lunes, agosto 24, 2009

Un papel en blanco

Tengo la cabeza como un papel en blanco. Es difícil sacarse todo, aunque sé que es temporal. Siento como si en el último mes hubiera vivido dentro de una ilusión, de una burbuja que de repente ha explotado y todo, bueno o malo, ha empezado a fluir sin yo poder hacer nada. Esto tiene cosas positivas y cosas negativas. Ni siquiera me permito sentarme un minuto en el jardín para pensar. A veces sigue siendo inevitable, sólo que se puede controlar.

Supongo que... tiene que ser así.

Vacío

Tengo un agujero muy grande en el estómago y no es precisamente de hambre. Me pregunto qué es lo que ha provocado el vacío. La sensación es bastante inquietante.
Es como si estuviera esperando un tren que nunca va a llegar.
Es como si estuviera regando una flor que nunca va a ver la luz.
Es como si estuviera alimentando a un pez que lleva días flotanto en la misma dirección.
Es como ponerse delante de una hoja en blanco y que, a la vuelta de un rato, la hoja siguiera igual.

Agosto se va...

Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Voy a tener que ponerme las pilas un poco si quiero aprovechar los últimos días de sol, porque en cuanto empiece septiembre comenzará a hacer frío. Es que no queda nada para que termine el verano. En un mes estaré en Bélgica y aún sigo sin alojamiento. Me tendré que poner seria.
Y encima ayer pensaba que me dolía la tripa por el alcohol y los desfases de las fiestas o quizás porque las pocas patatas que comí no me habían sentado bien, pero no, se me había olvidado a qué huelen las nubes.
Aunque adoro el calor, se agradece que un lunes por la mañana haya salido nublado, que se trabaja mejor.

Una pausa para soñar

Tengo muchas preguntas que hacer, carezco de las respuestas a las mismas, porque yo no puedo contestarlas. Escribo sobre todo aquello que sería incapaz de decir en voz alta y, pese a todo, hay ciertos temas de los que no voy a hablar más o al menos en un tiempo, porque si no piensas en ciertas cosas se terminan difuminando, incluso olvidando. Todo puede incrementarse o disminuir, en estos momentos es algo que está en mis manos. En estos días he aprendido (en realidad, hace muchos años que lo aprendí) que la única manera de conseguir que algo no aumente en intensidad es que no se le alimente de ningún modo. No soporto la indiferencia y, para mí, es más sencillo relegar todo al cajón de los recuerdos y olvidarme temporalmente de todo.

El enigmático

Hay un personaje al que me encuentro en todas las fiestas de los pueblos. Cada vez que me ve se queda mirando; no sé por qué, pues no le conozco ni creo que él a mí. En realidad me suena su cara del autobús que nos llevaba al colegio cuando éramos pequeños, lo que me da una ligera idea de dónde puede ser.
Me da miedo que me miren de ese modo. Quizás sólo me mira porque mi cara también le suena del autobús de cuando éramos pequeños.

domingo, agosto 23, 2009

Nos sobran los motivos

En estos momentos estoy aguantando la respiración. Creo que todo es fruto de una especie de tristeza quizás porque se acaban las fiestas, quizás porque el alcohol es un depresivo, quizás por otros asuntos que no me apetece nombrar ahora.
Aguanto la respiración porque esa milésima de segundo entre inspirar y expirar es suficiente para pensar si debes o no debes decir algo. Siento que una incipiente desidia empieza a apoderarse de mis sentidos. Me viene a la mente aquello que decía Sabina en aquella canción:

"Este adiós no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojalá,
estas cenizas no juegan con fuego,
este ciego no mira para atrás,
este notario firma lo que escribo
esta letra no la protestaré.
Ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después.
A este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti
".

Patatitas

Con el día de las patatas terminan las fiestas de mi pueblo. Había muchísima gente hoy, además el tiempo acompañaba. Sólo he probado las patatas con chorizo y ya me ha bastado. Recién levantada tenía de todo menos hambre y, con el picnic montado, nos hemos quedado medio dormidos en la hierba.
Se me ha pasado todo tan rápido...

sábado, agosto 22, 2009

Una boda menos

El día se hace largo cuando has dormido pocas horas y luego tienes una boda a la que tienes obligatoriamente que ir. De hecho, los más allegados deben seguir aún la fiesta en un bar de la Plaza del Mercado. Es decir, mis padres y uno de mis hermanos siguen en Logroño, mientras mi hermano pequeño y yo nos hemos marchado cuando hemos considerado oportuno hacerlo, es decir, cuando se ha acabado el baile.
Anoche llegué a las cinco y, curiosamente, esta mañana me he despertado sin resaca y en un buen estado físico. A medida que iba avanzando el día empezaba a sentir cansancio acumulado en el cuerpo. Y calor, hacía mucho calor, tanto en la Redonda (no entiendo cómo no ponen aire acondicionado en todas las catedrales), como en el comedor (donde daba directamente el sol), como en la sala de baile después.
La anterior vez que estuve en el Imperial Montesol fue en 2001 y de noche, así que hoy he podido observar los magníficos terrenos del restaurante.
Al llegar a casa sólo deseaba quitarme los zapatos (esta vez me han durado puestos casi todo el día) y tumbarme. Así que a las nueve de la noche me he echado una siesta hasta la hora de cenar. Acabo de recordar que hoy me habían invitado a cenar en la ermita; un grupo de gente de mi pueblo con los que me llevo bien. Ya sabían que hoy mi día era largo, así que me disculparán.
Hasta aquí llegan, distorsionadas, las canciones de la orquesta. Estoy descansada, aunque necesito un café. Y sólo puedo tomármelo en el bar (por eso de que fuera los cafés saben mejor que en casa). Es hora de marchar, preparada para más fiesta. Que la noche es joven.
Me queda una sola boda más. Y ayer me dijeron que tenía que leer en misa -sin comentarios-.

En la comida uno de Albelda me ha invitado a una cena popular en su pueblo para el próximo fin de semana. Me ha dicho además que se sentiría ofendido, él y cuatro más que estaban también en mi mesa, si al final decidía no ir y que si tenía él que venir a buscarme lo haría. Siempre haciendo amigos. Seguro que me entrará una amnesia temporal y lo olvidaré.

viernes, agosto 21, 2009

Cosas que se hacen sin pensar

El lunes, cuando al mediodía llegaba a casa, había delante de mi garaje un coche que me obstaculizaba el acceso al interior. Y, como en cualquier pueblo que se precie, no existen vados. Sabiendo que el coche es propiedad de unos que están de alquiler enfrente llamé al timbre, sin éxito pues nadie respondió a mi llamada.
Siempre meto el coche en el garaje porque al mediodía, si lo dejo en la calle, llega un momento en que le da directamente el sol. Y, aunque cuando llegué aún daba la sombra, sabía que no podía dejarlo fuera. Subí a casa, escribí en un papel -educadamente, eso sí- que hicieran el favor de no poner el coche delante de los garajes, porque no había podido meter el coche, que lo dejaran más adelante o más atrás, y lo coloqué en el parabrisas. Yo tuve que meter el coche en un garaje que no correspondía. No han vuelto a aparcar delante de mi casa.
Hoy se me ha ocurrido dejar una nota en otro parabrisas, me he reído con sólo pensarlo, pero me he echado para atrás. Era una invitación a comer el domingo en mi pueblo. Pero no me he atrevido a llevarlo adelante. El motivo no lo sé. Igual que la he escrito sin pararme a pensar en ello, la he roto sin más.

