"Cuentan que hace mucho, mucho tiempo, en el reino subterráneo, donde no existe la mentira ni el dolor, vivía una princesa que soñaba con el mundo de los humanos. Soñaba con el cielo azul, la brisa suave y el brillante sol.Un día, burlando toda vigilancia, la princesa escapó. Una vez en el exterior, la luz del sol la cegó y borró de su memoria cualquier indicio del pasado. La princesa olvidó quién era y de dónde venía. Su cuerpo sufrió frío, enfermedad y dolor y, al correr de los años, murió.
Sin embargo, su padre, el rey, sabía que el alma de la princesa regresaría, quizá en otro cuerpo, en otro tiempo y en otro lugar. Y él la esperaría hasta su último aliento, hasta que el mundo dejara de girar".
Ofelia (Ivana Baquero) es una niña de 13 años que todavía cree en cuentos de hadas. Y en un cuento de hadas se verá sumergida para siempre. Porque esta película es un cuento de hadas.
Ofelia se traslada con su madre, Carmen (Ariadna Gil), que está embarazada, a un pueblo en las montañas. Allí se reunirán con el capitán Vidal (Sergi López), que está combatiendo contra los revolucionarios republicanos (en mi época se llamaban "maquis"). Es la España de 1944. Hace un lustro que acabó la Guerra Civil, pero los republicanos no rinden pleitesía al dictador, sino que siguen luchando por su libertad (y por su vida). Se ven obligados a refugiarse en las montañas, desde donde luchan contra los guardias franquistas. En estas circunstancias transcurre la historia.
"Hace muchos, muchos años, en un país muy lejano y triste, existía una enorme montaña de piedra negra y áspera. Al caer la tarde, en la cima de esa montaña, florecía todas las noches una rosa que otorgaba la inmortalidad. Sin embargo, nadie se atrevía a acercarse a ella pues sus numerosas espinas estaban envenenadas. Entre los hombres sólo se hablaba del miedo a la muerte y al dolor, pero nunca de la promesa de la inmortalidad. Y todas las tardes la rosa se marchitaba sin poder otorgar sus dones a persona alguna. Olvidada y perdida en la cima de aquella montaña de piedra fría, sola hasta el fin de los tiempos".
Ofelia descubre a través de los montes un mundo mágico. Y descubre que realmente es una princesa y que para volver a su reino debe superar tres pruebas. Enfrentándose al marido de su madre y perdiendo a ésta al dar a luz, Ofelia se refugiará en los brazos de Mercedes (Maribel Verdú), a la que pronto descubre que ayuda a los hombres del monte. También el médico (Álex Angulo) les ayuda.
Y conoce al fauno, un ser mágico que junto a las hadas la guiará por el laberinto y a través del mundo que conoce para llegar hasta su verdadero reino. El fauno consigue sacarla de las situaciones más inverosímiles y embarazosas y, aunque en principio es desagradable, al final se le termina cogiendo cariño.
Tras un enfrentamiento sangriento entre los franquistas y los del monte, Ofelia se convertirá al final en la princesa de un cuento de hadas, de su propio cuento de hadas.
"Al principio de los tiempos, cuando el bosque era joven, vivían en armonía los animales, los hombres y las criaturas mágicas. Se protegían los unos a los otros y dormían juntos bajo la sombra de un frondoso árbol. Ahora el árbol se muere; sus ramas están secas, su tronco viejo y torcido. Debajo de sus raíces ha anidado un enorme sapo que no lo deja sanar.
Habrás de meter las tres piedras de ámbar mágicas en su boca y recuperar una llave dorada que oculta en su vientre.
Sólo así el árbol volverá a florecer".
Mi impresión general de la película es buena. Espero que nadie que no la haya visto se haya atrevido a leer hasta aquí porque destripada está (para variar). Los ambientes mágicos están genialmente recreados. La actuación de Sergi López es buenísima, porque borda su papel. El acento de la Verdú es criticable, aunque no su actuación.
Contrasta ese mundo real y severo de la España de la posguerra con el otro mundo mágico que sólo está en los cuentos de hadas, y por tanto, en la mente de los niños. Sólo la niña ve a los seres mágicos porque ella cree en su existencia.
Hay escenas crueles, matanzas a sangre fría y carnicerías siniestras que prefiero no volver a recordar. Algo que enaltece ese otro mundo, que quizás es mejor.
Es una película metafórica. Esos dos mundos no son otros que la vida y la muerte. Y unos pocos escogidos, inmersos en unas circunstancias difíciles, tienen la opción de elegir uno u otro.
"Y se dice que la princesa descendió al reino de su padre y que ahí reinó con justicia y bondad por muchos siglos, que fue amada por sus súbditos y que dejó detrás de sí pequeñas huellas de su paso por el mundo, visibles sólo para aquél que sepa dónde mirar".
No es casual el nombre de la niña: Ofelia, la desdichada prometida del atormentado príncipe Hamlet, que se vuelve loca cuando éste, por error, mata a Polonio, padre de la joven. En su desvarío, Ofelia vaga junto a un lago recogiendo flores y muere ahogada en las fangosas aguas. La tragedia shakesperiana sirvió de inspiración para muchos otros. Su imagen más conocida es el famoso óleo de John Everett Millais.

Termino con los versos que le dedicó Rimbaud:
"En las profundas aguas que acunan las estrellas, blanca y cándida,
Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente,
recostada en sus velos..."
Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente,
recostada en sus velos..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario