domingo, noviembre 13, 2016

Patria


Tenía muchas ganas de leer este libro. Sabía que iba a ser muy crudo por su contenido, porque, al fin y al cabo, sin vivir en el País Vasco hemos vivido muchas de esas experiencias, ese sentimiento de impotencia cuando había atentados, esa censura a la hora de hablar de política, la radicalización de los jóvenes vascos… Al fin y al cabo, en La Rioja hay un sinfín de vascos que vienen en vacaciones, e incluso los hijos de los riojanos que encontraron hace décadas trabajo allí y siguen viniendo. El silencio era oneroso: si había un vasco nadie nombraba la política, los atentados, las noticias ni la ideología nacionalista. Y sí, muchos de aquellos jóvenes de entonces hoy viven en mi tierra y parece ser que se han olvidado de las aberraciones del pasado. Eso que el vasco es mucho vasco y su tierra era una tierra prometida, pero al final la vida les asentó en La Rioja. Y el resto, olvidado. Curioso.
Durante años España vivió el terror de los asesinatos y secuestros perpetrados por la banda terrorista ETA en pro de un nacionalismo vasco que renegaba de todo lo que tuviera que ver con España. La radicalización venía en forma de lucha armada que mataba sin tregua. Hasta que finalmente ETA indica que habrá tregua indefinida. Y aunque hoy en día aún no ha desaparecido ni ha depuesto las armas, en España vivimos con algo más de tranquilidad.
El libro de Aramburu recoge el sentimiento de dos familias vascas en la época de más atentados de ETA. Las enmarca en un pueblo cerca de San Sebastián, al que no otorga un nombre para que quede como un lugar ficticio. El pueblo retrata lo que venía a ser un pueblo que hacía apología del nacionalismo vasco: con su cura nacionalista y sus sermones contra el país opresor, el dueño de la Herriko taberna, que se encarga de convencer a jóvenes del pueblo y después ayudarles a ponerse en contacto con ETA, las pintadas, la época del terror y ninguna justificación. Porque aquí la familia de la víctima serán apestados en su propio pueblo, aunque la víctima era un buen vasco, un hombre que daba trabajo a jóvenes vascos, que hablaba euskera, cuyos hijos habían estudiados en ikastolas y que iban a las manifestaciones abertzales.
El Txato es asesinado una tarde de lluvia incesante en las inmediaciones de su casa, cuando iba a por el coche para ir al trabajo. Su mujer, Bittori, escucha los disparos desde su casa y aún le da tiempo a despedirse de su marido. Llevaban meses amenazados, su marido tenía una empresa de transportes a la que habían pedido el impuesto revolucionario, y había pagado la primera partida, pero a los cuatro meses volvió a recibir una carta donde le pedían una cantidad ingente de dinero que no podía pagar con todos los créditos que tenía. A partir de ese momento habían empezado a aparecer las pintadas por todas las calles del pueblo, los vecinos se habían empezado a apartar de él, había dejado de ir a jugar a las cartas y de practicar cicloturismo con su club ciclista, porque le habían terminado aislando. Su hijo Xabier es médico en San Sebastián, pero cuando en las cartas nombran a su hija Nerea, decide que tiene que abandonar la Universidad de Deusto donde estudia Derecho para reanudar sus estudios en Zaragoza. La joven, que en un principio es muy abertzale y simpatiza con las mismas ideas que los jóvenes del pueblo, no entiende el motivo por el que tiene que abandonar su tierra querida, pero accede a irse a estudiar fuera del País Vasco. Y en Zaragoza se encuentra cuando descubre por las noticias que su padre ha sido asesinado.
En el pasado, Miren y Joxian habían sido íntimos amigos del Txato y de Bittori, pero poco a poco se han ido distanciando, y se introducen en la misma espiral de vacío del resto del pueblo, pero además tienen un hijo, Joxe Mari, que se empieza a radicalizar y terminará convertido en terrorista. De hecho, el día que el Txato es asesinado el joven, que se pensaba que se encontraba en Francia, ha sido visto en el pueblo. Su hermana Arantxa ve venir en lo que se está convirtiendo su hermano e intenta convencerle de que está tomando una decisión equivocada. Al ver la radicalización de su hermano y de su madre, Arantxa terminará casándose con un joven muy castellano, en rebelión contra su familia, a la que dejará de ver, pero por otro lado se acercará más a Gorka, el hermano más pequeño, que se encuentra inmerso en los libros y que muy pronto comprenderá que no disfruta acudiendo a las manifestaciones pro-etarras. Eso hará que Arantxa y Gorka se acerquen mucho más.
Han pasado muchos años. ETA ha anunciado una tregua indefinida. Bittori lleva viviendo en el piso de San Sebastián desde el funeral de su marido, que también fue enterrado en el cementerio donostiarra y no en el pueblo. Ha decidido que ya es hora de regresar a su pueblo, y aunque al principio lo hace a escondidas y la gente habla a sus espaldas, terminará paseándose por la plaza, porque ella no ha ido a restregar su dolor a la cara de nadie, sino que quiere hacer una vida normal en su pueblo. Acude a hablar con su difunto marido al cementerio de San Sebastián y ha empezado a tener un dolor continuo en el bajo vientre, que vaticina un cáncer incurable.
Miren, que cada vez se ha radicalizado más y ha alimentado su odio, sobre todo contra Bittori, cree que su antigua amiga viene a humillarles. Su hijo Joxe Mari cumple condena en una cárcel de Andalucía y ella va a verle una vez al mes, además su hija Arantxa ha sufrido un ictus que la ha dejado imposibilitada y, como estaba a punto de divorciarse de su marido, ella se ha hecho cargo de la joven, que se encuentra en una silla de ruedas y se comunica a través de un iPad. Arantxa será la persona que se acerque a Bittori y que la ayude para que su hermano, desde la cárcel, la pida perdón. Por otro lado, Gorka se ha ido a Bilbao y allí se ha casado con un hombre, lleva mucho tiempo viviendo a escondidas, pero lo que no espera es que sus padres, encerrados en sus mentalidades obsoletas, no sólo se presenten a la boda en la salida del Ayuntamiento, sino que además aceptan su homosexualidad y saludan a su yerno.
La novela se toma desde todas las versiones. Es decir, que de repente nos encontramos en la vida de Arantxa, como de repente sentimos cómo Joxe Mari intentó asesinar al Txato y no pudo hacer, como en el momento siguiente nos encontramos en el cementerio donde Bittori le cuenta su vida al marido.
La novela, obviamente, cuenta con un glosario de palabras euskaldunes que aparecen a lo largo del libro. A mí me ha hecho gracia una cosa del habla de por aquí, un fallo regional en el habla, que yo conseguí corregir en Salamanca, y es que no sólo se habla así en el País Vasco, sino también aquí (entiendo que por proximidad), y ocurre porque en el euskera no hay subjuntivo y en su lugar se utiliza el condicional, cosa que al castellanizar no se corrige y también se utiliza el condicional. Por ejemplo, “si podría dar marcha atrás en el tiempo, lo haría (página 632)”, en vez de “si pudiera…”. Yo lo corregí a base de tesón y porque les pedí a mis compañeras de residencia que me corrigieran cada vez que lo dijera, ya que ellas eran de fuera. Ahora, cuando lo escucho o lo leo (como es el caso), me resulta muy chirriante.