Recapacitar

Es bueno recapacitar de vez en cuando. Es necesario que yo lo haga en estos momentos, antes de marchar. Porque me hago muchas preguntas, como ¿por qué he visto 'algo' que ha llevado al volcán a entrar en erupción? De repente, he sentido ¿mariposas en el estómago? ¿una mano aprisionando el pecho? ¿que me ruborizaba? ¿O sólo ha sido la necesidad de verle? ¿Ser consciente de que podía habérmelo encontrado después de tanto tiempo?
Creo que me estaba pillando, pero ya dice el refrán que "ojos que no ven corazón que no siente". Debe ser, porque me acuerdo de él a menudo, sólo que no es eso que vibraba hace un mes en mi interior, es como si todo se hubiera estancado de repente. Pero todo está ahí, oculto. No puedo evitar que me guste, eso es así, de eso soy consciente, como también que siento como si estuviera en un punto muerto.
Y, pese a no saber nada de él, todavía salto cuando descubro algo que me lo recuerda.
Considero necesario hacer este tipo de reflexiones.

Cena en... ¿Rodezno?

En uno de los bares anoche me comentaban que si hacíamos cena esta noche, pero no en la ermita -porque siempre es el mismo menú-, sino en Rodezno, lo que equivale a salir de mi pueblo en pleno apogeo de la fiesta.
Manifesté mi opinión en contra, recuerdo:
-¿A Rodezno? ¿Siendo fiestas aquí?
-Es que en la ermita es el mismo menú de siempre.
-Pues prefiero el mismo menú de todos los años que marchar a cenar a Rodezno.
En fin, me terminaron convenciendo o, mejor, me dejé convencer. Simplemente porque estar casi cuarenta personas, que sólo coincidimos en fiestas de Gracias, cenando todos juntos -como en los viejos tiempos- merece la pena. Al final no importa el lugar, ni que el Día Grande haya sido hoy (de hecho, yo ni lo he saboreado), no importa si te tienes que ir al fin del mundo... lo que verdaderamente importa en noches como la de hoy es esa grata compañía.
Hemos quedado a las diez menos cuarto en la plaza, con el peto de fiestas, preparados para marchar. Eso quiere decir que a las 20.30h. deberé haber apagado todos los ordenadores, haber recogido todos los possits y papeles, haber reordenado todo, etc. Y, como soy algo maniática del orden, seguro que tardaré un rato en dejarlo todo en perfecto estado.

Al otro lado de la calle

Intentas no pensar en cierta persona y, cuando a media tarde te da por echar un vistazo a la calle, te encuentras con algo inesperado. Veo algo que me lo trae a la mente sin querer y me pregunto por qué el azar no me ha hecho asomarme un rato antes, justo cuando acababa de llegar.
Mañana podría aparcar delante del portal, que tampoco nos encontraríamos.
Es curioso porque ardes de deseo por ver a una persona y es entonces cuando jamás le ves, pero sí ves otras cosas que te lo recuerdan.
Controlar el deseo es difícil, pero viable.

Supongo que si nuestros pasos nos llevan a encontrarnos algún día por la calle ocurrirá, sin más, sin forzar un encuentro fortuito.

Para olvidar

Posiblemente éste sea uno de los días que más me cuesta hacer una simple llamada o acudir a algún sitio o hablar con un vecino cabreado. El caso es que no pierdo la compostura, pero la procesión va por dentro. Es uno de esos días para olvidar y encima tengo que arreglármelas sola. Hoy me siento como si tuviera que llevar el timón de un barco demasiado grande. Sé que puedo llevarlo... pero hoy no tengo fuerzas. Nunca me había sentido tan desmoralizada.
Me cabrea además llegar y encontrarme el portátil lleno de possits.

(Pausa)

Un detalle en la calle puede cambiar el sentido del día en 180º. He salido cinco minutos, he visto algo y todo el pesimismo de hace una hora ha desaparecido.

Dolor de cabeza

Lo primero que he hecho, nada más llegar, ha sido tomar un Paracetamol. Tenía un dolor de cabeza terrible, una incipiente y débil resaca que ya no ha hecho acto de presencia. No me gusta medicarme en ningún aspecto; para ir al médico tengo que estar muy enferma; si puedo aguantar sin tomar nada lo hago. Lo que no puedo es trabajar con dolor de cabeza. Ahora se ha pasado.
Creo recordar que anoche tomé unas cuatro o cinco cervezas. No más. Sólo que el madrugón también influye.
La mañana además está bastante tranquila.

En mi pueblo hay procesión y misa en la ermita hoy. No parece que el tiempo vaya a acompañar. Hoy habrá buena comida en todas las casas, sólo que yo tengo que quedarme a comer aquí (peluquería). Realmente podría ir a comer a casa, lo que ocurre es que llegaré y todos estarán en el vermout, tendría que esperar bastante rato porque hoy es un día de ésos que se come tarde y llegaría impuntual esta tarde. Así que mejor me quedo.

A las siete tocan diana

Minutos previos al chupinazo, desde el balcón del Ayuntamiento

No voy a negar que me cuesta escribir, que a pesar de beber sólo cervezas siento una alegría inusual. Ni sé lo que me ha impulsado a coger el portátil para ponerme a escribir ahora. Yo iba a regresar a casa a las dos, pero no había prisa y, a pesar de que me ha fastidiado volver a casa a las tres, me he obligado.
Mañana puedo ir a las nueve, a las diez o a media mañana. Nadie me echará el alto. Sin embargo, sé que estaré puntual a primera hora, como todas las mañanas.
Sólo tengo que meterme a la cama, a pesar de la pereza, cerrar los ojos y pensar en que no estoy abrazando a la almohada, sino a...
Si siguiera hablando contaría secretillos, y siento incluso predisposición a hablar, así que prefiero parar aquí.

jueves, agosto 20, 2009

Presentando el presente

El presente pasa tan rápido que, en cuanto vuelvas a inspirar nuevamente, ya se habrá convertido en una acción pretérita.
Nunca nos paramos a pensar; miramos al futuro con esperanzas, ilusiones, deseos; volvemos la cabeza hacia atrás para recordar momentos que pudieron ser mejores y, a veces, no reparamos en que posiblemente el mejor instante de nuestra vida sea el momento presente.
Y el presente es amplio, se puede extender a un solo sentimiento, un solo pensamiento que está candente ahí; ni lo ocultas ni lo ciegas, sigue tan presente como el presente.
El mejor momento es ahora, porque ahora nunca volverá a ser más que en otro momento futuro similar pero diferente.
Son las 20.42h. del 20 de agosto de 2009. No volverá. Estoy disfrutando escribiendo esto.
El presente es el mejor momento de nuestra vida porque siempre está en gerundio; ahora es ahora y sólo es necesario un segundo para pensar en ello e, instantes después, se habrá convertido en pasado.

Flashback

Es inevitable no pensar en las fiestas de otros años.
El año pasado las pillé con tantas ganas que todos los días regresé a casa después de que hubiera salido el sol. Fue una excepción; por lo general, no espero a que se haga de día excepto en la madrugada del sábado. Este año posiblemente sea así.
Cuando yo venga mañana a la oficina seguirán de fiesta en la carpa. Menos mal que, desde mi casa, no se ve. También recuerdo ciertos momentos non gratos, pero, como todo, esos instantes cogen polvo en un rincón de la memoria. Al final das la espalda a todo aquello que te hizo daño en el pasado. A veces me pregunto sobre aquello y siento que en esa noche me convertí en una persona de piedra. No con todo el mundo, claro; sólo me muestro indiferente ante algo que me ha producido dolor, como fue el caso. Aún hoy no he conseguido olvidar, pero sí he llegado a ignorar. No creo que olvide nunca; si lo olvidara volvería a pisar la misma piedra, porque sólo el ser humano es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Es curioso, nunca me he considerado una persona rencorosa y ni siquiera creo que guarde rencor y, sin embargo, soy incapaz de perdonar aún, aunque haya pasado todo un año. Es que hacer daño de manera gratuita y consciente sólo puede ser el acto de una especie de monstruo y, desde mi punto de vista, es imperdonable. Es posible que la herida esté curada. Para mí no hay vuelta de hoja. Hace muchos meses que tomé una decisión inquebrantable al respecto.
Igual hay personas que he conocido últimamente que, en cierto modo, me ayudan a olvidar lo inolvidable, pero esto ha sido sin querer queriendo, fruto de coincidencias, azares, alternativas, opciones que nos brinda la vida. Al final, todos terminamos quedándonos con las cosas buenas y, claro, también se termina perdonando a todo el mundo. Es el tiempo el que enfría y cura las heridas. En todo este tiempo simplemente era mejor no pensarlo y, aunque complicado, intentar que no influyera. Y creo que al árbol caído siempre le puede quedar un trozo de vida; supongo que puedo ser como ese árbol caído, pero no muerto, que de un día para otro buscó la fuerza para sobrevivir buscando tan sólo aire sano y energía positiva, poniendo tierra de por medio con todo aquello que contaminaba y enrarecía el ambiente. Supongo que supe, de alguna forma, hacer que se impusiera la razón por encima de todo.
Por hablar de otras fiestas, recuerdo en vísperas de un viaje a Madrid donde me tuve que ir a hacer un Curso de Verano a El Escorial. Yo me tenía que ir a casa y dos amigos empezaron con la tontería de que fuéramos a la piscina, y finalmente aparecimos en mi casa unas veinte personas a bañarnos. Siempre he pensado que bañarse en la oscuridad es bastante reconfortante. Esto fue hace ya unos años y a unas horas tan avanzadas que íbamos un poco cieguillos. Después volvimos a la verbena y la gente nos miraba raro porque íbamos todos mojados (por partida doble).
Y en las fiestas siempre aparecen parejas nuevas e inesperadas, lo que termina siendo mofoso al día siguiente porque, por mucho que se encondan, siempre hay alguien que los ve.
No sigo, porque al final me veré obligada a decir nombres al comentar anécdotas concretas.

Lo pasaremos bien.

El día que perdieron

El sábado por la tarde no disfrutaremos tanto en el frontón como hace un año, ya que los de mi pueblo perdieron el último día que jugaron.
A medida que sigue su curso la semana las gradas cada vez están más pobladas. A mí últimamente no me ha dado por pasarme, sobre todo porque he llegado casi a la hora de cenar. Creo que mañana hay pelota y, por supuesto, el sábado y si llego a tiempo (ya que tengo boda en Logroño) estaré allí, juegue quien juegue.

De hecho, creo que sólo podré disfrutar a tope el Día de las Patatas, que es este domingo. Esto es un guiño a aquello de:
-¿Qué conocéis de mi pueblo?
-C. y las patatas.

Un nuevo amanecer

Y sentir que la brisa matinal acaricia tu piel, mientras cierras los ojos para no pensar.

Debería haber ido a comer a Ezcaray, pero sé que me costaría volver de nuevo al trabajo, mientras todos se quedan a disfrutar de la sobremesa y de la tarde.

Estoy demasiado tranquila. A ver si dura...

Preparando los petos


Mañana a estas horas la plaza de mi pueblo rezumará alegría y olerá a fiesta recién comenzada. Calculo que podré quedarme hasta las dos, sin pasarme de esa hora.
Acabo de sacar los petos del armario. Sigo pensando en que el último (color kiwi-cereza) aún no ha empezado a gustarme y que seguiré usando el viejo (naranja-negro). No tiene nada que ver con el color: el viejo tiene más bolsillos.

miércoles, agosto 19, 2009

Y parecen siglos

19 de agosto...
No hace mucho he caído en que parece que ha pasado una eternidad desde el anterior. Lo cierto es que los días se me pasan tan rápidos que apenas me da tiempo a saborearlos y, contrariamente, un mes es poco tiempo pero me da la sensación de que aquello que tengo en mente bien pudo haber ocurrido hace siglos. Es como si cada hora del último mes se hubiera convertido en un año.
Es extraño. Parecen recuerdos esculpidos en piedra de una época pasada que jamás existió.

Tantas cosas que decir

Me apetece escribir algo, algo bonito, algo que llegue, algo que lea mañana o dentro de dos años y no me arrepienta nunca de haberlo escrito.
Y ¿qué puedo decir que esté dotado de una belleza tal que linde con la perfección? Sólo tengo que pensar en una persona para cerrar los ojos y dejarme llevar. Me pregunto hasta qué punto es correcto que yo escriba sobre este tema, dónde están los límites de lo que se debe y no se debe decir, por qué últimamente me guardo tantas cosas... Quizás es porque estoy un tanto desconcertada.
Cuando no sabes a lo que te expones, lo que piensa la otra persona, es muy difícil permitir que los pensamientos fluyan libres. La incertidumbre te lleva a la inseguridad, a la intranquilidad de no saber qué hacer o qué decir; desde hace semanas tengo un nudo en el estómago. Al pensar en otras cosas, al intentar mantener ocupada mi cabeza en el día a día, desvío mi mente, la engaño para que no alimente la desazón. Quizás estoy desanimada, pero es algo en lo que ni siquiera me he parado a pensar.
¡Oh! Iba a ser bonito, pero me cuesta que emane la alegría. Me corroen un sinfín de preguntas que estoy evadiendo, y que finalmente saldrán a la superficie. Es como un torbellino que me está azotando con pasión, una y otra vez. En último término, mal o bien, sales del huracán en que estás inmersa.
Da igual. Sigo cerrando los ojos y le sigo viendo entre brumas, sigo soñando con él aunque al día siguiente no me acuerde, sigo tomando café a la misma hora de siempre (últimamente antes por otras cuestiones que me sacan a la calle antes de tiempo)...

Ante mí se vislumbran dos caminos. Donde empieza uno hay un indígena que siempre miente, el otro está custodiado por un indígena que siempre dice la verdad; un camino lleva a la tribu caníbal, el otro te sacará de la jungla en la que te encuentras. Sólo puedes hacer una pregunta. ¿Qué debes preguntar para que te digan cuál es el camino bueno?
Aprovechando los dos caminos me he acordado de este acertijo. Tampoco recuerdo la solución, aunque es cierto que si la pienso terminaré sacándola. Supongo que siempre nos encontramos ante una moneda de dos caras y tomar decisiones es algo que tenemos que hacer todos, y muchas veces, en esta vida. Yo tengo las cosas bastante claras, pero necesito saber otras cosas que no provienen de mí. He aquí el origen de tanto desconcierto.

Es hora de marchar. Necesito darme una ducha de ésas que duran siglos, en las que sientes que con el agua y el jabón desaparecen todas las cargas y pesares del día. Y aunque parezca que estoy algo descorazonada no es así; realmente me siento con una vitalidad fuera de lo común, pese a la hora.
Hoy quería decir algo bonito, quizás a veces la desazón se tiñe de una belleza inesperada. Lo hermoso no siempre va de la mano con la felicidad. Hoy quería decir algo bonito, pero tendrá que esperar a mañana porque se me ha hecho tarde. Quizás haya en todo lo recién escrito alguna frase que merezca la pena; no voy a pararme a releer.

Siempre hay algo que decir. Cualquier minucia o pequeñez que aparezca en el día a día es escribible. Todo es escribible. Y hay muchas formas de hacerlo.
Hoy toca café donde siempre y el simple hecho de estar con tu gente te depara momentos tan gratos que nunca tienes ganas de marchar. Como ahora, que no me apetece parar y, sin embargo, me veo obligada a hacerlo, porque en un rato oscurecerá. Quiero llegar a casa y que aún sea de día.
Hacía días que no me quedaba aquí hasta tan tarde.

Una llamada inoportuna

Cuando iba a coger el coche me ha sonado el móvil. He estado hablando por teléfono como tres cuartos de hora. Y eso que no me gusta el teléfono. Era mi mejor amiga, que acaba de llegar de vacaciones, así que nos hemos estado contando novedades. Acabo de quedar con ella, así que la llamada nos la podíamos haber ahorrado, ya que nos vamos a ver en un rato.
La llamada era inoportuna porque al final no he ido donde había decidido ir. Cuando he visto que eran las 19.45h. he regresado a la oficina. Lo de Santurde puede esperar, sólo que ahora tendré que sacar un momento mañana por la mañana.
Si es que odio el móvil por algo. Aunque me han dicho muchos que tengo una voz muy dulce telefónicamente hablando. Que lo odie no quiere decir que se me note al hablar.

Sólo soy borde con los que me intentan hacer cuestionarios de Movistar.

Esto es el nunca acabar

Cuando den las siete tengo que subir a Santurde. Ganas tenía cuando me han llamado pero, al estar sola en la oficina, no puedo marcharme hasta que no acabe el horario. Ahora no me apetece mucho ir hasta aquel pueblo. Lo más lógico sería que, al volver, me fuera directamente a casa, pero sé que no va a pasar, sino que me quedaré levantando trabajo al menos una hora más.
Lo que es seguro es que me tomaré algo en la cafetería del spa, más que nada porque no hay día que no suba a Santurde que no entre, a veces incluso sólo a saludar.

¡Cómo se nota que hoy ya no juegan los de mi pueblo! Ayer perdieron y ya no estarán en la final como el año pasado.

¿18 de agosto?

A la hora de escribir hoy la fecha en dos ocasiones he puesto el día de ayer. En la segunda estaba claramente segura de que estábamos a 18 y a martes. No sé por qué será, quizás por ir con prisas a todos los sitios, por correr sin parar a pensar, por ir saltando de asunto en asunto casi sin enterarme. Al final, mirando el calendario, me he sorprendido viviendo en un día que ya ha pasado. A veces me da la sensación de que aún no ha terminado la jornada anterior. No sé por qué es esto, pero ahí está.
Agosto ya está en su última fase.

Esta mañana me he cruzado por la calle con un 'amiguito'. Realmente no es mi amigo. Es que he estado en tantos cuarteles últimamente (no por nada que yo haya hecho, ni tampoco he pisado los calabozos ni nada de eso), que ya me conocen y me saludan por la calle. Espero que esto sirva para que no me multen por tener mal aparcado el coche y para que me ignoren en los controles de carretera, etc. La verdad es que prefiero no encontrármelos, no es que tenga nada contra los guardias, simplemente que donde están, por lo general, es porque ha pasado algo.

Y a la hora de comer no he saboreado nada. Me he marchado como alma que lleva el diablo porque tenía una tarea urgente que hacer antes de las 16.00h.
Con todo, en el momento en que he caído en que es miércoles sólo he pensado que "mañana empiezan las fiestas de mi pueblo".

Un grave despiste

Siempre he pensado que internet es peligroso en el sentido de dar datos personales. Respecto a esto, me cuido mucho de lo que cuelgo, de no dar más que los datos imprescindibles pero nunca concretos (y si son concretos jamás serán reales). Puedo describir una ciudad grande que me pille cerca, incluso nombrarla, pero jamás diré los nombres de lugares pequeños.
Igual que los nombres de personas. Si me siento obligada a hablar de alguien, o bien lo obvio de tal manera que no se haga necesario decir su nombre, o bien pongo una sola inicial que lo simplifique todo.
Lo mismo me pasa con las fotos. Nunca se sabe quién las puede ver, adónde pueden llegar. Así que seguiré colgando fotos hechas por mí, pero no mías ni de gente cercana.

Hace cinco minutos se ha encendido una bombilla y he descubierto que en una de las últimas entradas di, inconscientemente, un dato clave de mi vida, que si bien pasa desapercibido a mí no me han dejado de subir los calores al caer en la cuenta de lo que considero un despiste mayúsculo que se puede eliminar como si nada hubiera ocurrido. Pongo tanto cuidado en estas cosas que a veces algo se me pasa por alto.
De todas formas, estoy pensando que no es tan grave. Que yo sepa sólo tienen esta dirección cuatro personas y el blog sigue, como en el momento de su creación, con su estatus oculto.

martes, agosto 18, 2009

Sigue el camino de baldosas amarillas

La imaginación esconde tesoros insospechados, algunos de ellos, incluso, no los llegaremos a conocer nunca. A mí me dicen que tengo mucha imaginación, yo creo que todo es, más bien, fruto de una potente y ferviente creatividad.
Cuando camino por la calle es fácil que se me encuentre despistada, porque siempre estoy inventando historias. Con cualquier nimio detalle, objeto o quizás con el hecho de cruzarme con una persona que me llame especialmente la atención ya tengo el germen de una historia que empieza a moldearse lentamente en mi cabeza, una idea abierta a miles de posibilidades, aunque después deseche casi todas y varíe la idea inicial. Ahí comienzan los entresijos de una trama que puede plasmarse por escrito o no.
Cuando era pequeña era una maniática de las baldosas de las aceras e iba saltando de unas a otras, guiada por el color. No es que siguiera el camino de baldosas amarillas; sin duda estaba influida por aquel reino de Oz.
Hoy iba caminando por una calle céntrica y, por una vez, no estaba concentrada en una historia a punto de florecer, ni me iba fijando en los colores de las baldosas... Hoy pensaba en que alguien podía haber caminado en esa dirección minutos antes, que seguro que ha caminado por las mismas calles que yo, que quizás dos horas más tarde usara ese mismo recorrido, y nunca hemos hecho ese mismo trayecto a la vez. Es curioso.
Esto me pasa por caminar despacio y dejarme influir por el camino de baldosas amarillas.

