miércoles, agosto 12, 2009

Est-ce que c'est possible de disparaître?

El descanso a media mañana es necesario cuando te levantas antes de que salga el sol. Hoy lo necesito ya. Ayer sentí un enojo creciente a medida que iban pasando las horas, tanto que incluso estuve despistada a rachas. A veces me hablaban y me sonaba todo muy lejano. Era como si me encontrara a mil millones de años luz de la Tierra.
Me pregunto si es posible desaparecer un tiempo. Antes lo tenía más fácil. Cuando quería cambiar de aires, escapar del cerco que me agobiaba, simplemente señalaba un destino y dos días después cogía un avión hacia ninguna parte. Ahora no puedo hacer eso.

martes, agosto 11, 2009

Viajando con Google Earth


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Son incontables las ocasiones en que he cruzado esa Plaza. Hoy la he sobrevolado con Google Earth, que no sé cómo lo instalé en el pc, pero ahí está el programita. La verdad es que necesita una buena mejora en el sentido de que cuando cambias la posición de la cámara los edificios aparecen planos.
Estoy cacharreando porque me encanta tocarlo todo. Lo siguiente que instalaré será un programa de constelaciones que no sé dónde diablos está.

Indiferencia

La indiferencia es un estado anímico brutal. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para dejarla que impregne lo que nos rodea.
Cuando yo la he resucitado en mi vida ha sido como sucedáneo a otro sentimiento terriblemente peor: el odio. Sólo he odiado una vez y sería incapaz de repetir la experiencia, más que nada porque poco a poco te va pudriendo por dentro ya que concentras todas tus energías en ese odio que, al final, es pasajero.
Cuando siento que la indiferencia viene desde otros ámbitos y se dirige hacia mí... es otra historia. Te preguntas los motivos, intentas no pensar en ello, intentas desechar ciertos pensamientos, pues al no obtener respuestas se instalan en tu mente toda una serie de ideas, a cada cual peor; finalmente terminas viéndolo todo negro, o casi negro. Al no ser una persona vengativa no soy de las que pagan con la misma moneda.

EL SUEÑO -con mayúsculas-

Esta mañana me he despertado a las cinco de la madrugada, fruto de un sueño tan placentero como realista. Me veo atada de pies y manos para decir cómo ni quién, aunque la sensualidad de otras manos, otro rostro rozando mi espalda estaba cargada de un realismo tal que me he desvelado y no he conseguido conciliar el sueño de nuevo, pero he cerrado los ojos para revivir ese momento tan sensual. Se me eriza la piel, incluso al describirlo sin dar detalles.

Llevo todo el día preguntándome por qué me he despertado a esa hora. Dicen que todas las noches y todas las personas soñamos. Tengo comprobado que sólo recuerdo los sueños cuando me despierto repentinamente o cuando veo un objeto real que aparecía en el sueño, es decir, que me acuerdo de uno de cada diez sueños.

En mis sueños te encuentro...

Un pueblo de ensueño

Najac

Este fin de semana me preguntaron (dos franceses) si había ido muchas veces a Francia, ya que me hacía entender bastante bien en el idioma del país vecino. Si la memoria no me falla (y no lo creo), he estado dos veces cerca de Mont-de-Marsan, en la región de Las Landas; una vez en Najac, cerca de Toulousse; y otra vez en París. Además, tengo concertado un viaje para el año que viene allí.
Me quedo con Najac y las vacaciones de ensueño que viví allí. Y aquel pueblo escondido entre las montañas cambió mis impresiones de Francia de una manera radical. Entonces me prometí a mí misma regresar a aquel lugar que parecía haber salido de los mejores cuentos de la infancia.

Aún me queda conocer el Neuschwanstein Schloß*, sólo que éste ya no es francés, pero es impresionante. He estado en Baviera, claro, pero aún no he conocido este castillo en concreto. Algún día quizás...

(*) Schloß: En alemán, 'castillo', 'palacio'.

Hace un mes

Hoy se cumple un mes desde uno de los momentos más enigmáticos de los últimos meses. Y, pese a que ha sido tan poco tiempo, me da la sensación de que han pasado años. A veces pienso en que jamás debía haber ocurrido aquello. Así no me habría rayado tanto.
No puedo seguir escribiendo. Estoy profundamente afectada por algo que he 'visto' hoy. Simplemente no me apetece decir nada.

Los hombres marinos, el equivalente masculino de las sirenas

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Contaba el Padre Feijóo que en el año 1619 unos consejeros del rey de Dinamarca se encontraban en alta mar, navegando de Noruega a Copenhague, cuando vieron a un hombre caminando sobre las aguas. Todos los marineros se asomaron asombrados a la cubierta del barco. ¿Qué hacía aquel hombre allí, en medio del mar, con lo frías que están las aguas del Mar del Norte? ¡Debía de estar loco!
El capitán del barco dio órdenes de que lo apresaran y lo subieran a la nave, pero no tuvieron que usar la fuerza, porque el hombre cedió dócilmente a los deseos de los marineros. Ya en cubierta, el hombre no se mostró tan amable con el capitán y le amenazó con hundir el barco si no le dejaban en libertad. Más asombroso fue que todos los presentes entendieran las palabras de aquel hombre, cada uno en su propia lengua. ¿Qué lengua era ésa que hablaba y que todos entendían?
Los marineros habían oído hablar de los hombres del mar, y temían que hundiese el barco como en otras ocasiones. El capitán estaba muy confuso y no sabía qué hacer: ¿dejaba marchar a aquel hombre que era una prueba evidente de que existen los hombres marinos o se arriesgaba a tenerlo preso en su nave? La responsabilidad de que el barco llegara sano y salvo a las costas danesas dependía de él, así que, tras mirar al resto de la tripulación, ordenó que lo soltaran.
El hombre inclinó la cabeza a modo de saludo y saltó por la borda. Durante unos metros lo vieron nadar, pero luego se hundió entre las olas y desapareció para siempre.

lunes, agosto 10, 2009

Echar de menos a alguien

No me quiero parar a pensar, pero tengo que reflexionar sobre cierto asuntillo que me trae de cabeza últimamente. La pregunta es: ¿cómo se puede echar de menos a alguien a quien apenas conoces? Pues a mí me está pasando.
Al menos una vez al día cada jornada le dedico un pensamiento. Podría obligarme a desechar esos pensamientos, pero sé que me costaría un esfuerzo inimaginable y además considero que es mejor dejar que mi mente se contagie con tan sólo una mínima parte de la serenidad de esa persona.
Es que... puedo tener un día negativo, haberme levantado de la cama con el pie izquierdo, estar cabreada porque algo no me ha salido como esperaba, estar enfadada con el mundo, ver todo de color gris... pero en cuanto pienso en esa persona todo me resulta más llevadero, me siento libre de cargas. Es como si fuera un mago invisible con el don de aportar energía positiva.
En verdad que ese tipo de pensamientos me desbordan.

