No es casualidad que este sitio tenga algo que ver con el mundo onírico. Todo el mundo tiene sueños de muchos tipos, unos que comparte, otros que no... Lo que está claro es que si decidimos compartir ese mundo con alguien es algo que sólo depende de nosotros. Pues ése es sin duda un mundo particular que sólo nos pertenece a nosotros mismos, pues por mucho que intentemos explicar cómo es las otras personas sólo tendrán una ligera idea de lo que bulle dentro, de la misma manera que nosotros tampoco podríamos entender el mundo de los sueños de los otros. Podremos acercarnos de alguna manera, pero nunca veremos con sus mismos ojos todo lo que esa persona ha visto y/o sentido.
El mundo de los sueños es fascinante. Quizás porque se sale de lo rutinario, quizás porque pertenece a una dimensión que se nos escapa, quizás porque tiene tesoros de un valor incalculable. Sea por lo que sea es un mundo atrayente, posiblemente por el misterio que conlleva.
Porque tus sueños son tuyos y esos... nadie podrá arrebatártelos.
Goethe no fue el primero ni el último. Otros muchos utilizaron los sueños como fuente de inspiración, dando forma a todo un universo de posibilidades. Muchos pueden pensar que alguien creativo puede serlo también mientras está soñando, pero cierto es que existen casos de personajes mucho más pragmáticos que nos legaron fórmulas, tablas y hasta descripciones quirúrgicas.
Tal es la experiencia del célebre médico griego Galeno (siglo II a. C.), quien intuía el poder de los sueños hasta el extremo de consultar sus problemas con la almohada. Si le surgían dudas sobre el modo de proceder con alguno de sus pacientes, le daba vueltas en la vigilia y dejaba que su mente vagara en busca de soluciones.
Un día se enfrentó a un problema de salud propio y recibió en sueños el consejo de lo que debía hacer. Probablemente su mente siguió trabajando sobre ello. En su sueño, los "dioses" le explicaban que "para calmar el dolor persistente que tenía de continuo entre el hígado y el diafragma debía cortarse la arteria que se encuentra entre el índice y el pulgar". Según parece, sus sufrimientos desaparecieron cuando efectuó esta operación. Muy convencido con el éxito debía estar para acometer semejante operación.
Mucho más sorprendente es el caso del químico alemán Friedrich August Kekule. Él mismo narraba su vivencia onírica: "Volví la silla hacia la chimenea y me sumí en un estado de duermevela. Los átomos revoloteaban ante mis ojos (...) retorciéndose y girando como serpientes. Pero una de las serpientes se agarró la cola y la imagen pasó desdeñosa ante mis ojos. Me desperté como si saliera de un instante de iluminación. Pasé el resto de la noche elaborando las consecuencias de la hipótesis". Dicha consecuencia fue el descubrimiento de la fórmula del benceno. Posteriormente tendría otro sueño que le ayudaría a finalizar su tesis. Es más, en una convención de científicos que tuvo lugar en 1890, llegó a afirmar en público: "Aprendan a soñar, caballeros".

Algo parecido le ocurrió al científico ruso Mendeleev, que formuló la tabla periódica de los elementos a través del sueño. En él vio una estructura de tabla con hileras y columnas. Al despertar, lo primero que hizo fue pasar a papel aquellos datos.
Hay quien incluso empleaba como método de trabajo la cama y lo que ésta pudiese aportarle, como el novelista francés Paul Bourget. En cierta ocasión, hallándose como invitado en el castillo del conde Haussonville, y estando la mesa puesta, el escritor no daba señales de vida. El conde mandó llamarle. El escritor explicó que él trabajaba por las mañanas en la cama y que empleaba las tardes y las noches para escribir. Lo que en realidad hacía Bourget en la cama era... dormir.
El poeta Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) también se inspiraba en sueños. Una tarde se quedó dormido pensando en la corte de Qubilay Kan.
Al despertar, tenía en mente ¡doscientos o trescientos versos! Se puso como loco a escribir, pero al llegar al verso 54 le interrumpió alguien. Para cuando regresó a su tarea, desafortunadamente el resto de los versos habían desaparecido de su memoria.
Mary Shelley (1797-1851) tuvo una, ya famosa, charla sobre fenómenos paranormales con P. B. Shelley, Lord Byron y su doctor. Tras ésta, se fue a dormir y tuvo un sueño tan inquietante e impactante que al día siguiente comenzó a escribir Frankenstein.
Alberto Durero (1471-1528) llegó a plasmar sus sueños en dibujos, especialmente aquellas pesadillas que le llenaban de pavor. Él mismo lo explicaba: "En el año 1525, entre el miércoles y el jueves después del domingo de Pentecostés, durante la noche vi esta aparición en mi sueño (...). Y así, cuando me levanté por la mañana, pinté sobre estas líneas lo que había visto".
Tartini afirma que compuso el Trino del Diablo porque este personaje se le apareció en sueños para suministrarle ayuda en un pasaje especialmente difícil que no conseguía sacar adelante. Lo que él denominó "diablo" era, posiblemente, su propio inconsciente.
Resoluciones de inventos tan prácticos como la máquina de coser se deben a inspiraciones oníricas. Elias Howe, el inventor de este aparato, no sabía cómo colocar la aguja. Encontró la solución tras soñar con unos salvajes que intentaban clavarle lanzas con un agujero en forma de ojo en un extremo.
Grandes obras nos han llegado a través de los contenidos oníricos; en todos los campos del arte se han dado este tipo de manifestaciones: música, pintura, literatura, fotografía, cine... Haëndel, por ejemplo, compuso los últimos compases del Mesías después de haberlos soñado. El genial Rafael aseguraba haber visto en sueños el rostro de sus vírgenes, y películas como "El piano" surgieron de sueños. La directora y guionista de la película tomó el proyecto de un sueño en el que veía un piano en una playa.