Agua

Se me ha pasado el día tan rápido que, cuando empiezo a pensar en lo que he hecho hoy, soy incapaz de enumerar todo. He llegado a casa, he comido sola, puesto que andaba con prisas y éstas se debían a que no encuentro mejor momento para lavar el coche que en el paréntesis entre la comida y la hora de entrada a la oficina, y siempre es en Autolavado de Santo Domingo, que a esa hora brilla por la ausencia de gente. Además ha sido el coche de mi padre, al que he dado mi palabra de que lo tendría en casa a las 19.00h., aprovechando que he quedado en el frontón con mi gente y que hoy sí que estaré allí, animando a los nuestros.
Ha habido un momento de la tarde en que sudaba a chorros y creo que he estrenado la ducha de la oficina. Lo hubiera evitado si hubiera podido; la verdad es que después me he quedado mejor. Incluso se me ha quitado un poco el sueño que me persigue, motivado sin duda alguna por el calor.
Me queda por hacer una cosilla antes de marchar. La verdad es que me quedan muchas cosillas, pero el resto puede esperar.
Por una vez tengo el bocata(*) del correo con emails que no he tenido tiempo de leer, supongo que también pueden esperar.
Hay prioridades y otros asuntos no tan prioritarios. Siempre se lo explico a mi hermano pequeño; él cree que el fútbol es algo prioritario en su vida, yo creo que no lo es tanto, sino que hay cosas más importantes, por ejemplo, que no ha tocado un apunte en lo que lleva de verano. Todo será por fastidiarle. Tenemos un carácter tan parecido, a pesar de la diferencia de edad, que siempre estamos como el perro y el gato.

(*) En Gmail hay una extensión que se llama GTalk que coloca un bocadillo como los de los tebeos en la barra del escritorio y aparece una M roja cuando tienes correo, como es el caso.

Cita a las 19.00h.

Hoy he dado mi palabra a mis amigos de que estaré puntual antes de que empiece el partido. Ojalá me dejaran arbitrar, sólo que ya se sabe que iba a ser a favor de los de mi pueblo; además juegan en casa y nadie me va a decir nada.
Saldré un poco antes para estar a la hora. Y ya que ayer me perdí el partido que no se jugó (los otros no se presentaron) hoy necesito contagiarme del ambiente que sé que habrá en el frontón donde, por cierto, ayer debían estar las gradas llenas.

En mi pueblo está la gente que salta a la mínima. Ayer se buzoneó todo el pueblo; era la réplica del Ayuntamiento al artículo del señor Amarillo en la revista de la Asociación. No debería decir que era una carta impresentable donde se pegaban muchas patadas al diccionario y daba la sensación de que quien había escrito aquello estaba enormemente alterado. Mofas aparte. En mi pueblo saltan chispas.
Creo que es mejor quedarse tras la barrera. Yo paso de las movidas estas, más que nada porque no merecen la pena y porque tengo razones de peso como para no posicionarme junto a ninguna de las partes.

Otra vez la acera


Si mi padre hubiera visto dónde he dejado su coche esta mañana igual me esconde las llaves la próxima vez (aunque realmente no lo creo), además ya me ha comentado que me estoy aficionando. La verdad es que tenía que ir en esa dirección, iban a ser cinco minutos y no había un sitio libre a las ocho de la mañana. Así que si el otro coche sí, ¿por qué éste no va a ocupar acera? En los primeros días que lo cogía temía aparcarlo, ahora ya no.
Lo que de verdad le pasa a mi padre es que cuida el coche como oro en paño; no me lo dice, pero yo creo que teme que algún día aparezca en casa con algún rayón.
Me gusta conducir ese coche, aunque echo de menos el embrague. Lo que es cierto es que pisas un poco el acelerador y te pone a 160km/h en cuestión de segundos. De la fuerza te echa para atrás, aunque también impone un poco. Me da respeto y no quiero perder ese respeto. Al fin y al cabo, nunca te puedes confiar.

Sin prisas

No quiero irme a dormir porque soñaré y lo peor es despertar, rememorar en dónde estabas (en caso de que lo recuerdes) y volver a la vida real. No quiero decir que la vida real sea mala porque no es así, sólo que en los mundos oníricos vivo experiencias que no existen en la vida real y que muy posiblemente sean deseos reprimidos. No voy a concretar. Los sueños se repiten una y otra vez. Lo que ayer era un lago hoy puede ser una isla desierta; el contenido no varía mucho.
Molan estos sueños. Me pregunto dónde quedan los fantasmas pesadillescos que me producían insomnio hace unos meses, los duendes macabros que me quitaban el sueño. La culpa la tenía Lovecraft (sólo en parte), pues muchos de sus monstruos maquiavélicos tomaban forma en mi imaginación y seguían latentes en las noches en que me desvelaba. Eso me recuerda a que aún me quedan algunas historias de Poe por releer.
Tampoco tengo sueño, así que me sumergiré en la lectura. Algunas noches llego tan cansada que soy incapaz de coger un libro. Estoy perdiendo las buenas costumbres.

Oro

Cuando he salido de la oficina, casi a las nueve -es decir, que me he perdido el partido-, la tarde estaba plomiza. Me ha recordado a otra tarde en Salamanca, donde las piedras de la cantera de Villamayor la convierten en una ciudad casi dorada. Y, a pesar del cansancio, me he tomado mi cañita antes de marchar a casa, adonde he llegado sobre las diez.
Ahora estaba lloviendo. Se veía venir.

lunes, agosto 17, 2009

Había una vez un castillo

Enclavado en los límites con Castilla, los Reinos de Nájera y Navarra, existía un castillo de magníficas vistas que oteaba, desde la punta del cerro con forma de pecho femenino, los alrededores.
Cuentan las viejas leyendas que se comunicaba con la Villa a través de pasadizos subterráneos y que, cuando venían los ejércitos moros (y también las huestes del Cid) a la batalla, los veían llegar desde la lejanía y un heraldo del castillo cruzaba los pasajes hasta la Villa para que cerrara sus puertas.
Hace cuatrocientos años existía ese castillo. Después, sus piedras sillares fueron transportadas hasta la Villa para levantar casas de piedra que hoy recuerdan su glorioso pasado. Y una de esas casas, sita en la Calle Santiago, por donde llegan los peregrinos en su larga travesía hasta la Plaza del Obradoiro, tiene tapiada la entrada a uno de esos pasadizos secretos.
Hoy no queda en la cima del cerro nada de aquel espléndido castillo que dominaba por su localización estratégica y en altura. Hoy sólo hay que recorrer las calles de la Villa y ver sus desvencijados escudos de piedra y sus añejas piedras para sentirse un poco más cerca del Medievo.

