesa danesa Karen von Blixen-Finecke. El libro, publicado en 1937, relata hechos relacionados con el período que Blixen pasó en su hogar en Kenia, que entonces formaba parte de África Oriental Británica.
El libro en realidad es una reflexión lírica de la vida de Blixen en su plantación de café, además de un tributo a ciertas personas que le causaron algún tipo de impresión durante su vida en aquellas latitudes. El libro es también una vívida fotografía de la vida colonial en África durante las postrimerías del Imperio británico. Blixen escribió el libro en inglés y luego lo tradujo al danés.

Con respecto al contexto, Karen Dinesen se mudó a África a finales del año 1913, cuando tenía 28 años, para casarse con su primo segundo, el barón sueco Bror von Blixen-Finecke, y asentarse en la colonia británica, en lo que actualmente es Kenia. El joven barón y su esposa compraron un establecimiento agrícola en las colinas de Ngong, a unos 15 kilómetros al suroeste de Nairobi, en una zona que en aquella época todavía estaba intentando desembarazarse de sus antecedentes como depósito del ferrocarril del Uganda Railway.
Inicialmente, los Blixen habían planeado criar ganado lechero, pero posteriormente Bror cambió de idea y desarrollaron una plantación de café. La administración de la explotación agrícola era ejercida por europeos, incluyendo a un hermano de Karen, Thomas, pero la mayoría de la mano de obra era provista por los squatters, término que en la colonia se utilizaba para designar a las personas de la tribu local Kikuyu, que garantizaban a los propietarios 180 días de trabajo a cambio de una compensación monetaria y el derecho a habitar y cultivar las tierras que el propietario no explotara, que en cualquier caso, había sido su tierra antes de que llegaran los británicos y la reclamaran como propia.
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Casa de Memorias de África (película)

Cuando a consecuencia de la Iª Guerra Mundial el precio del café aumentó, la familia Blixen invirtió en este negocio, y en 1917 Karen y Bror expandieron su campo hasta abarcar 6.000 acres. Las nuevas adquisiciones incluyeron el sitio en el cual se encuentra la casa que se muestra en forma tan prominente en la película del mismo nombre.
Si bien el matrimonio de los Blixen comenzó con buenos augurios, haciendo safaris de caza que Karen recordaría como paradisíacos, lamentablemente el matrimonio fracasó: Bror, un cazador talentoso y de trato fiable, no le era fiel a Karen, y tampoco era un hombre de negocios con talento. En 1921 se separaron y en 1925 obtuvieron el divorcio, haciéndose cargo Karen ella sola de la administración del campo. Ella tenía atributos apropiados para esta tarea: era muy independiente y capaz, amaba la tierra y le gustaban los trabajadores nativos. Pero el clima y las condiciones del terreno de su campo no eran ideales para cultivar café; el campo tuvo que soportar varios años de sequía con niveles de producción muy bajos, y tampoco ayudaba el descenso del precio del café. El campo se fue endeudando cada vez más y en 1931 la corporación familiar la forzó a vender. El comprador, Remi Martin, que tenía planeado subdividir el campo en parcelas para construir viviendas residenciales, le ofreció a Karen permanecer en su casa si así lo deseaba. Ella se negó a aceptar y regresó a Dinamarca.
Blixen se mudó de regreso a la propiedad de su familia, Rungstedlund, y allí vivió con su madre, retomó la carrera como escritora que había comenzado en su juventud. En 1934 publicó una colección de cuentos de ficción, Nine Tales (Nueve cuentos), actualmente conocida como Seven Gothic Tales, y en 1937 publicó sus memorias sobre Kenia, Out of Africa. El título del libro probablemente está inspirado en el título del poema Ex Africa, que ella misma había escrito en 1915, mientras se recuperaba en un hospital danés de su lucha contra la sífilis. El título del poema es probablemente una abreviatura del famoso antiguo adagio latino Ex Africa semper aliquid novi, que significa "De África siempre proviene algo nuevo".

Con respecto a la estructura del libro, éste se divide en cinco secciones, la mayor parte de las cuales no son lineales y no reflejan ninguna cronología en particular. Las dos primeras se focalizan principalmente en los africanos que habitan o visitan la granja de Blixen, e incluye observaciones sobre las ideas de los nativos sobre justicia o castigo a raíz de un horrible accidente ocurrido con un arma de fuego. La tercera sección describe alguno de los coloridos personajes locales que consideran al campo de Blixen un sitio cálido y acogedor donde buscar reparo. El cuarto se compone de breves subcapítulos en los que Blixen reflexiona sobre la vida de un colono blanco en África.
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Colinas Ngong en la película

La quinta y última sección del libro es la única que mantiene una estructura más o menos lineal. En ella la autora cuenta cómo los problemas financieros le obligan a vender su granja y cómo fallecen algunos de sus amigos más cercanos en Kenia. El libro acaba con la granja vendida y con Blixen en el ferrocarril alejándose de sus amadas colinas Ngong.

Memorias de África destaca por su melancolía y su estilo elegíaco. No es un hecho menor que los relatos de Blixen abarcan las muertes de por lo menos cinco personajes importantes del libro. Con el paso de los capítulos, Blixen comienza a meditar sobre sus sentimientos de pérdida y la nostalgia por sus días en África. Al describir las vicisitudes económicas que acechan su fracasado negocio y que se ciñen sobre ella, comenta con ironía sobre su mezcla de desánimo y negación, hasta que llegan sus últimos días y se entrega a lo inevitable.
Pero el ánimo de Blixen se alimenta de una pérdida más grande que la de su establecimiento agrícola: la pérdida de la propia Kenia. En las dos primeras décadas del siglo XX, muchos de los colonos europeos en Kenia consideraban a su hogar colonial como una especie de paraíso extemporáneo. 
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Los asentamientos estaban diseminados; la vida se regía por los ritmos lentos y somnolientos de las estaciones anuales seca y de lluvia. Unos escasos miles de colonos europeos, muchos de ellos británicos con elevados niveles de educación de la aristocracia terrateniente, ejercían su dominio sobre grandes plantaciones que abarcaban decenas de miles de acres. Sus campos alojaban manadas de elefantes y cebras, docenas de jirafas, leones, hipopótamos, leopardos; para una cultura acostumbrada a los placeres tradicionales de los aristócratas europeos, Kenia era el sueño de un cazador. Aunque los colonos impusieron las leyes británicas y el control económico sobre este nuevo dominio, no se consideraban conquistadores u opresores, sino bondadosos administradores de la tierra y su gente. 
Esa idea de considerar a Kenia como una especie de utopía prehistórica dejó su marca en los pobladores, y durante generaciones posteriores incluso permaneció siendo un mundo imaginario idealizado. Para cuando Blixen estaba terminando de escribir la novela a la edad de 51 años, el protectorado de Kenia de sus años de juventud era cosa del pasado. El desarrollo agrícola agresivo había extendido la marca de la colonización humana, adentrándose en las extensiones habitadas por los animales salvajes: muchos de los nuevos granjeros eran oficiales del ejército de clase media reclutados mediante un programa de colonización del gobierno tras la Iª Guerra Mundial. La popularidad de los safaris de caza había afectado de manera considerable a las grandes manadas. Y mientras que los nubarrones de guerra amenazaban de nuevo a Europa, la colonia ganó fama por la vida disipada de intercambio de esposas, llamada Happy Valley set.
En las descripciones de Blixen sobre el África que ella conoció, a menudo una nota de duelo por este irrecuperable mundo perdido acompaña sus historias de aislamiento magnífico y sobre las cualidades redentoras de una vida en contacto con la naturaleza.

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