Hasta hace unos meses nada sabía de César Pérez Gellida. Había leído buenas críticas de él en algunos blogs, pero no es aún muy sonado a pie de calle.
Hace una semana conseguí hacerme con la trilogía que le catapultará a la fama, y hoy me encuentro de bruces con que hay un cuarto volumen, Mutatis Mutandis, que en realidad no forma parte de la trilogía, aunque ha tomado como protagonista a otro de los personajes de la misma.
Me encanta que siga publicando libros, porque lo cierto es que hacía tiempo que no iba por la calle pensando en la historia que estoy leyendo. Son libros que hacen que no puedas parar de leer y, cuando lo tienes que dejar por cuestiones del día a día, hace que empieces a dar vueltas a la cabeza sobre la lectura.
Disfruté mucho con el primer libro de la trilogía, Memento mori, tanto como para enviar a varias personas por whatsapp el nombre del autor y los títulos de la trilogía, personas que sé que al final me agradecerán haberles recomendado estas novelas.
Con Dies irae estoy disfrutando de otra manera, porque la historia amplía sus fronteras. Y si Valladolid se nos muestra cercana. De hecho, durante años, he pasado por allí rumbo a Salamanca, y si alguna vez he tenido que bajarme del tren ni siquiera me he movido de la estación. Sin embargo, la historia de la guerra de la ex Yugoslavia nos pilla cercana en el tiempo.
Estudiaba periodismo cuando en Historia Contemporánea tuvimos que escoger un tema para hacer un dossier de prensa. Yo jamás hubiera escogido una guerra, sino que mi dossier sería sobre la ONU, pero en aquel momento no paraba de salir en los medios por sus intentos de mediaciones en el conflicto bélico de los Balcanes. Así que tuve que leer muchas noticias sobre esta guerra y me repugna. Cualquier guerra me repugna, pero esta me tocó demasiado cercana, aunque nos separaran miles de kilómetros.
La limpieza étnica de la ex Yugoslavia y los genocidios masivos son comparables al Holocausto de Hitler. Y sólo hace veinte años de eso.
La segunda novela es más histórica, pero nos hace ver la guerra desde el punto de vista de un personaje que presuntamente la ha vivido y cuenta el horror con sus propias palabras.
Sí, me cuesta alejarme del libro. Y sé que me ocurrirá lo mismo con los que quedan.
Me encanta que siga publicando libros, porque lo cierto es que hacía tiempo que no iba por la calle pensando en la historia que estoy leyendo. Son libros que hacen que no puedas parar de leer y, cuando lo tienes que dejar por cuestiones del día a día, hace que empieces a dar vueltas a la cabeza sobre la lectura.
Disfruté mucho con el primer libro de la trilogía, Memento mori, tanto como para enviar a varias personas por whatsapp el nombre del autor y los títulos de la trilogía, personas que sé que al final me agradecerán haberles recomendado estas novelas.
Con Dies irae estoy disfrutando de otra manera, porque la historia amplía sus fronteras. Y si Valladolid se nos muestra cercana. De hecho, durante años, he pasado por allí rumbo a Salamanca, y si alguna vez he tenido que bajarme del tren ni siquiera me he movido de la estación. Sin embargo, la historia de la guerra de la ex Yugoslavia nos pilla cercana en el tiempo.
Estudiaba periodismo cuando en Historia Contemporánea tuvimos que escoger un tema para hacer un dossier de prensa. Yo jamás hubiera escogido una guerra, sino que mi dossier sería sobre la ONU, pero en aquel momento no paraba de salir en los medios por sus intentos de mediaciones en el conflicto bélico de los Balcanes. Así que tuve que leer muchas noticias sobre esta guerra y me repugna. Cualquier guerra me repugna, pero esta me tocó demasiado cercana, aunque nos separaran miles de kilómetros.
La limpieza étnica de la ex Yugoslavia y los genocidios masivos son comparables al Holocausto de Hitler. Y sólo hace veinte años de eso.
La segunda novela es más histórica, pero nos hace ver la guerra desde el punto de vista de un personaje que presuntamente la ha vivido y cuenta el horror con sus propias palabras.
Sí, me cuesta alejarme del libro. Y sé que me ocurrirá lo mismo con los que quedan.
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