lunes, septiembre 30, 2013

Winter is coming



Las cosas buenas siempre me ocurren en otoño. Aunque tienda a coger más catarros, aunque no sepa qué ropa ponerme cada mañana, porque amanece nublado, a la hora de comer hace un sol inaudito, y por la tarde está gris como si quisiera llover.

Termina septiembre y comienza octubre. Con sólo cerrar los ojos podría enumerar todas las cosas buenas que me ocurrieron en septiembre y octubre desde que le conocí. Son muchas, seguro que me dejaría alguna.

El invierno se acerca lentamente, pero aún queda el agridulce sabor del final del verano.

domingo, septiembre 29, 2013

Quizás en un año


Los domingos se pasan tan rápidamente que apenas me doy cuenta. Cuando lo pienso, ya es de noche, hace frío y ya tengo que embarcarme en el sueño.
En el momento en que he sacado al perro a pasear y he visto lo solitarias que están ya las calles, he imaginado que es muy posible que dentro de un año esté viviendo en mi hogar ya. Porque calculo que en un año habré reformado todo. Tengo ganas...

sábado, septiembre 28, 2013

El guardián entre el centeno

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Bueno, pues muchas veces me imagino que hay un montón de críos jugando a algo en un campo de centeno y todo eso. Son miles de críos y no hay nadie cerca, quiero decir que no hay nadie mayor, sólo yo. Estoy de pie, al borde de un precipicio de locos. Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo el que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardián entre el centeno y todo eso. Sé que es una locura, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”.

Tenía muchas ganas de leer este libro. Lo cierto es que no me ha parecido nada del otro mundo. Es un libro pasable, pero sin nada destacable. Aparte de que es repetitivo muchas veces en comentarios, que sé que es por imitación de la formar de hablar de los jóvenes, pero a veces estaba deseando terminar el libro cuanto antes. Se lee muy rápido, porque es un libro muy fácil de leer, ya que se utiliza un vocabulario sencillo y el estilo es fresco y rápido.
Holden Caulfield, tanto que tacha de cretino a todo el mundo que le rodea, es el verdadero cretino. He intentado que el muchacho me cayera bien, pero me parece un ser repelente e insoportable. Eso sí, muy inteligente, ya que los soliloquios mentales que se forma él solo provienen de una persona que piensa mucho las cosas, pero no deja de ser un muchacho en la “edad del pavo”.
Holden Caulfield es un adolescente incomprendido, un ‘pasota’ de la vida que odia todo y a todos los que le rodean. Expulsado de varios colegios y enfrentado al fracaso escolar, decide marcharse de Pencey unos días antes de Navidad y opta por pasar unos días en Nueva York, no muy lejos de su casa. Comienza la novela hablando de los muchachos del colegio que le rodean, a Holden le hierve la sangre con ellos, aunque él en realidad es un cobarde, y así lo dice varias veces a lo largo de las páginas de la novela. Llega un momento en que decide marcharse del colegio y comienza una travesía por las avenidas del Nueva York de los años 60, en lugares que conoce y otros desconocidos para él, intenta buscar nuevas experiencias, y finalmente aparece en su casa porque echa de menos a su hermana Phoebe.
A medida que transcurre la narración, el protagonista parece estar hablando con el lector. Holden es un ‘niño bien’ al que le han dado todo. Desde mi punto de vista tiene la cabeza llena de pájaros, aunque da la sensación también de que sus confesiones son las de un futuro psicópata, porque a veces cuando habla da un poco de miedo con sus pensamientos.

En fin, no es un libro para echar cohetes.
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Ilustración de Holden Caulfield

viernes, septiembre 27, 2013

No sólo es cosa del viernes


Hay días que todo puede salir bien. Cuando sabes que al final del día estarás con ese ángel de mirada perfecta. Podría ser lunes, domingo o viernes, da igual, la cuestión es que esta tarde iba a quedar con mi amor. Y eso era suficiente para que el día pasara lentamente, pero sobre todo para ponerme varias veces nerviosa, para sentir que el tiempo se acercaba y que iba a pasar un rato con él. Pudiéndole observar, pudiéndole escuchar, pudiéndome perder en su mirada perfecta. Y todo él para mí sola.
Me tiene locamente enamorada.

jueves, septiembre 26, 2013

Comiendo en una terraza

Hay que aprovechar los días buenos que quedan. He aparcado detrás del coche de ese ángel de mirada perfecta y le he sentido demasiado cercano. Tenía que haber venido unos minutos más tarde para encontrarme con él...

Siempre quedará un ángel

Esté donde esté, haga lo que haga... en un rincón cercano de la ciudad... siempre estará ese ángel de mirada perfecta. El ángel que me reconforta, el ángel al que amo, el ángel con quien quiero compartir el resto de mi vida.
Estoy nerviosa. Mañana he quedado con él. Y, a la vez, no veo por que llegue mañana por la tarde para compartir mi tiempo con él, para perderme en esa mirada que tiene tantas cosas buenas, para escuchar esa voz tan sensual... 

Pídeme lo que quieras, ahora y siempre

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No me ha llevado mucho tiempo leer la continuación de Pídeme lo que quieras. De hecho, me ha gustado más esta segunda parte que la primera. Me ha gustado más porque ha habido ciertos toques de humor que me han hecho reír y estaba deseando que llegaran más de esos momentos, porque esos toques de humor han llegado de mano de Flyn, el sobrino del protagonista, ese niño introvertido al que se le termina cogiendo cariño.

Tras la ruptura de la pareja en el libro anterior, Judith Flores provoca su despido en la empresa Müller y decide desaparecer unos días y refugiarse en la casa de su padre en Jerez. No pudiendo soportar su ausencia, Eric Zimmerman le sigue el rastro y termina reconciliándose con ella, con ayuda de la familia de Jud. Con el deseo latente, hacen las paces, pero esta vez Jud pone sus condiciones, que Eric acepta por el amor que le profesa.
Intentan recuperar el tiempo perdido y volver a la normalidad, pero una llamada de Alemania les devuelve a la realidad: Flyn, el sobrino de Eric, se ha vuelto a meter en problemas y es necesario que regrese a Múnich porque su tío es al único al que hace caso. Judith decide acompañarlo unos días, pero su viaje se alargará hasta convertirse en meses.
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Múnich, Alemania

Judith entra en la casa de Eric. Es inmensa, pero también impersonal. Cuando conoce a Flyn, se sorprende al descubrir que el niño tiene los ojos como los asiáticos: su padre era coreano. Flyn no se lo pondrá fácil: intentará, por todos los medios, que la novia de su tío se marche. Parece ser que el niño tiene un problema con las mujeres: a su abuela la llama por su nombre propio, su tía Marta es como si no existiera y, por mucho que intente acercarse Jud al pequeño, éste hace lo imposible para que se mantenga alejada.
Jud, sin embargo, no cejará en el empeño de conseguir el cariño del niño. En varias ocasiones decide marchar a Múnich y espía en la entrada del colegio de Flyn, donde descubre que el resto de niños se burlan de él, que le pegan y que él no hace nada por defenderse. En vez de comentárselo a Eric, decide hablar con el pequeño. El niño pasa muchas horas en los videojuegos, apenas sale a la calle a jugar como un niño normal, está sobreprotegido y Judith comprende que tiene que sacarle de su burbuja de cristal.
Desde que ocurrió el accidente de Hannah, Eric no quiere que nadie se arriesgue con nada que podría acabar en accidente; así, su hermana y su madre practican paracaidismo, comparten su secreto con Jud, y se lo ocultan a Eric; Sonia le regala a Jud la moto de Hannah, que también practicaba motocross, y Jud va a carreras a escondidas de su novio; a Flyn le regala unos patines y un skateboard y le enseña a patinar a escondidas. Jud tendrá un accidente provocado por Flyn, que ella ocultará a Eric, que será el inicio de una bonita amistad con Flyn. Otra de las novedades que mete en la casa es que acoge a Susto, un perro abandonado, que al principio Eric no quiere en casa, pero finalmente lo traerá de vuelta con otro cachorro, que cuidará Flyn, que gracias a Jud ha dejado de tener miedo a los perros.
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Moët Chandon rosado, el vino que les gusta a los protagonistas

Llega un momento en que Eric descubre todo lo que le ha ocultado Jud y no puede soportarlo. Además descubre que dos veces en Múnich, le ha abofeteado a su ex Betta, que sigue haciéndoles la vida imposible. Como Jud cree que Eric la quiere fuera de su casa y de su vida, le da un beso al mejor amigo de Eric, Björn, diciéndole que sus besos no son suyos. Es cuando regresa a España. En realidad, Eric llevaba varios días sin decirle nada porque ha decidido pedirle matrimonio. Ya le había regalado un anillo donde había mandado grabar: Pídeme lo que quieras, ahora y siempre.
Jud y Eric se quieren, pero son incompatibles. Flyn no quiere que se vaya, y ella, tras unos días de descanso, decide regresar a la empresa Müller, donde sigue siendo vigilada por Eric y cuidada por el resto de los trabajadores, pero en una convención, al sentir los celos porque Eric tontea con todas las mujeres, ella decide marcharse y Eric va a buscarla a su hotel. Pensando, quizás, que estaría con otro hombre. Siguen tan cabezotas, que aunque no pueden estar sin el otro, ninguno da el brazo a torcer.
Finalmente, cuando ella vuelve a despedirse de la empresa Müller, él va a buscarla, y tras él llegan todos los familiares y amigos de Eric desde Alemania y la familia española de Jud, lo que supone una grata reconciliación entre los dos.
Él le pide matrimonio y unos meses después se casan en Múnich.

Hay un tercer libro. Supongo que la pareja seguirá con su rifi-rafe habitual, experimentando en el sexo, buscando el morbo, discutiendo para volver a hacer las paces después. Desde mi punto de vista, y dado que este libro ya termina con boda, no creo necesario una tercera novela. Así que la he dejado para más adelante y he empezado a leer otro tipo de literatura.

A su lado



A su lado...

Dejar de imaginar, dejar de cerrar los ojos para dibujar tu vida, lo que quiero es sencillo. 
Sentarme a tu lado y vivir. Quiero abrazarme a tu cotidianidad, quiero conocerte de verdad, quiero ser consciente de tus pequeños detalles. Quiero verte mojar las magdalenas en el café, contar los céntimos para pagar el periódico, cantar mientras subes por tu calle. Quiero saber qué dices cuando descuelgas el teléfono, hacia qué lado giras la cabeza para encenderte el cigarrillo, con qué cantidad de aceite y vinagre aliñas la ensalada...

miércoles, septiembre 25, 2013

Cosas de la gravedad

Si todos los deseos se cumplieran ... Si pudiéramos alcanzar las estrellas con sólo alargar los brazos... Si todo fuera sencillo... La vida resultaría monótona y aburrida.

martes, septiembre 24, 2013

Todos los meses de septiembre

Mi tío cogió un tren con billete de ida un 12 de Septiembre de 2007. Han pasado seis años y aún recuerdo su adorable sonrisa, aún me parece que puedo escucharle, aún cuando miro a las estrellas siento su presencia tan próxima.
Me he acordado de él en tantos momentos especiales, esos momentos en que estábamos todos pero no éramos todos los que estábamos. Ahora, cuando veo a mi sobrina, me fastidia que mi tío, con lo que adoraba a los niños, no esté cerca para ver a la niña.

Todos los meses de septiembre recuerdo a mi tío. Recuerdo cuando iba a verle y paseábamos juntos, hablábamos de todo un poco, y deseaba que aquellos paseos no acabaran nunca, porque algo dentro de mí me decía que un día aquello acabaría porque la persona a la que acompañaba, más pronto que más tarde, se iría para siempre.

Y entonces sólo nos quedaría el recuerdo, un álbum de fotos en sepia, sus trofeos. Ese lugar en nuestro corazón que nunca ocupará nadie.

Mañanas dulces

Hay una cosa que me resulta insoportable en la oficina. Es cuando el bol de los caramelos se queda vacío. Me gusta que rebose, como ahora. Creo que muchos clientes entran a por caramelos y a endulzar sus mañanas. Pero con un caramelo siempre se suavizan los gestos de todo el mundo. Así que hoy lo he llenado. Lo que ocurre es que dura poco así de rebosante.

Pídeme lo que quieras

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Desde la publicación de la trilogía que comenzaba con las Cincuenta sombras de Grey, en la actualidad proliferan trilogías muy similares.
Soy consciente de que no es buena literatura, pero tampoco da mucho que pensar, porque son novelas eróticas que apenas tienen argumento. Simplemente vi la trilogía en la Casa del Libro y decidí comprarla para dar una nueva oportunidad a la literatura de corte erótico. Esta aún tiene menos argumento que la de Cincuenta sombras. Sin contar con los alicientes que atrajeron de la otra trilogía (que cayeran los tabúes con respecto al sadomasoquismo), ésta no toca esa variante del sexo, sino que va más en la línea del voyeurismo y las orgías.
La protagonista inevitablemente cae bien. Él es un tocapelotas presuntuoso que termina enamorándose y comiéndose su orgullo.

Judith Flores es una joven secretaria en la multinacional de farmacéuticos Müller con sede en Alemania. No se lleva muy bien con su jefa, pero disfruta del trabajo que hace. Vive en su pisito de Madrid y tiene un follamigo que se llama Fernando, de su pueblo (Jerez), que cada vez que visita Madrid la llama. Su vida sexual es normal, aunque todavía no ha encontrado al novio adecuado, aunque mientras tanto se desfoga con Fernando.
Un día, en el ascensor de la empresa, hay una avería y un joven trajeado tontea con ella, sin que ella sepa que ese atractivo hombre de ojos azules es, ni más ni menos, que Eric Zimmerman, el jefazo de la empresa, que, tras la muerte de su padre, ha decidido tomar las riendas de la empresa en España. El jefe se encapricha de ella, y al principio Jud no quiere liarse con él porque como norma tiene no liarse con nadie del trabajo. Pero ante Eric no puede evitarlo. Sin embargo, Eric es extraño respecto a apetencias sexuales. Una de las primeras veces que quedan a cenar, él le invita al Morocco, un restaurante con salas privadas donde los que van pueden mirar a otras personas e incluso participar. A Jud al principio le corroen los celos, al darse cuenta de que Eric juega con todas las mujeres que le rodean. Tras varios intentos de dejarlo con él, ella termina marchando de vacaciones a Jerez y Eric aparece allí, porque no puede soportar que Jud se líe con su amigo de la infancia.
Cuando Eric y Jud comprenden que están perdidamente enamorados, él le propone ir a vivir a Alemania con él. Antes le confiesa que tiene un glaucoma en los ojos que le dejará ciego con el paso del tiempo, también que tiene una ex novia que le persigue, Betta, que quiere que él le dé una nueva oportunidad, y que en Alemania se hace cargo de Flynn, el hijo de su hermana Hannah, fallecida en un deporte de riesgo. Pero Betta aparece en la vida de Jud y la tiende una trampa que hace que Eric se enfade mucho y no quiera saber nada de ella. Cuando Jud intenta hablar con él y él no da su brazo a torcer, la propia Jud le devuelve el anillo de compromiso y firma su despido. Ahora es Jud la que no quiere saber nada de Eric, aunque éste se da cuenta que les han tendido una trampa e intenta que Jud le perdone... El libro termina con el fin de la relación, que seguro que se retomará en el siguiente libro.

He aquí el book trailer. Tiaré Pearl -Eric Zimmerman- está como un pan:

lunes, septiembre 23, 2013

Mirando la luna


Lo peor de este otoño es que cerrará el bar donde conocí a ese ángel de mirada perfecta. Con su cuadro de fondo, con el perfil nocturno con infinitas luces de Nueva York...

Cada noche miro las estrellas y pienso en él. Me pregunto dónde estará, con quién estará y deseo encontrarme con él cada día al ver la luz del sol. Y sueño... tengo magníficos sueños donde siempre aparece él, porque cuando aparece él todo es simplemente perfecto.

domingo, septiembre 22, 2013

Fiestas de San Mateo

En realidad, el día de San Mateo fue ayer. Es la fiesta de Logroño, la fiesta de la vendimia, la fiesta de todos los riojanos.
Esta mañana el Espolón estaba llenísimo de gente. Las peñas se esmeraban en repartir sus tapas y sus vinos (tintos todos, por cierto). Hemos comido de tapeo por las calles Laurel y San Juan. Y el día ha acompañado.

sábado, septiembre 21, 2013

La sonrisa de las mujeres



Este libro llegó a mis manos de una manera inesperada. En realidad, hacía cuatro años que me había dado de baja en el Círculo de Lectores, cuando hace unas semanas, cuando estaba a punto de cerrar, apareció en mi oficina una chica de mi edad que me preguntó si conocía El Círculo de Lectores. Después de un rato de intercambio de impresiones, le dije: "Me vuelvo a dar de alta porque tú me has caído bien, no por el Círculo". Para entonces, ella ya sabía las razones por las que me di de baja y comprendía mis palabras perfectamente.
Y mi alta conllevaba que iba a tener un libro de bienvenida, que yo misma elegí. No me arrepiento nada de haber elegido esta novela, porque es la típica novela que deja una agradable sensación al final. Es una novela que no te deja indiferente, que nos hace ver las cosas buenas de la vida.

"En París, de vez en cuando, llueve a cántaros y sopla el viento del norte tan fuerte que parece no haber resquicio donde refugiarse. Como cuando las borrascas llegan al corazón y no sabemos cómo ni dónde esperar a que escampe. Para Aurélie las casualidades no existen. Una tarde, más triste que nunca, se refugia en una librería y en un libro. Arrebujada en sus páginas, Aurélie reencuentra la sonrisa que creía haber perdido para siempre. Y muchas cosas más".
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Macarons de Ladurée, París

Esta novela es un libro de amor. En sus páginas se cuenta el inicio de una relación de amor. Y es una bella historia de amor. Pero sobre todo se describe París, y la capital parisina me trae aires de bohemia y los coloridos recuerdos de cuando la visité, allá por los albores de 2005. Es la ciudad idónea para contar, leer y disfrutar de una historia de amor. Por algo se la conoce como "la ciudad del amor".
He disfrutado enormemente de esta historia, tanto que en un día y medio ya la he terminado. Ahora estoy deseando hacerme con otro libro del autor que ya está publicado en nuestro país, pese a que tengo numerosos libros pendientes de lectura, y eso que últimamente estoy leyendo muy rápido, quizás porque he elegido lecturas con las que estoy disfrutando mucho.
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El imaginario restaurante parisino Le Temps des Cerises

Aurélie es la dueña de un pequeño restaurante, Le temps des cerises, en la calle Princesse del centro de París. Su verdadera pasión es la cocina, algo que ha heredado de su recién fallecido padre. Su vida es feliz hasta que un día llega a casa y se encuentra una nota de su excéntrico novio Claude, diciéndole que se marcha porque ha conocido a la mujer de su vida. Es entonces cuando Aurélie se vuelve loca de pena. Se marcha y se encuentra deambulando por París cuando, de repente, entra en una pequeña librería, Librarie Capricorne, donde encuentra un libro que le devuelve la sonrisa: La sonrisa de las mujeres.
Aunque Aurélie no lee libros, ese libro le ha llamado la atención porque en sus páginas se describe su restaurante y la protagonista, de nombre Sophie, es una descripción de sí misma. Decide llevarse el libro y, después de leerlo, intenta contactar con el autor, un gentleman inglés llamado Robert Miller.
André es el editor del libro. Cuando la bella Aurélie se presenta en la editorial y le entrega una carta para que se la haga llegar a Robert Miller, André sabe que tiene un problema, así que llama a su agente inglés para que le saque del apuro. En realidad, André es quien ha escrito el libro, así que crea una enorme mentira alrededor del autor, de la que está a punto de perder no sólo el empleo sino también al gran amor de su vida.
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Café Les Éditeurs, París