Lo que conlleva un abrazo

Uno de los gestos más hermosos de la vida de una persona es saber perdonar, pero el perdón no siempre requiere olvidar. Hay circunstancias inolvidables, que sabes de antemano que siempre permanecerán en tu memoria, como todo aquello que alimentas día a día con la única intención de no abandonarlo en cualquier rincón de tu mente impidiendo que se llene de telarañas.
La vida es como una ruleta: lo que hoy es negro mañana bien puede ser blanco. Los humanos necesitamos perdonar y ser perdonados. El tiempo ayuda, pero no siempre llegan las cosas como ni cuando desearíamos. Este fin de semana he simplificado en un abrazo dos años en los que he dado la espalda a personas que son sangre de mi sangre; estos dos años fueron dolorosos. La espina sigue clavada profundamente y mi tío ahora duerme con las estrellas. Sé que no podré olvidar nunca lo que considero una traición, el orgullo se ha quedado en el camino y este fin de semana perdoné. Me sentí bien, ellos se sintieron bien y ese único abrazo fue un acto de conciliación que estrechó las distancias que todos nos marcamos hace tanto tiempo.
Las cosas ya no serán como antes de convertirnos en extraños, pero hemos dado un paso muy importante. Y la vida... la vida es larga.

23 días

Sólo cuando me paro a contar los días me sorprende la rapidez con la que se ha pasado el tiempo. 23 días pueden ser muchos días y, a la vez, son una parte insignificante de la vida de una persona. Sólo yo sé lo que conllevan esos 23 días. Es un vacío enorme y sólo hay una persona en este mundo que tiene el suficiente poder para hacer desaparecer esa sensación de vacío.

Una historia de Salamanca

Uno de mis mejores amigos de Salamanca se llama Rober. Para los amigos, Rober Ramalazzing. El día que le conocí se creó un vínculo que era imposible de romper. Mis compañeras de piso de entonces, compañeras de clase de él, apenas habían hablado con él. Esa noche éramos todas chicas, menos Rober. Le observé como dos horas y les comenté a mis compañeras que ese chico era gay. Ellas me explicaron que un año atrás había tenido novia. Ante la duda, le pregunté. Fue algo como:
-Hola, me llamo A. Perdona mi osadía, pero nos estamos preguntando si eres homosexual o no.
-Sí, ¿por?
-Porque tienes un ramalazo...
Y desde entonces es Rober Ramalazzing. A partir de ahí, comenzó a frecuentar nuestro piso y empezó a ser asiduo a nuestras fiestas.

El día antes de irme, la misma semana en que había sido mi cumpleaños y con el camión de la mudanza abajo, apareció con un libro dedicado. Aguanté las lágrimas y me consta que él también. A veces recuerdo las cosas que hicimos juntos, pero también las que no hicimos; las conversaciones en que no nos dábamos a razones, las fiestas en las que él siempre acababa cediendo debido a mis prejuicios para permanecer en uno de esos locales para la troupe homosexual durante más de cinco minutos y un largo etcétera. Incluso recuerdo los seis meses durante los que dejé de hablarle por un enfado mío descomunal, meses que se terminaron olvidando, meses que se acallaron con una palabra de perdón.
Entonces me acuerdo de la música jazz que sonaba de fondo en el Capitán Haddock.
-¡Rober! ¡No soporto el jazz!
-Venga, quedémonos un ratito más.
Me vienen a la mente las películas en el cine que elegía él.
-El protagonista no estaba mal.
-Rober, la película era pura bazofia. La próxima vez elijo yo.
De hecho, no le permití nunca más elegir películas pastelosas de las que a él le gustaban.
Recuerdo los momentos en que hemos ido de compras.
-Tengo una boda, acompáñame a comprarme una camisa entallada.
(...)
-Pero Rober, si esa camisa es de tía.
-No me importa. ¿A que me queda bien?
Yo me encogía de hombros y esbozaba una sonrisa traviesa.
O cuando se 'maqueaba'.
-¿Te has depilado el pecho?
-Sí.
-Pues ciérrate la camisa, que te queda fatal.
-No, quien no quiera mirar que no mire.

Y es que hay gente con la que simplemente te sientes a gusto, sin pararte a pensar en ese momento, sin pararte a pensar en que esos días pueden quedar guardados para siempre y que no se repetirán. Hay personas con las que te explayas, con las que no es necesario ocultar nada, con las que puedes hablar de todo. Ahora sólo son recuerdos de aquella ciudad donde dejé un trocito de mi corazón.

Hay un sinfín de historias. A veces le picaba mucho y se picaba con enorme facilidad. Hoy es su cumpleaños. Supongo que en un rato le llamaré, aunque me da que va a ser una conversación larga y triste a la vez. Llevamos cuatro meses sin vernos.

Una palabra

Si alguien me dijera que escogiera una única palabra para describir el momento presente eligiría "silencio".
Pero no silencio porque no tenga nada que decir, sino silencio porque a veces es el que mejor explica lo que queremos decir, simplemente porque a veces lo más importante de todo es lo que se queda oculto, lo que no se quiere decir, lo que no se cuenta por razones varias.
Igualmente, a veces el silencio es la mejor respuesta para ciertas actitudes y/o situaciones.

"No digas nada si lo que vas a decir no es más bello que el silencio".

domingo, agosto 09, 2009

Una visión en la madrugada

A las cinco de la mañana me fui en busca de un taxi. Llovía suavemente, hacía frío -aunque no lo notaba- e iba caminando descalza, pero mis pies no sentían que el suelo estaba mojado y, bien pensado, me podía haber cortado, porque estamos hablando de una calle céntrica.
A las cinco de la mañana no había un solo taxi en la parada, así que me pensé en serio si ir caminando hasta casa. Son seis kilómetros. También son efectos del alcohol.
En el camino me encontré con Alfredo. Así parece como si fuera alguien a quien conozco de toda la vida, pero no es así. Nos conocimos anoche y estuvimos hablando un rato. Le dije que me iba caminando, igual que los peregrinos. Creo que él estaba de despedida y que era de Vitoria. Recuerdo su cara de sorpresa ante tal decisión. Finalmente nos fuimos cada uno en direcciones opuestas.
A los cinco minutos ya estaba pensando que, por mucha fuerza de voluntad que tenga y la seguridad de que sí sería capaz de venir a casa caminando -eso sí, descalza- durante seis kilómetros, es peligroso que una chica sola vaya junto a una carretera nacional de madrugada. Por supuesto, iría por el camino de los peregrinos, pero aún así... es peligroso. Así que sólo se me ocurrió llamar a información telefónica y que me conectaran con un taxi. Fue coser y cantar y además tuve suerte, porque el taxi llegaría en diez minutos. Cuando el taxista me preguntaba el nombre por teléfono, volvió a aparecer Alfredo y reanudó la conversación de antes. Yo ya sé lo que quería; verle aparecer por segunda vez fue sugerente, sobre todo cuando me dijo que me acompañaba a casa.
En ese momento tuve una visión. Cuando tienes a una persona en la cabeza no hay sitio para otros. No le había visto esa noche, pero en cierto modo le estaba viendo en ese instante, en mi mente, sí, pero era él al fin y al cabo.
Sin perder la compostura y de manera educada le dije a Alfredo que se fuera a casa y que no se preocupara, que ya no iba a ir a mi pueblo caminando.

