jueves, julio 26, 2007

Algo grande

Mi madre siempre dice que para hacer algo grande siempre hay que empezar por las cosas más pequeñas, aquellas que son nimias, poco importantes, minúsculas. Y siempre me dice que yo quiero saltar sin cruzar los pasos intermedios. Aprendí muy pronto a valorar los detalles sin importancia y aquellas cosas que siempre habían estado conmigo y nunca las había tenido en cuenta hasta... que las perdí. Por ejemplo, aprendí a añorar los aromas del bosque cuando me vine a vivir a una ciudad, las horas de tranquilidad sentada bajo las frondosas ramas de un árbol sin bruscos ruidos en derredor, las personas que siempre han estado ahí y las que encontramos en el camino cuando ya no están o nos hemos ido repentinamente, y los momentos de risas, las palabras instantáneas, los mensajes comunicativos... esos momentos tan efímeros que van marcando acompasadamente el ritmo del paso del tiempo.
Cuando me vaya de Salamanca, echaré de menos sus piedras doradas, su letanía de campanas a ciertas horas, el pavimento empedrado, el bullicio de sus gentes... pero se verá sustituido por todo aquello que sobrevendrá. Lo único que no puede suplirse es la gente. Porque cada persona que pasa por nuestra vida nos deja un poco de sí misma y, a la vez, se lleva algo de nosotros.

miércoles, julio 25, 2007

A las 8 de la tarde

A las 8 en punto de la tarde siempre sonaba aquella estridente sirena. Durante cuatro años la estuve oyendo. Al principio me resultaba aquel sonido un tanto molesto. Después me fui acostumbrando y luego era uno de los ruidos habituales del colegio.
Entre vastos terrenos de árboles frutales, a las afueras de Logroño, la única fábrica que nos hacía compañía en aquellas tardes de estudio se dedicaba a la madera. La sirena sonaba varias veces a lo largo del día, pero solo a las 8 de la tarde nos sacaba del ensimismamiento en el que nos encontrábamos para transportarnos muy lejos de allí.
Desde mi ubicación junto a la ventana, no me quedaba más remedio que levantar mis ojos hacia las miles de tardes anaranjadas, silenciosas, que trascurrían lentamente, sin darnos apenas cuenta de lo lentamente que iban pasando las horas.

Me pregunto si se sigue escuchando esa misma sirena a las 8 de la tarde, o si se ve silenciada por la amalgama de nuevos ruidos debido al crecimiento industrial en la zona.
Me siento, de alguna manera, vinculada a aquella sirena de mis años adolescentes, porque muchas tardes la odié, sin embargo se terminó convirtiendo en una compañera más, alguien que desde su rutinaria vida nos observaba ir y venir, nos veía cambiar, nos daba la bienvenida y nos despedía sin lágrimas porque los que se iban serían sustituidos por otros nuevos, que escucharían su eterna melodía a las 8 de la tarde.

martes, julio 24, 2007

Entre Oporto y Aveiro

3 días, 50€ de viaje, 100€ de alojamiento viene a salir una escapada a uno de esos dos lugares. Es posible que termine siendo Aveiro. Oporto tiene muchas cosas que ver, aparte de la desembocadura del Duero y de los finos vinos que le han dado tanta fama. Pero Aveiro tiene playa, un paraje natural magnífico con unas lagunas que son Reserva Natural.

Joan

Sabía que me olvidaría, aunque no me extraña con la de cosas que me marean últimamente.
Hace un año, le llamé desde la sombra de unas figuras de mármol en el centro de Roma. Era domingo 23. Pero hasta que no cogí, al día siguiente, el autobús desde Madrid para volver aquí no pude felicitarle.
Acabo de caer en que hace un año exacto visitaba la capital italiana bajo el eterno calor del mes de julio.
Le llamaré. Joan es una de las pocas personas que me hace reír. Aparte de que siempre le llamo para felicitarle, y al menos para decirle que no se desanime por el paso de los años (tiene tendencia a quejarse de la edad, aunque es un jovenzuelo que aparenta muchos menos años de los que tiene).
Le llamaré, aunque solo sea para que me diga que soy una "bruja".

Acabo de caer en la cuenta de que necesito viajar. Veamos... la playa más cercana de Portugal.

Apaga la luz

Cierro los ojos y te veo, sumido en la oscuridad tortuosa de los sueños y sus enigmas indescifrables. Duermes tranquilo, sereno, seguro. Adorable.
Me dan ganas de morderte, de despertarte, de perturbarte para que abras los ojos, somnoliento. Me apetece acariciarte, aprender el mapa de tu piel con las yemas de mis dedos, parando en cada lunar, en cada pliegue. Ardo de deseos en pasar mi mano por tu cabello, agarrártelo, acercar tu cabeza a mí. Desearía cubrir de besos tu cuello. Y quiero escuchar tus gemidos de placer, gemidos apagados tras unir mis labios con los tuyos... Y podría seguir.

Vamos, ya, apaga la luz.

Y los magos que te tocan el corazón

Porque también están las personas que te tocan el corazón de una manera muy sutil y sensible.

He llorado. Aunque últimamente lloro todas las noches, como cuando era pequeña. Pero mis lágrimas eran porque una parte dentro de mí se ha desmoronado y se ha quedado sin defensas. Alguien, a quien aprecio muchísimo, ha sabido leer en mí más de lo que hubiera imaginado. No sé si es cuestión de magia o él ve una parte de sí mismo identificada en mí. Supongo que, en cierto modo, las personas no somos tan diferentes.
Sus palabras me han llegado al fondo porque cuando leía estaba reviviendo momentos pasados, de la infancia, más tarde de la adolescencia, de mis primeros años universitarios, y de ese sentimiento de no sentirme a gusto en ningún sitio y la necesidad de cambio, un cambio que para llevar a cabo cortará de raíz viejas amistades, recientes vínculos, rompes los contactos de todos...