André consigue conquistar a Aurélie, pero ésta encuentra la foto que envió a Miller en una de sus cartas, y es cuando comprende que el editor es un farsante. Él intenta explicarle que Robert Miller no existe en realidad, pero ella no quiere que le explique nada. Cuando André le explica a su jefe lo ocurrido, su jefe le anima a escribir la historia y regalarle el manuscrito a la chica, para que ella vuelva con él.
De fondo suena La fée clochette.
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Interior del célebre restaurante La Coupole, París

viernes, septiembre 20, 2013

Dispara, yo ya estoy muerto

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Anoche me terminé de leer el último libro de Julia Navarro, Dispara, yo ya estoy muerto. Me lo he leído en un tiempo récord, dada la amplitud del mismo, pero también lo he disfrutado, porque el tema árabe-israelí siempre me ha llamado la atención, ya desde cuando estudiaba Historia Universal Contemporánea en la carrera. De hecho, me entró en examen y teníamos límite de espacio, por lo que me resultó difícil meter todo lo que sabía del tema en ese pequeño trozo de folio. Después de eso, me quedaba 'enchufada' a la televisión cuando hablaban de Israel. Aun no compartiendo la mentalidad árabe, siempre me he solidarizado con los árabes porque se terminaron convirtiendo en unos apátridas refugiados en enormes campamentos en el resto de países árabes. Palestina pasó a convertirse en el Estado de Israel y los palestinos son, en la actualidad, un pueblo que carece de tierra. Es inevitable no ponerse de parte de los palestinos. Así que yo me veía identificada con esa joven trabajadora de una ONG que siente cierta acritud a hablar con el anciano judío que la recibe en su casa, esa joven que se congracia con los árabes y marcha a Jerusalén a pedir explicaciones al judío sobre su 'política de asentamientos' para así escribir su informe.

En realidad, la novela hace un recorrido por los más relevantes acontecimientos históricos del siglo XX: la sociedad de la Rusia zarista, la Iª Guerra Mundial, la Revolución Rusa, el primer éxodo de judíos a Palestina y la creación de los kibutzs, la relación entre árabes y los primeros judíos, la sociedad palestina dentro del Imperio Otomano, la IIª Guerra Mundial, el Holocausto nazi, la segunda gran oleada de judíos hacia la Tierra Prometida, el imperialismo británico y la guerra en Egipto, la terrible decisión de las Naciones Unidas para dividir Palestina en dos Estados independientes, la creación de Jordania...
Una de las circunstancias que nunca entenderé es que en la política interior de un país puedan meterse otros países... a no ser que esté en peligro la seguridad internacional, y aun así, la mayor parte de las veces en que otros países han intervenido en la política interior de otros países, es la justificación que han puesto, sin que nunca se hayan encontrado pruebas. Por eso, cuando Inglaterra intenta mediar y dividir Palestina sin éxito, nos preguntamos quiénes son los ingleses para mandar y disponer sin pensar en los verdaderos moradores de esa tierra, pero cuando la decisión de las Naciones Unidas da ese golpe a los árabes, resulta impensable. Si nos ponemos en su situación, nos podemos imaginar que tenemos que abandonar la tierra donde hemos nacido, la casa donde hemos criado porque va a pasar a unos nuevos propietarios, pero no porque la hayan comprado, sino que nos tenemos que ir más allá del Jordán y empezar de cero, y entonces aquí me convertiría en un extranjero en mi propia tierra.
He llorado con esta novela. Aun no agradándome los ideales de los árabes, es inevitable no solidarizarse con ellos, que fueron expulsados del lugar donde nacieron, porque después de la creación del Estado de Israel y la progresiva desaparición de Palestina, los judíos siguieron conquistando el país, y aún siguen en esa 'televisiva franja de Gaza y Cisjordania'. Yasser Arafat murió sin haber podido ver que les devolvían al menos un trozo de tierra de lo que en el pasado fue Palestina.

Pero en realidad... en el libro se profundiza sobre la verdadera amistad entre una familia árabe y una familia judía, que no atienden a las diferencias de raza o de religión, que no atienden a fronteras ni a pueblos, que sólo quieren convivir, y se convertirán en dos familias que serán más que amigas. Reconozco que me he perdido a veces entre tantos personajes, porque hay que tener en cuenta que son varias generaciones y a veces es fácil perder el hilo con los nombres, pero quitando esto... lo cierto es que ha sido un libro con el que he disfrutado muchísimo.

Marian trabaja en una ONG que está haciendo un informe sobre la política de asentamientos en Israel. Para ello, un día llama a la casa de Ezequiel Zucker, un anciano judío que lleva toda su vida en Israel. En realidad, ella quiere hablar con su hijo Aarón, que se encuentra en el extranjero, pero se tiene que resignar y hablar con el anciano. A partir de aquí comenzará un diálogo en el que Ezequiel le contará cómo vivió su familia desde que tuvo que huir de Polonia hasta su asentamiento definitivo en Jerusalén. A su vez, Marian le contará su propia versión, la de la familia Ziad, la familia de árabes vecinos de Zucker, que tuvieron que emigrar hacia Amman cuando la situación en Palestina se convirtió en peligrosa para los árabes. A partir de sus entrevistas, tenemos la historia de dos familias, una árabe y otra judía, que se juntarán, que se amarán, que llorarán, que compartirán tantas cosas... Incluso habrá quienes se enamorarán, aunque sepan que su amor nunca podrá ser.
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Paisaje polaco

Samuel Zucker era un niño de diez años cuando acompañó por primera vez a su padre a París. Su padre era comerciante de pieles en un pueblo cerca de Varsovia y su madre era francesa. El padre llevaba las pieles conseguidas en las estepas rusas desde Varsovia hasta París, donde un sastre cosía los abrigos que finalmente se presentarían en los salones de los aristócratas rusos. La hija del sastre se convirtió en su esposa y juntos fueron a vivir cerca de Varsovia, donde tuvieron varios hijos. En una de las ocasiones en que padre e hijo volvían a casa, se encontraron a su familia muerta y su casa quemada. Las persecuciones a los judíos en Rusia eran frecuentes y todos los males del país eran por culpa de los judíos.
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San Petersburgo, Rusia

Cuando padre e hijo pierden todo, recogen parte de los abrigos que traen y deciden marchar a San Petersburgo, donde vive un aristócrata medio judío amigo de la familia, Gustav Goldanski. Gustav es un célebre químico casado con una condesa de la vieja aristocracia rusa, con la que tiene dos hijos: Konstantin y Katia. Konstantin se convertirá en un buen amigo de Samuel. Juntos conocerán la universidad y los ideales socialistas y anarquistas que recorren la ciudad. Samuel incluso acudirá a reuniones clandestinas, hasta que un buen día la Ojrana rusa va a buscarle a su casa y tiene que huir del país. Ya entonces es un químico que se encuentra ayudando a un médico, pero un chivatazo hace que su padre dé la vida por él y él consiga huir del país con una mujer y un niño. Irina Kuznetsova tiene algunos años más que Samuel. Durante unos años estuvo ejerciendo como institutriz en la casa de un noble que la violó y que la dejó embarazada, e incluso la obligó a abortar, lo que hizo que jamás pudiera enamorarse de ningún hombre. Más tarde, se fue a cuidar al niño pequeño de un violinista viudo, con el que compartió una gran amistad. Él le hizo prometer que en caso de que a él le ocurriera algo, ella debía cuidar del pequeño Mijaíl.
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París

Irina, Samuel y Mijaíl llegan a París, donde Marie, una amiga del padre de Samuel, les abre las puertas de su casa y contrata a Irina en su taller de costura para que pueda valerse por sí misma. Sin embargo, Samuel le prometió a su padre que iría a la Tierra Prometida. Él se encuentra enamorado de Irina y por nada del mundo quiere separarse de ella y del niño, pero ella no puede amarle y mucho menos puede confesarle su terrible secreto. Pero ante la negativa de Irina, Samuel comprende que ha llegado la hora de embarcarse rumbo a Jerusalén.
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Jaffa, Israel

Cuando un Samuel solitario desembarca en el puerto de Jaffa, conoce a la familia de Ahmed Ziad. Ellos, pese a que desconfían del viajero y comprenden enseguida que es judío, no faltan a las normas sociales de la hospitalidad, y le acogen en casa de unos familiares de Jaffa primero y, más tarde, en su casa. Aprovechando que uno de los hijos de Ahmed y Dina tiene tuberculosis y que Samuel sabe de botánica, intenta darle remedios que alivien su dolor. Pero el médico judío que le atiende sabe que el niño no tiene cura y morirá. Poco después, a través del médico, Ahmed compra la tierra donde viven los Ziad, ya que sus propietarios consideran que no tienen mucho provecho, pero Samuel les permite quedarse y vivir en ella. Samuel ha comprado la tierra junto a un grupo de judíos recién llegados: Jacob y Kassia, Ariel y Louis. Construirán su propia casa y plantarán olivos, llamando a ese trozo de tierra La Huerta de la Esperanza. En ese lugar, estrecharán lazos con los Ziad. La hija de Kassia, Marinna, y el hijo de Ahmed, Mohamed, se enamorarán perdidamente, pero sus padres, debido a su religión, tendrán que casarles con otras personas. La Huerta de la Esperanza es un lugar donde todos hacen de todo, donde todas las opiniones son escuchadas. Aplican el ideario socialista con todos los miembros y con todos los que son acogidos en la casa. Además, cualquier problema es compartido con la casa de al lado, la de Ahmed y Dina.
Cuando Marie está en su lecho de muerte, Samuel tiene que regresar a París, y lo hace junto con su esposa Miriam y sus dos hijos, Ezequiel y Dalida. Allí se reencuentran con los Godanski, y Miriam comprende que su matrimonio está acabado, porque Samuel está enamorado de Katia Godanski. Lo que iban a ser unas semanas se convierte en una estancia de varios años, al asociarse en una empresa farmacéutica Samuel y Konstantin. Miriam comprende que tiene que volver a Palestina y lo hace acompañada de sus hijos. Un tiempo después, cuando Samuel regrese a Palestina acompañado de sus amigos rusos, su hija Dalida decidirá regresar con él a París, mientras Ezequiel preferirá quedarse con su madre. Entonces estalla la IIª Guerra Mundial. Los jóvenes palestinos lucharán junto a las fuerzas británicas, aunque muchos palestinos apoyan a Hitler. Cuando acaba la guerra, Miriam le pide a Ezequiel que busque a su hermana y a su padre. En Londres, Ezequiel se reencontrará con Gustav Godanski, el hijo del fallecido Konstantin, que le cuenta que no llegó a encontrar a Samuel, ni a Katia y ni a Dalida, aunque cree que trabajaron contra los alemanes, creando una red para sacar judíos de Europa, incluso con la ayuda de una monja francesa. Los dos jóvenes, que afinan su amistad en la búsqueda, llegarán hasta el mismo Berlín dividido por las potencias aliadas y descubrirán la dolorosa verdad. Mientras la belleza de Katia fue destruida a golpes y murió desangrada, después de que le aserraran los huesos en el campo de concentración de Ravensbrück, Samuel y Dalida fallecieron en Auschwitz.
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Campo de concentración de Auschwitz, Polonia