Los días que pasan y los que vendrán

Es el día de después. Estoy molida y eso que no he aguantado hasta las siete de la mañana, como se había quedado en un principio. Dos horas antes llegaba a casa, no recuerdo si descalza o no. Hay momentos de anoche dignos de mención; necesito inmortalizarlos, aunque mi cerebro tiene lagunas y me he levantado con carraspera en la voz. Llevaba once meses sin probar las bebidas fuertes, pero ayer los Ballantines con Coca Cola llegaban uno tras otro. Hoy la resaca no ha hecho su aparición, y eso sólo me ocurre cuando bebo whiskies. Ahora volveré de nuevo a los sábados de cervecitas... hasta la próxima boda (22 de agosto).
Ayer me emocioné en dos ocasiones al menos; una fue cuando la novia llegó a la iglesia. ¿Quién hubiera dicho que ella sería la primera? También aguanté toda la misa, aunque no me enteré muy bien ya que estuve de cháchara casi todo el tiempo (quitando los momentos dedicados a los novios, el resto de la homilía me resulta insoportable). Evito tanto las iglesias (excepto en los aspectos históricos y culturales) que se me había olvidado hasta cómo era una boda desde la perspectiva religiosa; es una ceremonia bonita. Tuve que estar in situ porque las amigas teníamos que subir a leer. Por supuesto, lo mío fue una petición y ya fue suficiente.
Al salir hacía un viento frío que se pudo aguantar bien. Hubo alguno que empezó a repartir trigo para tirarles a los novios. De fondo se oían tracas de petardos... Y, después de la lluvia de arroz (y trigo), llegaron los del rebollo.
Es tradición en mi pueblo que cuando un novio de fuera se casa con una chica del pueblo pague por ella, por llevársela. Según el dinero que dé así es lo que valora a su novia. Son los jóvenes del pueblo los que cantan a los novios a la salida de la iglesia. Y él les da el dinero que considera oportuno. Obviamente, el rebollo es un acto simbólico. Y ayer los hermanos de la novia lo tenían preparado. Trajeron un cestaño lleno de paja, donde tenían X euros en monedas de céntimo.

Entonces llegó el momento de marchar. No recuerdo la hora a la que entramos a cenar, aunque antes estuvimos entonándonos a vinos y cervezas. Cuando me senté, por fin, después de un número incesante de fotos, lo primero que hice fue descalzarme y, de hecho, estuve descalza toda la cena. Creo que casi todas teníamos los pies con rozaduras.
El motivo de la boda fue un curioso racimo de uvas, será por eso de que somos riojanos. El racimo de uvas es símbolo de la fertilidad, de la unión provechosa. Igual es que los novios (ahora marido y mujer) desean ser papás dentro de poco tiempo. Sea lo que sea, la uva se refiere a la prosperidad.
Luego llegaron los whiskies y el baile. Hubo un momento en que me sentí algo mareada, pero se pasó. Aquí tengo ciertas lagunas. Recuerdo haber hablado con mucha gente, incluso conocí a los padres del novio y amigos de la otra parte.

En resumidas cuentas, la boda fue bien; no podía ser de otra manera.

sábado, agosto 08, 2009

Rondar a la novia

M. es la primera amiga que se casa y, por tanto, pillamos esta boda con ganas.
En mi pueblo no se estila rondar a la novia, pero hoy lo hemos hecho. Además ella ha salido a tomar el café y hemos pensado que quizás no habría canciones, pero finalmente se ha marchado y ha comenzado la fiesta. Vengo de allí y vengo algo más contenta de lo habitual. No pensaba que fuera tan tarde. De hecho, éste es el primer momento que puedo tumbarme en la cama y descansar, porque desde que he salido de casa después de la siesta obligada, a eso de las cinco de la tarde, sólo he venido a cambiarme de ropa. He cenado de tapas con Sylvette y Florinde, que se marchan mañana, y, al regresar, he ido directa a la plaza para preparar el repertorio de la noche.
El día de mañana es largo. En mi pueblo no se estila rondar a la novia, hasta hoy. Es posible que las siguientes recibirán más de lo mismo.
Aquí lo que se lleva es el rebollo. Eso... ocurrirá mañana después de la misa. Y otro día contaré de qué trata.

Faltan horas.

viernes, agosto 07, 2009

¿Qué fuerza es ésa...?

Me pregunto qué fuerza es ésa que nos impide hacer algo que deseamos mucho, la que pone en una balanza la afirmación y la negación y, en ciertos momentos, termina pesando más esta última.
Por ejemplo, hace cinco minutos iba a enviar un e-mail que nunca llegará a su destino. Sólo me faltaba enviarlo, era una manera de hacer ver al destinatario que a veces pienso en él. Sin embargo, lo he borrado. ¿Razones? No existe un motivo concreto por el que pueda explicar por qué no lo he enviado. Antes era más osada. O quizás es que si no me hubiera parado a pensar si enviarlo o no ya habría llegado.

¡Qué cosas! No sé si hubiera sido mejor dar rienda suelta a ese impulso determinado.

Tres días


Tengo 'mono' desde hace tres días. Y ni siquiera yo sé de qué droga se trata. Tres días se pasan en el infierno, pero aún así...
Hay detalles que se empiezan a difuminar.

Tengo la mente en otro lado. No quiero pensar en el fin de semana. Podría desaparecer el 'mono' o no. Últimamente no tengo a la suerte de mi lado, aunque ni siquiera me he parado un momento a pensarlo. Porque si caminara más lentamente quizás observara más cosas, pero voy corriendo a todos los sitios, procuro mantener la mente ocupada y, a veces, sólo a veces, disfrutar de los buenos momentos que me brinda la vida. Que podrían ser mejores, pero también peores.

Corriendo a todos los sitios


Era tarde ayer cuando me dijeron que hoy tenía que venir a la oficina a las 7.00h., lo que equivale a decir que voy a empezar el fin de semana con sueño atrasado. Levantarse de noche no hace gracia, sobre todo desde el momento en que te enteras de que no vas a librar por la tarde. Pero yo, fiel a mis responsabilidades laborales, estaba a las 7.00h. aquí.
La mañana ha pasado volando. Es un día gris, pero ni el color puede empañar el fin de semana.
Hoy he estado de organismos oficiales. Es curioso lo que brillan unos y lo 'ruinosos' que están otros. A Correos voy casi todos los días a última hora de la mañana, pero hoy tenía prisa y mucho correo que salir, además de un burofax. Siempre me encuentro a alguien allí, y hoy no ha sido menos. Después de un rato me he quedado libre de cartas y por fin me he podido marchar.
Al volver al centro, he comprendido que tenía que marchar al cuartel, esta vez a poner dos denuncias. El estado interior es lamentable. Están muy informatizados, sí, pero las tiritas de yeso sobre la pintura amarilla de la pared deja mucho que desear. Además, es así en todos los cuarteles.
A última hora de la mañana he estado en el Ayuntamiento. Me han dicho que cerraban a las 14.30h. y he aprovechado a recoger unos papeles en el momento en que me iba a casa.
El resultado del madrugón es que he comido muy pronto y me he echado una siesta reparadora porque esta noche tenemos que rondar a la novia-amiga que se casa mañana, aparte de que he quedado para salir a tomar algo por Santo Domingo. ¡A las once! Es una cita que tengo que cambiar porque a esa hora yo estaré cantando en mi pueblo.
Y no para de sonar el teléfono ni cesan las visitas.
Encima tengo 'mono' desde hace tres días. Y ni siquiera yo sé qué tipo de droga es ésa.
Sin embargo, ya es viernes. Oficialmente empiezo el fin de semana en veinte minutos.

