viernes, febrero 01, 2013

Esa voz...

Hoy no tenía intención de hablar con él, pero a veces el trabajo empuja a hacer algo que no teníamos previsto. Es cuando me he encontrado llamándole, sin recibir respuesta al otro lado.
Un rato después era mi teléfono el que sonaba...

Adoro escucharle, adoro su voz y le adoro a él íntegramente. Me lo imaginaba al otro lado, tan dulce, tan noble, tan adorable...

Sale el sol

Adoro los viernes. Adoro que llegue el fin de semana.
Anoche, cuando paseaba al perro, descubrí un sinfín de estrellas en el cielo, por lo que es probable que hoy salga el sol.
Eso me recuerda la cercanía del verano.

jueves, enero 31, 2013

El color de los días

Los jueves siempre tienen algo de magia, no sé por qué, quizás porque suelo encontrarme con un ángel más a menudo, lo que me lleva a evocarle aún más.
Aunque hoy todavía no he sabido nada de él, y le echo de menos...

Los momentos adorados

Adoro los días como hoy, soleados y azules.
Venía a Ezcaray y pensaba en él, en que hace un mes que no hablo con él, aunque en realidad sí que he hablado con él, pero en realidad ha sido por cuestión de trabajo así que no cuenta. Me refiero a que no hemos vuelto a hablar "así" y "sobre" desde la Nochevieja.
Que aunque sólo ha pasado un mes parece que ha pasado una vida entera, que han dado vueltas mil mundos ante mis ojos.
Deberíamos haber hablado, aunque lo cierto es que yo ahora estoy en un período de calma, alterado momentáneamente cuando sé algo de él, o le veo o hablo con él. Esos momentos eclipsan todo lo que me rodea, pero ¡qué magnífico es sentir ese cosquilleo que sentí ayer cuando él pasó tan cerca! Eso es indescriptible, y eso no quiero perderlo.

miércoles, enero 30, 2013

La estera del ángel y un millón de mariposas


Lo mejor para empezar el día con buen pie es mirar hacia adelante y encontrarse con esa mirada perfecta, con esos ojos que contienen todo lo mejor del mundo, y de repente te encuentras cruzándote con esa mirada angelical y sientes un cosquilleo desde el estómago hasta la garganta, y el revoloteo de un millón de mariposas a tu alrededor. Porque en el momento en que ha pasado, ha mirado, ha saludado y se ha perdido en el horizonte, dejando la estera de su coche tras de sí, se ha parado todo. Sólo estaba él y esa mirada perfecta.
Adoro los días en que ese ángel de mirada perfecta aparece y consigue sonsacarme una sonrisa, además que su recuerdo, el recuerdo de esos fragmentos de segundos, sigue tras de sí durante el resto de las horas.

Estaba guapísimo, como siempre.

martes, enero 29, 2013

La nostalgia de las piedras eméritas

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A veces me pregunto cómo hubiera sido si me hubiera quedado en Salamanca. Muchas veces pregunto qué estaría haciendo allí. Aquél era el ambiente perfecto para escribir, una ciudad que te atrapa, que te llena, que te absorbe. Algo muy importante de mí se quedó entre las piedras doradas de Villamayor, esas piedras que tantos estudiantes han visto pasar a lo largo de los siglos, esas piedras que susurran palabras de Unamuno en las esquinas y las leyendas urbanas que circulan entre sus calles sobre Fray Luis de León, las mismas piedras que vieron pasar a Martín Gaite enfundada en su boina o a Torrente Ballester caminando lentamente mientras iba pensativo...
Un día tomé una decisión y regresé a la tierra que me vio nacer. En días como hoy aún me sigo preguntando si hice lo correcto en venir, aunque prefiero no pensarlo, porque al pensar en Salamanca me entra una nostalgia infinita.

Unos meses después de haber llegado conocí al ángel, ese ángel que mira con tanta dulzura, que habla como un poeta y que tiene manos de pianista...
Una vez me dijo que no conocía Salamanca, y le hablé de aquella ciudad. 

lunes, enero 28, 2013

Las palabras del amor



Es tan sencillo romper la confianza, es tan sencillo llegar al desamor... Me pregunto si estoy siendo yo la que se distancia... Pero esta mañana... cuando he vuelto a escuchar su voz he vuelto a sentir un vuelco en el corazón, un vuelco de esos que desde hace unos años sólo se producen con él.
Cada vez tengo más claro de lo muy enamorada de estoy y a veces me gustaría no estarlo tanto, porque a veces es una pequeña tortura.

Me pregunto dónde se encontrará ahora. Aunque sigo teniendo esa sensación agradable que siempre queda tras haber intercambiado unas palabras con él.
Es curioso, hoy no estaba tan cortante como el último día en que hablé con él, y quizás por eso me encuentro como si, de alguna manera, me hubieran crecido unas pequeñas alitas en la espalda. 

Una llamada sin pensar

No lo he pensado. Simplemente he levantado el teléfono y he hablado con él. Me he perdido en su voz perfecta, en su sabiduría infinita, en su intensidad. Me lo he imaginado mirando un punto del infinito, sintiéndome a gusto, como siempre que hablo con él.
Me he quedado con ese sabor agradable que siempre queda tras él, como una estera de luz, de perfección infinita...

Misión Olvido

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Un mes de enero de hace dos años terminaba de leer El tiempo entre costuras. Me encontré con esa sensación placentera que siempre nos deja un buen libro, incluso mucho tiempo después de haberlo terminado. Recuerdo con cariño aquella historia y, cuando Misión Olvido caía en mis manos, recordaba con nostalgia el estilo fresco de la autora que tantos sentimientos de todo tipo despierta en mí al leer capítulo tras capítulo.
Esta vez, con Misión Olvido, tampoco me ha decepcionado. Vuelve a quedarme esa sensación agridulce que dejan las buenas novelas después de haberlas acabado, ese deseo implícito de que nos gustaría volver a la mitad del libro y volver a leer lo que queda, desconociendo el final. Y digo ‘agridulce’ porque sumado al placer de haber consumado una buena historia, narrada de forma magistral, siempre queda esa tristeza porque ya ha terminado, porque necesitamos algo más, pero el punto final ya llegó. Hasta la próxima novela, María Dueñas.

Antes de comenzar, quiero desentrañar un poco el título, porque si bien no conlleva ambigüedad, sí que tiene un doble significado: por un lado, lo que a simple vista podemos intuir, es decir, una persona que ha decidido olvidar una parte de su vida; por otro lado, el libro toca las misiones que los religiosos españoles afincados en California levantaron allí, y cuyos restos son, hoy en nuestros días, visibles, en lo que se denomina “El Camino Real”. Y, por tanto, el título del libro contiene un doble significado, y tanto en uno como en otro sentido se utilizará en las páginas de esta novela.
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Misiones de California

La doctora Blanca Perea es una mujer en la plenitud de su vida, con una carrera solvente como profesora especializada en Lingüística Aplicada en la universidad, con un sueldo elevado, querida y admirada, pero su vida se ha ido al traste de un día para otro cuando su marido Alberto la ha abandonado por una abogada quince años más joven, a la que ha dejado embarazada. Los dos hijos de Blanca se están independizando y ya comienzan a hacer su vida. Y ella se encuentra en una situación en la que no da crédito. Y en esa situación decide acogerse a una de las becas que otorga la universidad a los docentes, por lo que decide marchar a la universidad de Santa Cecilia en California. Necesita olvidarse temporalmente de su vida y del caos en que se ha convertido. Así que aunque el trabajo ofertado en California está muy por debajo de su currículum, decide romper con todo lo que tiene en España para comenzar un rumbo nuevo, diferente, cambiar de aires… que en realidad será una segunda oportunidad.
Allí conoce a su director, Don Luis Zárate, hijo de español y chilena, que habla un perfecto español. Poco a poco, su nuevo jefe se irá enamorando de Blanca. La tarea de Blanca en California está supeditada a rescatar los escritos de un profesor español, ya fallecido, D. Andrés Fontana, y una eminencia en la universidad. Su legado ocupa, desde hace treinta años, un cuarto del depósito de la universidad y la tarea será larga. Pero mientras Blanca se sumerge en el trabajo, entre papeles y polvo, se olvida de su vida rota en España.
Mientras, se cruzará en su camino un carismático profesor que ha llegado de invitado a Santa Cecilia, Daniel Carter, que habla un perfecto español. Poco a poco Blanca irá descubriendo que Carter no sólo es un profesor de visita, sino que además fue el pupilo predilecto de Andrés Fontana.
Blanca empieza a entusiasmarse con su trabajo desde el mismo momento en que ve las fotos del profesor fallecido. Un hombre nacido para ser minero y apadrinado por una millonaria que, a su muerte, dejó una cláusula en su herencia por la que Andrés había de tener sus estudios pagados si el muchacho decidía no ser un analfabeto en un país donde 2/3 de la población no sabía leer. Ya en la universidad le ofrecieron una beca para ir a Estados Unidos, pero la Guerra Civil truncó su regreso, por lo que se quedó definitivamente en California.
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Cartagena en los años 50, Paseo de la Muralla

Varias décadas después entraría en contacto con Daniel Carter, un alumno al que pulió y en el que inculcó el español y la tradición española. Daniel se enamoró de España y en los años 50 la visitó por primera vez, con el fin de hacer un estudio sobre los lugares en que vivió y se fraguaron algunas de las novelas de Ramón J. Sender, que en esos momentos vivía en el exilio. Su tarea estaba condenada al fracaso si en la España de posguerra y franquista se sabía qué estaba investigando el joven norteamericano.
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Ramón J. Sender

Por una de las novelas del autor en el exilio, decidió ir a Cartagena y quiso el destino que se enamorara de una joven aspirante a farmacéutica, Aurora Carranza. Sabía que era el amor de su vida, y tuvo que buscarse un padrino para que los padres de la joven aceptaran al que en principio les pareció un trotamundos y un buscavidas. En esos momentos, se encontraba en Cartagena anclada la U.S. Navy, y fue el capitán de la armada norteamericana afincada allí el que apadrinó al joven para que fuera, finalmente, aceptado por la obsoleta y retrógrada sociedad española de entonces. Finalmente se casó con Aurora y volvieron juntos a Estados Unidos.
Pero Aurora fallecería trágicamente en el mismo accidente de coche en el que falleció el viejo profesor, que se había enamorado en secreto de la esposa de su pupilo. Daniel Carter tardó mucho tiempo en recuperarse de semejante pérdida.
Sólo cuando escuchó la noticia de que en la zona conocida como Los Pinitos, en Santa Cecilia, iba a construirse un centro comercial se movilizó para patrocinar una beca con el fin de buscar entre la documentación de Andrés Fontana algo que paralizara la obra, y la elegida fue Blanca Perea.
Blanca descubre que Daniel Carter la ha manipulado, pues descubre que tras el legado de Andrés Fontana hay un interés urbanístico, pero además descubre que Daniel Carter es un aclamado catedrático universitario, venerado allá donde va, y con catorce libros escritos de su puño y letra, es decir, un erudito en toda regla, que para más inri se lleva mal con Luis Zárate. Ella se siente traicionada, pero terminará perdonando a Carter, ya que se están enamorando.
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Misión San Francisco Solano, Sonoma (California)

Con Carter visitará la Misión de Sonoma, y comenzará a investigar más a fondo las misiones de California, que es lo último que estudió Andrés Fontana, algo relacionado con una Misión Olvido que no aparece en los mapas ni en los documentos. Finalmente descubren que las tumbas de la Misión Olvido se encuentran en la zona de Los Pinitos, donde se quiere construir.
Es el momento final, el momento en que Blanca, después de seis meses, tiene que volver a casa para poner en orden su vida, para perdonar a Alberto y para iniciar un nuevo camino. Y cuando haya puesto en orden su vida, tiene que llamar a Daniel Carter, con el que ha decidido compartirla a partir de ahora.
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La tesis de Nancy (es la misma edición que yo tengo)

Esta historia me ha recordado, al trazar el estudio de Ramón J. Sender, otra novela que me leí en la época universitaria, La tesis de Nancy, donde una joven norteamericana venía a España a hacer una tesis sobre nuestro país. Justamente Daniel Carter en su juventud me ha recordado a esa Nancy, que viene en la misma época, y que viene cautivada por nuestras tradiciones y nuestro idioma. Con el nombre de Ramón J. Sender, autor de La tesis de Nancy, no me cabe ninguna duda de que, en cierto modo, la autora quiere hacer una especie de tributo no sólo al autor sino a esa novela en concreto, cuyas influencias pueden leerse entre líneas.

Finalmente, sólo me cabe decir que es un libro que me ha parecido exquisito, que me ha encantado, que me ha hecho pensar. Porque a veces hay que poner un punto final para seguir caminando hacia adelante.

“La mejor historia está siempre por vivir”.

domingo, enero 27, 2013

Bajo la lluvia

El perro quería salir y yo tenía que comprar tabaco, así que hemos salido a la calle en el momento que más llovía.
Yo iba cubriéndome con un paraguas de kukuxumusu mientras observaba cómo el agua, implacable, resbalaba en mis botas negras.
Miraba las luces anaranjadas de las farolas reflejadas en los charcos, el perro chapoteando unos pasos por delante y en mi mente... él.

Hemos estado tan cerca esta tarde, cuando he estado a unos pasos de su coche, preguntándome en que actividad concreta estaría embarcado esta tarde lluviosa...
A veces me entristece pensar en él, en la decisión que tomé hace unas semanas de seguir caminando hacia adelante sin mirar atrás. A veces es difícil. Él sigue siendo una pieza fundamental en mi vida, aunque se va difuminando lentamente.
La lluvia siempre trae nostalgia, pero también es un símbolo de vida.

Si las cosas fueran de otra manera

Si las cosas fueran de otra manera quizás un domingo por la tarde estaría tomando algo con él, perdida en la intensidad oceánica de esos ojos negros que tienen todo lo mejor del mundo.
Si las cosas fueran de otra manera le cubriría de besos cada día, cada noche, cada atardecer y en cada amanecer.
Pero no son de otra manera. Son como son, sin más.

De eucaristía

Estoy en misa. Hará mucho tiempo que no entraba en domingo a misa. Pero hoy es un día especial, por eso estoy aquí.
Se me hacen largas las misas...

Los versos del poeta

Cuando me encontraba leyendo los versos del poeta Pedro Salinas, surgidos en medio de una novela que tocaba puntualmente una historia de amor... he dejado de leer.
He releído los versos y he pensado en él, en lo mucho que me gustaría susurrárselos al oído en toda su intensidad, con todo su significado.
En ese momento he sentido el ardor de una lágrima solitaria en mi mejilla.

Cathedral of Learning

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Catedral of Learning, Universidad de Pittsburgh, USA

Leyendo una novela, me he encontrado con la fantástica descripción de la Cathedral of Learning, un edificio emblemático de la Universidad de Pittsburgh (Pennsylvania, USA), que me ha llamado la atención y me he documentado al respecto.

Cuenta la leyenda que gran parte del presupuesto para la contratación de aquella monumental obra se había costeado con contribuciones económicas de filántropos, corporaciones y gobiernos, así como con pequeños donativos privados. Algunos de estos donativos fueron especialmente entrañables, como los aportados por los niños de la zona durante las etapas más duras de la Gran Depresión, cuando existía el riesgo de que el proyecto de aquella torre del saber nunca pudiera finalizarse. Gracias a la ingeniosa campaña de “buy a brick for Pitt”, los escolares de los alrededores realizaron casi cien mil minúsculas aportaciones de diez centavos, que contribuyeron a la contribución de la obra en 1937. A cambio, cada muchacho acabó recibiendo un certificado oficial en el que constaba como propietario de un ladrillo del edificio.
La torre mide 163 metros de altura y es de un estilo gótico tardío. La Cathedral es una estructura de acero recubierta de piedra caliza proveniente de Indiana y contiene más de 2000 habitaciones. Es el centro administrativo de la Universidad de Pittsburgh.
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Commons Room

En el primer piso se encuentra la “Commons Room” (Sala de los Comunes), que está diseñado como el interior de una catedral gótica, y es el área dedicada a eventos especiales.
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Catedral of Learning, Pittsburgh, iluminada de noche durante un Festival

En la planta nº 40, aparte de ofrecer una panorámica del centro de Pittsburgh, tiene una colonia de halcones peregrinos. También se encuentran allí las “Golden Lights” (Luces de la Victoria), que rodean la parte exterior de los pisos más altos y se encienden cuando el equipo de fútbol local gana.
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Entrada a la Cathedral of Learning

Los estudiantes de Pitt se refieren a la Cathedral como “la bruja ebria”, ya que cuando hay poca visibilidad en la zona de Oakland, la torre guía a los estudiantes que regresan a sus dormitorios o apartamentos universitarios.

Debe ser interesante estudiar aquí.

sábado, enero 26, 2013

Una noche mágica

Hoy hace una noche perfecta, tanto que parece mágica. Paseaba con el perro y miraba la claridad que desprende la luna casi llena, imaginaba dibujos con las estrellas y buscaba su rostro en los recuerdos.
A veces duele. A veces me hace sonreír. A veces añoro su voz aterciopelada entre los silencios nebulosos.

Coloreando el viento

Hoy ha sido un día largo, sobre todo porque he tenido una reunión larguísima que no hace mucho que ha terminado.
Ahora es la hora de la siesta, es la hora de los sueños... Es la hora de colorear el viento.

viernes, enero 25, 2013

Bajo la luz de las estrellas

A esta hora hace frío en la ventana, pero es tan hermoso el cielo de noche, cuando está despejado y plagado de estrellas...
Pensaba en él, pues las cosas bellas, como ese firmamento estrellado, siempre me llevan a evocarle. Imaginaba qué estará haciendo, en qué estará pensado, si está cerca o está lejos...
Creo que cada vez está más lejos... Y no es cosa suya. Siento que la que se está distanciando soy yo. Aunque cada nuevo amanecer sea su recuerdo el que me sonsaque una sonrisa desde lo más profundo.
A veces es preferible no buscar respuestas. Y le añoro cada día.

El sol que deslumbra



Hoy he visto el sol. Es curioso, porque está lloviendo. Pero pasaban de las cuatro cuando él ha pasado. No sé si ha saludado. El sol me deslumbraba. Lo que sí sé es que he sentido un cosquilleo dentro de mí al verle pasar.
No sé lo que hace en mí, pero todo es perfecto cuando está él, incluso aunque sólo haya sido cuestión de minutos. Con él todo es diferente. Tenía una tarde larga por delante, pero ni siquiera me he enterado. Cuando me he querido dar cuenta es casi la hora de marchar.

Esta mañana también él ha sido mi primer pensamiento. Cuando he llegado, sólo pensaba en qué decirle, pero a esa hora he pensado que lo mejor sería el correo electrónico. Es curioso, porque me he tomado mi tiempo. Con él siempre me tomo un tiempo, con otras personas no me tomo tantas molestias, pero con él sí.
Podría habérselo contado por teléfono también. Pero hoy he preferido que fuera por escrito. Se me da mejor escribir...

jueves, enero 24, 2013

Entre las brumas de la fiebre

Creo que hoy he tenido fiebre. Era poco antes de la hora de comer cuando he regresado a casa y me he metido a la cama. Llevo tres días pero ahora sé que el resfriado está remitiendo. He tocado fondo al mediodía, cuando semiinconsciente, o quizás es que soñaba, me he encontrado saboreando sus besos, mirándole a los ojos y sonriendo, me he encontrado hablando con él pero sus respuestas eran silencio -supongo que desconozco lo que diría él en ciertos momentos puntuales-, me he encontrado sentada a horcajadas sobre él susurrándole que ahora estaba bajo mi poder mientras le pasaba el dedo índice desde la oreja hasta la barbilla -recuerdo su sonrisa y su deseo implícito-, y recuerdo encontrarme con él sentada frente a una ventana, en el suelo de una habitación difusa, yo rodeándole con mis piernas y haciendo dibujos inconexos en su espalda desnuda...
Había más, mucho más. Sólo sé que me hubiera quedado así toda la tarde. Así que luego iba cantando a la reunión, cantando bajo la lluvia.
Luego he comprendido que era todo fruto de la fiebre y que ahí estaba tocando fondo, porque a partir de ese momento he empezado a encontrarme mejor.
Es posible que vuelva a ser su magia? O es que después de tres días ya era hora de que empezara a remitir este virus que la ha tomado conmigo?

Desavenencias internas

En estos momentos me pregunto si mañana le llamaré o me limitaré a escribirle un correo electrónico sin más. Debería llamarle porque es más rápido decirlo por teléfono, pero no me apetece. Porque si vuelve a ser cortante me derrumbará otra vez moralmente. Y no quiero.
Al final tengo todos los datos que él necesita. Pero es cierto que me cuesta descolgar el teléfono y si lo hago no puedo pararme a pensarlo.
Ya veré...