Adoro la Era de los Castillos. Creo que si tuviera que elegir una época histórica sería, sin duda alguna, ésa, aunque me echa para atrás la escasez de higiene. Sin embargo, tiene algo especial. A mí me hubiera gustado conocer ese castillo.
Hay tantas cosas por descubrir...

Un respiro

Necesito un respiro. Debería irme antes de que empiece el partido. Juegan los de mi pueblo, aunque estoy casi segura de que ganarán.
Ahora deseaba un helado de los que suelo tener en la recámara para ocasiones especiales y me encuentro con que ¡alguien se los ha comido! Menuda gracia.
En fin, seguiré haciendo cosas, que el partido es a las 20.00h. Que conste que a mí no me gusta el fútbol, sino sólo el ambiente que lo acompaña y ese aire prefestivo.

Acabo de recordar que ayer ganó Valentino Rossi en la República Checa, sólo que no vi la carrera.

El último sueño

Anoche soñé con un lago rodeado de árboles y montañas. Bajo la descafeinada claridad de la luna nos adentrábamos en las aguas negras de ese lago de cristal.
Detrás había una casita solitaria, de madera, con lo imprescindible para sobrevivir tan alejados de la civilización.
Soñé que nos tumbábamos en una alfombra de yerba y flores silvestres y nos quedábamos mirando hacia el horizonte cortado por las moles opacas de las montañas en la lejanía. Y sobre nuestras cabezas, el silencio estrellado en ese momento de la noche en que el canto de los grillos y el canto de los pájaros deja de sonar.
Soñé que nos dormíamos abrazados, mientras a nuestro alrededor se paraba el tiempo.

Extraña es la nostalgia de lo que nunca ocurrirá.

Lo último antes de cerrar los ojos

Lo último que veo antes de cerrar los ojos son otros ojos, imaginariamente hablando. También es lo primero que veo al despertar cada mañana. Si pudiera elegir me gustaría no tener que imaginármelos. Si la memoria no me falla va a cumplir un mes desde la última vez que los vi. Sé que volveré a verlos cualquier día...
Sin embargo, no me cuesta tanto esfuerzo recordar como creía que podría ocurrir. La imagen sigue latente.
Ahora prefiero no hablar de ello, porque se me forma un nudo en el estómago.

La piscina de noche

La piscina más grande del mundo, complejo hotelero de San Alfonso, Algarrobo (Chile)

Bañarse de noche es una sensación más reconfortante que hacerlo durante el día. Con el calor que hace en estos momentos apetece de verdad un bañito en la oscuridad. Si lo he dejado pasar es porque luego tengo que esperar a que se seque el pelo.

Es mejor que no lo piense, porque al final soy capaz de bajar y bañarme, aunque sólo sea para rebajar el calor.

domingo, agosto 16, 2009

22.30h. Café en el bar de mi pueblo

-Entonces a las diez y media en el bar de ...
-Vale, allí nos vemos, pero me iré pronto.
-¿Madrugas mañana?
-Sí, pero mañana no toca levantarme a las seis.

En mi pueblo hay mucho movimiento. Se ven las calles plagadas de gente que ya tiene vacaciones, los que siempre vienen estos últimos quince días para disfrutar de un merecido descanso y compartir vivencias con aquellos vecinos a los que no ven desde las últimas fiestas.
Ya han empezado las actividades culturales, esta semana no hay más que excursiones y caminatas, juegos infantiles, futbito por la tarde (llegaré al último partido), concursos y exposiciones, etc.
Este año no podré organizar la gymkana infantil, ya que estaré trabajando. No me trae de cabeza, ya que el año pasado fue por hacer un favor, me pidieron que colaborara y en dos horas la tenía preparada. No me gusta formar parte de este tipo de actividades. Lo mejor de estar toda una tarde con los niños es la satisfacción personal de que todos terminan conociéndote y sabiendo tu nombre, caminar después por la calle y escuchar sus vocecitas infantiles: "Hola, A.". Este año no habrá nada de eso. Que hay una gymkana acuática y que la Presidenta de la Asociación me pedirá que ayude a prepararla... estoy casi segura de que me pillará de improviso en el jardín (es mi vecina) y me lo dirá. Sólo si coincide que esa tarde libro podré ayudar directamente, y si tengo que trabajar quizás pueda darle ideas. Por lo demás, al no estar aquí mucho me perderé casi todo.
Esta tarde he cogido la revista de la Asociación. Se ha hecho una representación especial por el 20º aniversario. En la revista viene un artículo curioso del señor Amarillo, director del Festival de Luz y Sonido hasta el año pasado, explicando sus motivos para no realizar Luz y Sonido este año. Personalmente creo que su justificación es de lo más ridícula al intentar que carguen el mochuelo otros; insincera porque esos no son los verdaderos motivos por los que no lo hace; y cargada de soberbia. Siempre he pensado que ese tipo de justificaciones las hacen los que tienen algo que tapar o los que realmente se sienten culpables.
Tengo muchas cosas que decir, pero he de irme.

22.43h. Hora del café. Menos mal que quería ser puntual.

Ya no es lo que era

He perdido la cuenta de los años que hemos llegado al concierto de Bañares para disfrutar del espectáculo multitudinario que siempre atraía a personas de los más variados lugares del Norte. Recuerdo cuando vinieron Platero, Reincidentes, Barricada, La Polla, Rosendo y un largo etcétera. No se podía entrar en la plaza.
Como a casi todas las cosas en la vida también aquellos años quedan atrás, pues ahora sufre el decaimiento, el final de aquellos conciertos que hoy no atraen ni a un tercio de la gente que venía entonces.
En aquellos primeros conciertos era raro que no conocieras canciones de los grupos que venían. Yo anoche no sabía ni quiénes eran los de Kaótico, aunque es cierto que estuve saltando un rato e inventándome las canciones con E. La música era contagiosa y, pese a que los teloneros no me gustaron, Kaótico animaba bastante.
Después estuve cantando Extremoduro en la carpa, y por lo que parece no se me han olvidado las letras. Incluso me tomé un kalimotxo, que hace años que no lo pruebo. Cuando regresábamos a casa se veía clarear en el horizonte. Y después vi el reloj...