Copias de seguridad

Casi nunca suelo hacer copia de seguridad de nada, más que del programa que utilizamos aquí, y ni siquiera soy yo la que las hace. Mi portátil anterior traía un CD para restaurar todo en su origen cuando formateaba. El Acer te obliga a hacer una copia de seguridad inicial con los programas predeterminados de la fábrica Acer. Y ésta es la primera vez que se me ocurre grabar todo. Es una lata, sobre todo por la espera.

Casi fin de semana

Ayer cambió el tiempo de manera radical. Aunque en Logroño debía estar lloviendo torrencialmente, yo no llegué a ver la lluvia. Pero esta mañana sí que está cayendo, aunque no mucho. Acabo de mirar el tiempo para mañana y la predicción dice que habrá lluvias débiles. Pues con un vestido 'palabra de honor' sin foulard me hace poca gracia que llueva.
Tampoco sé cómo lo voy a hacer esta noche, porque vamos a ir a rondar a la novia, pero es que además he quedado con Sylvette para salir de fiesta por Santo Domingo. Se va mañana y pasarán algunos años hasta que volvamos a vernos (realmente espero que no sea así). No puedo desdoblarme para estar en los dos sitios y que vaya tanto a una como a otra cita es igual de importante. Supongo que la fiesta tendrá que ser después de la rondalla.
Necesito un fin de semana de descanso, de descanso de verdad. Pero me da que éste no llegará hasta septiembre por lo menos.

jueves, agosto 06, 2009

Las palabras justas

Cuando leo las últimas entradas que he escrito (rápidas, breves, con cambios bruscos de humor, alternando alegrías y penas) me recuerdo a mí misma cuando era una quinceañera. Imagino que, al escribirlo, se magnifica todo más, sobre todo porque los pensamientos -y sentimientos quizás, no quiero pararme a pensar si existen sentimientos implícitos- son más intensos. No es lo mismo plasmarlo por escrito que contarlo. Al escribirlo, en la manera de colocar las palabras, en la forma de decir las cosas, a la hora de elegir las ideas, los giros lingüísticos, se puede leer entre líneas, además del mensaje que se está diciendo.
Sin embargo, no he tenido altibajos en el carácter. Unos días me sentía más apenada, otros días era pródiga en risas, pero de cara a la gente, en el día a día, nadie nota la diferencia. Por las mañanas me miro en el espejo, me dibujo la sonrisa en el rostro y permanece durante horas, ocultando lo que hay debajo.
A veces, cierto es, necesito desahogarme, sacar fuera todo lo que bulle en el interior. Y, sobre todo, soy consciente de lo que podría decir, de todo lo que me guardo para mí, todo lo que se queda en el tintero de un modo premeditado y consciente.

Cinco minutos para las tres

No veo por que lleguen las 15.00h. para marcharme a casa, para descansar, para disfrutar del contacto con la naturaleza que nos brinda el paisaje anexo a la ermita, para tirarme en el sofá, para leer y escribir o simplemente pensar.
Quedan cinco minutos. En cinco minutos pueden hacerse muchas cosas; puede comenzar una guerra que derrame una cantidad ingente de sangre o se puede firmar una paz duradera, puedes perder el tren o un gran amor, puede estallar una tormenta, pero también puede llegar la calma, puedes ver a alguien que hace días que no ves o puedes no ver a nadie.
Esto me recuerda que llevo muchos días sin ver a una persona. Sí que le he visto, pero verle de lejos no cuenta. Porque no puedo mirarle directamente a los ojos, ni observar sus reacciones, no veo si gesticula mucho o poco, ni escucho su voz. Acabo de darme cuenta de que también me gusta su voz y cómo habla, y la verdad es que no recuerdo el timbre de esa voz. Era melodiosa, dulce, tranquila, sugerente.
Creo que empiezo a tener amnesia, o quizás sólo son lagunas que desaparecerán con el tiempo.

Ya han pasado los cinco minutos. En cinco minutos también se pueden decir muchas cosas.

Echar mano al calendario

Llevar la agenda del pc al día sería un buen instrumento para que no se me olviden las cosas (lo apunto todo porque en realidad no puedo olvidar nada). Sin embargo, es más cómodo crear mis propios calendarios.
El primero fue en junio, con una obra que teníamos que hacer; era tan compleja y elaborada que tuve que apuntarlo todo a mano y ponerlo delante de los ojos, para que siempre estuviera presente.
Tan maravillosa le pareció la idea a R. que me comentó la posibilidad de hacer eso mismo para todos los meses y colgarlo en un lugar visible. Y así fue.

Momentos especiales

Cada semana se me pasa como un suspiro, que parecía ayer cuando empezaba el lunes y ya estamos en vísperas de fin de semana. Del mismo modo, aún me da la sensación de que no hace ni dos semanas desde que regresé a casa y a finales de julio se cumplieron cuatro meses.
El tiempo pasa demasiado rápido. A veces me paro a reflexionar sobre algún instante especial, a disfrutar del momento presente, aunque no dispongo del tiempo como yo quisiera. No se trata de poder, sino de querer. Siempre disfruto de los momentos que considero míos o, si no, los fabrico, porque de alguna manera todos los días consigo que una parte de ese día sea sólo mía y de nadie más.
Si tuviera que elegir un único momento de todos estos meses no lo tendría difícil. Hay muchos instantes especiales, pero uno los supera a todos. Fue una noche de fiesta, cuando conocí a alguien a quien quería conocer y sentí una extraña conexión con esa persona, además de la descarga eléctrica que me recorrió la espalda y que sólo noté yo. Si hubiera tenido en mis manos el poder de parar el tiempo, hubiera congelado ese momento para siempre. De alguna manera, al escribirlo, ese instante concreto queda inmortalizado para siempre, como si se tratara de una fotografía construida únicamente por palabras.

Hiroshima 1945

Hoy se cumplen 64 años desde que ocurriera uno de los más grandes desastres históricos de todos los tiempos (y ha habido muchos). Tirar una bomba atómica contra una ciudad entera es un hecho lamentable para la Humanidad.
El 6 de agosto de 1945, Harry Truman, presidente de los Estados Unidos, ordena que se bombardee Hiroshima; murieron aproximadamente 150.000 personas. Dos días después sería la ciudad japonesa de Nagasaki la que recibiera otro ataque similar, donde perderían la vida unas 80.000 personas.

Los americanos querían sangre y ardían de ansias vengativas, después de que los japoneses bombardearan Pearl Harbor en el Día del Señor. Es cierto que las bombas atómicas sobre las dos ciudades japonesas constituyen el final de la IIª Guerra Mundial. Sin embargo, fue un terrible atentado contra la Humanidad. Y sí, se dice que en la guerra todo vale, pero yo no encuentro justificación alguna para matar a tanta gente de esa manera tan vil y cobarde.