Uno de los momentos más crueles del libro es la descripción de lo que les hicieron a los protagonistas en el centro de extermino de Auschwitz. En ese momento tuve que parar en varias ocasiones para respirar, porque sentía una terrible sensación en el pecho, de lo explícita que es la brutalidad narrada por los personajes de la historia de este libro. Mientras que un anciano Samuel es llevado a la cámara de gas nada más llegar, la joven Dalida fue convertida en prostituta de los oficiales de las SS y, cuando se cansaron de ella, entregada al Doctor Mengele, que hizo experimentos maquiavélicos con ella, que la joven no aguantó. Gustav y Ezequiel conocen en Auschwitz a una compañera de Dalida, Sara Cohen, que aunque es cuidada por la Cruz Roja, ella desea que Ezequiel la saque de allí. Como en la Europa de la posguerra, tras el conocimiento de la crueldad nazi y de los crímenes del Holocausto, no se sabía que hacer con los judíos, Ezequiel no tiene mucho problema para conseguir sacar a Sara de allí y llevarla a Palestina. Aunque sabe que ella no podrá tener hijos porque fue sometida a radiaciones que la dejaron estéril, él está decidido a casarse con ella. Y Sara será muy querida en La Huerta de la Esperanza.
Mientras, el hijo de Mohamed, Wädi Ziad, ha decidido dar clases como maestro y encuentra a Fray Agustín, un fraile cristiano que ayuda a los niños árabes que no tienen medios económicos para acceder a una educación digna. Wädi se encariña con los niños y también con Anisa, la enfermera que les pone las vacunas, con la que finalmente se casará.
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Deir Yassin, Israel

Cuando los ingleses deciden dejar Palestina en manos de la ONU, las represalias entre árabes y judíos serán continuas, sobre todo cuando las tropas inglesas abandonen Jerusalén. Los atentados se suceden unos tras otros: un día los árabes se asientan en la carretera que va a Jerusalén y atacan a todos los vehículos judíos que pasan por allí; otro día y de noche los judíos incendian la población de Deir Yassin. Los ataques de unos y otros se suceden y el abismo que les separa es cada vez más grande. Hasta que, finalmente, con la partición de la tierra palestina en dos y la creación del Estado de Israel, los árabes decidan que tienen que huir de su tierra para no sentirse extranjeros en su propia tierra.

Ezequiel comprende quién es Marian desde el primer día. Nunca ha perdido el contacto con Wädi, que le salvó la vida cuando eran niños. Y sabe que Wädi se enamoró de una española que vino en un convoy de ayuda humanitaria. Eloísa se quedó embarazada, pero sus padres vinieron a Palestina a buscarla y se la llevaron a Madrid. Ezequiel siguió su pista y descubrió que la madre había muerto en el parto, pero que la niña había sobrevivido y se llamaba María Ángeles. Ezequiel sabe que ella busca venganza y por eso le dice al final, cuando han llegado al final de la historia, que dispare, que él ya está muerto.

Es un libro realmente impresionante. Sus novecientas páginas no me han durado ni una semana. Julia Navarro cada vez nos sorprende y cada nueva novela suya cada vez es mejor.

jueves, septiembre 19, 2013

La noche de los cristales rotos


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Negocio de un propietario judío destrozado durante la Kristallnacht. Berlín, noviembre de 1938

Kristallnacht (literalmente, "la noche de cristal") es conocida popularmente como “la noche de los cristales rotos”. Es el nombre dado al violento pogrom anti-judío del 9 y 10 de noviembre de 1938. Provocado primariamente por los oficiales del partido nazi y las SA (guardias de asalto nazis), el pogrom recorrió toda Alemania (incluyendo la Austria anexionada y la región del Sudetenland en Checoslovaquia). El nombre Kristallnacht tiene su origen en las infinitas ventanas rotas de sinagogas, negocios judíos, centros comunitarios y casas saqueadas y destrozadas durante el pogrom. El término se convirtió en un eufemismo para este brutal pogrom y no transmite adecuadamente el sufrimiento que causó. 

