viernes, septiembre 15, 2006

Dos horas en el dentista

El Dr. Urbina estaba igual de simpático que siempre. Nada más verme la muela me ha dicho que posiblemente fuera la muela del juicio, así que radiografías y demás...
Tengo un problema de encías, que tardará en curarse unos meses. De momento estoy en tratamiento y se me ha fastidiado San Mateo.
No me apetece ahora explicar lo que tengo en las encías, ni siquiera recuerdo el nombre. Sólo quiero que se me cure y que deje de dolerme.
Los dientes los tengo perfectamente sanos. Y el problema que me incumbe ahora es simplemente por un mal lavado de dientes :'(

"Zathura"


Si llego a saber que la película iba a ser para niños no la hubiera visto. Sabía que tenía que ver con el espacio y sé que es del estilo de "Jumanji" (que tampoco he visto nunca pero me lo imagino).
Son dos hermanitos que se llevan mal, Walter y Danni, que terminan con su casa en el espacio jugando a un juego llamado Zathura. Ese viaje les unirá más.
A ver si la próxima vez elijo mejor.

jueves, septiembre 14, 2006

Hambre a las 4 de la mañana


Como me dolían las muelas ayer no comí nada en todo el día, pues a nada que masticaba me dolía toda la boca. Así es que me tuve que conformar con la bollería que mi madre me trajo por la mañana. Así es como a las 9 de la mañana comía despacio y de mala gana un bollo cuyo nombre no recuerdo, mientras dejaba aparte la crema pastelera (la odio). A media tarde me comí un cruasán, también despacio porque el dolor de muelas no había cesado. Y esa fue mi comida de ayer.
No es de extrañar que de madrugada tuviera hambre. Y empezó a formarse ante mí la imagen de los sandwiches de salami con queso que tienen en el 24 horas. Pero qué pereza salir a esa hora. Y miedo. El 24 horas me pilla a 5 minutos, pero tengo que atravesar un parque. A medida que la pereza por salir crecía el hambre iba aumentando.
Luego pensé en que son fiestas y que habría, a pesar de ser miércoles, gente por la calle. Así que tampoco debía de tener tanto miedo a salir.
Bien, pues terminé vistiéndome y saliendo a por mi deseado sandwich al 24 horas. Le hice buscar al desganado empleado mi sandwich mientras me decía que no podía desordenar las filas de emparedados. Y yo le miraba: "Quiero ese" y se lo señalaba. Al final le convencí para que me diera el sandwich que yo quería.
Había gente en Gran Vía. Cerraban los bares y yo tenía mi tesoro en mi poder.
Mañana iré al dentista, aunque de momento (y cruzo los dedos) se me ha pasado el dolor de muelas. ¿Y si me están saliendo las muelas del juicio?

¿Realmente escribo tanto?


Ayer me dijeron que el volumen de texto de mi blog es amplísimo. Además me lo dijeron varias personas.
A mí no me parece que sea tan largo. Realmente no me cuesta poner por escrito lo que pasa por mi cabeza una vez me pongo a ello.
También es verdad que a diario me obligo a escribir algo, aunque sea la más absurda tontería.
Y va por rachas. Hay días en que se moldea en mi mente lo que quiero escribir y hay días que busco una palabra al azar y escribo sobre eso.

Si no me equivoco mucho la época en que más escribí aquí fue en julio. Supongo que cuando el dolor se adueña de nosotros es más fácil desahogarse escribiendo, estar al límite nos hace que todos los sentidos estén más desarrollados y quizás por eso cuesta menos expresarse.

Por lo demás, siempre que pueda y tenga tiempo escribiré sobre cualquier cosa que se me ocurra.

miércoles, septiembre 13, 2006

Orgullo


Aquel mismo que no me deja hacer ciertas cosas que en otras circunstancias y en otro momento hubiera hecho. Lo siento como una losa muy pesada que me dicta lo que debo de hacer hoy.
Es el mismo orgullo que me obliga a cerrar los ojos ante ciertas personas que ahora sólo pertenecen a los sueños, que ahora no existen y quizás jamás han existido.
Es aquel que me prohibe mirar atrás, a lo que fue, me impide llorar y me impide pensar en ti.

A veces llega un momento en que sale fuera y comienza a dirigir nuestra vida, de tal manera que rompe con aquello que una vez nos hizo tanto daño, que quiere enterrar esos momentos. Lucho contra mi orgullo, pero es más poderoso. Tiene un arma que yo no tengo. De su lado están la dignidad, la responsabilidad y mi mente. Yo sólo cuento con mi corazón, que ha seguido un camino sinuoso hasta llegar al momento actual, donde no ve el horizonte.

Cuando alguien te ha ofrecido dolor... al final sólo queda ese orgullo, como si fuera un escudo infranqueable, donde nada ni nadie puede acercarse. Cuando todo esté "olvidado" se irá. Pero mientras tanto está ahí, rígido y preparado para lidiar.

Mi orgullo pocas veces sale a la luz. No le dejo. Pero en estos momentos me vigila para que no dé un paso en falso.

Dolor de muelas

Hace unos años odiaba ir al dentista. Sólo con entrar en la sala de espera el olor a empaste impregnaba todos mis sentidos. Con 13 años me quitaron una muela que me dio mucho la lata por aquella época. Una dentista de apellido italiano que siempre que podía se retiraba a fumar un cigarro me puso mil empastes en la misma muela que se me iban nada más masticar algo. Un día decidió quitármela. Su voz era suave mientras me decía: "Piensa en algo bueno que te haya pasado". Y mientras pensaba en mi colegio y no sentía mi boca anestesiada todo había pasado. En la actualidad la dentista está retirada desde que le detectaron un cáncer, no sé si en la garganta o en los pulmones.
Mi siguiente dentista me traía a la memoria la típica sala de operaciones pues siempre llevaba puesto el batín verde de los cirujanos. Era muy nervioso y fue el primero en hacerme una limpieza de esas que te deja las encías sangrantes.
Seguía odiando las salas de espera a la hora de ir al dentista.

Antes de seguir, debo decir que mis dientes están bien colocados, son blancos y me cuido bastante la boca. Lo único que me fastidia es que hace unos años tenía la malsana costumbre de olvidarme lavármelos antes de dormir. Así que después pagué las consecuencias mediante unas malditas caries que me dieron mucha guerra. Por lo demás, nunca he necesitado aparato ni nada de eso. También creo que no me han salido aún las muelas del juicio y me alegro, porque la gente se queja mucho. O quizás nunca me salgan.

Una noche de madrugada me desperté con un inmenso dolor en una muela, en la parte opuesta de la que me habían quitado. No tenía dentista aquí, pero enseguida me hice con uno. Tras una buena recomendación, me fui a una clínica y pregunté por el Dr. Urbina. Él me quitó la segunda muela, que ni siquiera noté. Él me puso los dos dientes nuevos, diciéndome que tenía la dentadura muy blanca.
Con el Dr. Urbina mi negativa a ir al dentista cambió. Siempre simpático me contaba cosas de su vida, me habló de cuando murió su madre, de cuando estuvo en Cuba con su esposa, de sus hijos, de películas... La visita obligada al dentista cada vez que voy a revisión ha dado un giro de 180º respecto a que ahora no me da miedo ir a que me miren la boca.
El primer día que aparecí en la clínica iba drogada a Espidifén. Tendré que ir a verle. Es mayor pero majísimo. Siempre me da la mano y me pregunta: "Ana, ¿qué tal estamos? ¿qué es de tu vida?". Me encanta y no es para menos.

Tendré que volver antes de que termine esta semana porque desde ayer me duele una muela. Tengo miedo a tener una infección (espero que no) o un flemón (que nunca he tenido). Mi madre me ha dicho hace un rato que tengo mala cara, que vaya a mirarme los dientes. Iré con ganas pero... serán dos citas, estoy segura. En la primera me dirá si tengo algo raro y en la segunda ¡limpieza! Y yo quiero que mis dientes sigan nacarados :( Odio esas limpiezas, pero tendré que ir de todas formas. Anoto que a la última revisión no fui porque estaba en mi casita y el Dr. Urbina me reñirá. Lo bueno es que lo hará con una sonrisa de oreja a oreja. No sé qué tiene pero me encanta este hombre.

Sólo es cuestión de suerte


Alguien me dijo una vez que para que la suerte nos llegue hay que buscarla, que no llega sola. Quizás tenía razón. De nada sirve que nos deseen suerte antes de comenzar un examen para el que no has estudiado o de nada nos sirve presentarnos a una entrevista de trabajo para la que sabes que no vas a salir bien parada porque no estás cualificada para ese trabajo.
La primera vez que hice una entrevista de trabajo me sentía tranquila. Es la primera disposición, nervios fuera. Pero sobre todo me sentía segura de mí misma. Por esto mismo sabía que me contratarían, como así fue.
Hay otras cosas para las que hay que tener suerte de verdad. No soy asidua a jugar a nada. Suelo tener mala suerte en los juegos, excepto en el parchís donde, con el color rojo, siempre gano. Si me cambian de color pierdo. Cuando jugaba con mi hermano pequeño al Hotel, hace ya mucho tiempo, me dejaba los mejores hoteles porque sino siempre terminaba perdiendo. ¡Qué extraño que tenga que ceder el hermano pequeño! A mi otro hermano le enseñé a jugar al ajedrez y me gustaba jugar con él hasta que un día me ganó, y desde entonces siempre lo hacía. Desistí en el intento de ganarle más. Cuando jugábamos a las cartas perdía siempre, ahora pierdo a veces. Los únicos juegos de cartas que se me daban bien eran los de mentir: el Mus y el Mentiroso. También aprendí a las damas y hoy en día me encanta jugar. En el momento en que descubrí la afición de mi padre por las damas echaba partidas con él, con el único con quien no me importaba perder porque al mismo tiempo aprendía trucos.
En mi casa se juegan muchos décimos de Lotería de Navidad. La primera vez que compré un décimo, sólo uno, en una administración de Salamanca tocó pedrea. Tengo claro que tengo mala suerte para los juegos, aunque ya no importa, pues lo importante es participar.
Pero en la vida real, también estoy de acuerdo con quien me lo dijo, en que la suerte hay que buscarla, en todos los aspectos. Luego llega por sí sola.

A mí me gusta cómo suena en alemán: Viel Glück!

Primeros años


Dicen que los individuos comenzamos a adquirir el sentido de la razón alrededor de los 7 años, pero todo el mundo tiene recuerdos anteriores.

Mis primeros recuerdos se basan en momentos de miedo y terror o en grandes cambios en mi vida. Tenía 4 años.
Recuerdo la habitación donde dormía con mi hermano en un primer piso, la primera casa de la que tengo conciencia. Aquella habitación con paredes azules que me observaban mientras un día se me ocurrió tirar todas las barriguitas por la ventana. Menos mal que era un primero...
Aquella noche gritaba en sueños. Mi madre encendió la luz. "¿Qué tienes? ¿Qué te duele?". Recuerdo que parecía que tenía pinchos por todo el cuerpo, algo parecido a recibir descargas eléctricas. Esa misma noche ingresé en el hospital con síntomas de meningitis, una enfermedad que pillaron a tiempo. También tengo recuerdos del mismo hospital, varios médicos y enfermeras a mi alrededor, sujetándome para que estuviera muy quieta, me paralizaron, aunque no evitaron que parara de gritar nada más ver la inmensa aguja que se cernía ante mis ojos. En aquella época sería inmensamente grande, pues cuando somos niños todo nos parece gigante. La inyección iba destinada a mi espalda. Después no recuerdo más. Es uno de los recuerdos más tediosos que tengo. Me curé, claro.
El siguiente recuerdo es de un cambio en mi vida, varios meses después del hospital. Nos mudamos a vivir a otro sitio. Eso implicaba cambiar también de colegio. Y aparecí en la escuela con las manos vacías. Como todos tenían libro y yo no, la profesora me dijo que dibujara en la pizarra.
Rocío, mi primera amiga, evoca siempre ese gran momento: "Ocupaste toda la pizarra dibujando, y no paraste hasta que sonó el timbre, mientras todos te mirábamos porque queríamos estar en tu lugar".
También estaba allí María, hija del cabo del cuartel, que años después se marcharía a otro sitio porque a su padre le habían destinado.
Allí estaba Félix, que ya en aquellos años hablaba un poco de alemán pues su padre había estado trabajando en el pasado en el país germano y a veces le enseñaba palabras. También su padre le inculcó la lectura de libros sobre la historia de la IIª Guerra Mundial. Era todo un experto.
Y Óscar... antes de que su madre se fuera para siempre. Eran años felices. Óscar vivía junto a la escuela, y cuando salíamos de clase su madre nos había preparado la merienda a los siete que compartíamos curso. Un día dejamos de escucharla.
Y Carlos, con quien compartí más clases que nadie. Ahora me saluda de lejos. Siempre nos llevamos bien, pero desde que se echó novia se ha alejado de todo lo que representa su pasado.
También estaba Laura, antes de que la siguiente profesora le hiciera repetir varios cursos. Sí que tenía cierto retraso a la hora de pillar algo, pero era un encanto.
Ahí estábamos todos, juntos. Todos teníamos los mismos años y estábamos unidos. Poco a poco nos fuimos separando. Hay gente a la que no volví a ver nunca.
María es la primera que se fue, a los dos años. No la volví a ver. Si algún día regresara estoy segura de que no la reconocería.
Félix se fue a vivir un poco más cerca. Hace años que no le veo.
Óscar fue "adoptado" por sus hermanos mayores. Estuvo viviendo con uno y luego con el otro. Al final se quedó en una ciudad costera currando en algo que le gustaba. Es el primero que se independizó. No hace ni un mes desde que charlé con él. Pero ya sólo viene por vacaciones.
Laura se fue a vivir a La Rioja Baja. No volvió. Se comenta que está casada y tiene críos. No sé si creerlo.
A Rocío y a Carlos les sigo viendo, pero muy de vez en cuando. Es extraño cómo poco a poco vamos perdiendo las primeras relaciones de nuestra vida, sin darnos cuenta. Aquellos eran los años dorados, donde no importaba nada, donde siempre estábamos juntos, donde celebrábamos "el día de la Tortilla", cada febrero en una casa diferente, donde la madre de Óscar nos tenía preparada la merienda a las 5 de la tarde, donde la señorita (no recuerdo el nombre) nos invitaba a chocolate a su casa a los que nos portábamos bien; donde todos, los siete, éramos uña y carne.
Es la infancia, ese momento de nuestra vida que nos deja una huella inmensa para siempre. Luego creces y te das cuenta de que te has hecho mayor.

Tengo un recuerdo anterior a estos otros: durmiendo en la guardería. Ya no existe ese jardín de infancia. Es un recuerdo donde también hay algo nuevo, el primer día que conocí a Sergio. Desde entonces empezamos a ir juntos a la guardería, a la hora de la siesta dormíamos juntos y no podíamos pasar el uno sin el otro. Supongo que tendríamos unos 3 años. Después coincidimos en el colegio, pero mis clases con la "señorita Presen" se vieron interrumpidas por la brusca marcha a mi actual domicilio.
A Sergio le vería unos años después. Después se fue a estudiar a Madrid. Ahora no sé dónde anda, pero tengo su teléfono porque me lo dio un día que nos encontramos en unas fiestas. Al menos sé que ese contacto sigue ahí. Y aunque no siguiera estoy segura de que volveríamos a coincidir en otros lugares.

martes, septiembre 12, 2006

Mi madre y los móviles

Cuando el "boom" de los móviles, todo el mundo de mi casa nos hicimos con uno para mantenernos en contacto. Mi padre tenía desde hace años, desde aquellos primeros ladrillos que no sabías muy bien dónde meterlos. Mi madre fue la única que decidió no hacerse con un móvil, a pesar de que en mi casa podía elegir uno de los muchos números que están sin usar, y en principio estaban destinados para los coches.
Todos le decíamos que se acostumbrara a llevarlo y ella no nos hacía ni caso. Así es que a veces se va, bien sea a la compra o donde quiera que vaya, y si tarda en aparecer no conseguimos ponernos en contacto con ella.
Sólo cuando se van de viaje, mi padre le da un móvil, le dice siempre que lo lleve en el bolso. Siempre es el mismo número. Así que cuando recibo llamadas de ese número sé que mis progenitores están de viaje y/o vacaciones.
Al no querer llevar móvil mi madre no controla cómo va. Sólo sabe llamar. A veces lo lleva encima sin haberlo cargado y por lo general se le termina apagando. Yo no sé lo que hace, siempre que llamo a ese número está apagado, aunque me haya llamado cinco minutos antes.
Y lo mejor de todo es que cuando tiene el móvil en su posesión no para de llamar.

El ejemplo es hoy. He tenido examen esta mañana. Como había dormido pocas horas, después me he tumbado y, lógicamente, me he quedado dormida. Sabía que mis padres llegarían a media mañana, como ellos saben que no puedo quedar con ellos tanto como quisiera. Entre sueños he empezado a oír mi móvil, que no paraba de sonar. Llamada tras llamada, y pensaba con los ojos semicerrados: "Son mis padres, luego llamo". A las 3 de la tarde me he levantado porque estaba harta de escuchar tantas veces la melodía de "El exorcista". Creía que tendría llamadas alternas de mi padre y de mi madre. Pero no. Había 9 llamadas perdidas desde el número que usa mi madre en estas ocasiones. He debido de abrir los ojos en plan incrédulo. 9 llamadas, que se dice pronto.
Me he despejado un poco y he llamado. "El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura"... como no podía ser de otra manera. Y he esperado a que volviera a llamar. Por supuesto, no ha tardado mucho, y después de tanta llamada, estaba preocupada por mí, pensaba que me había pasado algo. Le he explicado que no, que estaba bien. Me ha dicho que si iba a comer con ellos. El caso es que este tipo de comidas implica comer con varios matrimonios que no paran de hacer preguntas. He declinado la oferta.
Me ha dicho que entonces ya nos veríamos después de los toros, a la hora de cenar o así. Es decir, en una hora. ¡Y que a ver si les enseño mi piso! En estos momentos y debido a la época lo tengo un poco patas arriba, extraño en mí porque adoro el orden, pero es lo que hay... Así que tengo una hora para por lo menos barrer y fregar el suelo, recoger libros y apuntes, quitar algo el polvo, etc.
El caso es que no hace mucho rato que me ha vuelto a llamar. He pasado de coger el teléfono. Sí, está mal, pero es que no puedo quedar con mis padres sin dejar mi piso como los chorros del oro. Menos mal que es pequeño. Es posible que con la tormenta que ha habido a media tarde se hayan suspendido los toros.
De lo que no me libraré será de la cena. La última vez que cené con ellos y más gente en las Ferias de Salamanca apenas cené la inmensa mariscada que pidieron. Odio el marisco tanto como el pescado :(

Dudar de alguien


¿Qué pasa el día en que una persona en que confías plenamente duda de ti?
¿Qué ocurre en el momento en que la otra persona piensa que has hecho algo y tú sabes que está equivocado y le haces razonar?
¿Qué pasa en el instante en que todos los signos te señalan respecto a algo en lo que no tienes nada que ver?
¿Qué pasa en el momento en que ves que la confianza se tambalea?
¿Qué pasa cuando dejas de creer en aquello en lo que creías hace tan sólo unas horas?
[...]

Ese día te das cuenta de que nada es para siempre, que todo perece, bien sea una amistad, un amor, la propia existencia. Duele que la persona en quien hace un tiempo depositaste tu confianza te demuestre que no confía en ti de la misma forma, o simplemente que no confía en ti. A mí me ha dolido. ¿Entonces a qué te atienes? Si sabes lo que hay te preguntas si merece la pena seguir en esa "farsa" o poner un punto final. Porque está claro que algo se ha roto. No sé el qué. Sólo que ahora no tengo ganas de confiar en nadie. Me viene a la mente esa frase que dice: "Cuesta años construir una confianza y segundos destruirla". Es posible que sea así.
Quizás no se ha roto nada. Aunque yo siento como si quisiera huir de esa persona. No es que dude yo, es que el otro duda de mí. Duele.

lunes, septiembre 11, 2006

11-S: 5 años después


Es sorprendente que todo el mundo se acuerde de lo que hacía tal día como hoy hace ya cinco años. Yo me acuerdo que andaba sin televisión, para variar. La diferencia entre hoy y aquel día es que ahora tengo tele aunque apenas la pongo, y entonces no tenía tele ni la echaba de menos.
Una llamada me sacó de mi ensimismamiento a la hora de comer: "Ana, ¿estás viendo la tele? ¿has visto lo que está pasando en Nueva York?".
Era mi hermano. Me decía que fuera a cualquier sitio, que seguro que en todas las televisiones se estaría viendo lo mismo.
Así es como bajé al bar de Gran Vía donde todo el mundo estaba conmocionado. Guillermo, el jefe, me hizo un resumen de lo que había pasado y debí poner cara de no dar crédito a lo que me contaba, pero ante mí estaban las grandes televisiones de plasma repitiendo las mismas imágenes de los aviones que se estrellaban contra las Torres Gemelas, el desplome inmediato de una de ellas, el horror de los ciudadanos neoyorkinos...
Toda una tarde de noticias en la que cundió el pánico. Claro, ¿quién no se acuerda de lo que pasaba tal día como hoy hace cinco años?
Todavía hoy al recordarlo es estremecedor y doloroso.

Anoche


Pues no sé lo que me pasó anoche. De repente sentí que algo en mi interior rugía y yo no podía contenerlo. Así que me fui y dormí.
Al levantarme pensaba que podía seguir mi mala hostia. Y cualquiera podría preguntarse ¿por qué? Realmente no creo que sea algo que debiera mencionar por aquí. Supongo que es por todo; no voy a concretar.
Simplemente me alegro de que todo haya pasado. También las pocas horas de sueño influirían en mi estado de ánimo. Pero ahora estoy descansada y me preparo para coger los apuntes y no aparecer por aquí en todo el día. Mañana tengo el penúltimo examen.
Sí, mañana también vienen mis padres. Querrán conocer mi casita. Supongo que tendré que tomarme un poco de tiempo libre para poder poner un poco de orden aquí. Tampoco está tan desordenado, aunque dar una pasadita al suelo no estaría mal, sobre todo teniendo en cuenta que vienen con otro matrimonio que me tiene un gran aprecio. Yo creo que siempre quisieron tenerme de nuera por alguno de sus hijos :D
Por lo demás, me encanta esa canción. Me la pasó alguien, a pesar de que cuando vi el título mi respuesta fue: "No creo en las promesas".

Adema: Promises

Sir Titus, dame 24 horas. Ya tengo una imagen que dibujar en mi cabeza, aunque hoy estaré apurada estudiando. Pero mañana, cuando salga del examen, me pondré a dibujar. ^^

domingo, septiembre 10, 2006

Tolerancia


Esta semana he conocido a alguien. Me ha asombrado su alto grado de tolerancia con respecto a la gente que le rodea, vengan de buenas o vengan de malas. Adoro a la gente así, que a pesar de todo, ponga buena cara.
La verdad es que a mí me desenmascaró enseguida. Tampoco iba de malas, pero se ha hecho merecedor de mi respeto, ya no sólo por su inteligencia sino por esa tolerancia que muchos deberían tomar de ejemplo.
A veces me pregunto si yo sería tan tolerante con la gente si estuviera en su lugar. Simplemente detalles como los que ha tenido esta persona me han sorprendido. Y es que hay gente que, sea por lo que sea, siempre nos termina sorprendiendo.

Aquellos sitios a los que siempre volverás...


Un día pisas por última vez, o eso crees, aquellos lugares que visitabas antaño. Un día decides no volver más. Un día no quieres mirar para atrás. Porque sabes que si regresas te encontrarás con muchas cosas que te traerán de nuevo recuerdos a la cabeza, evocarás momentos e instantes que no quisieras.
Y un tiempo después vuelves a pisar ese umbral. No quieres, no estás segura. Pero ahora vuelves con otra gente, antes tan lejana, ahora tan cercana. Cruzas la puerta y está todo tan cambiado que te dan ganas de darte media vuelta y huir para siempre.
Pero... ¿de qué sirve huir?

Sigue faltando algo. Lo noto en el ambiente. Hoy sé que jamás haré aquella llamada porque ya no quiero mirar lo que fue. Ahora miro lo que es sin pensar lo que podría haber sido. Mejor así. Pienso menos. Me río más. Al fin y al cabo sabes que todo tiene un final, para bien o para mal. Este blog es perecedero porque un día pondré un punto final. Estoy segura. Ese día habré encontrado algo y no necesitaré manifestarme mediante palabras ni decir nada aquí. O quizás es que llegue un día en que no tenga nada que decir (cosa poco probable, pero todo es posible).

De tabletas gráficas y dibujos...


Tres días llevo con la tableta gráfica sin usarla, porque realmente no sabía cómo hacerlo. Por fin, he conseguido hacer algo, que no voy a colgar aquí, aunque no me importaría (está hecho con cariño). He quitado el ratón viejo y ahora es el ratón que va con la tableta el que uso, así como el lápiz...
Y es que últimamente estoy con ganas inmensísimas de dibujar, más que de escribir. Y es que cuando escribo ahora me salen cosas que no tengo ganas de que queden grabadas aquí para siempre.
Bueno, como estoy cansada de Paint y Photoshop, como el Corel Painter 8 me caduca en menos de un mes... aprenderé a unar el Gimp. Tiene buena pinta y cosas que no sabía ni que existieran. Algún día apareceré por aquí con algo, estoy segura.

Pequeños descubrimientos


Hace un rato que he descubierto una cosa. Se trata de una persona, a la que creí que llegué a conocer casi completamente, y hoy, leyendo algo que escribió cierto día, me he dado cuenta de que no le conozco en absoluto.
Esa persona es como si fuera parte de un sueño, de algo lejano. Es como si jamás hubiera formado parte de mi vida, aunque una vez estuvo ahí. Ahora me da la sensación de que sólo fue producto de mi imaginación, que fue el protagonista de mil historias que rondaban mi cabeza.
A veces me pregunto si eres real o simplemente eres un personaje creado por mí misma, en mi imaginación y que un día dejé de trazar. Pero no, yo jamás hubiera dejado de dibujar las líneas de tal personaje.
Tuvo que existir porque yo jamás puse un punto final. Fuiste tú, no yo. Ahora sólo formas parte de recuerdos que no quiero recordar. Ahora sólo formas parte de sueños que se difuminarán, como un día tú mismo te difuminaste... para siempre.

sábado, septiembre 09, 2006

Un sueño convertido en piedra

Me he terminado Stonehenge de Bernard Cornwell. 600 páginas hipotéticas sobre cómo podría haberse llevado a cabo ese altar de piedra tan famoso en todo el mundo.
La historia ficticia en torno a la cual se recrea lo que pudo haber sido y no es puesto que no hay datos sobre personajes de una época tan lejana como es la Edad de Bronce nos habla de tres hermanos, hijos del jefe Hengall de Ratharryn, tres hermanos tan diferentes como distantes entre sí.

