viernes, octubre 03, 2008

"Ahora o nunca"

Hay películas que traen recuerdos, que te hacen llorar por lo vivido, porque la memoria vuela a través de aquel tiempo límite que creíamos que nunca iba a llegar, pero los médicos no se equivocaron. En cada escena, es como si reviviera de nuevo todo aquello por lo que pasamos el año pasado... Y para colmo, Jack Nicholson tiene bastante parecido con mi tío. Me cuesta mucho desconectar de una película que trate el tema del cáncer, y aunque intente reprimir las lágrimas, éstas siempre terminan aflorando.

"Edward Perry MacCole murió en mayo. Era una tarde de domingo y no había una sola nube en el cielo. Es difícil medir el valor de la vida de una persona. Para algunos, se mide por los seres que deja atrás; para otros, se mide por la fe; para otros, por el amor; para otros, la vida no tiene ningún significado. Para mí... yo creo que uno se mide por aquellos que se han medido por él. Lo que puedo asegurarles es que, se mida como se mida, Edward Cole vivió más durante sus últimos días en la tierra que la mayoría de la gente en toda una vida. Sé que murió con los ojos cerrados y el corazón abierto".

Dos desconocidos, enfermos de cáncer, coinciden en la misma habitación de hospital. Uno es Edward Cole (Jack Nicholson), un multimillonario que además es el director de ese hospital, que tiene un exacerbado humor negro, pero es un hombre solitario. Por otro lado está Carter Chambers (Morgan Freeman), que siempre ha trabajado en un taller mecánico de automóviles y que tiene una extensa familia. Sin embargo, su esposa Virginia (Beverly Todd) y él no están en su mejor momento.
Con los estragos de la quimioterapia, los dos desconocidos se terminan convirtiendo en los mejores amigos. Carter es un erudito que recuerda una clase de filosofía del instituto y hace "una lista de los deseos", que desecha cuando les dan los resultados. A los dos compañeros de habitación les quedan de seis meses a un año de vida. Entonces es Edward quien decide que, con su dinero, pueden hacer realidad todos los deseos y aprovechan el tiempo hasta el límite, hacen las locuras que jamás antes hubieran hecho, recorren mundo y un día Carter se entera de que su amigo tiene una hija con la que no se habla desde hace años.
Cuando deciden volver a Estados Unidos, el tiempo ha volado. Carter intenta llevarle a casa de su hija, pero Edward estalla en un acceso de cólera. Esa noche Carter tiene una crisis y es ingresado de nuevo en el hospital: tiene metástasis en el cerebro. Sin embargo, antes de la operación, le ha escrito una carta a su amigo, una carta donde le convence para que se despida de su hija antes de irse al otro mundo. Las cenizas de los dos amigos reposan en el pico del Everest, algo que está totalmente prohibido.

"Clandestinos"

Xabi (Israel Rodríguez), Driss (Mehroz Arif) y Joel (Hugo Catalán) se escapan de un centro de menores de Ciudad Real. Cogen el autobús para Madrid, donde conocen a dos muchachas, Rebeca (Inma Cuevas), que se lía con el marroquí Driss, y Marta (Pepa Aniorte), que se enrolla con el mexicano Joel.
En la capital, Xabi intenta, sin éxito, localizar a su mentor, Iñaki (Luis Hostalot), que está preparando una masacre en Madrid. Sin embargo, Iñaki siempre le da esquinazo y, para llamar su atención, a Xabi sólo se le ocurre poner una bomba en la capital, con lo que entorpece el atentado del Comando Madrid que va a actuar ese mismo día.
Mientras Driss y Xabi viven en un piso franco, donde preparan la bomba, Joel convive con Marta y Rebeca. Finalmente, todos los amigos se alojarán juntos en el piso de las chicas, hasta que Marta descubre su verdadera identidad y avisa a la policía.
Pero Xabi va a quedar con Iñaki, que sólo quiere pegarle un tiro por el fracaso de su acción. Y Germán (Juan Luis Galiardo), policía retirado, frusta el asesinato de Xabi, que resulta ser nacido en Sevilla, y no en el País Vasco.

Sentimientos enfrentados

Todos los días me llega un pequeño momento de reflexión sobre F. Lo cierto es que no sé qué pensar respecto a él. Por una parte, le siento cercano, más próximo que otras veces, aun estando a más de 300 kilómetros de distancia. Por otro lado, me sale una vena de rencor que a duras penas puedo controlar. Y si hablo de orgullo, ya se desbarata todo, de repente deseo dejar su imagen a un lado, ¡como si fuera tan fácil! Lo cierto es que me siento como en aquel antiguo poema de Catulo que decía:

Odio y amo,
tal vez te preguntes
cómo puedo hacerlo.
No sé, pero lo siento,
y así me destruyo.

Visitas rápidas

Pues mis padres y uno de mis hermanos han venido a uno de los pueblos del campo charro para una inauguración a la que habían sido invitados y se han pasado por aquí.

Me resulta extraño verlos aquí, en mi casa, siendo yo la anfitriona. Lo cierto es que ha sido todo tan rápido que ni siquiera me he enterado de que han venido y, al rato, ya se habían marchado.

