viernes, febrero 02, 2007

De cómo aprendí partes del lenguaje de los sordomudos


Nunca me había fijado mucho cuando, en algún espacio de televisión, ponían al lado a una persona haciendo gestos para que lo que estaban diciendo llegara a todo el mundo.
Luego, en el colegio, me lo tuve que aprender, junto a toda mi clase, pero no por obligación, sino para chivarnos el vocabulario de inglés en los exámenes. Eran diez o veinte palabras de un ejercicio, así que hacer gestos con las manos disimuladamente no costaba mucho. Seguro que si nos lo hubiéramos tenido que aprender en alguna asignatura obligatoriamente hubiéramos pasado del tema.
Pero hasta ahí llegaba mi conocimiento de ese mundo cuando llegué a El Escorial a hacer un curso de verano. Sólo sabía hacer los gestos de cada letra.
Era la segunda vez que iba a El Escorial y me extrañó que las mesas del comedor fueran redondas y no alargadas, como en la vez anterior. Mi curso estaba enfocado hacia el humanismo en los medios de comunicación. Pero compartíamos edificio con otro curso que iba dirigido a los sordomudos. Creo que en aquella ocasión aprendí más con los sordomudos que en mi propio curso, no porque dejara de asistir a nuestras conferencias, sino porque en las comidas era más interesante observar cómo se comunicaban. Evidentemente en la primera cena pudimos elegir mesa y recuerdo que fue la única vez que estuve en una mesa redonda, que estaban allí para ellos, para verse gesticular y poder comunicarse entre sí. No es que estuviera prohibido sentarse en aquellas mesas sino que por civismo todos los "humanistas" nos íbamos directamente a las pocas mesas alargadas que allí había.
Lo que más me llama la atención de los cursos de El Escorial es a la gente que terminas conociendo. Hablas con gente tan variopinta que llegan a impresionar. Lógicamente prefería sentarme con estudiantes, similares en edad.
Conocí a una mexicana que estaba haciendo su proyecto de fin de carrera en España, que a finales de año lo presentaría y en marzo se casaría con su novio de toda la vida. Su vestido de novia se lo había comprado aquí. Me contó muchas cosas interesantes sobre su país y me explicó su estilo de vida allí, donde la minoría de las clases pudientes (a la que ella pertenecía) pensaban que un coche recién comprado ya se convertía en viejo pasados los seis meses y entonces ya debían comprar otro. También me contó que no podía darle muestras de afecto público a su novio en la calle porque la policía los podía detener. A ella tampoco le importaba mucho esto último porque con sólo decir su apellido (no recuerdo si era Sánchez o Gómez, pero sí que era un apellido muy extendido) la acompañarían a casa como si no hubiera ocurrido nada. Hice buenas migas con ella.
Otra de las conversaciones interesantes que tuve en aquel sitio comenzó con un hombre mayor. Debería estar jubilado pero hacía unas tertulias radiofónicas en la zona de Valencia sobre su tierra. Adoraba hacer aquello. Mientras hablábamos sobre el humanismo, entró a formar parte de la conversación un matrimomio, ya mayor, que explicaron cómo habían tenido que aprender el lenguaje de los sordomudos pues tenían un hijo que había nacido así. El tema de conversación se enfocó entonces hacia un lenguaje que yo no me había fijado que gozara de tanta delicadeza y belleza. Y es que el lenguaje de los sordomudos es arte. Debo decir que yo entonces me convertí en una esponja absorbiendo todo tipo de conocimientos. Empezaron a poner ejemplos. Y aprendí a decir "Buenos días" con gestos. Sería difícil explicar por aquí cómo se hace. Mirándolo bien, simboliza un amanecer, donde las dos manos están cerradas y de repente se abren. Más metafórico sería su parecido al capullo cerrado de una flor cuyas hojas se abren en cuestión de minutos.
Aquella noche apunté y dibujé cómo se decían varias cosas en este tipo de lenguaje. En estos momentos no recuerdo más gestos y tampoco tengo aquí la libreta donde conté todo.
Conocí a más gente, sí, a muchísima gente, pero di mi palabra de contar cómo había aprendido a decir "Buenos días" con el lenguaje de gestos, y aunque podría seguir hablando de la gente, lo dejo aquí.

1 comentario:

K dijo...

No tengo ni idea. Lo que sí es cierto es que tienen otros sentidos mucho más desarrollados, por ejemplo la vista (y evidentemente el tacto). Así que puede deberse a muchas horas de observar a la gente hablar, aunque no me pega mucho esto. Más bien creo que tendrán que aprenderse el castellano, como bien dices.
Yo controlo más de los ciegos porque durante tres años estuve en clase con una chiquilla que era ciega de nacimiento. Al principio nos costaba acostumbrarnos a su teclear. Luego venía una chica de la ONCE y traducía sus ejercicios. La profesora de dibujo consiguió hacerla dibujar. Y luego enseñó a toda la clase su dibujo, sintiéndose muy orgullosa, pues aunque a simple vista parecía un garabato, a ella le había costado su esfuerzo.
También tenían su biblioteca, es decir, que si necesitaba un Quijote la chica de la ONCE se lo traía en Braille, que evidentemente era por fascículos porque abultaba mucho.
Lo que más me sorprendía de Noelia era que "veía" la tele. Recuerdo una vez que nos preguntaron lo que nos habían regalado en Navidad. Ella saltó que una televisión, lo que nos sorprendió a todos. Vamos, que si te lo dice otra persona pues te parece algo normal, pero que te lo diga una chica invidente te suena extraño. Y ella, aunque no podía ver la televisión, "veía" las telenovelas, supongo que imaginándose a los personajes, tan sólo escuchando los diálogos. Sería una especie de radionovela o algo parecido, iguales que las que ponían en la radio cuando mi madre era joven. Y ella era feliz con su televisión.
Por supuesto, era una persona que se hacía querer. Estudió Medicina, no sé si la terminaría. Salió en el programa "Gente" el primer año porque los profesores no le facilitaban las cosas, porque a la hora de hacer prácticas había cosas que no podía hacer y los profesores pasaban, como todos los catedráticos.
No sé, un día tendría que hablar de ella, pues aprendí muchas cosas de su mundo.