Hengall era un jefe pacífico y no quería enfrentamientos con la vecina Cathallo, una tribu más poderosa todavía. De sus tres hijos, Camaban, el niño tullido, había sido expulsado del poblado por su grotesca cojera, fruto de una tara de nacimiento. Lo que nadie sabía era que vivía en el Viejo Templo, donde se comunicaba con Slaol, el dios del sol. Sólo su hermano Saban y su tío Galeth le llevaban comida de vez en cuando, desde que descubrieran que el proscrito vivía allí.

El primogénito, destinado a ser jefe, Lengar, quería la guerra con Cathallo y eso le convierte en acérrimo enemigo de su padre, por lo que, junto a un numeroso grupo de guerreros y mujeres, huye de Ratharryn en dirección a la lejana Sarmedynn, una tribu temida por los guerreros que se pintaban de rojo en las batallas.
Cuando Ratharryn marcha a Cathallo en busca de paz descubren que tienen templos de piedra inmensos y deciden pedirles piedras a cambio del oro de Sarmedynn. Allá vive la vieja hechicera Sannas, temida a varias millas de distancia. Camaban es acogido bajo su protección. Sannas le dice a Saban que se casará con la bella Derrewyn, una joven de su estirpe, lo que garantizará la paz entre los dos pueblos.
Saban debe hacerse hombre para poderse llevar a cabo el matrimonio. Pasa días por el bosque, a pesar de las trampas del mejor amigo de Lengar, que no consigue encontrarle. El día de la boda, una flecha arrebata el alma del jefe, una flecha con plumas negras... que sólo puede venir de Lengar. Hengall muere e inmediatamente Lengar se autoproclama jefe de la tribu. Ha vuelto para quedarse, y viene acompañado por guerreros con las caras pintadas de rojo. Convierte a su hermano Saban en esclavo y le deja en manos de un comerciante y de su hijo sordomudo, por consejo de Camaban. Inmediatamente le quita a Derrewyn, a la que viola, y declara la guerra a Cathallo, a la que nunca vencerá.
Camaban aparece un día en Cathallo y roba el alma de Sannas, que muere irremediablemente. Poco tiempo después Derrewyn escapa de Ratharryn y se proclama hechicera de Cathallo.

Mientras tanto, Saban recorre otros mundos, primero como esclavo, luego como hombre libre. El comerciante le cuenta la verdad sobre Camaban. Un día llegan a Sarmedynn y se quedan allí. Estaba cerca el solsticio de verano, donde en aquella tribu era tradición sacrificar a una mujer que sería destinada a ser la prometida de Slaol, el dios sol. En ese momento ve a la futura diosa, Aurenna, de la que se enamora. Pero el destino de Aurenna es la de ser consumida por las llamas, que se terminan apagando por lo que lo interpretan como un rechazo del sol hacia su prometida.
Así que Saban se termina casando con Aurenna y erigen un asentamiento junto al río. Desde allí trasladarán las inmensas piedras hasta Ratharryn para construir el mayor templo jamás visto hasta entonces. Las trasladan por río y mar, pero llega un momento en que Camaban le pide a su hermano el regreso a su antigua aldea. Saban no quiere ver de nuevo a Lengar porque cree que morirá en sus manos. Será Camaban quien asesine a Lengar. El hechicero se proclama jefe de la tribu y derrotará a Cathallo, pero a pesar de todo no consigue encontrar a Derrewyn ni a su hija. Saban se dedica a construir el templo. También traen más piedras desde Cathallo, donde ahora su mujer es la que manda. Pero Aurenna se cree una diosa, es sacerdotisa de Lahanna, la Luna, que debe desposarse con Slaol. Creen que cuando el templo esté terminado Lahanna volverá a ser sometida por el dios del sol. Por otro lado Camaban se cree que es el dios del sol, y como no podía ser de otra manera, retoza junto a Aurenna sin que Saban se dé cuenta hasta que Derrewyn le abra los ojos. Le deja a su cuidado a su hija Hanna y a la esclava Kilda, de la que se termina enamorando. El hijo de Saban y Hanna también se enamoran.

El día que el Templo de Slaol está terminado, Aurenna y Camaban quieren ofrecer como sacrificio a una prometida, Lallic, hija de Aurenna y Saban. Éste termina asesinando a su hermano, mientras aparece Derrewyn con su ejército del más allá. Pero no puede impedir que Aurenna mate a su propia hija. La que se creía diosa es derrumbada por una piedra agrietada.
Cuando todo termina, Derrewyn vuelve a Cathallo, Saban es proclamado como jefe de Ratharryn, donde se impone de nuevo la verdadera justicia, y se casa con Kilda.