Arquetu

El Arquetu es un viejo de roja y larga melena, vestido con una túnica blanca con pintas moradas. En su frente luce una cruz verde, rodeada de candados y llaves pintados. Del hombro derecho cuelga una talega. Anda muy despacio y porta bajo el brazo izquierdo un arca de oro pequeña, con adornos de plata y bronce pulido.
Cuando alguien llora en el monte por la pérdida de su hacienda dilapidada, se le aparece el Arquetu, enfadado y compasivo a la vez. Tras echarle un sermón como reprimenda a su conducta, le consuela y le da unas monedas de oro para que las emplee bien. Tiene que usarlas para trabajar y poder salir del apuro, volviendo a encontrarse con él al cabo de tres años para devolver parte de lo prestado, para que así el Arquetu pueda prestárselo a otros. Si lo ha malgastado de nuevo, le castiga y se pasará toda la vida pidiendo limosna.

Ojancanu

Se le denomina de diferentes maneras: “ojáncano”, “jáncano”, “páncano” en Cantabria; “tártalo”, “torto”, “anxo”, “basajaun” en el País Vasco; “patarico” en Asturias; “olláparo” y “ollapín” en Galicia.
El baxajaun suele tener unas connotaciones más positivas. Se le considera señor de la selva, es el genio que habita en lo más profundo de los bosques o en cuevas situadas en lugares prominentes... Es el genio protector de los rebaños. Da gritos en las montañas cuando se acerca alguna tempestad para que los pastores retiren su ganado. Hallándose en el aprisco o en su vecindad, no hay peligro de que el lobo se aproxime.
El ojáncano está emparentado con el cíclope clásico. Por lo general es símbolo de enfado y odio perpetuos. Se trata del mito masculino, fiero, malhumorado, gigantesco, siempre pensando en destruir cabañas, en derrumbar árboles y puentes, en entorpecer las camberas y los senderos con grandes peñascos.
Hay ojáncanos buenos, amables, que avisan y defienden a las personas de las maldades ajenas.
El ojáncano es un personaje conocido en los lugares donde son frecuentes los desprendimientos de rocas, acto que, por lo general, se les atribuye. Malhumorado y gruñón perpetuo, se alegra de los dolores y miserias ajenas.
Su rostro es redondo, de color amarillento, con unas barbas como cerdas de jabalí, largas y rojas. Los cabellos son de un rojo menos intenso. Su único ojo, en mitad de la frente, relumbra como una candela, y está rodeado de unas arrugas pálidas con unos puntitos azules. Es fuerte y de largos brazos; su voz, como un trueno, se asemeja al bramido del toro en celo y, a la puesta del sol, muge y echa espuma por la boca.
Tiene diez dedos en cada mano y en cada pie y dos hileras de dientes. A veces, es alto y delgado y se cubre con una zamarra de color pardo; otras, va prácticamente desnudo y se tapa con su melena y barbas, larguísimas y engrasadas con unto de oso, dejando al descubierto únicamente el ojo.
Enemigo de las anjanas, las persigue si las encuentra en su camino, pero ellas se transforman o se hacen invisibles, y siempre consiguen burlarle.
Nadie sabe de dónde viene ni adónde va. A los nueve meses de su muerte, salen de su cuerpo unos gusanos amarillentos, que tres años después se convierten en ojáncanos. Se le puede matar arrancándole un pelo blanco de la roja barba o dándole con una piedra en un hoyo que tiene en el centro de la frente. También fallece si come setas o fresas silvestres o si es tocado por un sapo volador o por una lechuza en la cabeza. Si llega a viejo, los ojáncanos jóvenes son quienes le matan y entierran.
Además de comer ganado y personas, así como murciélagos, golondrinas y pescado, le gustan las hojas de acebo, las endrinas, las bellotas y las panojas frescas.
Su morada se ubica en profundas grutas con la entrada cubierta de maleza y de desprendimientos pétreos, cuya puerta se cierra con una enorme piedra que sólo él puede mover. Su lecho está situado en la zona más profunda y está formado por hojas, hierbas y ramas.
Tiene el don de la metamorfosis y puede adoptar varias formas para hacer daño, por lo general la de mendigo anciano o árbol.
Enfurecido por el fuerte viento de los temporales, que le enreda las barbas en zarzas, árboles y arbustos, se enfada y tira y despedaza grandes rocas y árboles. En ocasiones, pelea a pedradas con otros ojáncanos. Ellos son los que forman los desfiladeros y precipicios y desgajan los montes.
Sus únicos amigos son los cuegle y los cuervos. Éstos suelen informarles de todo lo que ven, posándose junto a su oreja o en su nariz.

La “ojáncana”, “jáncana”, “juáncana” es la hembra del ojáncano, aunque no su esposa. Las características femeninas se exageran, para bien (anjana) o para mal (ojáncana).
La ojáncana no teme a nada y realiza sus maldades de frente, sin fingimiento alguno. De gran fuerza, cara chata y fea, dos ojos de mirada penetrante e intensa, greñas híspidas y colmillos retorcidos, comparte con las águilas la facultad de mirar directamente al sol, sin sufrir daño alguno.
Su manjar predilecto es la carne cruda de niño, pero también se alimenta de boronas, leche o sangre, sin despreciar cualquier alimento que pueda robar, salvo la rámila (garduña), que odia y teme. Vive en cuevas lóbregas y profundas, sucias, desaliñadas y malolientes.
De gran estatura, posee un enorme pecho que le estorba a la hora de perseguir a los niños, por lo que cuando corre se lo echa a la espalda, sobre el hombro. Lleva un saco grande o un “garrote” (cesto de tiras entrelazadas) a la espalda. Sale por la noche a coger comida para alimentarse, porque tiene miedo a salir de día.
Si a alguien le cae una gota de su orina en la cabeza se queda completamente calvo. A veces, presenta un solo ojo en la frente.