Mi infancia estuvo dividida entre dos amigas enfrentadas. No hacía mucho que nos habíamos mudado cuando conocí al resto de niños de la escuela. Había que elegir estar en un grupo o en otro, no había más opciones, no se podía estar en medio. Silvia y Rocío, enemigas casi desde antes de nacer, y sus padres íntimos amigos. Pese a estar más del lado de Rocío, mi padre tenía una estrecha relación con la familia de Silvia, así que tuve que hacer "de tripas corazón". Silvia siempre intentó pisotearme en todo lo que hacíamos, sin conseguirlo. Tenía una tara en un pie que más tarde le operarían y curarían. Me compadecía de ella. Un día llegué a casa diciendo que Silvia era mala, pero mi padre no quiso ni escucharme. El tiempo me daría la razón.
Con 18 años, nos sacamos el carnet de conducir juntas, aunque no exactamente. Yo le dije a mi padre que me apuntara a la autoescuela, y él lo hizo después de haber hablado con el padre de Silvia. Tuve una discusión algo violenta con mi padre, echándole en cara que mi elección de aprender a conducir no dependía de nadie y le dije que esperaba que fuera la última vez que tuviera que comentar con otra persona de fuera de casa una elección que era mía.
Fue pisar la autoescuela y sentarme con la gente que había estudiado conmigo en el colegio. Puesto que Silvia era un año mayor y sus ex compañeras se habían sacado el carné el verano anterior, no le quedó más remedio que hacer nuevas amistades entre gente de pueblos de Burgos, a los que no conocíamos ni de vista. El primer día que cogí el coche, Nacho, el profesor, se dio cuenta de que ya había conducido antes. Aprobé la teórica, pero el examen práctico tuve que dejarlo hasta las vacaciones de Navidad porque empezaba una nueva vida en Salamanca. Silvia se sacó el carné en esos meses en que yo estuve fuera. Podría haberme presentado antes de venir, pero no quería arriesgarme, no estaba preparada y me lo jugué en un examen en enero (que aprobé a la primera).
Hacía varios años que había intimado con el grupo de Rocío, algo que Silvia no podía soportar. Pero ella se había echado novio y me había dejado de lado.
Cuando volví aquella Navidad, recibí una llamada de Nacho, que venía a recogerme para la cena que hacía todos los años la autoescuela. "¿No te ha avisado Silvia? ¡Si le dije que te avisara!". No la hablé en toda la noche. Me senté con mi gente, aquellas personas que habían estudiado conmigo y luego nos fuimos a tomar copas por Ezcaray. Se me acercó y me pidió perdón, pero ya era tarde. Le dije que nuestra amistad acababa esa noche.
Pero en el otro grupo tampoco me sentía a gusto. Había demasiadas rencillas entre personas que se consideraban amigas y ciertamente no lo eran tanto. Solo saqué algo bueno de allí: Adela, convertida, desde que yo era pequeñísima y vivía en otro lugar, en mi mejor y más segura amiga. Y Adela, pese a no ir con ella, será siempre una verdadera amiga. El sentimiento es mutuo y no son pocos los abrazos cuando nos vemos, ni las risas, las charlas, cuando les pregunta a mis hermanos..., lo que nos hemos aportado siempre, desde que no levantábamos un palmo del suelo. Cuando cambié de grupo fue por casualidad. Isa adoraba mi pueblo y, pese a vivir en Logroño, siempre que podía venía. Se encontraba sola cuando una noche la sacamos de casa. Y ese día algo cambió en mí. Pues con Isa encontraría un hueco en un grupo de gente con la que apenas había tratado y sin embargo encontré mi lugar.
Con los amigos jamás tuve problemas. Nunca tuve un novio de mi pueblo, aunque muchos lo intentaron (Guillermo es la excepción y fue hace ya unos años, pero no en una época tan temprana como la que estoy hablando). Había visto más mundo pues el abanico de los hombres de mi vida no se limitaba a los de mi localidad, sino al inmenso colegio donde estuve interna. Allí jamás tuve problemas de amistades. A pesar de llevarme bien con la gran mayoría, tuve mi grupo que se mantuvo intachable y unido hasta mucho tiempo después de que acabara el colegio y nos dejáramos de ver. Los valores que aprendí de los curas se asentaron en mi vida como una piedra de altar. Aprendí a respetar, a valorar, a juzgar, a decidir, a elegir y a opinar, entre otras muchas cosas. Y aprendí el verdadero valor de la amistad, la camaradería y la confianza que antes había estado cegada o, más concretamente, imposibilitada.
Sí, quizás Sir Titus tenía razón al decir que nunca nos identificamos plenamente con un grupo, pero eso solo ocurre hasta que encuentras tu lugar entre la gente. Mis amistades actuales son firmes, pero no están limitadas al grupo de amigas en sí, sino que se amplían a aquellas colegas del internado, a quienes recuerdo con cariño (Maite, Rebeca, María, Vanessa, Eva, Laura, Alicia, Belén...), mis profesores y guías espirituales en Marianistas, con los que, muchos años después, he seguido manteniendo el contacto (Zacarías, Teófilo, Fernando, Mariano, Pedrito...), mis compañeras del colegio anterior (Tamara, Laura, Esther...), el internado en sí mismo, visto como una gran familia (Miguel, Futxu, Torres, Peña, Mateo, Javi, Murillo...), aquellos que se fueron y nos guían por una senda invisible (Timoteo y Millán, descansen en paz). La verdadera amiga que siempre estuvo ahí (Adela) y lo seguirá estando -espero- durante mucho tiempo, las amigas actuales (Marta, Elena, Isa...) y el grupo de amigos a los que siempre tendrás un afecto especial (Guillermo, Íñigo, Fernando, Gonzalo, Javi...).

El sacerdote decidió empezar los viernes a impartir clases de Confirmación. Solo acudí un día. Aquellas personas que se lanzaban puyas de un extremo de la larga mesa a otra parecían verdaderas desconocidas, aunque las conocía de toda la vida. Al ser la única que estudiaba fuera, alegué un "castigo indefinido" (esto equivalía en el internado a que si hacías algo que no debías hacer y te pillaba Zaca, el viernes debías quedarte a barrer patios o clases, o a recoger hojas...) por el que siempre tenía que coger el último autobús a casa. Me confirmé sin saber el significado específico de la Confirmación.

En Salamanca también he conocido mucha gente. La diferencia de entonces y ahora es que mi ojo con las personas es muy crítico y pocas veces se equivoca. Viendo las tormentosas relaciones de mi pasado, aprendí a escogerlas y no me ha ido mal.
Tampoco las relaciones que he mantenido con novietes han sido tan fructíferas. Cuando me cansaba de uno, buscaba el frenesí del néctar volando de flor en flor. Pero también de esto me cansé demasiado pronto. Igual que la estabilidad en la amistad, un día llega alguien con quien estás a gusto y nunca te cansas de él (a modo de guiño especial).

Mantengo algunas relaciones pasadas porque nunca me cansé de esas personas, porque descubrí todo lo que me aportaban o al revés. Y tengo especial cariño a mis profesores de antaño. Zacarías sigue en Zaragoza, adonde fue trasladado unos años antes. Me contó en una misiva que no le gustaba aquella ciudad porque el trato con los alumnos no era tan directo como en Logroño, ya que había varios cientos más de jóvenes que aprenderían a valorar la vida. Y siempre sus palabras son la savia que regenera mis venas. Mi profesor de lengua, el que cogía mis presentables folios para enseñárselos a la clase: ¡Limpieza, presentación, orden y sin faltas! Tomad ejemplo.
O Fernando, oriundo de Ezcaray, con el que a veces se encuentran mis padres, que fue a visitarme a casa un verano después de haber acabado el colegio. Apareció con toda su familia. Fue mi gran consejero en el colegio, y después aquel a quien preguntaba entre un listado de libros de la Universidad su opinión, aquel que elegía por mí y que me brindaba el calor de sus palabras, el mismo que me pillaba leyendo libros ajenos a su clase a escondidas y no me los confiscaba sino que me animaba a seguir proyectando más lejos mi visión literaria.
Teófilo, mi tutor del segundo año, arisco con todo el mundo, a quien se le hinchaba la vena con relativa facilidad. Me dio miedo la primera vez que le vi, pero mirarle era hundirse en aquellos impresionantes ojos azules, vivos, animosos, enérgicos. Recuerdo la vez que me hizo elegir en un examen y me puso a prueba, con los ojos de una treintena de alumnos como testigos. Me enseñó a luchar por lo que creía.
Mariano, uno de los directores, nunca me dio clase. Finalmente se terminó casando. Su voz metódica, pausada, tranquila te infundía una gran calma. En su primer año como director se enfrentó a varios problemas que resolvió sin castigos severos. El mensaje de sus palabras, su decepción, fueron bastante más severos que cualquier otro castigo, y de esta forma se ganó el respeto de los alumnos.

Era mi primera acampada con el colegio. Lo más importante de las acampadas es que te relacionabas con personas de otros cursos, en mi caso, externos de otras clases. Estábamos en el refugio de Valvanera cuando a los de mi curso les dio por comprar alcohol. Mi elección fue la más acertada, aunque corriera el riesgo de sentirme rechazada. Fui la única que supo decir que no. Y estuve a la vista, con gente de otros cursos, mientras mis compañeros se iban al río con mochilas. Pero "el que ha sido cocinero antes que fraile sabe lo que pasa en la cocina".
Mariano sabía lo que ocurría, pero conmigo no tenía apenas confianza, nunca me había dado clase y lo que conocía de mí era por terceras personas. Chemi, un marianista mayor pero montañero, me cogió aparte para preguntarme. Él sabía que yo no traicionaría a los míos, pero leyó en mis ojos que no estaban equivocados en lo que habían deducido horas antes. Fue el director el que me sonsacó lo que ocurría, aunque ya lo sabía. Me dio su palabra de que nada de lo que dijera saldría fuera, me tranquilizó. Era biólogo, pero podría haber sido un buen psiquiatra. Le dije lo que estaban haciendo los de mi curso. Pero ya no le interesaba eso, sino más mi respuesta sobre lo que me preguntó después: "Y tú, ¿por qué no estás con ellos?". Quedó satisfecho. Nunca dijo nada de aquella conversación privada. Y me mimó en exceso en el colegio. Quizás por eso, cuando le escribí después de su marcha, me contó que había contraído matrimonio y detalles de su nueva vida en Vitoria.
Fui la favorita de mis profesores por méritos propios. Aquella época fue dorada en mi vida. Pueden tener mala fama los internados, pero el tiempo que pasé en el mío fue una de las mejores cosas de mi vida.

Ahora... estoy en plena fase de cambio.

En el fondo del corazón

Hay personas a las que nunca les daremos la oportunidad de lidiar con nuestro corazón, pero ¡ay de las que se instalen ahí!

Hace un tiempo mi corazón estaba negro, se pudría por dentro, ocasionado todo ello por malas experiencias. Un día vio la luz, y como semilla regenerada, empezó a crecer en alegrías. Quien consigue esto llega a caminar por el arco iris, puede ver la carretera al cielo, incluso hablar con los pájaros.
Porque un corazón henchido de orgullo es capaz de hacer lo más increíble y extraño.
Le escuchamos latir, rítmicamente, a punto de salir del pecho en su afán de conocer el mundo.

Hay muy pocos que consiguen llegar al fondo de nuestro corazón.

A V.

lunes, julio 23, 2007

Los diez idiomas más hablados del mundo

Es un tema que me interesa. Podría poner los 100 más hablados, pero sería una lista inmensa, así que dejo los diez primeros:

TIPO DE LENGUA | PAÍS PRINCIPAL | NÚMERO DE HABLANTES

1. Chino mandarín China 885 millones
2. Español España 332 millones
3. Inglés Reino Unido 322 millones
4. Bengalí Bangladesh 189 millones
5. Hindú India 182 millones
6. Portugués Portugal 170 millones
7. Ruso Rusia 170 millones
8. Japonés Japón 125 millones
9. Alemán standard Alemania 98 millones
10. Chino Wu China 77 millones

domingo, julio 22, 2007

El Jueves, la revista que sale los miércoles

¿Quién no ha tenido en sus manos un ejemplar de El Jueves alguna vez? A mí me dio por comprarla durante una temporada, pues tenía unas cotas altas de humor, que en ocasiones chocaba con el mal gusto. Se metía con toda la vida política española e internacional, pero hay un tema en nuestro país sobre el que no se puede informar en los medios de comunicación, sin expresa autorización de la Casa Real. Obviamente se puede hablar de todo menos de la Familia Real.

Ayer, el juez de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, a petición de la fiscalía, ordenó que se retirara la revista de todos los quioscos por un supuesto delito de injurias a la Corona.
En la portada de esta semana aparecía una caricatura bastante explícita de los Príncipes de Asturias manteniendo relaciones sexuales, junto a unas letras rojas: 2500€ por niño.
La ilustración fue calificada como "denigrante e infamante" por el juez. La consecuencia directa de la retirada de la revista no ha impedido que se difunda la caricatura, que ha terminado apareciendo en numerosos medios de comunicación y en gran cantidad de páginas web.
La página de la revista también está cerrada.

sábado, julio 21, 2007

"Brick"

No se refiere a que la película sea un ladrillo, más bien es al revés, porque la trama argumental es bastante amena, aunque algo increíble para que ocurra en un instituto. El objeto que da nombre a la película es un ladrillo, pero no cualquier ladrillo, sino uno de heroína.

Hay una serie de personajes peculiares, unos legales y otros fuera de la justicia, aunque siempre con buenas coartadas.

Brendan (Joseph Gordon-Levitt), el joven detective que pondrá a cada uno en su lugar, separando el grano de la paja y adelantándose a lo que va a ocurrir.
The Brain (Matt O´Leary), ciertamente el cerebro que ayuda a Brendan y que saca información.
Emily (Emilie de Ravin), ex novia de Brendan y de varios más, que se mete de lleno en el mundo de la droga.
Laura (Norah Zehetnet), la pija inteligente, que sabe colocarse en el lugar de los ganadores. Una visionaria que se da cuenta demasiado pronto de que Brendan va a descubrir todo.
The Pin (Lukas Haas), el que controla todo el cotarro, el jefe de las operaciones, un joven rodeado de matones a los que paga para que nadie se pase de listo.
Tugger (Noah Fleiss), uno de los matones. No puede controlar su fuerza ni su nervio, y aunque parezca que no tiene muchas neuronas, al final descubrimos que juega a dos bandas. Emily también fue su ex novia.
Dode (Noah Segan), un yonki enamorado de Emily. La droga controla su cerebro.

Hace tres meses que Brendan y Emily dejaron su relación. Ella se buscó dudosas amistades que su novio no veía con buenos ojos, sin embargo sigue enamorado de ella.
Un día recibe una llamada de una Emily asustadiza que le pide ayuda. Habla tan rápido que lo único que Brendan saca en claro es una palabra: "ladrillo". Intenta averiguar cosas sobre lo que está haciendo la joven, hasta que la encuentra, drogada, en compañía de su novio actual, Dode.
Tirando de la cuerda, llega hasta The Pin, un joven metido hasta el cuello en asuntos de drogas. Siempre rodeado de gente y vendiendo droga en su casa, la casa de sus padres que le sirve de tapadera, alguien se la intenta jugar, pero todavía no ha descubierto quién. Cuando Brendan intenta camuflarse en su grupo, The Pin le habla de los ladrillos: diez ladrillos de heroína demasiado peligrosos, de los que solo se quedó con dos, a pesar de las pérdidas. Un día desapareció el ladrillo y las pruebas apuntaban a Emily. El último lo roba otra persona, la arpía de Laura, que en cierto momento se pone de parte de Brendan, pero éste sabe que es peligrosa y se anticipa a lo que va a pasar. Ha contado la versión de los hechos, de todo lo que ha descubierto, al director del instituto y ha quedado con Laura... mientras registran las taquillas. Pero Laura tiene la última palabra: el hijo que esperaba Emily no era ni de Tugger ni de Dode, estaba de tres meses.

En la wikipedia

Esta foto me ha impresionado y he tenido que capturarla de entre las imágenes de la wiki. Me he registrado en la gran enciclopedia de internet porque he leído un texto que casi me ha sacado los ojos de las órbitas. No he cambiado el contenido, solo me he dedicado a revisar la puntuación y a corregir las numerosas faltas ortográficas.
Después de mi paso por ese texto he intentado dilucidar cómo subir una imagen. Tras descubrirlo no me la redireccionaba adonde yo quería, así que lo he dejado por imposible.
Y he terminado en una página donde estaban las últimas imágenes que gente de todo el mundo había subido. Y ésta me ha llamado la atención y he dicho: "Para mí". Tiene algo mágico y especial.

viernes, julio 20, 2007

Océano interior

Me han susurrado los pájaros que no hay nada más relajante y placentero que abrir la ventana en las noches de verano y escuchar el sonido del viento entre los árboles.
No digáis nada pero se trata del mar, es nuestro mar, el mar de los que vivimos en el interior.

A ti,
por inventarte cosas
de tan singular belleza,
como ésta.

jueves, julio 19, 2007

Sentimiento de vacío

A veces te echo más de menos...

miércoles, julio 18, 2007

La Segunda Generación

Llega un momento en que los Héroes de la Lanza deben dejar paso en la historia a sus hijos. Son los jóvenes los que ahora buscan las aventuras, ansían salir de sus casas y seguir las huellas de sus progenitores.
Llega un momento en que Tanis, Laurana, Caramon, Tika, los que se fueron más allá de las estrellas... son relegados a un segundo plano por sus hijos, hijos que al vivir en diferentes ciudades no se conocen más que de oídas.

Sabemos, por historias anteriores, que Caramon y Tika levantaron una posada en Solace, muy transitada en la actualidad por todo tipo de viajeros de Krynn, muchos de ellos magos que dejan presentes en memoria de Raistlin. Tuvieron cinco hijos: Tanin y Sturm, que aspiran a ser grandes guerreros, como su padre, y siempre están en busca de aventuras; Palin, que prefirió seguir los pasos de su tío y empezó a estudiar magia, algo que sus padres no veían con buenos ojos, y Caramon, engañado, fue con su hijo a la Torre de la Alta Hechicería de Wayreth donde su hijo pasó la Prueba; y dos niñas, Laura y Dezra, que únicamente se nombran de pasada.
Sabemos, por otras historias, que la progenie de Riverwind y Goldmoon es numerosa y que los hijos mayores de Caramon visitan a menudo a los Bárbaros de las Llanuras, extasiados por la belleza de sus hijas gemelas. Y corre el rumor de que Raistlin tuvo una hija con una mujer desconocida, cuyo pueblo se llevó al bebé nada más nacer.
Pero hay otros dos vástagos de Héroes que debemos tener en cuenta. De esos dos jóvenes varones habla este libro. Son dos historias independientes entre sí, y quizás los caminos de estos jóvenes se crucen en el futuro.

Steel fue concebido unos años antes de la Guerra de la Lanza. Su madre era Kitiara y su padre es quien menos nos podíamos esperar.
Cuando Kitiara y Sturm se dirigían a Solamnia en busca de la historia de sus respectivos padres, sus difíciles caracteres chocaban entre sí. La lealtad de Sturm era pisoteada por Kitiara, a quien le gustaba decidir y mandar. Ante discusiones constantes, Kit decidió humillarle de una forma cruel: le seduciría de tal forma que el Código y la Medida caerían por su propio peso. Y Sturm era un hombre que, a pesar de luchar contra sus deseos carnales, terminó cayendo en los brazos de Kit. Después de haber conseguido su objetivo, la joven le abandonó.
Un tiempo después, debilitada, encontró una cabaña donde vivía una tejedora, Sara, que no tenía familia. Sara acostó a la guerrera y fue a buscar a una druida, que descubrió el estado de embarazo de Kitiara. Ésta quiso deshacerse del niño, pero si lo hacía moriría, así que se quedó allí hasta que dio a luz y se recuperó. Sara decidió hacerse cargo del niño, a quien Kitiara puso de nombre Steel Brightblade, y al despedirse Kitiara dijo que volvería a buscarlo cuando tuviera edad para luchar. En todos los años que estuvo fuera mandaba regalos y dinero a su hijo, hasta que murió.
Entonces Sara, encariñada con Steel, decidió marchar a Palanthas, ya que nadie buscaría al joven, a quien consideraba como su propio hijo. Steel sabía que ella no era su madre, pero la trataba como tal. Una noche llamaron a la puerta. Era Ariakan, servidor de Takhisis, que venía a buscar al hijo de Kitiara para formarle como Caballero. Se llevó al joven al alcázar de las Tormentas, pero también se llevó a su madre, de la que se encaprichó.
Ariakan era hijo del Señor del Dragón Ariakas y de la diosa del mar, Zeboim. Los Caballeros de Solamnia le encontraron y le tuvieron prisionero durante muchos años en la Torre del Sumo Sacerdote. Ariakan aprendió todo sobre los Caballeros de Solamnia, hasta que éstos le dieron la libertad porque ya no suponía amenaza alguna. Ariakan creó una Orden de Caballeros paralela, los Caballeros de Takhisis, y reclutaba a los jóvenes que servirían a la Reina de la Oscuridad. Steel era uno de ellos.
Unos día antes de la investidura de Steel como caballero, Sara se presentó en la posada de Caramon y le pidió ayuda. El guerrero se despidió de su mujer y fueron a buscar a Tanis. Los tres montaron en el Dragón Azul de Sara y llegaron al Alcázar de las Tormentas. Raptaron a Steel y se lo llevaron a la Torre del Sumo Sacerdote. Le explicaron quién era su padre, historia que al principio los Héroes no creían, hasta que después de observar gestos y expresiones del paladín oscuro descubrieron a Sturm en él.
Llevaron a la Torre del Sumo Sacerdote al joven y el mismo señor de la Torre decidió acompañarles con un grupo de caballeros hasta la Tumba de Sturm Brightblade. Los Héroes se arrodillaron ante el cadáver de Sturm, que no se había consumido con el paso del tiempo, seguramente por la Joya Estrella que pendía sobre su pecho.
Cuando Steel se acercó al cadáver, una intensa luz les rodeó. Sturm le dio la joya y la espada a su hijo y después desapareció. El señor de la Torre se dio cuenta de que era un paladín oscuro y empezó a luchar contra los Héroes y el joven, pero estos escaparon. Cuando salieron de la Tumba, Sara sobrevolaba la Torre y les rescató.
Lejos de la Torre del Sumo Sacerdote, el joven Steel estuvo mucho tiempo solo, pensando sobre lo que debería hacer. En el horizonte aparecieron unos Dragones Azules que les habían seguido y decidió convertirse en Caballero de Takhisis, mientras dejaba a su madre bajo la protección de Caramon.
La Joya Estrella elfa evitaba que Steel diera su alma a la Reina de la Oscuridad. A pesar de esto, se convirtió en Caballero de Takhisis.

Gilthas es el enfermizo hijo de Tanis y Laurana. Sus padres le han sobreprotegido. Nunca le dejan salir de casa, no le dejan tomar decisiones propias, no le dejan ir en busca de aventuras. Le subestiman y siguen tratándole como un niño. Pero Gil ansía salir de la jaula de oro en la que está encerrado, desea conocer la tierra de sus antepasados: Qualinesti. Sus rasgos son más elfos que humanos y sus padres evitan hablarle de los elfos.
Jenna es una Túnica Roja, hija de Justarius, que tiene una tienda de magia en Palanthas. Su maestro fue Dalamar, y ahora son amantes.
Acaba de cerrar su tienda cuando unos golpes en la puerta le hacen volver sobre sus pasos. Dos encapuchados le piden un favor: una cita con el Elfo Oscuro. Reconoce sus acentos: sabe que son dos elfos, uno qualinesti, otro silvanesti, dos elfos enfrentados pero recientemente aliados por las circunstancias.
Dalamar acude a la cita. Reconoce sus portes nobles aunque van disfrazados. Conocen la amistad de Dalamar con Tanis y necesitan al hijo de éste para convertirlo en Orador de los Soles. Estos elfos no quieren la unión de las dos comunidades, sino que desean que se mantengan independientes, ni quieren firmar tratados con otras razas.
La unión, afianzada por el matrimonio de conveniencia entre Porthios y Alhana Starbreeze, se consolidaría con el hijo que esperan, ya que la Reina silvanesti está embarazada. Porthios ha sido encerrado en Silvanost y Alhana ha sido retenida en Qualinost, sin poder hacer nada ninguno de los dos para impedirlo. Necesitan coronar al hijo de Tanis como rey de Qualinesti.
De nuevo, Gil se enfrenta a sus padres pidiéndoles visitar la tierra de los elfos, pero estos se niegan rotundamente. Sin embargo, el muchacho ha recibido una invitación de Rhasas, el ilustre consejero del Thalas-Enthia, la comunidad de ancianos que rige las leyes de Qualinesti. Y Gil acudirá a su llamada.
Cuando Tanis descubre que su hijo se ha marchado, sigue sus pasos y termina encontrándose con Dalamar. El elfo oscuro tiene un plan. Sabe lo que se proponen los elfos y se lo cuenta a Tanis. Éste solo quiere recuperar a su hijo. Con un hechizo de invisibilidad aparecen en la Torre de Qualinost.
Gil ha conocido a Alhana y se ha puesto de su parte, pero para salvar la vida de la Reina ha tenido que jurar como Orador de los Soles. Rhasas cree que puede manipular al joven. Tanis y Dalamar no pueden hacer nada para llevárselo y el Semielfo se convierte en un proscrito. En la frontera aparece su hijo para despedirse. Dalamar y Tanis deciden ir a Silvanesti, hacia donde se dirige la ahora proscrita Reina para salvar a su marido de la muerte.

martes, julio 17, 2007

Al caer la noche

Me encantan las noches estivales en Salamanca. Hay gente en todos los sitios. Y la Plaza Mayor se lleva la palma. Realmente en verano parece otra ciudad. Nunca la Plaza rebosa tanto de bullicio como en estos meses. Será que los estudiantes nunca se detienen allí, excepto debajo del reloj, el sitio habitual donde todo el mundo queda cuando no conoce la ciudad. Pero ahora las terrazas están llenas, los extranjeros se sientan sobre las losas, y muchos suelen llevar comida de hamburgueserías cercanas. Nadie les dice nada, porque no saben que está terminantemente prohibido comer de esa manera en la Plaza, ya que luego quedan los restos del tentempié. En las terrazas sí que se puede, claro, pero es diferente.
También los tunos hacen su agosto entre las terrazas. Embutidos en sus aterciopelados trajes medievales y sudando la gota gorda cantan canciones y pasan el cepillo entre las mesas. Son los únicos que pueden pedir en las terrazas de las cafeterías. Los mendigos, músicos ambulantes y saltimbanquis que muestran sus acrobacias entre los turistas enseguida son perseguidos por los camareros, que les instan a marcharse lejos.
Bajo los arcos de la Plaza un acordeonista, un violinista mezclan las notas de una melodía triste entre los sonidos guturales de idiomas extraños.

Sí, esta ciudad se disfraza en verano, época en la que se le dota de un ambiente mágico y atrayente.

Cuentos de la Dragonlance. Segunda Trilogía III: La Guerra de la Lanza

1. Lorac (Michael Williams)
Se trata de un poema épico donde se cuenta el poder que el Orbe de los Dragones tenía en la mente del rey de Silvanesti y Orador de las Estrellas, Lorac.
En el corazón de la Torre de Alta Hechicería de Istar, el Orbe llama a Lorac y le pide que le lleve a la torre de las Estrellas de Silvanost, y el rey así lo hace, justamente antes de que surja el Cataclismo y desaparezca Istar.
Pero el Orbe no es la única vez que pedirá algo al rey, que terminará postrándose ante la esfera mágica y con este pacto hará que los muertos salgan al bosque y los árboles se retuerzan de dolor, mientras a lo lejos aparece un inmenso Dragón Verde, con el que acabará Raistlin.

2. Raistlin y el Caballero de Solamnia (Margaret Weis y Tracy Hickman)
Raistlin y Caramon se encuentran en una posada llena de gente. Están allí porque el señor de la ciudad busca voluntarios para acabar con los goblins que amenazan a los ciudadanos. A ellos se les une un kender amigo de Tasslehoff que se llama Earwig Fuerzacerrojos.
Gawain es un Caballero de Solamnia que se ha empobrecido. Llega a la posada con su mujer y su hijo porque su esposa está débil y necesita descansar, aunque no tienen dinero para pagar.
Mientras madre e hijo se tumban en un banco, el caballero se dirige a ver al señor de la ciudad para que le dé trabajo.
Raistlin llama al niño y le ofrece la única moneda que tienen los hermanos. Siempre se pone a favor de los más débiles, como es el caso.
Cuando vuelve Gawain habla de la maldición del Alcázar de la Muerte, la maldición de la doncella, de donde nadie ha vuelto jamás. Necesitan romperla un caballero y un mago. Raistlin necesita acompañarle porque Gawain está desesperado y no se da cuenta de que se enfrenta a una muerte inminente, mientras su mujer y su hijo le necesitan vivo para salir adelante.
Al traspasar las puertas del Alcázar, mago y caballero oyen voces que les llaman. En un inmenso salón caballeros y Túnicas Rojas muertos mantienen una lucha eterna. Gawain está a punto de entregar su espada a un caballero espectral, pero Caramon le detiene.
Cuando aparece la doncella espectral, le pregunta a Raistlin si prefiere la arrogancia del caballero o la soberbia del mago, pero Raistlin elige el amor, rompiendo así la maldición.
Ella les cuenta su historia, en la que fue raptada por un Túnica Roja del que estaba enamorada, pero su padre era un Caballero de Solamnia y la había prometido a otro caballero, que les siguió hasta ese Alcázar abandonado. Mago y caballero se enzarzaron en una lucha en la que morirían por ella, no vivirían con ella. Entonces la doncella les embrujó y se fue a vivir con alguien que la quisiera de verdad y estuviera con ella. Y encontró a un hombre así, con el que se casó y tuvo una vida próspera. Cuando murió volvió al Alcázar maldito.
Esta historia es una buena lección para Gawain, que comprende lo que estaba dispuesto a hacer.

3. El regreso (Roger E. Moore)
Evredd vive en la granja de su tío, junto a sus primos, desde que perdió a su familia. Un día, sus primos son asesinados. Él va detrás del asesino mientras se despide de su tío. Siguiendo a un grupo de goblins, un dardo lanzado con una ballesta le atraviesa el corazón y muere.
Pero su espíritu vengador sigue en Krynn, huele a su asesino y le perseguirá hasta acabar con él. Entonces se dirige hacia donde estaban los goblins y descubre a un enano, Orun, con el que comenzará a perseguir al enano que mata por matar, el theiwar Garith, un enano hechicero que colecciona orejas de goblins, además traidor a sus hermanos de raza.
Al llegar la noche, el espíritu vengador siente dónde está su asesino y sigue sus pasos.
Evredd llega a la granja de su tío y descubre que el enano había creado una ilusión, haciéndose pasar por el granjero. Finalmente acaba con él y desaparece del mundo de los vivos para descansar en paz.

4. Máquinas de guerra (Nick O´Donohoe)
Mara, reina de los ladrones, entra en el Monte Noimporta para robar a los gnomos máquinas de guerra con las que luchar contra los draconianos, aunque su verdadera intención es la de impresionar al Caballero de Solamnia que defiende su aldea y del que está enamorada.
En el Monte conoce a un gnomo, Aléjate, que está ensimismado con sus inventos contra espías y alarmas que ha colocado por todo el Monte. Mara se convertirá, por un momento, en conejillo de indias para Aléjate, que ansía probar todos sus inventos, y finalmente le enseña las armas bélicas, que son más peligrosas para el que las porta que para el enemigo. Así que Mara decide no llevarse ningún arma.
Las alarmas del Monte estallan y unos draconianos aparecen en los túneles. Han seguido a la muchacha y quieren llevarse las armas. Pero ella las utiliza contra ellos. Finalmente le dice al gnomo que les deje las armas a los draconianos, y ella se llevará un radar de manantiales, que realmente encuentra piedras preciosas.

5. El Sitio Prometido (Dan Parkinson)
Los enanos gullys siguen buscando el Sitio Prometido. Están en la ciudad de Chaldis, arrasada por los ejércitos de los dragones.
En cierto momento, tres de ellos se separan del grupo: el Gran Opinante, Cuño y Mina, porque han visto una especie de serpiente grande. Cuño encuentra una piedra “bonita” y se la regala a Mina, mientras muerde a la serpiente escamosa a ver si es comestible.
Un derrumbamiento, acompañado de quejidos de dolor, les deja atrapados entre los túneles, mientras llega el resto del grupo. Y enfrente tienen un Dragón Verde que está herido y atrapado. Verden Brillo de Hoja es una hembra de dragón que ha pedido su piedra-alma y no puede curar sus heridas, aunque puede seguir haciendo hechizos. Así que hace un trato con los gullys: si ellos encuentran su piedra-alma les llevará al Sitio Prometido.
Entonces Mina, compasiva con la dragona, se saca la piedra que le había regalado Cuño, que es la piedra-alma, Verden se pone nerviosa y la piedra va a parar al cazo de estofado donde el Gran Bulp está comiendo, con tan mala suerte que se traga la piedra.
Pero Verden no puede matarlo porque la piedra podría destruirse, así que les lleva por todo Krynn buscando el Sitio Prometido, que ellos no saben dónde es. Finalmente un Dragón Rojo se comunica telepáticamente con Verden y le dice que les lleve a Xak Tsaroth, al “Pozzo”, donde los enanos gullys son esclavos de los draconianos. Cuando llegan por fin el Gran Bulp vomita la piedra-alma y el Dragón Verde se marcha.

6. Héroe mecánico (Jeff Grubb)
Ésta es una historia de gnomos, donde todo ocurre al revés.
Kali era el curandero de una comunidad gnoma, era un ser extraño pues no estaba abocado en sus inventos y, sin embargo, se pasaba horas recogiendo ingredientes para sus pociones. Y eso hacía el día que encontró a dos humanos heridos junto a un dragón muerto.
Se llevó a los humanos a su casa para curarlos. Uno llevaba la armadura de los dragones, y era una mujer. El hombre era un prisionero. Coincidió que ninguno de los dos despertó a la vez y Kali se inventó una historia.
La mujer destrozaba su casa cada vez que se despertaba así que el gnomo le escondió su armadura y su espada y luego le daba infusiones para dejarla dormida.
El hombre se despertó, vio dormida a la doncella, desconociendo que era el Señor del Dragón que le había atacado, y se enamoró de ella. Kali sabía que el día que se enfrentaran los dos sería terrible, así que mandaba a recoger hierbas al humano, Oster, durante varios días mientras se despertaba la mujer.
Entonces a Kali se le ocurrió una idea genial: hizo una copia de la humana en cera y le creó un mausoleo, mientras pensaba montarla en un carro para que se despertara lejos de la comunidad gnoma.
Oster, en sus salidas, siempre acompañado de gnomos, se enfrentaba a todo tipo de criaturas extrañas, y venían cargados con paquetes de joyas. Una vez encontró una armadura de bronce. Desde entonces, los gnomos le llamaban el “Héroe Mecánico”. Un día se encontró con un clérigo y le llevó a casa de Kali para que curara a la joven. Kali sabía que había llegado el momento de la verdad.
Cuando la mujer salió de la habitación, iba tapada con su armadura, había asesinado al clérigo, y Oster luchó contra ella, sin saber quién era, matándola. Sin darle tiempo a quitarle el yelmo le llevaron hasta el mausoleo que habían hecho.
Y así salió Kali del apuro, pensando que algún día podría contarle la verdad al humano.

7. El lobo de la noche (Nancy Varian Berberick)
En el pueblo de Dimmin, una vez al año aparecía un lobo que causaba el terror de sus habitantes. Había un mago, Thorne, que, a pesar de saber cómo acabar con la maldición, no podía hacer nada para que terminara. Creían que Thorne tenía sangre elfa pues no envejecía desde hacía treinta años. Tampoco envejecía su amigo Guarinn, el enano, pero porque esta raza vive muchos años. El tercer amigo era un humano, Tam el alfarero. Los tres estaban unidos por un terrible secreto que nadie más conocía. También eran los únicos que salían de casa la noche otoñal en que se juntaban las lunas llenas y aparecía el lobo. Cuando Tam murió, el secreto pasó a su hijo Roulant, que estaba comprometido con una joven del pueblo, Ula.
Esta muchacha estaba sorprendida porque su amado saliera la noche que todo el pueblo se encerraba en sus casas aterrorizado, puesto que el lobo también se cobraba víctimas humanas, aparte de los animales que encontraba. El lobo solo intentaba saciar su hambre. Pero el secreto de Roulant era un muro entre la pareja y ella lo sabía, así que esa noche Ula seguiría al alfarero para resolver sus dudas.
Escondida en las ruinas de una casa en medio del bosque observó a Roulant y Guarinn atando al mago, que enseguida se convirtió en un lobo que escapó del círculo de piedras. Ula se quedó fría. Guarinn y Roulant le contaron que hace treinta años exactos Thorne iba a desposarse con una joven y ellos eran los testigos y los únicos invitados de la boda. Pero nunca se celebró. Un mago oscuro se llevó a la novia y la violó en la cámara nupcial, antes de asesinarla. Thorne, convertido en lobo, se abalanzó sobre el mago oscuro y, mientras le buscaba el cuello para morderle y matarle, el mago tuvo tiempo de lanzar una maldición. Y esa noche, todos los años futuros, Thorne se convertiría en un lobo sediento de sangre, mientras que sus amigos intentarían matarle para acabar con la maldición, pero mágicamente no podían salir de las ruinas si lo hacían con esa intención.
Ula cogió el arco y las flechas de Roulant y salió a buscar al lobo. Su amado fue tras ella, no pensando en matar al lobo sino en buscar a la joven. Pero el enano se encontró con los muertos que el lobo había matado, que le hablaban y le injuriaban. Roulant fue a ayudarle y le dijo en qué debía pensar para poder salir de las ruinas mágicas. Siguieron hasta el río donde el lobo acechaba a la muchacha, pero no era éste un lobo normal. El instinto animal se veía amenazado por el hombre y se tiró encima de él. Ula atacó al lobo con una daga en un intento de salvar a Roulant. Y el enano oía las voces de los muertos que le llamaban y atraían hacia las ruinas. No podía fallar. Y lanzó su hacha que se clavó en la espina dorsal del animal, produciéndole la muerte.
Pero Thorne moriría con la maldición. Sin embargo, habían acabado con ella.

8. Los vendedores de pócimas (Mark Anthony)
Jastom es un vendedor ambulante de pócimas. Su fiel compañero es un huraño enano de nombre Zuño. Sus pócimas milagrosas son un timo, pero cuando la gente de los pueblos se da cuenta de la realidad, la carreta de los vendedores ya está muy lejos. El ingrediente principal es aguardiente enanil que lleva a todas las víctimas a los efectos etílicos esperados.
Al salir de un pueblo donde habían tenido muchas ganancias, un jinete y dos encapullados les siguen. Cuando los tres hombres alcanzan la carreta, y a punta de espada, les hacen acompañarlos hasta el campamento de un ejército de los dragones. El que manda es el teniente Durm y los encapuchados son dos draconianos.
En el lecho de muerte había un draconiano que había sido herido en una escaramuza. Era el comandante. Jastom y Zuño son unos timadores y esperan lo peor, sin embargo fabrican su pócima milagrosa y se la dan al draconiano, que borracho salta de la cama.
En un despiste de los soldados, el hombre y el enano huyen del campamento. Pocas horas después descubren que Durm les persigue con un numeroso grupo de draconianos armados. Pero Durm les paga y les deja marchar, porque ahora Durm se ha convertido en el comandante.

9. La mano que provee (Richard A. Knaak)
Un mercader ladrón, Vandor, ha sido raptado por un clérigo que adora a Chemosh, el dios de los muertos vivientes. Dos draconianos le acompañan y el barco está dirigido por minotauros.
Están sobre el Mar Sangriento de Istar. El clérigo quiere recuperar un medallón mágico y varios tesoros del templo de Istar, en las profundidades del mar, que los Hijos Venerables robaron a los clérigos del Mal. Para ello necesita la sangre de Vandor, el descendiente del Príncipe de los Sacerdotes.
Le corta en un brazo y gracias a esta sangre aparecen muertos vivientes a los que envía a por el tesoro, pero también atrae a un monstruo marino que se dirige hacia el barco. La tormenta estalla y el clérigo no puede parar lo que ha empezado. Los muertos vivientes de Istar acaban con él mientras el barco se hunde en el mar. Vandor despierta en una playa junto a varios minotauros.

