
Hace unos años, cuando me encontraba residiendo en una residencia de la Gran Vía de Salamanca, solía visitar a menudo una librería pequeñita que allí había y que ahora se encuentra cerrada. Siempre pasaba por allí de camino a un supermercado que había en las proximidades y siempre me paraba en el escaparate, a no ser que me diera por entrar, que era algo habitual. Allí siempre tenían novelas de John Irving, hasta que un día me aventuré a comprar El mundo según Garp.
Recuerdo que fue una obra extensa y que lo leí en un momento
óptimo, como era la época estival de la carrera, es decir, en un verano en que
no tenía otras preocupaciones más que los libros que iba a leer o los apuntes
que tenía que estudiar para los exámenes de septiembre.
Es un libro que recuerdo con cariño y, pese a que más tarde
llegaron otras novelas de John Irving, no cuajaron tanto como los personajes
que aparecen en ésta.
La novela viene a ser la historia de la vida de Garp, un
bebé concebido de una forma poco convencional, que nos cuenta desde su
nacimiento y los primeros años junto a su madre, la enfermera Jenny Fields.
Garp comienza a moldear su vida y sus sueños, pues sueña con que quiere ser
escritor. Pasamos por su adolescencia, se enamorará, tendrá hijos, visitará
Viena y aparecerán otros personajes que
formarán parte de la vida de Garp, pero la mayor influencia es la de la madre, que también es una excéntrica y sobreprotectora con su hijo.
Garp es todo un personaje, a veces roza el ridículo, y en
muchos momentos resulta hilarante. Pero al final llegamos a conocer al
personaje a la perfección. Esta novela viene a ser una parodia del paso de todas
las personas por la vida.
Es una novela entretenida, que engancha desde el primer
momento, y el estilo del autor crea adicción en el lector, ya que como estamos
deseando saber cuál va a ser la próxima excentricidad de Garp, no podemos dejar
de leer.
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