lunes, marzo 29, 2010

Poco más de medianoche

Esta noche se me hará algo más larga. Hace un rato estaba pensando en que el próximo domingo es ya abril, que se acerca vertiginosamente el aniversario de mi nacimiento (por llamarlo de alguna forma) y que aún no tengo muy claro cómo vamos a ir a Cantabria ni nada. Tenía que haber ido al café esta tarde, pero con 50 ejercicios prácticos de contabilidad pesaba más la obligación... Es curioso, pero incluso me ha llegado a gustar, ¿será porque lo entiendo todo?
Es el primer día que no escribo antes de cenar, sólo porque estaba centrada en otras cosas. Hoy será en verde, quizás por el paseo de esta mañana. Realmente ya he escrito esta mañana, cuando estaba allí, así que hoy lo haré por duplicado, porque ahora me está apeteciendo realmente escribir.

domingo, marzo 28, 2010

Lo que resalta


Entre todas las cosas que nos rodean siempre hay algo que nos llama la atención, por la razón que sea. Puedes estar en medio de una explanada, antesala de un espléndido bosque, rodeada de encinas y robles, con cascotes de ramas y bellotas en el suelo y, de repente, una flor resalta entre el verdín y las ramas. Una débil florecilla de color violáceo.
En lo que me rodea, día a día, hay alguien que resalta siempre, que me da una fuerza inesperada, le vea o no, que atrae mi atención de una manera inusitada. Él tiene esa luz que a veces sirve de guía en la oscuridad.

En contacto con la natura


La verdad es que Yoguito se ha tumbado nada más llegar a casa. No está acostumbrado a caminar tanto. Siempre que esté en mi mano y el tiempo acompañe, le haré caminar, porque necesita un poco de campo de vez en cuando. No es lo mismo corretear diariamente por el jardín, que es un espacio limitado y con muy poco tiempo, que correr en un espacio abierto y sin límites (exceptuando la carretera, de donde intento mantenerle alejado), durante una mañana de domingo en que el tiempo parece no correr a tu lado.
Es sorprendente las cosas que se descubren cuando vas caminando. Es una carretera por donde pasamos varias veces a la semana, casi siempre en coche, pero no observas lo que tienes alrededor hasta que no decides ir un día de paseo, cuando la vida camina más lentamente, y descubres, por ejemplo, que se ha llevado a cabo una reforestación, porque hay innumerables protecciones cilíndricas que protegen arbolitos que aún están por desarrollarse.
Escuchas los sonidos de la naturaleza: pájaros e insectos en su mayor parte, orquestando una melodía extraordinaria. De repente, te llegan las voces amortiguadas por las copas de los árboles de los de Protección Civil, con los que has coincidido nada más llegar. Se trata de disfrutar en soledad de la naturaleza. Y, cuando te vas, una parte de ti quiere quedarse allí, saboreando todas las fragancias de la primavera.
Y eso que aún se ven los colores ocres y marrones del otoño, en los árboles y zarzas sobre todo, porque aún no han empezado a verdear. Es el 1º de mayo cuando todo está más florido y ese mismo bosque se convierte en éxtasis para los sentidos.
He estado escribiendo, mientras Yoguito se enredaba entre las ramas bajas de algún árbol añejo. Estoy pensando en que apenas disfruto de esta naturaleza que tenemos al lado de casa. ¡Cuántos quisieran tener algo así tan cerca! Allí aprendí a conducir, daba mis clases prácticas de coche, cuando me sacaba el carnet (siempre iba yo sola con el coche, no necesitaba que me acompañara nadie, anda que si me pillan...); allí he ido con mis amigas a leer, a tomar el sol, a fumar a escondidas, a echar litros, a pasear a los sobrinos de algunas, a coger moras en los albores de septiembre... Pero, sobre todo, a disfrutar de esa naturaleza tan magnífica.

El campo

A menos de un kilómetro de mi casa hay bosque. Parece ser que hoy que no tiene intención de llover y además brilla un sol muy tenue. Me apetece llevar al perrito de paseo al campo, que le hace falta campo. Y a mí me apetece, incluso tengo muchas ganas de dar ese paseo.

Lo del cambio de hora descoloca un poco. Cuando me he despertado he pensado en que era aún muy pronto, hasta que me han recordado que anoche se cambió la hora.

Sí, me voy un rato a contagiarme de naturaleza.