10. La campaña de Vingaard (Douglas Niles)
Foryth Teel, escriba al servicio de Astinus, debe documentarse sobre la campaña del Áureo General que le llevó a expulsar a los Dragones y ejércitos del Mal del continente de Ansalon.
Cuando Laurana, la princesa elfa, fue nombrada comandante de los ejércitos por Gunthar uth Wistan muchos Caballeros de Solamnia se mostraron en desacuerdo. Pero a lo largo de la larga campaña contra los ejércitos del Mal se darían cuenta del ingenio, audacia e iniciativa estratégica que poseía la princesa elfa.
Tras la victoria en la batalla que tuvo lugar en la Torre del Sumo Sacerdote, único paso hacia la ciudad de Palanthas, Laurana decidió buscar a las Alas de Dragones que andaban divididas en regiones cercanas, antes de quedarse defendiendo aquel territorio. Si se quedaban darían tiempo a los Dragones del Mal a reagruparse, convirtiéndose el enemigo entonces en superior.
Laurana buscó a los Dragones del Mal, mientras dirigía en el aire a las bestias al servicio del Bien (dragones metálicos y grifos), su numeroso ejército subía hacia el norte siguiendo el curso del río Vingaard. La rapidez de movimientos de la princesa elfa fue una baza a su favor, pues mientras que el ejército de a pie llegaba al alcázar de Vingaard, Laurana, su hermano Gilthanas, dragones y grifos atacaban el susodicho alcázar, liberándolo de los opresores.
Más al norte, se unieron al ejército y, siendo el río caudaloso, los dragones y grifos montaron en sus lomas a todo el ejército en un tiempo récord de tres días.
Laurana se desvió además hacia Throtl, donde sabían que estaban los Dragones Verdes al mando de Toede, y que ese contingente estaba formado en su mayoría por ogros. Pero los dragones del Áureo General se hicieron con la plaza.
Se sabe que utilizó a los dragones mutados en aves rapaces para explorar en todas las direcciones. Y así descubrieron el Ala Blanca en las montañas de Dargaard. Cuando se agruparon los dragones, hicieron volver al ejército sobre sus pasos y atacaron a los Dragones Blancos, venciéndoles.
El éxito de Laurana no estribaba únicamente en la rapidez de movimientos, sino también en atacar cada facción por separado y, además, aprovechar los accidentes del terreno.
La princesa elfa tenía todavía una carta en la manga que no había contado a los caballeros. Se llevó a los dragones hacia el sur, remontó el río y con el aliento gélido de los dragones plateados crearon un dique que contenía el agua a modo de presa. Al día siguiente, el caudaloso río había dejado libre la tierra, ventaja para el ejército de Laurana, que podría pasar en menos tiempo del que habían imaginado.
La trampa estaba en el vado de Margaard, ahora seco al no bajar agua. Era el único lugar diferente en toda la llanura donde Laurana acabaría con el ejército del Mal. Así que se enfrentó a los Dragones del Mal, en superioridad numérica, y tuvo numerosas bajas. Después, remontó el río hacia el sur.
Cuando el ejército del Áureo General vio llegar a los malvados dragones los soldados se veían derrotados y echaron a correr. El ejército del mar fue detrás y estaban pasando el vado, cuando una fuerte tromba de agua les llevó por delante, mientras en el cielo aparecían los destellos relucientes de los Dragones del Bien. Laurana había ido a romper el dique con el aliento de fuego de los dragones, y con ello obtuvo la victoria.

11. La historia que Tasslehoff prometió no contar nunca, nunca, nunca (Margaret Weis y Tracy Hickman)
Han pasado diez años desde la Guerra de la Lanza y los Caballeros de Solamnia celebran ese día en la Tumba de Huma, en las entrañas del dragón de piedra, situado junto al valle de Forghaven.
El único héroe que no ha sido invitado formalmente ha sido Tasslehoff, pero Fizban se las arregla para enviarle una invitación en nombre de Gunthar uth Wistan para que acuda a la Tumba.
La presencia del kender no agrada a los caballeros, pero Tanis y Caramon le mantienen a su lado. Mientras se va a homenajear a Owen Glendower, el primer caballero que utilizó las Dragonlance, y que casualmente el kender conoce, el caballero se desmaya. Crysania intenta curarle, pero dice que su enfermedad es mental, no física, que guarda un terrible secreto que necesita sacar fuera para sentirse mejor.
Entonces Tasslehoff dice que conoce el secreto pero nunca lo ha contado a nadie, pues así se lo prometió a Fizban. Todos le dicen que ha sido enviado allí por algo y que es hora de que lo cuente.

Tasslehoff cuenta entonces que Fizban y él fueron víctimas de un encantamiento y no podían salir de la Tumba de Huma, así que cada vez que intentaban traspasar la niebla, siempre volvían sobre sus pasos. Intentó muchos conjuros para salir de allí sin éxito, conjuros que vio desde lejos el caballero Owen, perdido en aquellos parajes.
Una de las veces que el kender y Fizban habían vuelto a la Tumba de Huma, oyeron al herrero Theros Ironfield discutir con Flint el enano sobre la inutilidad de las lanzas. Las Dragonlance que habían fabricado no eran mágicas y se rompían con facilidad. Pero el enano le dijo que la fuerza de la fe estaba en el interior de cada uno y que debían guardar silencio al respecto. Fizban y Tasslehoff se llevaron dos lanzas y llegaron a la Tumba, donde se encontraron con un caballero. Owen Glendower les ayudaría a romper el hechizo y salir de allí.
Empezaron a caminar por montañas heladas y de repente cayeron por un túnel de hielo, quedando atrapados en una cueva helada. Al otro lado del muro oyeron las voces de un Dragón Blanco hablando con unos draconianos, les escucharon lo que pretendían hacer en las tierras del caballero. Pero también el dragón oyó las voces del mago, el kender y el caballero y empezó a romper el muro de hielo que les separaba. Glendower había cogido una lanza para enfrentarse al dragón cuando Tasslehoff le gritó que las Dragonlance no servían. Y el caballero decidió utilizar su espalda. Entonces apareció la cabeza del Dragón Blanco en la cueva, pero era muy grande para una simple espada. Así que el caballero cogió una Dragonlance y se quebró. Entonces el kender le explicó lo que había oído a Flint, que la fuerza estaba dentro de cada uno. La segunda lanza la clavó en la garganta del dragón, produciéndole la muerte.

Ni el herrero, ni el kender, ni el caballero dijeron nunca nada. Fizban le hizo prometer a Tasslehoff no contar nada. Y las lanzas hicieron su trabajo en la Guerra de la Lanza, gracias a la fe de sus portadores.
Owen había despertado y sonreía al verse libre de tan pesado secreto.

lunes, julio 16, 2007

1000

Ésta es la entrada número 1000 de mi blog. No imaginaba, en abril del año pasado, que seguiría haciéndolo durante tanto tiempo. No escribo porque me considere una persona que escribe bien o mal, sino como una imperiosa necesidad de contar cosas, de no dejar que se acumulen dentro conocimientos ni pensamientos que podrían crear en mí cierto caos. Escribo porque necesito expresar lo que siento, lo que veo, lo que aprendo, porque necesito contar y compartir cosas. A veces no me fijo si repito, ni en la redacción, ni en el vocabulario utilizado, que sé que podría pulir mucho más. Pero esto no es un curso de técnicas narrativas.
A veces necesito escribir. Da igual que sea un blog, una hoja de Word, una libreta o un papel en blanco. Considero que contar lo que tenemos dentro es como una bendición, sea positivo o negativo. Sacarlo es bueno, siempre.