sábado, agosto 15, 2009

Sola frente al mundo

Para mí, el hecho de estar frente a una multitud de gente exponiendo algo me resulta oneroso. No porque tenga vergüenza, sino porque soy demasiado nerviosa y siempre temo olvidarme de algo.
Ya en la universidad en cualquier examen oral o algún tipo de exposición temática tenía que tomarme una tila antes de comenzar. Los nervios siempre juegan malas pasadas y mi estómago siempre se encontraba gelatinoso en el "antes". Después, todo es seguir el hilo y, cuando te quieres dar cuenta, ya ha terminado todo.
Hoy es uno de esos días en que he tenido que explicar durante un rato largo qué es lo que hacemos en el día a día. Al principio me temblaba la voz, incluso les he dicho algo como: "Perdonad por el tembleque al hablar, es que es la primera vez que estoy sola en una reunión". Ha sido decir eso y empezar a caminar por una senda de rosas. Porque todo ha salido bien, no me he dejado nada en el tintero y el lunes tendré que abrir un archivador nuevo.
Incluso cuando hemos terminado la reunión he seguido de cháchara con ellos. Sólo nos ha faltado ir a tomar algo al bar del pueblo.
Me siento bastante contenta hoy. Y como es fiesta para todos disfrutaré de lo que queda de fin de semana. Ya me sacrifiqué anoche sin salir, más que nada porque esta mañana quería estar despejada. Esta noche... es distinto.

Cada día un pensamiento

Esta semana he estado demasiado ocupada y, aunque he evitado cierto tema, hoy me apetece hablar de él.
Es que la mente es un jardín donde no debemos permitir que crezcan las malas hierbas. He optado por no alterarme y, curiosamente, en ciertos pensamientos positivos hay cierta contradicción. Esto es, piensas en alguien que te aporta serenidad, tranquilidad, que sin que él lo sepa te hace sonreír, y al mismo tiempo te encuentras algo resentida por el hecho de no saber absolutamente nada de esa persona. Si pongo en una balanza los dos sentimientos, pesa más el primero, y me quedo con eso.
Todos los días le dedico un pensamiento, es inevitable. Puedo sentirme la persona más desdichada del planeta, pero pienso en su dulzura y sonrío. Aunque son pensamientos algo desdibujados. Soy consciente de que es mi mente la que mantiene vivo todo, y a la vez a mí eso me aporta savia nueva.

Palabras de agradecimiento

Una de las sensaciones más placenteras de mi trabajo es el agradecimiento de la gente. A mí me gusta escucharles, solventar problemas, explicarles lo que hay y cómo solucionarlo. Finalmente un porcentaje muy alto te termina regalando palabras de agradecimiento que te enorgullecen al reparar en el deber cumplido, en las cosas bien hechas.
Si el teléfono suena a las 22.30h. de la noche un viernes víspera de fiesta no será una noticia agradable. Sin embargo, una hora más tarde estaba escuchando en el otro lado a un vecino agradecido. Esa llamada hecha por mí en la que se demuestra que verdaderamente me estoy preocupando por él tiene gran relevancia por todo lo que lleva implícito.
Recibo todas las semanas e-mails o llamadas donde se me da las gracias por algo que he hecho y, cuando escuchas a esas personas, te das cuenta de que lo que estás haciendo merece la pena.
Mis e-mails andan colgados en tablones de anuncios de portales y no son e-mails cortos. Yo en mi línea. Aunque vaya al grano, a veces las explicaciones sobre cualquier asunto son largas. Parafraseando a un profesor que tuve: "Si quieres que tu mensaje llegue al máximo número de personas utiliza un vocabulario sencillo, frases claras y cortas y asegúrate de que el contenido está bien explicado (mediante las 5 W's)".
Hoy es uno de esos días en que sientes que, pese a la hora de la llamada, el deber se ha cumplido.

viernes, agosto 14, 2009

Los ordenadores y yo

Si se me ocurre decir que los ordenadores no me gustan mucha gente me cortaría la lengua. El ordenador para mí es un medio para lograr un fin y necesito ese soporte para conectarme a internet. Si no fuera por esto yo no creo que tocara un ordenador, pues para escribir... soy tan tradicional que prefiero mi antigua Olivetti roja.
Cuando ese medio no te lleva al fin buscado te tiras de los pelos, como me ha pasado esta tarde: no me conectaba la WiFi. Al final, después de conectar el pc al cable para poder entrar (me siento agobiada ya sólo por esto) y buscar en internet el "conmutador", he optado por descargarme los drivers, que estoy segura de que será por eso.
Luego es que me pongo terca y, cuando tengo problemas, no paro hasta solucionarlos. Algo de ordenadores sé. Al final son todo números y odio los números.
Aprovechando que tengo a mano todos los drivers me los bajo todos, para la próxima, sólo que tardarán un rato. Y ahí se quedarán, ya que yo tengo que preparar la reunión de mañana. No me apetece nada ir a la oficina ahora, pero no me queda otra. Mañana estaré yo sola ante el mundo.

Entre café y café


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Como siga tomando café, esta tarde estaré catatónica. Al menos me aseguro de que hoy no habrá siesta.
A las 7.00h. de la mañana había quedado con mi padre para desayunar juntos en la cafetería de abajo. Pero él se ha retrasado y al final no he desayunado con él. Un cuarto de hora más tarde aparecía y he estado acompañándole. Como no hacía mucho que yo había desayunado, he preferido no tomar nada, sobre todo porque a las 7.45h. esperaba la llamada perdida de mi amiga I., con la que quedé ayer para tomar un café a tan temprana hora.
A las 10.30h. me crujía el estómago, así que he tenido que ir a comer algo, y eso que no me gusta comer a media mañana. Sin embargo, me ha decidido el hecho de que no llegaré a casa antes de las 15.30h.
Espero no tomar más cafés hasta después de comer, que creo que será en las piscinas y con el portátil al lado. D. y sus cosas, que me 'hurtará' la mayoría de fotos del pc.

El dilema de Luz y Sonido


En mi pueblo se realiza un festival de Luz y Sonido desde hace muchos años, que atrae a muchísima gente y que da vida a la villa. Esos cuatro días las calles se engalanan con banderas medievales, el bullicio se ve interrumpido por actores despistados que desconocen los recovecos escondidos para entrar a la iglesia y las filas para coger entradas duran horas.
Este año no va a existir nada de eso. El director de obra, desde hace unos meses, se niega a hacerlo. El problema surge cuando aparecen los Derechos de Autor. Parece ser que el guión está en los depósitos del Registro de la Propiedad Intelectual o de la SGAE. A mí me parece bien que haya registrado su guión, pero el argumento, el germen, la idea de ese guión es historia de mi pueblo, transmitida oralmente de unos a otros hasta llegar a nuestra época. Y eso... se puede seguir utilizando. Mi solución es sencilla: escribir un guión nuevo de cara al año que viene, registrarlo y convertirlo en festival de Luz y Sonido. Yo sé que soy capaz de escribirlo, con ayuda de mis amigas y pidiendo revisión a personas eruditas de mi pueblo.
El director de obra actual dice que no le importa que se utilice su guión, pero se contradice al poco rato para comentar que le sentaría mal que se realizara el festival sin él a bordo.
Hace años que no participo en Luz y Sonido. Lo dejé porque me parece un personaje muy dominante y porque "hizo algo" que se sale de los límites de lo lícito. Creo que fue entonces cuando registró el guión.
Cuando yo empecé a escribir y aprendiendo con el ejemplo, empecé a registrar todo lo que salía de mis manos; es una manera de cubrirse las espaldas.
Este hombre ha puesto un sinnúmero de excusas para que no se haga, hasta que finalmente se ha salido con la suya. Creo que en su prepotencia pretende 'castigar' al pueblo, de tal forma que el año que viene la gente se involucre más. Como en mi caso, la mayoría de personas que no participan recurren al mismo motivo que yo. Él debe comprender que nadie es imprescindible. Y creo que cambiar de director de obra es lo mejor que podría ocurrir. Después... escribir un nuevo guión.
De momento, este año no hay Luz y Sonido. El año que viene es posible que la gente esté doblemente cabreada con él y que va a conseguir el efecto contrario que él espera.
Ahora es cuando pienso en que hice bien en dejarlo, pues cosas de éstas te tocan de lejos, si bien es cierto que me apena porque soy de las que piensan que como se deje de hacer un año no volverá a realizarse el festival. Y hay tanto ambiente esos días...