Un sentimiento indescriptible, indefinible, inexplicable

Ahora comprendo por qué cuando siento que le quiero mogollón, siento por extensión que quiero a todo el mundo. Supongo que siempre lo he sabido, pero nunca había reflexionado sobre ello: he abierto mi corazón y no hay una fisura ni una grieta, sino que es el reflejo del alma limpia, pura, el alma que ama. Mi corazón nunca ha brillado con tanta intensidad, nunca ha latido con tanto frenesí, nunca ha estado tan colorado... que temo que pueda llegar a resultar herido.
¿Será posible que le quiera tanto...? Me cuesta delimitar la línea en que empecé a sentir algo que tiene más fuerza que yo, que se me escapa de las manos para dirigirse a él, que me lleva a soñar algo tan hermoso y tal cantidad de cosas inimaginables, que convierte mi vida en un sendero de rosas y espinas, que me lleva a pensar en él más tiempo del que quisiera...
Y pensando en él, ya va siendo hora de encaminarse al mundo de los sueños, otra dimensión donde él también aparece como una constante.

sábado, marzo 27, 2010

La estela de los aviones

Cuando venía a casa, aparte de fijarme en el sinnúmero de estrellas que había, he observado dos estelas de aviones que se cruzaban formando una X justo encima del campanario de mi pueblo. Me ha hecho gracia. ¿Justamente se tenían que cruzar encima de mi pueblo? Me tranquiliza saber que los aviones tienen rutas muy sincronizadas y que un choque sería algo bastante excepcional.
Hoy necesito tranquilidad. Teniendo en cuenta que el fin de semana que viene va a ser terrible en cuanto a fiesta se refiere, prefiero quedarme en casa. Aunque me muero por verle... Se puede soportar (de momento).
Las estelas de los aviones ya se han difuminado.

A casa con el deber cumplido

Poco me he equivocado cuando en el Studio 54 les he dicho a mis amigas que igual tenía que estar hasta las diez. No son aún las diez pero, entre que recojo, voy al coche y llego a casa me darán las diez. No sé si saldré esta noche, me apetece pasar una noche tranquila, quizás viendo una película (siempre lo digo pero en el momento de la verdad siempre se me hace tarde y considero inoportuno poner la televisión cuando en una habitación cercana puede haber alguien durmiendo).
Además, me apetece escribir, aunque lo haré después de cenar, creo que hoy toca el color rojo.
Lo que es cierto es que me voy con la satisfacción del deber cumplido, algo que no pude hacer durante la semana debido a la profusión de llamadas y visitas que no me dieron tiempo más que a atenderles en primera persona, dejando de lado otras cosas como la de hoy.
¿Que es sábado? Sí, pero yo disfruto haciendo lo que he venido a hacer. Tranquila, sin gente, concentrada al 100%... A veces pensando en él. Y me voy pensando en él...

En la misma ciudad

En estos momentos nos encontramos en la misma ciudad (si es que a esto se le puede denominar 'ciudad'). Sería cuestión de minutos coger el coche, acercarme hasta la otra punta y comprobar si está y, de paso, entrar a saludarle.
Sé que no lo voy a hacer, más que nada porque no quiero ir hasta allí, aunque me muera de ganas por verle, pero es que además estoy aquí para levantar trabajo que durante la semana no he podido hacer y que quiero que esté listo antes de que comience la próxima semana.
Sonrío al pensar que él está tan cerca.

Me descubro soñándote

"Me descubro, sin ti, mirándote.

Es un acto inconsciente, una comunión de anhelo y calma, una danza detenida...

Y las palabras brotan sutiles, [y simplemente hablamos y callamos].

He soñado contigo. He soñado con el crepitar del fuego, la cama deshecha, la mar brava, la noche despierta.

He soñado contigo y no precisaba otro sentido que soñar.
He soñado contigo y he sanado mi deseo con la mirada que viste tu piel".

Hoy es uno de esos días en que me encuentro romántica, que tengo tiempo para pensar en él, un sábado en que le añoro, que me cuesta mucho esfuerzo no decirle nada. Es uno de esos días en que le imagino en mil situaciones distintas, con millones de personas variopintas. Hoy es uno de esos días en que me gustaría susurrarle al oído, entrecruzar mis dedos con los suyos, caminar sin rumbo, mirarle directamente a los ojos para saber lo que quiere decirme haciendo partícipe al silencio de esas palabras no pronunciadas. Hoy es uno de esos días en que tengo una terrible necesidad de él...

Despertar en sábado

Me he despertado a las nueve, pero no me encontraba bien y aún sigo en pijama, leyendo, imaginando cómo tiene que ser despertarse un sábado por la mañana a su lado, observando cómo sube y baja su pecho al respirar y velando sus sueños.
Fuera se oye silbar al viento, aunque un sol primaveral ha iluminado el día. Tengo intención de ir a la oficina a hacer unas cosillas, si no es por la mañana, será por la tarde. Ahora es cuando noto que hay un coche menos.
Voy a volver a la cama a pensar en él, aunque me entre el sueño.