Cita en Phillip Island

Valentino Rossi, pese a tener el título en sus manos, quiere ganar y Casey Stoner no quiere ser menos, siendo además su tierra.

¿Qué ocurrirá este fin de semana en el Gran Premio de Australia?
Phillip Island es un circuito rápido. Después de ver las últimas carreras, Rossi va a luchar para asegurar su rincón de honor en el Olimpo de los más grandes. Y tiene una ventaja a su favor: ahora corre con la tranquilidad de que nadie puede quitarle el título, sin ansiedad, ni nervios, ni estrés.

Mi apuesta para este fin de semana es:
1º Valentino Rossi
2º Casey Stoner
3º Dani Pedrosa
La pole para Stoner.

jueves, octubre 02, 2008

"27 vestidos"

Una película que no te haga pensar...

Jane (Katherine Heigl) es la dama de honor eterna. Todas sus amigas se van casando, pero ella no encuentra al hombre con el que quiere compartir su vida. Ella organiza las bodas de sus amigas, mientras suspira por su jefe, George (Edward Burns), que ni siquiera se ha fijado en ella. Entonces llega de visita su hermana Tess (Malin Akerman) que le desbarata toda su vida, ligándose a George, sin darse cuenta de que ha roto el corazón de su hermana. Pero la relación entre la pareja empieza mal desde el principio porque Tess no hace más que mentir a su novio, que acaba de pedirle que se case con él.
Aparece Kevin Doyle (James Marsden), un joven periodista del New York Journal, que se encarga de cubrir las noticias de las bodas para el diario para el que trabaja. Se enamora de Jane y llega a escribir una crónica sobre los 27 vestidos de dama de honor que ella tiene en su casa.
Mientras Jane destapa ante George las mentiras de su hermana, Kevin se despide de una Jane enfadada, que todavía no se ha dado cuenta de que está enamorada del periodista.

¿Somos vanidosos por naturaleza?

Desde que el sábado me llamaran para notificarme lo del premio que había ganado, habré visto la noticia todos los días varias veces. Es normal que inmediatamente se lo dijera a mi familia, a mis mejores amig@s, a personas cercanas que sé que se alegrarían. Temo que cosas así se me suban a la cabeza, temo perder el control, meterme en un mundo que desconozco.
A veces nos gusta que nos admiren, pero... también podemos sentirnos avasallados. Siempre te queda alguien en el tintero a quien no le has dicho nada. A mí me siguen llegando las felicitaciones, a pesar de que ya van pasando los días. El rumor corre como el curso de un río que quiere unirse pronto al mar.
Por una vez siento que estoy haciendo algo que me gusta, pero temo que si en el futuro hay más celebraciones literarias (yo espero que así sea) me convierta en una persona vanidosa. Es genial saberse halagada por algo que has creado tú, pero tengo miedo a que se me suba. El problema es que esto no ha hecho más que empezar.
Me gustaría seguir en el anonimato (aunque ya sea imposible), y temo el día que pise mi pueblo y todo el mundo me diga algo. Sigo siendo la misma, sólo he ganado un premio que todos valoran más que yo. ¿Qué será del día que el libro vea la luz? Me da algo.

El arte de amar

No es tan malo enamorarse, ni sufrir, ni alegrase por amor; es el mejor viaje que podemos emprender a lo largo de nuestra vida, lo que nos mantiene vivos y ese brillo especial que transforma los ojos, da belleza a cualquier rostro, es deseo innato de acariciar con la mirada y besar con las manos y abrazar con el alma, es único e irrepetible, querer y amar. Se quiere dentro de la cama con pasión, lujuria y arrebato, con dulzura, ingenuidad e infantilismo llegado el caso, y fuera de la cama, se quiere con sacrificio, entrega, respeto, admiración, comprensión, diálogo y otras tantas cosas que me olvidaré. Se quiere en pos de, sin competencias, ni egoísmo, ni críticas, ni celos, ni posesiones, desde la libertad y la confianza...
Necesito esos otros dos pies para caminar el sendero del arte de amar.

Troika

La palabra rusa "troika" (en ruso: тройка) se usa para nombrar al trineo tirado por tres caballos. En principio la "troika" son los tres caballos, pero, por extensión, se llama así al conjunto formado por el trineo y las bestias.

El uso metafórico de esa palabra para designar a tres personas sobre las que recae alguna responsabilidad compartida, inventado por periodistas occidentales, apareció por primera vez durante la Segunda Guerra Mundial en una noticia referida a la reunión celebrada por Roosevelt, Stalin y Churchill en Teherán (1943). Tras un largo paréntesis volvió a aparecer la "troika" con las noticias de la sustitución de Jruschov por Koshiguin, Podgorni y Brezniev. En la actualidad se usa con frecuencia para referirse a los tres países que, por turno rotatorio, representaban a la Comunidad Económica Europea.

Conviene tener en cuenta que ningún rusohablante usa ese término en el contexto antedicho; para ellos sigue siendo sólo el trineo con tres caballos.

En castellano hay otras palabras para designar a un grupo de tres personas o entidades unidas entre sí por algo; veamos esas posibilidades:
trío: Grupo de personas unidas entre sí por alguna relación, o que intervienen conjuntamente en alguna cosa.
tríada: Conjunto de tres seres o cosas estrecha o especialmente vinculados entre sí.
triunvirato: Junta de tres varones para cualquier empresa o asunto.

Teniendo en cuenta que el uso actual de "troika" se refiere sobre todo a tres países de la C.E.E., lo más conveniente es hablar de la tríada comunitaria, ya que trío y triunvirato se refieren sólo a personas. Ahora bien, si nos referimos a los ministros de Exteriores de esos tres países, convendrá utilizar los dos últimos términos.

Recurriendo a la metáfora, también es posible echar mano de las voces terna (en tauromaquia significa "conjunto de tres diestros que alternan en una corrida") y terceto (en música "composición para tres voces o instrumentos... conjunto de esas tres voces o instrumentos").

La sonrisa de la melancolía

"Hay algo encantador en la sonrisa de la melancolía. Es como un rayo de luz en la sombra, un matiz entre el dolor y la desesperación, que muestra que el consuelo es posible".

Algunos seres mitológicos de la cornisa cantábrica

Xianas
Son personajes vengativos que forman parte de la mitología de Cantabria, Asturias y Portugal.
De aspecto atractivo, son hadas encantadas, que hilan áureas madejas, que ponen a secar cuando se bañan. Están acompañadas por animales del mismo metal. Se aparecen a la gente cerca de los cursos de agua y les ruegan que les ayuden a desencantarse, para lo que piden diferentes favores: tirar de un hilo de oro hasta devanar completamente la madeja, traer panecillos enteros que se convertirán en caballos, darle un beso a la xiana cuando está transformada en un animal ponzoñoso... Cuando el que intenta ayudar fracasa, a la xiana se le dobla el encantamiento. Vengativa y simuladora, finge apenarse por el causante y suele ofrecerle un collar, un pañuelo o una faja. En casi todas las leyendas, recibido el regalo, el que intentó desencantarla suele colgarlo de una rama o lo ciñe al tronco de un árbol mientras descansa, y el árbol se seca y arde.

La xiana a veces no tiene pechos, por lo que necesita trocar sus hijos por los de los mortales para que éstos los alimenten. A veces los cambia para que los bauticen. Lo hace mientras las madres siegan, sacando a los niños del capazo y volviéndolos a colocar una vez la mujer ha amamantado al “xianin” pensando que es el suyo. Otras veces, los cambian durante largos períodos, robándolos de sus cunas.
También raptan jóvenes, sobre todo mozos, a los que encantan, haciendo que penetren en las cuevas donde ellas viven y no vuelvan a aparecer, o lo hacen muchos años después, sin que para ellos haya transcurrido el tiempo.

Lamias
Lemures y lamias habitan en una región triste. Aunque la lamia sea un género de demonios, también se llama así a diversas brujas, hechiceras y personas que tienen relación con demonios. La lamia es un animal muy cruel, con rostro de mujer y pies de caballo.
En Cantabria se llama “lumia” a una mujer fea, retorcida, calumniadora, de malos instintos... En la zona costera del País Vasco se presentan muy semejantes a las sirenas, y tierra adentro suelen tener figura de mujer y pies palmeados. Viven cerca de las cuevas y cursos de agua.

Su aspecto varía. En algunos lugares adopta una figura totalmente femenina de tez cobriza, en otros tienen un solo ojo central o están cubiertas de pelo o carecen de él por completo.
Guardan tesoros o se peinan los cabellos con peines de oro ante su cueva. Son vengativas y peligrosas.

Mari
Es un personaje vasco femenino, que tiene su origen en la época precristiana y conlleva la leyenda de la maldición por una madre de su hija desobediente.
Presenta formas muy diversas: desde una hermosísima mujer que sostiene en sus manos un palacio de oro, sentada en un carro de cuatro caballos, arrastrando cadenas, hasta un árbol, un cuervo, una bola de fuego. Suele adoptar formas zoomórficas cuando está en su morada, en el interior de la tierra, mientras que raramente lo hace en el exterior. Suele hilar madejas de oro. Se la considera la reina de todos los genios del mundo. Señora de brujas, amiga de lamias y vengativa, guarda grandes tesoros que a veces regala. El problema es que al salir de la cueva el oro se descompone y el carbón se convierte en dorado metal.

Puede estar casada y tener hijos. A veces adopta temporalmente a una hija –que suele ser una cautiva- que devuelve al mundo exterior al cabo de un tiempo, convertida en una mujer rica. Señora de las sequías y las lluvias y enemiga del cristianismo, es conjurada el día de la Cruz de Mayo o mediante ramilletes bendecidos el día de San Juan.
En las zonas costeras, provoca tempestades que impiden a los pescadores hacerse a la mar.

Mozas del agua
Forman parte de la tradición de los pueblos del norte.
Son menudas, con ojos, trenzas y pestañas doradas y una estrella del color de la puesta del sol en la frente. Viven en palacios bajo el agua, van descalzas, visten capas con hilos de plata y oro y llevan anillos blancos y ajorca de listas áureas y negras en la muñeca izquierda.

Hilan oro por la noche y salen fuera del agua al amanecer, colocando las husadas a secar mientras bailan y hacen brotar del suelo con cada pisada flores amarillas y rojas. Al avanzar el sol en el cielo, vuelven a sus palacios con las madejas secas. Si alguien se las encuentra en ese momento y consigue coger una flor, será feliz y rico para siempre. Si es un mozo que puede sujetar uno de los cabos de la madeja, será arrastrado al interior de las aguas, donde se casará con la que él elija. A partir de entonces, salen del agua el mozo y su esposa el día de San Juan y dejan en los senderos una gargantilla, un anillo y un coral que sólo pueden ver las pastoras honradas.