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La sinagoga de Oberramstadt (pueblo al SO de Alemania) se quema durante la Kristallnacht. Oberramstadt, 10 de noviembre de 1938

Los alemanes explicaron oficialmente el Kristallnacht como un arranque espontáneo de violencia pública en respuesta al asesinato de Ernst vom Rath, un oficial de bajo rango en la embajada alemana de París. Herschel Grynszpan, un judío polaco de 17 años, había asesinado a vom Rath el 7 de noviembre de 1938. Unos días antes, Grynszpan había recibido una postal de su hermana contándole que ella y sus padres, junto con otros miles de judíos de ciudadanía polaca que vivían en Alemania (los padres de Grynszpan llevaban en Alemania desde 1911), habían sido expulsados de Alemania sin previo aviso. Inicialmente se les había negado la entrada a su patria, Polonia, pero después fueron llevados físicamente a la frontera. Los padres de Grynszpan y otros judíos expulsados con ellos terminaron en un campo de refugiados cerca del pueblo de Zbaszyn, en la región de la frontera entre Polonia y Alemania. 
Vom Rath murió el 9 de noviembre de 1938, dos días después de que Grynszpan le disparara. Los nazis culparon al “judaísmo mundial” por el asesinato y, como represalia, desencadenaron un pogrom masivo contra los judíos dentro del Tercer Reich.
Cientos de sinagogas en Alemania y Austria fueron destrozadas y saqueadas. Muchas fueron incendiadas y los bomberos recibieron órdenes de no apagarlas, pero previniendo que las llamas se expandieran a estructuras cercanas. Se rompieron las vidrieras de alrededor de 7.500 negocios judíos se confiscó la mercadería como botín. Los cementerios judíos fueron execrados. Multitudes de hombres de las SA que recorrían por las calles atacando judíos mataron a alrededor de 100 personas. Desesperados con la destrucción de sus casas, muchos judíos se suicidaron.

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Una sinagoga destrozada durante la Kristallnacht. Dortmund, noviembre de 1938

miércoles, septiembre 18, 2013

Sin pausa, con prisa

Hoy he hecho algo que me ha costado mucho hacer. Dar ese paso ha sido inusual. Pero si no lo hubiera dado, me hubiera arrepentido por no haberlo hecho.
Prefiero arriesgar a no hacerlo y lamentarme después.

Las locuras que se hacen por amor...

martes, septiembre 17, 2013

Entonces pasa él...



Entonces pasa él. Tan dulce, tan sereno, tan noble, tan guapo... Parece que no va a mirar y entonces en ese momento sus ojos miran. Profundamente. Y deseo retener ese momento. Porque en cuestión de segundos vuelvo a tocar el cielo con las yemas de los dedos.

Es amor. Cada instante de él es un instante de felicidad plena.

lunes, septiembre 16, 2013

Tantos lunes por llegar


Los lunes vienen y se van. Tan rápido como han llegado. En esta semana, concretamente el jueves, podremos hacer un alto en el camino, ya que es festivo en Santo Domingo. Lo que se agradece, porque tendré tiempo para proseguir con el álbum de Estados Unidos y para leer. Con el último libro de Julia Navarro me he enganchado de una manera frenética. Y, hablando de libros, me volví a hacer socia del Círculo de Lectores en el mes de agosto. Ya le dije a la comercial que le hacía el favor a ella, que no al Círculo. Me respectan la antigüedad de cuando estuve antes de darme de baja (unos quince años). Creo que mañana me traen el libro de bienvenida. Todo ha cambiado; pero en el momento en que se convierta en obligatorio me vuelvo a dar de baja. Aunque no fue eso por lo que me di de baja, sino porque cuando aún no existía una compleja normativa sobre la protección de datos personales, mis datos (e imagino que el del resto de clientes del Círculo) pasaron a varias empresas colaboradoras, una de ellas una compañía de seguros de nombre impronunciable, que osó en venderme un seguro de vida hace cinco años. Entre eso y las infinitas llamadas a casa instándome a comprar, opté por darme de baja. No me costó mucho, porque cuando me hice socia, aún menor de edad y falsificando la firma de mi padre, no existía internet, pero ahora, que todo se puede adquirir a través de este medio... lo de ser socia del Círculo de Lectores no me llama tanto la atención. Además, muchos de los libros (best sellers) que vienen en la revista bien me los he leído ya, bien los tengo en casa pendientes de lectura. De todas formas, creo que me quedaré con la Casa del Libro, que tiene más variedad y es donde he comprado literatura en los últimos años.
Me voy a soñar con mi ángel. Me pregunto si estará leyendo La hoguera de las vanidades. Espero que sí. Tendré que preguntarle la próxima vez que le vea. Si no mereciera la pena, no se lo hubiera dejado.