Una mirada, un mundo

A veces me gustaría ver a través de esos ojos. Unos ojos que proyectan una mirada tan penetrante que me da la sensación de que ven más allá de las personas, más allá de la piel. Unos ojos sinceros, cargados de bondad, tranquilizadores.
Me gustaría mirar a través de sus ojos, no para descubrir lo que ve en mí (o en otras personas), sino para acercarme a sus pensamientos.

viernes, marzo 26, 2010

Tratado sobre las estrellas

Cuando por las noches alzo los ojos al cielo y me encuentro con esa oscuridad cargada de estrellas me siento muy diminuta, pero siento también que formo parte de esa inmensidad, que sólo soy una pequeña pieza de un puzzle gigantesco.
En las noches de verano me quedo extasiada mirando hacia el firmamento, me gusta observar las estrellas e intentar reconocerlas.
Intento buscar a Andrómeda, galaxia cercana a la Vía Láctea, que siempre cuesta mucho esfuerzo encontrar. Es complicado dar con ella, aunque haya un deseo terrible por encontrarla. Eso me recuerda a él: las pocas veces que le veo, la inexistencia de coincidencias para que nos encontremos de manera fortuita, con ese anhelo ferviente por cruzarme con él en cualquier lugar. Y disfrutando del momento en que eso ocurre.
Más allá, muy cerca se encuentra la constelación de Casiopea, que es más sencilla de encontrar, en forma de W, que siempre, desde la primera vez que me la enseñaron, me ha aportado tranquilidad, como esa persona. Siento que esa constelación me reconforta, me abraza con su brillo….
También a veces soy capaz de encontrar partes de la constelación de Orión, que me recuerdan lo mucho que le quiero, a pesar de no saber nada de él, que me recuerdan que cada día le quiero más que el anterior.
Pero hay una estrella única, que no necesita la oscuridad para regalar su brillo y su luz. Se trata de él, porque cuando aparece se oscurece todo lo que está alrededor y camina con luz propia. Con su única presencia todo lo demás carece de importancia. Él tiene su propia luz, su propio magnetismo, su propio brillo, su magia…

¿Para qué quiero estrellas en el cielo si conozco una estrella aquí abajo?

¿Cómo lo vamos a hacer?

10 personas, 1 único cuarto de baño, 1 apartamento a 30 metros de la playa, 8 camas... Vamos a tener que hacer turnos para entrar en el baño y llevar al menos dos sacos de dormir y dos colchonetas hinchables...
Vamos a parecernos a los chicos de Gran Hermano. Al menos se ha tratado del tema de la comida: yo igual peco de sibarita, pero prefiero comer fuera, aunque algunos se empeñan en llevar comida desde aquí. Les hemos puesto una condición: "si se cocina y se friega no habrá diferencia de género, todos haríamos de todo". Que nos conocemos...

De tormenta

En el horizonte se ha puesto oscuro. Buena tarde hemos escogido para ir a la ermita, aunque no importa, porque estaremos dentro. Con el sol que hacía cuando he regresado a casa... Al menos hoy no me echaré una siesta de veinte horas. Prefiero estar en la ermita que en casa, aunque en casa me concentre en él y me sienta desbordada de sentimientos. Claro que como le llevo conmigo allá donde vaya, aunque no tenga tantas horas que dedicarle, seguiré sonriendo igualmente. Siempre hay algo que me lo trae a la mente, esté donde esté.

En el coche San Fernando

En la radio sonaba la de A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando y me he encontrado cantando. Mi mente ha volado a él, a que le cantaría al oído esa estrofa que dice: "Llévame a ese cine, al de las sábanas blancas. O córtame el pelo, o vamos a robar naranjas. En cuanto amanezca, nos subimos a la parra a hacer el amor sobre el lucero del alba". Y no me importaría cantársela a él, aunque luego se mofara porque canto fatal. Mi mente ha seguido volando. De repente me encontraba en una explanada de césped, los dos tumbados, mi cabeza sobre su pecho, mirando al cielo, susurrándole en bajito otra estrofa de esa canción: "Súbeme al monte de las siete verdades o bésame, o bésame como tú sabes, como tan sólo tú sabes. Como tan sólo, tan sólo tú sabes".
Manolo García tiene magníficas letras. Me hacen soñar. Con él.