Moras
Existieron en toda la geografía española. Son personajes de leyenda, restos de las huestes sarracenas que se desplazaron hacia el norte. Cristianizadas o no, todas están encantadas.

En la Cordillera Cantábrica, las moras viven refugiadas en las cuevas o bajo el agua. Son mujeres que acompañaban a los ejércitos sarracenos y, al retirarse éstos derrotados en las montañas, quedaron atrás atemorizadas, llorando su desgracia y, a veces, guardando tesoros que los moros habían conseguido en sus incursiones, mientras aguardaban su regreso. Desde entonces, encantadas y encadenadas a las cuevas, no salen más que en las noches de luna llena para buscar agua, mientras entonan tristes canciones. En ocasiones, tienen que entrar en las casas para coger comida y suelen hacerlo los domingos.
Otras leyendas hablan de que a menudo los aldeanos escondían las boronas y las sustituían por losas redondeadas, cubiertas con rescoldo, que les quemaban las manos y les hacía huir gritando.

Lavanderas
El mito de las lavanderas se encuentra muy extendido por tierras gallegas.
Son casi siempre ancianas, que no pertenecen al mundo de los vivos, con un aspecto completamente normal. Se encuentran de noche lavando ropas manchadas por la sangre de un mal parto que han tenido.
Cuando aparece un caminante le pide ayuda. Solamente hay dos formas de evitar los males que pueden hacer: ayudarlas en todos sus requerimientos o pasar de largo sin dirigirles la palabra.

Damas blancas
Son personajes femeninos muy ambiguos. Participan de las características de los fantasmas, los duendes y las encantadas.
En Galicia, existe la xa, mezcla de fantasma y hada. Las xas gallegas son fantasmas que se meten con la gente, que estorban en los molinos, que roban heredades y que ordeñan las vacas en las cuadras.

miércoles, octubre 01, 2008

Balalaika

La balalaica (en ruso: балалайка) es un instrumento musical ruso de cuerda de la familia del laúd. Tiene un cuerpo triangular, casi plano, con una pequeña boca de resonancia cerca del vértice superior de la tapa, un mástil largo y estrecho y tres cuerdas de metal o tripa que suelen pulsarse con los dedos (algunas veces se utiliza un plectro de piel para las cuerdas metálicas).
Se construye en seis tamaños, desde el piccolo al contrabajo, y se desarrolló en el siglo XVIII a partir de la parecida domra o dombra del Asia central y Siberia. Dos de las cuerdas de la balalaica se afinan al unísono y la tercera a una distancia de cuarta; por ejemplo, la balalaica más importante, la soprano o prima, se afina en mi4, mi4 y la4.

Anjanas

Me estoy leyendo un libro sobre seres fantásticos, lo curioso es que es de antropología sobre mitología tradicional ibérica.
Las hadas reciben diversos nombres según los lugares en los que se encuentren. En Cantabria y parte de Asturias se les llama anjanas, janas, xanas, ijanas, enjanas... Pueden ser buenas, malas y traviesas.

Anjanas buenas

Aparecen rodeadas de un resplandor que no permite a quienes las ven una buena percepción de sus rasgos. Se trata de mujeres menudas y hermosas, de piel muy fina y pálida, que suelen llevar los cabellos sueltos y van ataviadas con amplias y largas túnicas de colores claros. Van calzadas con zapato de hebilla de plata, descalzas o con abarcas. A menudo portan coronas de flores, en las que se mezclan las naturales con otras de plata, y una vara de avellano que a veces tiene un extremo iluminado. No es infrecuente ver una estrella que reluce en su frente, destacando del resto del resplandor.
Suelen estar asociadas a lugares boscosos y con mucha agua.

Salen de su refugio en mayo -cuando los ganados suben a las montañas- y vuelven en San Miguel, al mismo tiempo que bajan los pastores y los animales a los valles, momento en que dejan algunas flores de plata de su corona entre los matorrales, que contribuyen a la felicidad y fortuna de quienes las encuentren si las llevan siempre consigo. Su momento preferido es la mañana de San Juan, cuando los "caballucos del diablo" han vuelto ya a su guarida.

A veces están casadas y pueden tener descendencia. Aunque el anjano existe como personaje no tiene apenas fuerza en Cantabria.
Las anjanas bondadosas y compasivas danzan en grupos a la luz de la luna, igual que los elfos celtas. Cuando terminan, esparcen por los caminos las flores multicolores sobre las que han bailado, que harán la dicha y fortuna de quienes las encuentren. Se lavan con jabón de anjana (saponaria) y desprenden un delicado olor a plantas aromáticas cuando se aparecen a alguien. Poseen una voz suave y dulce, que consigue contagiar alegría o tristeza; sus canciones aclaran el día si son alegres, y lo oscurecen si son tristes.

Colman de regalos a quienes se lo merecen, en especial a los chiquillos, a las mozas pobres que carecen de dote y a aquellos que cuidan y respetan a los animales; curan a los niños del mal de ojo con su varita y regalan ramitas de plantas misteriosas, que ahuyentan el dolor, el pecado, la avaricia y la envidia. Si es necesario, para apoyar a alguien o para ponerle a prueba, o para escapar del ojáncano, las anjanas pueden metamorfosearse.

Anjanas revoltosas
Ordeñan el ganado para beberse la leche, revuelven en las cuadras o en las dependencias de los animales, roban la miel de las colmenas o los huevos de los gallineros.
La más conocida es la ijana del valle de Aras.