Hoy, los países que tienen armas nucleares están alineados en el Tratado de No Proliferación, por el cual se restringe la posesión de armas nucleares.

Yosuke Yamahata, Cúpula Genbaku

La Cúpula Genbaku es la famosa cúpula de Hiroshima que sobrevivió al epicentro de la explosión. En la actualidad sigue en pie, más como recordatorio de los hechos acontecidos el 6 de agosto de 1945.
El fotógrafo Yosuke Yamahata fue enviado por el gobierno japonés al día siguiente del ataque con el fin de que documentara los efectos de la nueva arma americana, para su estudio por los altos mandos japoneses.

Es una foto escalofriante.

miércoles, agosto 05, 2009

No perder las ilusiones

Va siendo hora de marchar. Tenía ganas de que llegaran las 19.00h. de la tarde para cruzarme de brazos. Con todo, cuando daban las siete campanadas aún he dado parte de -espero- el último siniestro del día. Ni que fuera día trece. Sólo soy supersticiosa con el trece, entonces lo de hoy no me cuadra. Podría hacer cálculos como que 5 (día) + 8 (mes) = trece, pero no, sólo cojo con pinzas los días 13 de cada mes, aunque últimamente intento no pensar en el día. Se llama tredecafobia.
Tampoco ha sido todo tan negro ni todo tan extremo.

Ayer tuve una conversación sobre la filosofía de la vida. El tema concreto de ese diálogo fue el de las ilusiones; el de hacer las cosas con ilusión, ir a trabajar con ilusión, mirar al futuro con ilusión, levantarse de la cama cada mañana con ilusión y acostarse pensando en que mañana volverá a empezar, y aunque todos los días sean iguales, monótonos, siempre podemos convertirlos en únicos, variados, llevaderos y disfrutar de cada momento. ¿Cómo? Con ilusión.
Si no tenemos ilusión por nada no merece la pena continuar.

Esto me recuerda un disco doble de los Guns N'Roses que escuchaba mucho en la adolescencia, Use your Illusion, y me viene a la mente una canción: Don't cry.

Días de pesadilla

Tal y como he vaticinado esta mañana a primera hora, se avecinaba un día 'movido'. Y así ha sido. No recuerdo el número de veces que he salido hoy, ni las llamadas que han caído en una hora que he estado sola en la oficina, ni la hora en que me he tomado un café veloz, ni cuánto tiempo hemos estado incomunicados (sin teléfono y sin internet).
En la piscina me quitaré la mitad de las cargas. Sólo espero que esta tarde sea más tranquila.

Estrés

No había entrado en la oficina y ya me estaba sonando el móvil personal. Y si me suena éste sólo puede ser alguien cercano y un asunto urgente. Lo que ocurre en el manos libres del coche es que está configurado para el Samsung de Urgencias y en el mío puede estar sonando Coldplay durante horas que no lo cogeré y mucho menos orillaré el coche junto a una cuneta.
Después han llegado una incidencia tras otra, averías, siniestros, 'peleas' con los seguros (porque siempre terminas sacándoles los dientes) y repito sesión de desatasco de alcantarillas por segunda vez esta semana, aunque en la otra punta de la ciudad. Ya he llamado al Ayuntamiento, a ver qué diablos pasa con el alcantarillado. Me han dicho que es tema de Medio Ambiente, pero la que se ocupa de esto no había llegado aún. Pondría la mano en el fuego a que le pasan la pelota a otro. Ya veo a la de Medio Ambiente diciendo: "No, no, si esto es cosa del Ayuntamiento".
El tema de las alcantarillas es bastante desagradable, no por lo que puedas encontrar o ver, sino por el olor. De todas formas, mi estómago debe estar hecho a prueba de bombas, porque aguanto bastante bien. Al final, de una manera u otra, siempre aprendes algo nuevo.
Me da que va a ser un día bastante estresante, al menos en la parte que me toca.

martes, agosto 04, 2009

Ermita, naturaleza y serenidad


Podría ser una cabra, un conejo o un dinosaurio. Depende de la capacidad para volar que tenga la imaginación.

En mi pueblo hay un lugar único. En verano es especial, porque te brinda serenidad y tranquilidad. Allí no hay más que naturaleza. Es un lugar para disfrutar, con una cerveza en las manos, con esos amigos de siempre, manteniendo conversaciones que rozan el aspecto filosófico o simplemente recordando viejos tiempos.
He estado con F. y con I. en plan tranquilo, en ese intervalo de la tarde en que el sol empieza a esconderse y los mosquitos no han aparecido aún, aunque la conversación se haya visto interrumpida por un pájaro carpintero sobre nuestras cabezas.

Había bastante gente. Si bien es cierto que es agosto, también es verdad que es martes.
Es gratificante disfrutar de unas cervezas al aire libre con los amigos de siempre.

Pequeños impulsos

Siempre he pecado de impulsiva, demasiado impulsiva. El problema que conllevan esos impulsos repentinos en los que no te paras a pensar es que después podrías arrepentirte. Me he tirado por el acantilado en innumerables ocasiones y, en muchas de ésas, me he dado grandes batacazos.
Llega un momento en que empiezas a replantearte las cosas, a reflexionar antes de dar el siguiente paso, a pensar en las consecuencias. Sigo siendo igual de impulsiva (eso es algo innato al carácter de una persona y no creo posible que llegue a desaparecer nunca), sólo que ahora sabes que puedes controlar tus emociones, que antes de tirarte de cabeza te lo piensas no dos veces sino veinte.

Esta tarde he conseguido controlarme. He tenido que llevarle a mi hermano el móvil que se había dejado en casa, me he liado en conversaciones de cafetería y eran las cinco cuando he decidido que sólo quería bañarme y escribir.
Con diez años menos lo hubiera hecho y encima habría sacado fotos. El caso es que algún coche ha librado esta tarde de que le pintara un monigote en la luna trasera. A mí se me daba bien el dibujo, sobre todo el artístico. Hubiera sido una pequeña travesura sin maldad, aunque no sé si a la persona que después hubiera tenido que limpiarlo le hubiera hecho tanta gracia.

No creo que el portátil sea un buen conductor del agua, pero necesito aire y agua y en estos momentos no cambio el jardín por la habitación. En la piscina me tiro de cabeza sin pensar, quizás porque sé lo que voy a encontrar en el otro lado.

Cuando menos te lo esperas

No esperas ver a una persona y es entonces cuando le ves.
Si fuera a Correos más a menudo seguro que no nos cruzaríamos.

Tengo un amigo en Valladolid que dice que él, al nacer, fue observado por un tuerto y que siempre ha tenido mala suerte para todo. Igual me ha contagiado algo de su mala suerte.

Y bien, tengo que trabajar hasta las 15h. Y tengo bastante que hacer. Además tiene que estar todo finiquitado para hoy. Mi jornada laboral termina a las 15h., pero estoy segura de que estaré una hora más, aunque me cruja el estómago, aunque necesite una dosis de piscina, aunque me caiga de sueño o aunque tenga un ligero dolor de cabeza que no se termina de ir.