El templo empezó a ser adorado por extranjeros que venían a contemplarlo, creyendo que realmente habitaban los dioses en él.
Stonehenge está formado por varios círculos que representan los círculos solares y los círculos lunares, es el sometimiento de la Luna al Sol. En el centro converge un halo de luz, que se puede ver en los solsticios de verano e invierno.
De todas formas, lo que está claro es que está cargado de misterio. La disposición de las piedras en forma de círculos tiene que ver con algo de origen astral.
Lo que las hizo tan importante en su época fue que tuvieran dinteles.

Días nublados


Esta ciudad lleva nublada todo el día. Ver tanta nube gris me entristece. Supongo que no me gusta el mal tiempo, y me recuerda al sabor agridulce del final del verano. Sé que terminará lloviendo pues a pesar de las nubes hace un calor terrible, ese bochorno que te carga los huesos.
Tengo que ir al súper. No tengo ganas. No quiero salir con este día tan triste. Y es que, a pesar de las fiestas, me cruzaré con la gente que está en las casetas, siempre hay gente en ellas, sea la hora que sea. No les importa que haya nubes cargadas en el cielo, parecen lejanos a todo, disfrutando de las Ferias.
En estos momentos ansío ver "Alatriste". Iré, creo, esta noche. Espero que no llueva pues no me quiero mojar.

Tomarse la vida con humor


Hace poco tuve una conversación con una persona que estaba sulfurada por todo, decepcionada con la gente. Me contaba sus experiencias con ciertos individuos que, después de un tiempo, le habían terminado decepcionando.
Yo me reía, aun a riesgo de que también se enfadara conmigo. Y él me miraba y me preguntaba: “¿De qué te ríes?”
Y le contesté: “Verás, es que la vida hay que tomársela con humor, debes disfrutarla y pasar más de la gente. La vida es demasiado corta para estar cabreado con ella”.
Es raro que yo, en mi actual estado de ánimo, dijera esas cosas. Quizás es que puedo seguir animando al resto de la gente, pero no encuentro un jarabe para hacerlo conmigo misma. Soy consciente que debería sonreír más aunque últimamente lo consigo a duras penas. Al menos sonrío más que hace mes y medio. Supongo que eso está bien. Sé que volverá a inundarme el humor que me ha caracterizado siempre, pero necesito tiempo.
Sólo sé que debería seguir los pasos de lo que le dije a mi amigo.
Yo no entendía que una persona pudiera estar tan enfadada con gente que, a la larga, se la iba a clavar a la espalda. No comprendía esa ira que albergaba su interior, cuando por nuestra vida pasa a diario tanta gente. Sólo importa conservar a todos aquellos que merecen la pena, que no son pocos.
Claro que hay cosas que duelen. Duele mucho perder a alguien, pero siempre llegará alguien para ocupar ese lugar cargado de una pena insólita, o al menos lo desplazará de tal manera que ni siquiera lleguemos a recordarlo.
Nuestra vida está en profundo cambio, por eso es necesario que estemos con los brazos abiertos a todo. No sabemos lo que nos puede deparar el mañana, pero al menos podemos enfrentarnos a él con una gran sonrisa.
Y lo reitero, no hay nada como tomarse la vida con humor, aunque nos cueste a veces. Si al final todo perece, ¿qué mejor que no pensar en aquello que nos entristece?

Inexplicable


Y a veces es inexplicable cómo tan rápido me estoy riendo a carcajadas y cómo se repente se torna en un cambio brusco donde pienso lo peor y donde la cabeza me da tantas vueltas que me siento demasiado susceptible para aguantar cualquier cosa.
Y así tan pronto lloro como tan pronto río. Y es que tengo por delante dos años para olvidar, más o menos. No sé yo si resultará fácil. Al menos ahora pienso en otras cosas. Pero todo sigue ahí, tan latente como el primer día, aunque intente negarlo y evitarlo.
Y de repente cualquier cosa te trae a la mente otros momentos. Se te pone la piel de gallina y te preguntas por qué te tuvo que pasar a ti. Intento olvidar pero no puedo. Me resulta demasiado imposible. Tan imposible como inexplicables son mis cambios de humor actuales.
Espero que pase cuanto antes. Porque odio estar así.
Y un día te das cuenta de que todo es tan perecedero que no tienes ganas de seguir. Me falta algo. Lo siento y lo echo de menos. No sé lo que es, pero eso que me falta lo necesito para seguir manteniéndome en pie. Sobrevivo, por supuesto. Y podré vivir sin eso que me falta. Pero lo echo de menos, no tengo por qué negarlo.
Y es que cualquier tontería me sienta mal, me irritan nimiedades que por lo general no deberían alterarme, no sé lo que me pasa, sólo quiero poner fin a esto.