Pícaras, revoltosas, inquietas, golosas, burlonas... viven en las cuevas y a veces beben de bruces en los arroyos cristalinos. Todas tienen un pecho descomunal que echan sobre el hombro derecho y les cae sobre la espalda.

Anjanas malas
Existía un grupo de anjanas malas que el paso del tiempo ha borrado de la memoria.

De rostro descolorido o amarillo salpicado de azul, tienen los ojos verdes y un solo diente, largo y afilado, así como escuálidos y luengos brazos. Visten amplias capas negras, adornadas con alas de murciélago, animal que, junto a los cuervos, es su compañero habitual. No hablan: mugen. A ellas se debe la existencia de las ortigas en los montes.
Su aparición augura lágrimas y penas, o largos y rigurosos inviernos, siendo anuncio de muerte para quien las ve.

¿Habrá sorpresa en octubre?

A finales de octubre se falla el certamen literario más importante de todos los que me he presentado. Es el más relevante por el premio metálico, además de la publicación. No pienso en que vaya a ganar, pero me gustaría poder saltar en el tiempo hacia adelante y saber, al menos para enviar el manuscrito, en caso de que no ocurriera nada, a otro lugar.
Por eso, octubre podría deparar algunas gratas sorpresas, pero también podría ser un mes de decepciones. Es mejor no pensar... Aunque inevitable, claro.
Espero que no se me haga tan largo como septiembre.

martes, septiembre 30, 2008

El anillo judío y otros cuentos


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La prima Rosa
El protagonista es un seminarista al que le ha ido tan mal el curso que sus padres le han enviado a un pueblo con unos familiares y donde se pondrá a cargo de su prima Rosa, estudiante de Magisterio.
Ella le envía, con sus libros, a un viejo molino. Desde allí, el muchacho la ve nadar todos los días en el río que pasa junto al molino y decide espiarla. Entonces ve una enorme trucha en el agua. Adora pescar y se ha prometido pescar a la trucha. Pero cuando la caza, varios días después, descubre en los ojos moribundos del pez la misma mirada de su prima, así que decide soltarla. Cuando vuelve a casa, Rosa se ha arañado, sus ojos miran igual que la trucha.

La noche más larga
Un hombre regresa, después de cinco años, a su ciudad natal, León. Allí se reúne con los amigos y, de repente, recuerda a un borrachín que solía sentarse con ellos en las tascas, Gundo. Sus amigos de la infancia le dicen que ya había muerto. Entonces recuerda la historia de aquel hombre, que un día abandonó a su familia, se marchó a América donde se volvió a casar y un buen día volvió a casa.
Gundo les contó que nunca había estado en América. Que simplemente se fue a cazar y se alejó mucho. Llegó a una casa donde vivían tres mujeres, que le dieron de cenar y le dijeron que podía quedarse allí a dormir. Cuando despertó, al día siguiente, el techo de la casa estaba derruido, no había aves a su lado, todo estaba lleno de telarañas y no había ninguna mujer. Sus pelos y barba habían crecido muchísimo, él había envejecido y su ropa estaba hecha jirones. Se montó en el tren, donde todos le miraban de un modo extraño, y volvió a León.

Valle del silencio
Lucius Pompeius ha perdido a su amigo Marcellus, en unas cuevas cercanas a donde acampa la Legión. Desde que trabó amistad con un hebreo su amigo se había convertido en un místico. Una vez le acompañó a una cueva, donde se quedó dormido y, al despertar, tenía la sensación de formar parte de la naturaleza. Pero ahora ha pasado a formar parte de ella y Lucius Pompeius no ha podido hacer nada para evitarlo.

La casa de los dos portales
Unos muchachos estaban subyugados por la casa deshabitada que había en una de las calles. Tenía dos portales, que no daban a la calle y, un día, decidieron entrar. Después de curiosear por toda la casa se dieron cuenta de que no habían visto ningún acceso que diera al portal de atrás. Después de un rato, encontraron una pequeña puerta en la pared y entraron en un recibidor muy pequeño. La noche se echó encima y decidieron volver a casa, pero al salir a las calles de la ciudad todo era diferente. La basura se acumulaba en las plazas, el ambiente era triste y lóbrego, no se veía un alma en la ciudad y en sus casas habitaban personajes desconocidos. Decidieron volver a la casona a dormir y, al levantar una persiana, volvieron a ver la ciudad cotidiana que ellos conocían.

El anillo judío
Marcos tenía, a pesar de su juventud, una fuerza insólita. Don Fortunato era sacerdote y enseguida le ofreció trabajo en su casa. El hombre era aficionado a coleccionar anillos de todo tipo. Tenía un amigo, Don Pedro, un anticuario que vendía de todo. Un buen día, Don Pedro apareció en su casa con un anillo judío, que tenía un edificio esculpido en miniatura, pero no se lo quería vender a Don Fortunato.
Poco tiempo después, Don Pedro murió y en el lecho de muerte Don Fortunato intentó sacarle el anillo, pero no pudo. Esa noche, se fue al cementerio con Marcos y le cortaron el dedo.
Al día siguiente, Marcos escuchó voces y se encontró al sacerdote y a Don Pedro, que le cortó el dedo, para quedarse con el anillo. Don Fortunato murió desangrado y Marcos fue hecho preso, pero el anillo judío estaba en su bolsillo.
Ahora ha salido de la cárcel y todas las tardes se va a las afueras del pueblo a contemplar la panorámica. Allí se encuentra con Don Fortunato, que le pide el anillo para contemplarlo.