jueves, agosto 13, 2009

El final de la jornada


Los jueves se me hacen eternos por eso de que no como en casa. El hecho de volver a casa cada día a la hora de comer me hace desconectar. A las tres de la tarde tenía toda una hora por delante para hacer cualquier cosa, pero me he alejado del ordenador, del trabajo, de la televisión y del sofá. Curiosamente he empezado a leerme un libro que invita a la calma y la serenidad. En una etapa tan alterada como ésta que estoy viviendo ahora necesito algo que me centre. No me gustan los libros de autoayuda; éste es más bien una fábula con moraleja. El protagonista me recuerda a alguien dentro de varios años. ¿Cómo puede ser eso? Simplemente porque ves hacia dónde se dirigen personas cercanas. Y, en este caso, se lo tendré que recomendar. Si lo llego a saber antes, se lo doy para que se lo llevara a la playa. Una vez él me aconsejó El vendedor más grande del mundo, de Og Mandino. Éste es del mismo estilo.
Para acabar, que ardo de impaciencia por tomarme unas cervezas con mi gente bajo la sombra de los árboles de la ermita, copio textualmente una cita que viene al principio del libro:

"La vida, para mí, no es una vela que se apaga. Es más bien una espléndida antorcha que sostengo en mis manos durante un momento, y quiero que arda con la máxima claridad posible antes de entregarla a futuras generaciones". (George Bernard Shaw)

Es una magnífica máxima para leer todas las mañanas al despertar. Es la filosofía de la vida. ¿Para qué estar de mal humor si se gana más con una sonrisa en los labios? Me gusta el mensaje de esa cita.
En cuanto termine el libro sé que no aguantaré mucho tiempo en calma. Soy demasiado nerviosa.

La 'blogosfera'

Dice hoy el Diario La Rioja que el 38% de los blogs hispanos los escriben varones españoles entre los 25 y 34 años, y que apenas actualizan. Se vuelcan en temas de actualidad o de crítica social, como la denuncia de la pornografía infantil o la anorexia.
Yo no entro en esa estadística más que por la edad. Me pregunto de dónde sacan todos esos datos.

miércoles, agosto 12, 2009

Época de reflexión

Que hoy haya escrito unas pocas palabras sobre lo complicado que me resultaría desaparecer en estos momentos no quiere decir que sea lo único que haya escrito hoy aquí. Sólo que a la hora de darle a publicar no lo he hecho. No sé por qué; supongo que no voy a decir nada que no haya dicho los últimos días. Para mí, es más difícil contenerme porque necesito sacar muchas de las cosas que llevo dentro, ya que como se vayan acumulando terminaría estallando cualquier día.
En cierto modo, también me siento algo cansada. No cansada por haberme encariñado con un cuasidesconocido entrañable, más bien estoy cansada de esperar y también de darle vueltas a la cabeza. Desde mi perspectiva particular, siempre he comparado el hecho de dar vueltas a la cabeza con los remolinos de los ríos, que te arrastran hacia la negrura del fondo y cada vez es peor. Un día decidí no volver a hacerlo y siempre lo evito en la medida de lo posible.

Esta tarde me miraba las manos y pensaba en la suerte que tenemos de estar sanos, de no tener una enfermedad grave, de que no nos falte una mano o un pie... sabiendo que a la vuelta de la esquina igual haya alguien que cuente con uno de estos males (u otros) que les están mortificando. El problema es que nunca nos conformamos. Podemos tener una casa inmensa, conducir un coche enorme, estar respaldados por una familia que sabes que siempre va a estar ahí, disfrutar de un trabajo que posees en una época en que el tema laboral está en números rojos, puedes tener a tus amigos tan próximos que sólo se requieren cinco minutos para quedar con ellos... y, sin embargo, a pesar de tener todo puedes sentir que no tienes nada. Los humanos somos unos inconformistas por naturaleza. Claro que si estuviéramos de acuerdo con todo lo que nos rodea, nos podemos sentar tranquilamente a ver la vida pasar, que es más fácil que vivirla, luchar por lo que queremos, abrir los ojos cada mañana y sentir que una extraña energía fluye por tus venas impulsándote a seguir adelante, pese a los obstáculos -que siempre surge alguno, pero todos tienen arreglo-. Cuando sea una ancianita, ya me sentaré a ver la vida pasar y a reflexionar sobre lo que hice y dejé de hacer. De momento, voy a coger el próximo tren.

Que pase agosto cuanto antes

Será la primera vez que espero que este mes pase lo más rápidamente posible. Las razones son variadas, pero sobre todo porque casi toda la gente de mi alrededor se coge vacaciones a partir de este fin de semana, todos menos yo.
Si pienso en las semanas en sí, sé que van a pasar volando, porque voy a tener bastante más trabajo, lo que no me va a dejar tiempo ni para pararme a pensar en nada más.
Los fines de semana son otra historia. Este sábado convoqué una reunión, sin contar en los que se van de vacaciones, con el resultado de que tendré que ir yo sola a la reunión. Me temblará la voz durante los cinco primeros minutos, pero después sabré cómo controlar la situación, sólo que siempre surgen cosas inesperadas e inoportunas. Tendré que madrugar, lo que significa que el viernes tendré que volver a casa después del café.
No quiero ni pensar en el siguiente fin de semana. Fiestas en mi pueblo y me voy a perder casi todo: el jueves podré estar en el chupinazo, pero tendré que volver pronto porque al día siguiente tocan diana a las siete; el viernes tendré que venir pronto a dormir porque el sábado tengo otra boda y encima tengo que hacer acto de presencia todo el día, esto es, que hay comida y cena en Logroño y no me puedo escaquear. Estoy segura de que el día de las patatas (ese domingo) estaré perdida porque todos estarán haciendo repaso de unas fiestas de las que me voy a perder casi todo. Menos mal que cada año vuelven por estas fechas.