De tatuajes y otras historias

Llevo dos años queriendo hacerme otro tatuaje, esta vez en la espalda, y de dimensiones parejas al que tengo en la tripa. Creo que será un delfín. Es que cualquier día aparezco con la espalda tatuada, aunque no será en verano, porque entonces tendría que esconderme del sol.
Durante diez años he llevado un pegaso junto al ombligo. Sólo cuando estoy en la piscina recuerdo que tengo ahí un tatuaje. Me dijeron que tendría que repasármelo al cabo de X años, pero no ha sido necesario. El pegaso se sigue viendo igual de bien que el primer día.
Cuando me acuerdo de las circunstancias que se dieron para que yo me tatuara me echo a reír. Fue en Ciudad Rodrigo, en plenos Carnavales del Toro (febrero de 1999 aprox.) y el tatuador vestía un mandil de carnicero. Así visto parecía más bien que podría terminar descuartizándome. No recuerdo que doliera, lo que sí recuerdo es que me pasaron petas durante toda la sesión -cuando yo fumaba petas-. Durante una semana estuve curándomelo. Y ahí sigue.
Hace cuatro años me salió una hernia umbilical. Es la única vez que el pegaso ha estado en peligro. Entre la duermevela de la anestesia, cuando entraba en quirófano, escuché al cirujano decir: "Tranquila, que no te tocaré el dibujito ese". Saqué fuerzas de no sé dónde para decirle que no importaba que tocara el tatuaje.
Es posible que en septiembre o en octubre aparezca con la espalda tatuada. Ya lo iba a hacer el año pasado, sólo que hubo motivos de peso para dejarlo pasar, sobre todo por lo que quería grabarme ad aeternum.

Lo que necesitan las plantas

Los sentimientos son como las plantas, necesitan alimentarse y regarse, porque de lo contrario corren el riesgo de secarse. Luego están aquellos sentimientos negativos que se deben arrancar de raíz para que no lleguen a florecer nunca, lo que ocurre es que a veces intentamos arrancar de raíz sentimientos de tal belleza que no deberíamos extirpar jamás.

Me pregunto si debería regar la flor y alentarla a crecer o quizás fuera mejor permitir que se ajara y secara para siempre.

Despejada

Dormí de un tirón. Creo que eran las 22.30h. cuando me metía en la cama para abrir los ojos siete horas después. En medio de la oscuridad de las 5.00h. de la mañana, he pensado en la tarde de ayer, pero ya veía las cosas con otro color, desde la otra perspectiva, la posibilidad objetiva de que no me viera. No me apetece dar vueltas al tema. A veces es mejor no pararse a pensar. El río sigue su curso y cada día vuelve a salir el sol.

Todo depende del color del cristal con el que se mire.

lunes, agosto 03, 2009

Los días que no empiezan como acaban

En estos momentos recuerdo la imagen del pez que se muerde la cola. Imagino que ese pez es el día de hoy, sigue su curso y llega al final, que resulta ser el principio. Esta mañana, muy temprano, cuando llevaba una hora aquí, he visto a alguien. Esta tarde, cuando me iba a tomar una cerveza, le he vuelto a ver. Mi duda es: ¿me ha visto él a mí? Porque esta vez no ha sido de lejos, aunque yo fuera caminando y él en coche.
Que he venido sulfurada, es obvio. Necesito demasiadas respuestas. Te puede interesar una persona como hacía tiempo no ocurría, te puede llamar la atención su manera de ver el mundo, su forma de pensar, puede ser adorable, encantador, puede que quieras conocerle más porque hay algo en él que no sabes qué es pero que te atrae cual imán. Si me ha visto -hay un 50% de posibilidades- y no ha saludado (realmente esto de negar el saludo me resultaría extraño en él) es para replantearse las cosas de otra manera.
En estos momentos me siento el ser más insignificante del planeta. N. dice que soy una persona insegura, yo creo que va por rachas.

Sé que lo que viene a continuación me va a rasgar los ojos, me va a entristecer lo suficiente como para verlo todo en negro, sé que estoy en caliente y que tomar una decisión ahora puede ser catastrófica, radical y debería pensar en que hoy no se acaba el mundo.
Siempre he pensado que un "no" como respuesta es mejor que una no respuesta. Ante la ausencia de respuestas, a mí no me queda otra solución que dar la espalda, encerrarme en mi mundo de sueños y volver a la vida tranquila en la que me balanceaba hace unos meses.
Duele, claro que duele. Para mí, dos más dos son cuatro; si él pasa yo paso. Lo que no puedo es estar así: primero pendiente por una respuesta que nunca llegó, después pendiente por verle cualquier fin de semana...
Al fin y al cabo, yo sólo quería conocerle, porque realmente no le conozco, no sé quién es pese a saber casi tantas cosas de él, pero no sé cuál es su color preferido ni tampoco sé qué tipo de música escucha, si prefiere la comida italiana o la griega, ni qué lugares del mundo ha visitado. Yo sólo quería conocerle pero, de una manera u otra, al no haber señales por su parte, me ha quedado todo claro. Y yo no puedo luchar contra su timidez.

Cada persona que pasa por nuestras vidas se lleva un trocito de nuestra alma. Si el alma tuviera límites corro el riesgo de que llegue el día en que me hayan robado el alma entera. Tengo pánico de que eso pudiera ocurrir, porque una persona sin alma no siente, no ama, no lucha, no disfruta, NO VIVE.

Hoy sé que voy a llorar. No quiero ir a casa porque se me van a empañar los ojos, porque no voy a dormir.

Mañana será otro día.

Pide un deseo

Dicen que si miras al cielo estrellado de verano durante diez noches y eliges una estrella cada día se cumplen tus deseos. También cuentan que si ves una estrella fugaz puedes pedir un deseo que se cumplirá.
Yo creo que el hecho de que los deseos se cumplan está en la mano de cada persona. Hay deseos que están destinados a cumplirse, otros no. Si se cumplieran todos la vida sería un tanto aburrida. Sería bonito que se cumplieran, claro, pero es mejor que no todos se hagan realidad.

Igual que la suerte. La suerte no llega sola, la buscamos cada uno de nosotros con nuestro caminar diario. A veces llega, porque inconscientemente la hemos colocado en nuestro camino.

Y las promesas. Bueno, yo no creo en las promesas. En cuanto se promete algo seguro que empieza a incumplirse en los cinco minutos siguientes después de haber hablado.

Prefiero cerrar los ojos y repetir mentalmente un deseo. Un único deseo. No necesito más. Quizás se cumpla, quizás no. Me gustaría que se cumpliera, claro. Es magnífico que los deseos se hagan realidad.

