martes, febrero 27, 2007

Mi tío

Cuando una de mis amigas perdió a su madre fue doloroso, vi a mi amiga sorprendentemente fuerte en esos momentos tan crueles que a veces trae el destino. Su madre murió de cáncer.

Cuando una de mis mejores compañeras de facultad tuvo que coger un tren a su pueblo, en Álava, luchaba contra el tiempo para llegar y poder decir el último adiós a su tío, que murió de cáncer.

Los hermanos mellizos de mi padre son más jóvenes que él. Uno de ellos siempre estuvo a su lado y marcó sus diferencias con ellos quedándose soltero. Los mejores caramelos que he probado jamás eran los que llevaba mi tío en el coche. Fue el primero que se enteró que yo fumaba y me guardó el secreto (mis padres se enterarían varios años después).
Al no tener hijos, mi tío tiene a sus sobrinos en alta estima. Desde pequeños nos inculcó una afición sorprendente respecto a su equipo preferido, el Barça, y todos menos uno adoramos los colores blaugranas.
Sus ratos de ocio los dedicaba al deporte y a la caza. Curiosamente su cuerpo de deportista contrastaba con las enormes cantidades de cigarrillos diarios que se fumaba.

A principios de 2004 tuvo un accidente de tráfico que le marcó para siempre. Mi tío ya andaba despistado por unos ganglios que le habían salido en el cuello y tenía miedo. Por eso no dijo nada a nadie. Pero tras el accidente se descubrió un incipiente estado depresivo que acompañaba a esos bultos en el cuello.
Ese verano fue operado de cáncer en la garganta. Tuvo que aprender a comer y a hablar de nuevo, pero estaba feliz porque lo peor había pasado. Mientras no se reprodujera él podría hacer una vida relativamente normal, con una jubilación anticipada y cuidándose mucho.
En junio de 2006 le encontraron unos bultos en un costado. Tenía metástasis en un pulmón y fue sometido durante unos meses a quimioterapia.

Esta mañana llevaba un poncho que estrené en Madrid, una de las veces que acompañé a mi tío al hospital de San Carlos.

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