Estoy últimamente pasando una mala racha. Se ha caído el castillo de naipes en el que creí durante toda mi vida. Creo que siempre me protegieron en demasía. El resultado es que he optado por lo mejor para mí en estos momentos. Sabía que un día se hundiría todo aquello en lo que me hicieron creer durante un tiempo, pero no sabía que fuera de una manera tan cruel.
Llega un momento en que toda persona necesita realizarse como tal y si hay obstáculos que te impiden madurar como persona hay que acabar con ellos antes de que ellos acaben contigo. Cuesta arrancar las raíces, sin embargo yo lo he hecho. Nunca seré más mujer que lo que soy ahora. Pero para volver a renacer he tenido que morir.
En los últimos días me he sentido presionada, humillada por imágenes pasadas de mi vida, me he visto abocada a una realidad no muy agradable. He visto los límites que me han impuesto en muchas ocasiones, el control que se ha tenido sobre mi persona. He llorado, todo lo que llevaba dentro se me ha hecho trizas y mientras recompongo mis fragmentos, observo que mi vida es mía, que nadie puede ponerme límites, ni obstáculos, ni quitarme la libertad. Nadie puede arrebatarme lo que es mío. Y nadie volverá a robarme los momentos felices. Ya no.

Digan lo que digan, cada uno debe vivir su vida. Y hay ciertas personas que no entienden esto.

domingo, julio 15, 2007

Libre

Siempre ocurre algo, sea bueno o malo. Siempre hay algo que nos despierta de un mal sueño.
Mis amigas me preguntan cuándo iré. Y yo les contesto que nunca. Les he dicho que he cortado la cuerda; ellas me entienden porque me conocen de toda la vida. Me sigo emocionando pero no hay vuelta de hoja.
Ahora tengo algo por lo que luchar. Siempre lo he tenido, pero mis acciones también han sido coartadas por alguien "superior". Me siento tan ligera como una pluma, tan ágil como una liebre, tan triste como el velo negro que mira el nicho reciente. Pero tengo algo que antes no tenía, o no se me permitía tener; es una fuerza interior que no conocía de mí hasta relativamente hace poco tiempo. Y soy libre. He roto la jaula que me oprimía el corazón. Ya no estoy atada de pies y manos. La fuerza resurge dentro de mí.
No importa lo que cueste, lo que importa es llegar.
Estoy sacando de mí toda la energía negativa que me llevaba de un lado para otro como un títere. Lo estoy escribiendo. No aquí, porque es extenso. Quizás alguna vez pueda leerse en formato de libro, pero ahora no pienso más que en sacarlo fuera, y sacarlo fuera de mí me descomprime el alma.

"El Reino del Anillo"

El anillo de los Nibelungos (Der Ring des Nibelungen) es una de las historias de los viejos dioses que más versiones tiene en las regiones germanas y escandinavas. El anillo es un objeto mágico en muchas historias, leyendas y mitos, solo necesitamos pensar en El Señor de los Anillos. En este caso, el anillo mágico fue forjado por un enano con oro robado del Rhin.
No es una leyenda propiamente germana, sino que el origen está en antiguos mitos nórdicos, mitos de los que muchos países se apropiaron y mezclaron después con mitos celtas y cristianos. En Alemania, aparte de la literatura antigua que habla sobre este anillo mágico, Richard Wagner le dio un gran impulso en su ópera que lleva el mismo nombre.
La leyenda, como muchas otras, tiene un héroe, un muchacho que ha visto perecer a sus padres y que en el fondo de su corazón ansía la venganza, quizás sin saberlo. Solo cuando, muchos años después, vuelva a encontrarse con los asesinos de sus padres (los temibles sajones) recordará y les vencerá. Él es Sigfrido.
Siendo un niño, un herrero le encuentra en un río (me recuerda a cierto relato bíblico). El joven Erik ha encontrado un nuevo padre pero ha perdido todos sus recuerdos. Crece en la forja fabricando espadas para el rey, sin saber que su destino ya está marcado por los dioses y por las estrellas.
Un día se encuentra con una valkiria (o eso podemos suponer en un principio). Realmente es la bella reina nórdica Brunilda, que tiene que regresar a su país, donde esperará a su amado cuando éste descubra quién es en realidad.
El reino de Burgundia está amenazado por un dragón que asola tierras y poblados. Nadie podrá vencerle excepto aquel que forjó la espada mágica, con el material que los dioses le enviaron del cielo. Y él es Erik el herrero.
Erik vencerá al dragón y se bañará en su sangre, por lo que su piel no podrá ser traspasada por ninguna espada, excepto una parte de la espalda que no se mojó por la sangre mágica (esto me recuerda al nacimiento de Aquiles). Ésa es su parte vulnerable. Tras vencer al dragón se convierte en dueño del tesoro de los Nibelungos y se apropia del anillo mágico. Ese tesoro será guardado en el castillo del rey Gunther de Burgundia, pero es un tesoro maldito y la maldición se hará realidad.
Sigfrido descubre quién es después de luchar contra los líderes sajones y destruirlos. Empieza a recordar. Ya está preparado para ir al encuentro de su amada y poder desposarse con ella pues sabe que es hijo de reyes.
Pero la codicia de los súbditos de Gunther y del mismo rey no desean ver el tesoro de los Nibelungos en otro lugar. Así que la hermana del rey, Krimilda, enamorada del héroe, le da un filtro de amor y él cae rendido a sus pies. Pero la tradición dice que nadie puede desposarse si el rey no contrae matrimonio en primer lugar. Solo desea a una mujer, Brunilda, a la que no puede conseguir porque ella ha prometido su mano a aquel que sea capaz de vencerla en una pelea. Gunther se lleva a Sigfrido con él y se cambian los papeles. Sigfrido, por medio de artes mágicas y con la apariencia del rey, vence a la joven doncella.
Se celebran las bodas al regresar a Burgundia. La tensión entre las dos jóvenes crece. En la leyenda original es el día de la boda cuando ninguna de las dos arrogantes cede el paso a la otra. Brunilda, como reina, quiere pasar primero a la capilla, pero Krimilda, como hermana del rey, cree que eso le corresponde a ella. La rivalidad crece entre las dos.
Se casan las dos parejas. Sigfrido ha sido engañado y vive feliz en la farsa que han creado a su alrededor. Brunilda es desdichada, pero su marido, el rey, es débil. Ella, como valkiria, tiene una fuerza sobrenatural y su marido no puede acceder a ella mientras no le quite el cinturón pagano que le otorga esa fuerza. No deja pues dormir a su marido con ella.
De nuevo, el rey Gunther debe pedir ayuda a Sigfrido que, nuevamente, se hará pasar por él para quitarle el cinturón a la bella Brunilda.
Es la celosa Krimilda la que encuentra el cinturón de mujer y la que pregunta a su marido por qué lo tiene, la que por despecho humilla a Brunilda contándole la verdad. Y Brunilda desea su muerte y así se lo hace ver a Gunther. Sigfrido no es invencible, y debe morir atravesado en la única parte de su espalda que no mojó la sangre del dragón. Y en la cacería se ocupan de él. Al morir, Sigfrido recuerda entonces quién es Brunilda.
Mientras los varones están fuera, Krimilda le confiesa a Brunilda lo del filtro de amor y la reina sabe que no podrá vivir sin él, que ya es tarde para impedir la muerte del héroe.
Krimilda, tras ver el cadáver de su marido, mira a su hermano y le acusa de asesino. Pero él también morirá a manos de un súbdito más codicioso que él.
Brunilda se quitará la vida. Y el tesoro de los Nibelungos volverá a desaparecer bajo las aguas, mientras los héroes acuden al festín que Wotan (Odín) les tiene preparado en el Valhalla.

"Todo lo que camina sobre la tierra muere. Pero el verdadero héroe nunca muere. Permanece en nuestra memoria para siempre".

Bajo la luna

Me he quedado bebiendo en el silencio
y callada, absorta en esa luna,
sin soñarlo me atrapa el aire que no siento
y un susurro se me escapa allá a lo lejos.
Es el sueño eterno de la duda
y no dudo que tú lo intentes luego.
Me he quedado bebiendo de esos besos
y callada, absorta en el recuerdo,
sin soñarlo te he soñado luego
y tu mirada se me ha quedado dentro.

A ti, que adoras la luna. Que su luz te guíe, tanto en los buenos como en los malos momentos.