Al comenzar la tarde

Yo iba decidida a un inmueble donde había un instalador poniendo algo. Iba a pedirle algo, aparte de que también iba memorizando una lista de preguntas que hacerle, y todas las preguntas tenían relación con una tercera persona.
Pero el instalador no estaba cuando he ido yo, así que me he quedado sin lo que iba a pedirle y sin respuestas sobre lo que quería preguntarle.
Quizás mejor así. La coincidencia ha querido que no estuviera. Realmente no soy yo la que habla con él cuando tenemos que hablar con él. Para no mezclar... Casi lo prefiero.

Es mi hora chanante, esto quiere decir que aún estoy aquí, pero es como si estuviera ya lejos. Viernes por la tarde, un café abajo y a disfrutar de las horas de ociosidad que me brinda el fin de semana, aunque mañana tenga que venir por la mañana a hacer una cosilla.

Un viernes de locura

Los viernes son criminales. No puedes hacer mucho, porque tienes que atender a la gente. A mí no me importa escuchar a la gente, aunque a veces tenga que cortar la conversación, porque siempre hay quien te cuenta las penas y ese tiempo yo lo necesito. Lo que no soporto es que me griten por teléfono. Según el día, me quedo callada o me pongo a la defensiva o me cabreo, aunque siempre sin levantar la voz. Es sorprendente cómo soy capaz de contenerme con la gente, aunque a veces el simple hecho de contenerme, a pesar de que a la otra persona me gustaría decirle unas cuantas cosas, hace que me sienta mal. No debería permitir que nada me afectara, pero es cierto que a veces los problemas de la gente los convierto en algo mío, y me llegan muy adentro.
He comprobado que lo mejor es dejar que la otra persona se desahogue y quedarme en silencio. Llega un momento en que se dan cuenta de que te has callado y preguntan: "¿Sigues ahí?". Es increíble la de personas que necesitan simplemente que les escuche alguien, que necesitan desahogarse... Yo les dejo hablar. A veces una se entera de pequeños problemas domésticos que no vienen al caso, pero la gente los cuenta, a modo de desahogo, simplemente para que al final les des algunas palabras de ánimo.
He comprobado que, cuando alguien te grita, termina pidiendo disculpas siempre y varias veces. Así que ya no me altero por nada.

Pero es cierto que necesito descansar, que entre ayer y hoy no he vivido nada más que para el trabajo. Así que me merezco una tarde libre con mi amiga Y., que para lo poco que viene... Esta tarde seguro que tocará café en la ermita.

La estrella

A mi padre le ha llegado hoy un paquete que he osado abrir. El repartidor lo ha traído aquí cuando pone la dirección de mi casa, pero se lo pasaré por alto (si me lo hubiera entregado a mí le hubiera dicho algo, pero afortunadamente para él no se lo he cogido yo). Y me he encontrado con la historia de las estrellas de Mercedes.
Cuando volví de Alemania la segunda vez, les tuve a todos delante de la televisión (que yo previamente había grabado) viendo el Museo Mercedes-Benz, que hay en Stuttgart, donde también hay una calle (Mercedesstraße) y una parada del metro. En Munich, junto al Estadio Olympia, está el Museo BMW (aunque éste no lo vi).
Me ha gustado el estuche con todas las estrellas.

Acunada en sus brazos

Me he tumbado tan sólo unos minutos sobre la cama y casi me quedo dormida. De repente, me encontraba cubriéndole de besos desde la cabeza a los pies, sin dejar un hueco libre, aprendiéndome de memoria todos los pliegues de su piel, dibujando estrellas sobre ella, susurrándole palabras que no se pueden escribir. Y he sentido su abrazo cálido, apacible, tranquilizador, y mientras me acunaba en sus brazos de aire sentía la somnolencia que precede al sueño.
Es un buen momento para irse a dormir, acunada en sus brazos o no, pero queriéndole más que la última vez.

Un cordel para que nada se escape

Me parece extraño que lleve escribiendo, a modo de rutina, tan sólo 25 días. Me da la sensación de haberlo estado haciendo toda la vida, respecto al tema que me lleva cada noche a susurrar su nombre a las estrellas, a imaginarle en cada momento, a preguntarme qué estará haciendo ahora o después... Me da la sensación de llevar escribiéndole toda una vida, y son sólo un montón de días, que han acumulado un montón de colores, y que acabo de atar con un cordel dorado, lo que no significa que mañana no vaya a escribir. Al añadir el sobre de hoy, he comprendido que ya era un montón significante como para atarlo todo. Sólo por comodidad. Mañana seguiré escribiendo en el silencio de la noche las notas de una canción jamás escrita.