El mundo al revés

Decía esta mañana que estaba eufórica por trabajar, por empezar la semana. Sigo desprendiendo energía positiva, aunque ya ha comenzado el caos.
A las 11.30h. he tenido que ir de cicerone con varios vecinos de una Comunidad. La verdad es que me gusta tratar con la gente y, además, eran encantadores. Al regresar eran casi las 12.00h. y obviamente me he tomado el café, demasiado deprisa para mi gusto. Casi me atraganto cuando ha empezado a sonar el móvil. A toda prisa he tenido que ir a otra Comunidad, pero como pilla a las afueras he cogido el coche. Allí mis fosas nasales se han visto inundadas por los fétidos olores de los desagües del edificio. Un señor me ha preguntado dónde estaba la Plaza de la C. (posiblemente hace un mes no tuviera ni idea de dónde estaba, ahora sí), y en ese preciso momento ha llegado el camión de los desatascadores. Ni que decir tiene que he tenido que esperar a que 'aclimatasen' las tuberías. Cuando he regresado era casi la hora de comer. He estado dando tumbos con el coche para aparcar, pero que he sido tocada por una estrella estrellada. Como el otro día, he vuelto a subir a la acera y esta vez sólo han sido cinco minutos.
Cuando faltaba un cuarto de hora para las 16.00h. iba conduciendo por detrás de un Clío azul. Ha salido en un cruce e iba a 60 km/h. Yo también multaría a estos que van con los mínimos de velocidad (en una carretera en la que lo normal es ir al doble de velocidad), que interrumpen el tráfico. Bien, llega una curva y ¡ni que yo me hubiera sacado el carné en una tómbola!, va el del Clío y da el intermitente izquierdo, para que yo no adelantara, supongo. No tenía intención de hacerlo en una curva. Le he pasado después y me he fijado en la boina. No es la primera vez que coincido con este hombre, va como las tortugas por la carretera.
Luego estaba tomándome el café cuando he descubierto que no tenía llaves, así que he tenido que coger el coche y volver a casa.

Ojos para ver

Estaba yo tranquilamente mirando por la ventana cuando he visto un coche pasar, y en cuestión de minutos le he vuelto a ver pasar. Realmente no tenía la suficiente seguridad para confirmar si era el coche o no.
Tengo una ligera miopía, sólo de un ojo, lo que equivale a decir que veo perfectamente de lejos. Al poco rato he visto al dueño del coche caminando. Iba guapo.
No tengo palabras para describir el gorgojeo de pensamientos que han llegado a continuación. Eran las 9.32h. de la mañana.
Creo que últimamente tengo una enorme facilidad para convertirme en un ser invisible dedicado a la contemplación ajena.

También últimamente cuento con gran facilidad para desconcentrarme, así que evitaré el balcón y me centraré en lo que estoy haciendo. Obviamente espero no entrar más en el blog por el momento.

Vuelve el sol

Decir que vuelve el sol literalmente no conlleva nada más, pero en mi caso va acompañado de un doble sentido. Puede que muchos tomen el lunes como una vuelta a empezar, con todo lo que queda por delante, con pereza... Quizás otros lunes yo me sienta con ese estado de ánimo; en cambio, éste viene cargado totalmente con energías nuevas, incluso estoy más positiva. No sé dónde encontró la tristeza cobijo este fin de semana, sí es verdad que estuvo presente; hoy me he levantado sonriendo, quizás porque no recuerdo lo que he soñado o porque he dormido horas infinitas.

Tengo que redactar el Acta del sábado. Esto equivale a decir que estaré escribiendo casi toda la mañana. Si bien es cierto que me gusta escribir, no es que disfrute mucho rebuscando el vocabulario y las expresiones que he de utilizar.

domingo, agosto 02, 2009

Sylvette y el hilo que no se debe cortar

Sylvette se ha ido no hace ni media hora. Va con amigos que conocen poco estos lares, así que les está enseñando aquello que un día le enseñamos nosotros y que ella conoce y admira tanto. Por supuesto, cualquier día de esta semana irán a ver al gallo y la gallina e imagino que estaré un rato con ellos -siempre que no esté saturada de trabajo-. Para el fin de semana ya hemos quedado. Al tener boda de tarde el sábado me puedo permitir salir el viernes; no sé si caerá Santo Domingo, Haro o Ezcaray, pero fiesta al fin y al cabo.
Y ahí no acaba todo. He dado mi palabra de que el verano que viene iré unos días si no a Las Landas a las cercanías de París, donde vive Sylvette; y ella vendrá aquí en agosto, en fiestas. Lo importante es no perder el contacto, no dejar que se pierda el hilo o cortarlo para siempre. Si en 16 años no se ha cortado no creo que se corte nunca, al menos espero que no de mi parte. Las relaciones han de alimentarse y ahora hay miles de avances tecnológicos para que las palabras no se conviertan en polvo.

"Ex. Todos tenemos uno"

Me esperaba otra cosa más pastelosa, pero no es el caso. Cuenta con bastantes toques psicológicos, variados instantes de humor y geniales detalles que ensalzan el amor.
Empezando por estos últimos detalles, me han llamado la atención, por un lado, el de la pieza de puzzle que Marc le mete en la maleta a su novia cuando ella cruza medio mundo por motivos laborales y se ven distanciados por los kilómetros que los separan; por otra, la esposa que sigue enamorada de su ex marido, que sigue poniéndole regalos, año tras año, bajo el árbol de Navidad, esperando que vuelva a casa y, sólo cuando ella muere y él tiene que 'lidiar' con sus hijas adolescentes, descubre que seguía enamorado de su ex mujer.
La psicología entre hombres y mujeres está magistralmente elaborada, aunque al principio es algo lioso, porque son seis relaciones y todo lo que les rodea, la cámara va saltando rápidamente de unos a otros y es fácil perder un poco el hilo.

Filippo(Vicenzo Salemme) y Caterina (Nancy Brilli) se están divorciando. Ninguno quiere la custodia de los niños. Entonces el juez, Luca (Silvio Orlando), les impone sus obligaciones como padres, lo que llevará a la reconciliación de la pareja.
La esposa de Luca, Loredana (Carla Signoris), considera que su marido es un idiota, lo que desemboca en que, tras numerosas discusiones, él termine en el piso de su hijo, donde vuelve a revivir sus años jóvenes. Su hija, Giulia (Cristiana Capotondi), vive en París con su pareja, Marc (Malik Zidi), hasta que le surge un trabajo en Nueva Zelanda. Decide dejar París y marcharse, sin darse cuenta de que su relación está a punto de romperse por la distancia y los celos, y que corren el riesgo de convertirse en ex.
Sergio (Claudio Bisio) es profesor de psicología en la universidad. Está divorciado y es un mujeriego hasta que su ex mujer fallece en un accidente de tráfico y tiene que hacerse cargo de sus hijas adolescentes. Gracias a ellas comprende que nunca había dejado de querer a su ex mujer y que ella había seguido enamorada hasta el accidente mortal, esperando que volviera a casa.
Elisa (Claudia Gerini) está a punto de casarse con su novio. Lo que no espera es que el sacerdote que va a oficiar la unión es un ex novio, don Lorenzo (Flavio Insinna), que tomó los votos en cuanto lo dejó con ella. Elisa no se casará con su novio porque comprende que sigue enamorada de su ex y él de ella.
Monique (Cécile Cassel) comienza a salir con Paolo (Fabio de Luigi) y él es amenazado por Davide (Alessandro Gassman), un policía que sigue enamorado de la chica. Paolo se siente vigilado por el policía y ella, harta de huir y de la falta de sexo, termina dejándole. Es entonces cuando Davide recibe un balazo en un tiroteo y es Paolo el cirujano que le opera. Después, se van a buscar a Monique, que ya tiene nuevo novio.