El soñador
Un hombre se despierta en su cama, sin saber muy bien quién es. Su criada le dice que un peregrino le está esperando, porque la tierra se está moviendo a las afueras del pueblo, un corrimiento de tierras algo extraño.
Coge su caballo y se dirige hacia donde está aconteciendo el extraño y supuesto terremoto. Y entonces descubre una masa blanca acostada en la tierra y consigue ver los brazos titánicos y el rostro de un durmiente que empieza a despertar. Cuando abre los ojos se da cuenta de que todo ha sido un sueño.

El viajero perdidoUn periodista se encuentra una noche lluviosa con un hombre empapado y con el rostro aterrorizado, que le pregunta dónde está la Estación del Norte. El periodista le señala la estación de metro, ya que está lejos y no se ve un taxi por la calle.
Comienza a escribir un relato sobre ese viajero que vaga por las calles y se lo cuenta a su compañera Berta. Ella se interesa por el personaje del relato y alienta al periodista a que termine la historia, sin embargo, durante meses no escribe nada.
Berta comienza a tener pesadillas con un rostro varonil que la mira fijamente y se da cuenta de que es el personaje del relato. Varios días después tiene que irse de viaje a Melilla por asuntos de trabajo, pero el viento la retiene unos días allí. En la sala de espera del aeropuerto se encuentra con el hombre con quien ha estado soñando y traba con él una tierna amistad. Mientras, el periodista escribe la misma historia que, simultáneamente, está ocurriendo al otro lado del estrecho.
Después de varios días, el periodista tiene que ir a recoger a Berta al aeropuerto, pero tiene un presentimiento, así que, antes de nada, destruye el relato que había escrito en los últimos días.

Las palabras del mundo
El profesor universitario Eduardo Souto ha desaparecido en la Costa de la Muerte. Una profesora adjunta, Celina Vallejo, quiere saber las circunstancias de tal desaparición y viaja a Galicia para hablar con la policía.
Llevaba unos meses extraño. De repente, las palabras dejaron de ser palabras para convertirse en fonemas, sonidos independientes unos de otros. No conseguía comunicarse con el resto de las personas y escribía sus conversaciones en unos cuadernos, ya que sólo lo escrito permanece. Celina descubre que la posición de las ropas en el coche del profesor es sumamente extraña: estaban colocadas como si las tuviera puestas y se hubiera esfumado sin más.

La última tonada
Un anciano se había trasladado a la capital, por instancia de su hijo y su nuera, que no querían que se quedara solo en el pueblo. Se albergaba en una fonda donde, al principio, no salía. Tocaba la flauta, pero la patrona le dijo que era imprescindible que no molestara.
Un día, al atardecer, entre las sombras, descubrió la cola reptiliana que se dirigía hacia la fonda. Sólo la tonada de la música alejó a aquella enorme sombra de allí. Entonces recordó a su abuelo en su lecho de muerte, cuando hablaba de algo parecido que estaba detrás de la puerta y nadie más que él podía ver.
Para no molestar en la fonda, el anciano se iba al parque del Retiro a tocar la flauta. Un día, se quedó dormido y, cuando abrió los ojos, la oscuridad se cernía en torno a él. Oyó el ruido que reptaba y se puso a tocar la flauta, aunque le costaba coger aire.
Al día siguiente, un jardinero encontró su cadáver en el parque.

Bifurcaciones
Han pasado 25 años desde que Gabriel terminó la carrera. Acaba de recibir una invitación para una cena con todos los compañeros de la Facultad de Derecho. Entonces va a su despacho y mira la orla, donde sale Irene, la mujer inaccesible de la que siempre estuvo enamorado y a la que nunca se atrevió a acercarse.
Esa noche va hasta la casa donde ella vivía y, casualmente, se encuentra con ella, que sigue conservando su porte juvenil. Pero él ha olvidado algo, y ella le pide que lo recuerde. Se acuestan juntos y él vuelve a casa muy tarde.
Cuando llega la noche de la cena, le pregunta al organizador dónde está Irene y le dice que murió poco después de acabar la carrera, ahogada. Entonces Gabriel recuerda que sí que tuvo un escarceo amoroso con ella, que estaban practicando vela cuando el barco se descontroló.
De repente, vuelve a estar en el salón de su casa con la invitación en las manos. Anuncia a su familia que irá a la cena.

Signo y mensaje
El editor Moya reconoce, entre el grupo de africanos de la plaza de España, el rostro del profesor desaparecido unos meses atrás, Eduardo Souto. Se acerca a él y le convence para que se quede a dormir en los locales de su editorial, a cambio de que dé de comer a los gatos que ha ido recogiendo poco a poco de la calle.
Souto le dice que ahora está investigando las pintadas que se dejan por las calles, pero que ha descubierto una en los pasillos del metro que es diferente. Sabe que es un mensaje, y descubre que el destinatario es él. Ahora se tiene que ir en busca del mandala y, ante los ojos de Moya, el viejo profesor desaparece.

Un mandala es una ventana abierta al punto en que se juntan lo disperso y lo unitario, lo confuso y lo claro, lo imaginario y lo real”.

Los libros vacíos
Un asiduo a la librería entra en pijama una mañana y todos los empleados le entregan los libros que pide. Entonces el hombre les dice que, al levantarse la víspera, se encontró que los libros de su biblioteca habían variado de contenido, que el aspecto externo era el mismo, pero en su interior las historias eran nuevas, sin la sustancia imaginativa. Y creyó que la literatura había desaparecido del mundo, por eso había acudido raudo a la librería a ver si eran ciertas sus sospechas.