La novela merece la pena. Es muy dura, cruel incluso, y aunque viene a ser tan sólo una novela, es cierto que nos deja huella, porque aunque novela, describe demasiado bien el sentimiento de impotencia que se vivió durante décadas en el País Vasco. 

EL AUTOR:

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Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Zaragoza y desde 1985 reside en Alemania. Fue miembro del Grupo CLOC de Arte y Desarte. Considerado ya como uno de los narradores más destacados en lengua española, es autor de las novelas Fuegos con limón (1966), Los ojos vacíos (2000), que junto con Bami sin sombra (2005) y La gran Marivián (2013) conforman la "Trilogía de Antíbula", El trompetista del Utopía (2003), Viaje con Clara por Alemania (2010), Años lentos (2012, VII Premio Tusquets Editores de Novela y Premio de los Libreros de Madrid) y Ávidas pretensiones (Premio Biblioteca Breve 2014). Como cuentista ha publicado asimismo los volúmenes Los peces de la amargura (2006, XI Premio Mario Vargas Llosa NH, IV Premio Dulce Chacón y Premio Real Academia Española 2008) y El vigilante del fiordo (2011). Diez años después de Los peces de la amargura, Fernando Aramburu nos entrega su novela definitiva. Una historia imprescindible, extremadamente valiente y conmovedora, que reclama ser leída por todos. Uno de los libros más impresionantes de la literatura española reciente.

EL LIBRO:

Título original: Patria
Autor: Fernando Aramburu
Editorial: Tusquets (1ª edición, en septiembre de 2016)
Colección: Andanzas nº 888
Número de páginas: 646
ISBN: 978-84-9066-319-6

Valoración: 10/10

RETOS:

2 comentarios:

Dyhego dijo...

Parece interesante. Lo mismo me lo compro. Gracias.

K dijo...

Está muy bien. Yo ya había leído de él Los peces de la amargura, que es un compendio de relatos cortos sobre el mismo tema. La novela es muy cruda.
El autor dijo que no pretendía criticar a aquella sociedad nacionalista de hace 10-20 años, pero aunque no fuera su intención, en realidad sí lleva implícita cierta crítica. Es que no se podía vivir, ni hablar, ni expresar opiniones. Era una sociedad del miedo, del silencio...
Y eso que a mí me tocaba de lejos, pero hay muchos vascos en La Rioja.
Lo he disfrutado mucho.