"Todos tenemos un (o una) "ex". Algunos los odiamos, otros se han convertido en nuestros amigos y siempre existen aquéllos de los que todavía estamos enamorados".

Sylvette


Con 16 años fui a Francia por primera vez. Los últimos meses los había dedicado a aprender el idioma vecino a contrarreloj, aprovechando las mañanas de los sábados, ya que entonces me encontraba interna y sólo volvía a casa los fines de semana. Fue allí, en Las Landas, donde conocí a Sylvette. Tenemos la misma edad, así que conectamos enseguida. El intercambio duró varios años y, con el paso del tiempo, nos hemos convertido en una especie de 'hermanas'. Yo iba a su casa, ella ha venido aquí en innumerables ocasiones... Estudió Filología Española, por lo que tiene un enorme control de nuestro idioma.
La última vez que vino sólo fue una rauda visita, hará ya cuatro o cinco años, y ése es el tiempo que llevamos sin vernos. Nos presentó a su novio, Nicolás, el único novio que ha tenido y con el que tuvo que romper en el momento en que a él le ofrecieron un trabajo en Nueva York. Sylvette no pretendió jamás que eligiera entre ella y el nuevo trabajo y le instó a cruzar el océano. Sé que lo pasó bastante mal. Desde entonces nos hemos comunicado a través de emails esporádicos.
Y vuelve a venir; está en Haro desde ayer y hemos quedado esta tarde, a recordar viejos tiempos.
Ella sabe que tiene las puertas de mi casa abiertas, yo puedo ir a su casa cuando me apetezca. Y, pese a la distancia, pese al tiempo, pese a los encuentros tan espaciados, es una amistad duradera. No importa lo lejos que se esté mientras el contacto sea alimentado por nosotras mismas.
Hoy Sylvette es profesora de español en un colegio en las cercanías de París. Y me consta que es buena profesora.
Mis ganas de verla... son enormes. Además, esta vez viene con su hermana, de la que tengo un difuso recuerdo.

Las fiestas de los pueblos

En cuanto salimos de Santo Domingo, pensamos que sería una buena idea marcharnos a tomar la última a Herramélluri. Dicho y hecho. Llegamos al final de la verbena, había bastante gentecilla y ambiente. El cantante de la orquesta tocaba Dolores se llamaba Lola con una guitarra rosa de Hello Kitty! Muy sugerente. Por supuesto, estuvimos saltando un rato. No en vano fue mi corazón heavy hace una década -supongo que todavía lo es, porque no soporto la tranquilidad de las baladas pastelosas y las canciones de moda que tan pronto se olvidan-.

Personalmente adoro las fiestas de los pueblos. Para el fin de semana que viene se nos han truncado las fiestas de Ezcaray por la boda. Las fiestas de Ezcaray me atraen, quizás porque para mí Ezcaray tiene un atractivo especial. Creo que han 'alquilado' el Madison para última hora, ese momento en que cierran los bares y no sabes dónde ir.
Si sigo comentando las fiestas de agosto, el fin de semana siguiente (15 y 16) creo que son fiestas en Bañares, donde toca Kaótico (eso me dijeron ayer). El siguiente son fiestas en mi pueblo, pero el viernes se me acorta porque el día 22 tengo boda de mañana en Logroño. Y el siguiente fin de semana hay varias posibilidades donde elegir, aunque yo creo que nos dejaremos caer en Leiva.
En septiembre, el día 5 tengo la tercera y última boda, y creo que también se ha 'alquilado' el Madison para un lunch de noche.
Lo siguiente que tengo apuntado en la agenda es el viaje a Bélgica desde el 22 al 26 de septiembre, coincidiendo con San Mateo; claro que después me dejaré caer por Logroño.

El escritorio improvisado


En otras ocasiones he comentado que me siento tranquila escribiendo en el jardín, así que no es extraño, como otros domingos, que me coja los bártulos y permita vagar a la inspiración. Me siento cómoda aquí y pillo internet del piso superior, lo que es de agradecer.
Estoy relajada, aunque esta mañana me he despertado en medio de un sueño que me ha infundido ira. Un sueño tan real que he pensado que aún continuaba de fiesta. Eran las nueve de la mañana, a esa hora podía haberme levantado para ir a la reunión, pero ya dejé claro que si salía sería difícil que hoy acudiera. He contado las horas desde que llegué a casa (5.30h. de la madrugada) y he intentado volverme a dormir, pero ha resultado imposible. Creo innecesario explicar el motivo de mi ira matutina. Repentinamente tenía una imagen en mente y ha desaparecido sin más. Pero volver a cerrar los ojos ha sido imposible.
En cuanto me he sentado en el jardín y me he puesto a divagar frente a la pantalla he empezado a relajarme.
Odio el 'efecto espejo' de la pantalla del pc, pero aquí estoy tranquila aunque tenga que forzar los ojos, pues lo único que veo en el monitor son mis dedos tecleando con prisas y sin pausas.

sábado, agosto 01, 2009

Música para ocasiones especiales

La música amansa a las fieras. Escucho un exceso de música -a todas horas- cuando estoy enfadada o triste. Supongo que algo de ello hay en estos momentos. En la película que estaba viendo ha aparecido la de Wherever you will go interpretada por The Calling, que me encanta.
Luego ha seguido todo un repertorio de Maná, entre la que cabe resaltar En el muelle de San Blas, Al Alba de José Mercé, 18 de Moby, para terminar con Heaven's a Lie de Lacuna Coil y My Sacrifice de Creed.

Creo que es mejor que, en épocas de negatividad y pesar, no escuche música porque sólo elijo canciones que me inundan de una tristeza aún mayor y siempre acabo con la más descafeinada de todas: My inmortal. Me encanta, pero nunca la escucho hasta el final, so pena de que fuerzas externas hagan su aparición fatal y me quede K.O.

A mi padre

Muchas lecciones que he aprendido en la vida me las ha enseñado mi padre, para mí una persona lo suficientemente admirable como para que le dedique unas palabras en el día de su cumpleaños.
Mi padre siempre ha sido un ejemplo a seguir, el que me ha enseñado a luchar por todo aquello que quiero ser, por todo aquello que soy; es quien me ha dado los grandes consejos que siempre han estado (y están) presentes; el que me ha enseñado a tomar decisiones, unas más fáciles, otras bastante complicadas; es aquél con el que tengo conversaciones sobre asuntos variopintos, los que tocan una filosofía que sólo él por su experiencia puede explicar. Es aquél que, de una manera u otra, siempre me ha apoyado en todo y, cuando hemos discutido, siempre ha tenido razón, aunque yo en ese momento estuviera tan ofuscada que era incapaz de verlo. Una de sus máximas preferidas es aquélla que dice: "Si el joven sabría y el viejo podría...", y tanto es el caso que a mí me gustaría saber todo lo que él sabe, pero soy consciente de que para adquirir sus conocimientos tendré que llegar a su edad, y estoy segura de que él, si pudiera elegir, volvería para atrás, a mi edad (mi padre se casó con los mismos años que tengo yo ahora).
¿Qué más decir? Si no hay palabras para describir a un padre.
Que sigamos aprendiendo el uno del otro durante muchos, muchísimos años más.

F E L I C I D A D E S