El adivino confuso
José sobrepasaba los cien años. Vivía en tierra de Faraones, rodeado de una numerosa familia. Su vista había empeorado pero, bajo una higuera, veía la sombra de un camellero. Habló con él, que le contó un sueño que no supo interpretar.
José era famoso por interpretar los sueños del Faraón y de muchas otras personas importante y por adivinar el futuro, aunque él tenía sus secretos: todo había sido inventado. Sin embargo, esa noche soñó por primera vez y mandó buscar al camellero. Le dio dinero para que preguntara en su patria a unos pastores si tenían algún esclavo que vender y que lo trajera a Egipto. Sentía que había salvado a alguien muy cercano a sí mismo.

Frío y pereza

Cuando me he despertado no estaba segura si eran las 8 de la mañana o las 8 de la tarde. Siempre caigo en un estado de desconcierto nada más abrir los ojos por la mañana.
No sé si, además, me he resfriado. Esta mañana no paraba de toser sin parar. Creo que este año pondré la calefacción antes, porque mi piso parece una nevera.
Acaba septiembre. Se me ha hecho larguísimo. Menos mal que los días empiezan a ser más cortos.
Ayer encontré mi nombre en varias noticias de cultura. Me hizo ilusión.
También hablé con Elena. Tenía que contárselo y el sábado estaba demasiado excitada. Pero ayer conversamos durante un rato.
Hoy no tengo ganas de contar nada. Tengo los músculos agarrotados. Creo que he dormido mal.

lunes, septiembre 29, 2008

8 a.m.

Madrugar siempre me resultó extraño. Siempre preferí la noche, quizás por el silencio y la tranquilidad. Me he tragado las noticias matinales mientras comía un donut (odio comer nada recién levantada, pero estoy tomando antibiótico y mi estómago no puede estar vacío).
Ayer, una vez más, soñé con F., en si le enviaré un ejemplar del libro donde publicarán mi relato (seguramente que sí), en lo que le diré. No sé. Acabo de enviarlo a la organización del premio, porque me pidieron el soporte digital. Parece ser que estoy más tranquila, que la efusividad de los dos últimos días va remitiendo.
Anoche me curré otro relato cuyo plazo acaba el 31 de octubre. Me queda pulirlo y preparar la plica, la encuadernación, las copias, etc. Pero me lo tomo con enorme parsimonia, ya que hasta finales de octubre queda todavía un poco. También he de ir al Registro de nuevo. Todavía tengo algo sin registrar y ya lo envié la semana pasada.
Hoy me dejaré ver por la facultad. A secretaría tengo que ir la próxima semana.
De momento, ahora he de hacer tantas cosas que no sé por dónde empezar. Lunes... son horribles.

domingo, septiembre 28, 2008

¡VALENTINO GANA EL OCTAVO!

No podía haber sido de otra manera. Valentino tenía que asegurarse el título hoy en Motegi y lo ha conseguido. Grande entre los grandes.

La carrera ha empezado con grandes pilotos en las primeras posiciones. En este orden: Pedrosa, Stoner, Hayden, Lorenzo y Rossi. Pero il dottore no se iba a conformar. A medida que iban afianzándose posiciones, estaban luchando por el primer puesto del podio Stoner y Rossi, mientras que dos españoles, Pedrosa y Lorenzo, batallaban por el tercero. Y finalmente, como cualquier seguidor de Valentino sabe, éste no se iba a conformar. ¡Qué mejor forma de ganar un Mundial que ganando esa misma carrera! A once vueltas para el final, Rossi se ha puesto en cabeza, sin dar tregua al australiano, que ni siquiera ha tenido posibilidades de adelantar a la Yamaha. Y Valentino se ha ido, se ha ido... ¡y ha ganado! (Stoner ha quedado segundo y Pedrosa, tercero).

Como siempre, nos ha deleitado con una escenificación de las suyas. En su camiseta, ya con el número ocho, ponía: "Scusate il retardo". Ha tardado dos años, pero ha recuperado su corona. Y sí, esperemos que nos siga haciendo disfrutar durante muchos años más.


Repasando la trayectoria de Valentino Rossi:

1997: Gana el primer mundial, en 125 c. c., a lomos de una Aprilia.
1999: Gana el segundo mundial, en 250 c. c., también con Aprilia.
2001: Gana el tercer campeonato del mundo, en 500 c. c., con Honda. Éste era el último año que se disputaría esta categoría, que se cambiaría al año siguiente por la categoría reina actual, Moto GP.
2002: Gana el cuarto título de su palmarés en Moto GP, con Honda.
2003: Gana el quinto, también con Honda.
Valentino demuestra su superioridad, pero no está contento con el equipo. Los de Honda creen que lo que cuenta es la moto, en detrimento del piloto. La moto es la que gana las carreras, independientemente de quien la lleve. Rossi no está de acuerdo con esta teoría y pretende demostrar que los de Honda Repsol no están en lo cierto. Antes de acabar ese Mundial, Valentino ya ha firmado para la competencia, Yamaha.
2004: Gana el sexto título en Moto GP, con Yamaha. Nadie daba un duro por él. Todos le decían "loco" por irse a un equipo con una moto técnicamente inferior a Honda. Pero Valentino demostró tener razón: ganó con "una moto peor".
2005: Gana el séptimo campeonato del mundo, con Yamaha.
En 2006, Valentino perdió su corona, que ha vuelto a recuperar en el Mundial de 2008, hoy en Motegi, demostrando que es el mejor. Sin duda, se lo merecía.