Atardecer en Machico
Las islas portuguesas (Madeira y las Azores) son antiguos enclaves militares. Madeira se encuentra a 600 km de la costa africana y a 1.000 de Lisboa, y cuenta con una vegetación subtropical y altas montañas.
Madeira es un paraíso subtropical de origen ígneo, cuyos suelos están formados por cenizas y lavas volcánicas. Tiene un clima muy suave, que ronda los 20º casi todo el año.
Vista de las playas de Machico desde la habitación del hotel
Aunque Madeira se nombra en un mapa genovés de 1351, la isla no fue reclamada por ningún Estado hasta que en 1418, el barco de João Gonçalves Zarco fue arrastrado hasta la isla de Porto Santo cuando exploraba la costa africana, y allí clavó una bandera portuguesa. Zarco regresó un año después y decidió visitar las tierras cercanas que veía envueltas en una bruma que se divisaban en el horizonte. Encontró un hermoso lugar cubierto de bosques (de ahí el nombre de Madeira), con abundante agua potable. En los siguientes años, los colonos portugueses cultivaron caña de azúcar. Los isleños se enriquecieron con este oro blanco y llevaron esclavos para que trabajaran la tierra. Se crearon bancales y canales (levadas) que aún se ven en las laderas de las colinas. En la actualidad, los habitantes de Madeira utilizan cada parcela de tierra para cultivar viñas, plátanos y flores exóticas, que son la base de su economía.
Vista de Machico desde el hotel, atardecer del primer día
Llegué a Machico y disfruté de las vistas: a un lado el mar, al otro lado los bancales cubiertos con una bruma espesa. La temperatura a finales de junio era muy cálida, aunque algún día llovió. Vi llover de madrugada y en unas horas ni siquiera parecía que hubiera llovido porque hacía un sol radiante. Desde la ventana de mi habitación tenía vistas al mar y a las dos playas de Machico: una de piedras y otra de arena.
Plaza Mayor de Machico
Cuenta la leyenda que esta localidad recibió su nombre de Roberto Machim, un comerciante de Bristol que se fugó con la aristócrata Anne de Hertford para establecerse en Portugal. Atrapados por una tormenta, naufragaron en Madeira, donde los dos amantes murieron debido a las quemaduras del sol. El resto de la tripulación reparó el barco y llegó a Lisboa, donde su historia indujo a Enrique el Navegante a enviar a Zarco en busca de la misteriosa isla.
Calle de Machico
Machico fue la segunda ciudad en importancia en Madeira desde los primeros asentamientos, cuando la isla se dividió en dos capitanías: Zarco gobernó al oeste de Funchal, mientras su compañero de navegación, Tristão Vaz Teixeira, administró la zona al este de Machico. Sin embargo, la mejor situación de Funchal y su puerto pronto la convirtieron en capital de la isla mientras Machico evolucionó como ciudad agrícola.
Callejeando por Machico
Playa de arena de Machico
Uno de los días que decidí quedarme en Machico fui a la playa de arena, que era muy pequeña y, como el tiempo acompañaba, también se encontraba abarrotada de gente. Fue el único día que pisé la playa y es que me quemé. Si me quemé al sol fue por culpa de un libro, me encontraba leyendo tan enfrascada en la historia que sentía el picor en la espalda pero una parte de mí susurraba: "un capítulo más", y tantos capítulos leí bajo el sol que cuando ya no pude aguantar más al sol me encontraba como un cangrejo y huí del sol para el resto de la semana.
Restaurante cerrado y abandonado (había bastantes lugares así) en Machico
En el centro del pueblo hay una plaza con árboles que dan sombra. Allí se concentran los taxistas de Machico con sus coches aparcados alrededor de la plaza, intercalados con vendedores de fruta. En el centro de esta plaza se encuentra la iglesia parroquial y a un lado se ve el Ayuntamiento.
Iglesia de Machico
La Igreja Matriz del Largo do Município y la plaza que la rodea datan del siglo XV.
Centro de Machico, junto a la fortaleza
Para mí pasear por el centro de Machico fue siempre un encanto. No es recomendable llevar tacones por los adoquines sueltos de las calles. Dejamos atrás el mar y la fortaleza amarilla (que se encuentra cerrada y es muy pequeña) para llegar a la bulliciosa Plaza Mayor, con cafeterías, bancos y pequeñas tiendecitas.
Con respecto a los platos que comí en Machico, tengo que decir que en Madeira se come bien, mucho mejor que en la Península (no tengo buenos recuerdos de las mezclas de los platos que había en Oporto).
Patio Restaurante Mercado Velho, Machico
Uno de los días que comí en Machico llegué al Restaurante Mercado Velho, que tenía un patio con terraza, y que era asequible. Me recomendaron platos típicos de la isla, y eso me recuerda que había ingentes cantidades de pescado y una variedad incierta de ensaladas, y en cuanto a las carnes son típicas las brochetas.
Ensalada de atún con queso (creo)
Brocheta de carne con patatas, y el resto de acompañantes
Otro de los días que comí en Machico era una especie de bocadillo con ingredientes de hamburguesa.
Prego bolo do caco
Lo cierto es que si volviera a Madeira, repetiría Machico como lugar de estancia, ya que es un sitio que me enamoró. A media hora de la bulliciosa Funchal, Machico es un lugar muy agradable para descansar. Y como parece un pueblo colonial, cuando nos adentramos por sus callejuelas parece que hemos viajado a otra época.
Machico, el océano
El último día también me dejé perder por las calles de Machico antes de ir al aeropuerto, sólo para empaparme de sus olores, de sus ruidos, de sus colores, de... todo. Es un pueblo que se quedó grabado en las retinas y que hoy en día recuerdo con algo de nostalgia. Hay posibilidades de que vuelva si alguna vez me da por repetir destinos turísticos.
:max_bytes(150000):strip_icc()/GettyImages-540763429-584ed3443df78c491ee81d01.jpg)