Para los sioux tetones, los chippewas y los papagos, al igual que otras tribus, las canciones y/o poemas no son obras de arte, sino el producto de un sueño, un instrumento sagrado legado por la divinidad. He aquí algunos ejemplos.
Canción dada por un lobo a un sioux tetón, Búfalo Valiente:
Donde el viento sopla el viento brama.
Yo estoy hacia el oeste
el viento sopla el viento brama.
Yo estoy.
Canción dada por un alce a un sious tetón, Pato Cerceta:
Lechuzas (estaban) ululando al final de la noche.
Lechuzas (estaban) ululando.
Canción soñada por una mujer papago:
Donde la montaña se cruza
en lo alto de la montaña yo no sé
dónde vagué por donde mi mente y mi
corazón parecían perdidos
anduve errante.
Todo ello es síntoma de que para estos pueblos existe una viva comunicación directa e íntima entre la divinidad, lo que nos supera, y las personas.
Otro ejemplo de la creación a través del sueño nos lo ofrece Kwan Hiu, pintor, monje y poeta que realizó una serie de pinturas de santones budistas que había visto en sus períodos oníricos. Antes de pintar oraba para recibir la información -otra forma de ritual para conectar con el inconsciente-. En homenaje a él se construyó una sala para albergar sus pinturas oníricas.
William Blake, pintor y poeta interesado en lo paranormal, estaba convencido de la existencia de otras realidades. Llegó a dibujar al ser que, según él, le había enseñado a pintar en sus sueños, titulando el dibujo Un amigo en la eternidad.
Arthur Schopenhauer obtuvo algunos de sus postulados inspirado en sueños, e incluso se salvó del cólera tras abandonar su ciudad natal, Berlín, después de que soñara que si permanecía allí moriría. Lo cierto es que gracias a este traslado no cayó enfermo.
Richard Wagner compuso Tristán e Isolda tras un sueño. Robert Louis Stevenson escribió de un tirón El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Su pluma corría veloz porque había visto el argumento claramente en sueños.
Son tantos los ejemplos que nos terminaríamos aburriendo. Todos ellos vienen a resaltar la importancia que la Humanidad ha concedido a los sueños. Estos han constituido un motor para el desarrollo de la creación, de la imaginación, dando en muchos casos solución a problemas que inquietaron a los hombres.
Antiguamente se le concedía una importancia muy especial al mundo onírico. Lo que antes se consideraba un regalo de los dioses y una forma de comunicarse con ellos, ahora es denominado inconsciente.
Han sido muchos los pueblos que se han ocupado de ellos y, desde siempre, se les ha atribuido un carácter sagrado.
Los sumerios, egipcios, acacios, griegos y romanos estaban convencidos de que las horas de descanso les reportaban informaciones que debían aprovechar al máximo.
En Grecia se prestaba especial atención a todo lo relacionado con el sueño e incluso se refleja su historia a través de las deidades relativas a él: Hipnos (dios del sueño) era hermano gemelo de Thanatos (la muerte). Hipnos, desposado con la Noche, tuvo tres hijos: Morfeo, Fantasio y Fobetor. El primero enviaba a los hombres sueños positivos, el segundo, sueños fantásticos, mientras que Fobetor era el encargado de mandar terribles pesadillas y monstruos engendrados en las sombras de la noche.
Las mentes más privilegiadas de la Grecia clásica también se ocuparon del sueño, aportando diversas tesis que intentaban acercarse a sus misteriosos orígenes. Platón, Sócrates, Pitágoras, Aristóteles... estaban entre ellos.
Por supuesto, en Roma no sólo se tenían en cuenta los sueños, sino que se fomentaban a través de la "incubación". La incubación consistía en accionar los sueños mediante una serie de técnicas de purificación y de la encomienda a los dioses pertinentes. Las personas acudían a los templos destinados exclusivamente a esta actividad y dormían en ellos. A la mañana siguiente contaban sus sueños a los sacerdotes encargados de realizar la interpretación, o a veces eran estos últimos los responsables de soñar a fin de encontrar respuestas a los problemas que acuciaban a los visitantes de los templos, principalmente en las cuestiones de salud. Algunos de estos famosos emplazamientos fueron los templos de Esculapio (Roma) y Asclepio (Grecia).
En el Talmud aparecen al menos 200 referencias relacionadas con el mundo onírico. Por su parte, Mahoma tuvo una serie de experiencias con los sueños que le llevaron a afirmar que buena parte de las 90.000 palabras registradas en el Corán fueron recibidas a través de estos. El nombre Buda significa "el que despierta del sueño", si bien se refiere más al despertar espiritual, pero no deja de ser curiosa la asociación de términos.
No faltan las leyendas que explican la creación del Universo a raíz de sueños. Tal es el caso de las creencias de los indios colombianos uitotos. En el hábitat de los uitotos apenas se registran delitos o trastornos mentales y/o físicos. Quizás esto guarde alguna relación con su forma de vivir los sueños. Están acostumbrados a compartir desde niños sus experiencias oníricas con los que les rodean, formulándose en sus vivencias el hábito de analizar su visión de la existencia a través de la comprensión de los problemas de los otros. Si alguien sueña que se pelea con alguno de sus "hermanos", diseccionan el sueño en busca de la explicación de por qué se produjo oníricamente una discrepancia entre ellos. Sencillamente, liberan las tensiones y los anhelos a diario, sin tabúes.
Muchos pueblos primitivos norteamericanos gustaban de emplear a un chamán para que indagase en los significados de sus sueños. Así ocurría con los maricopa, los iroqueses y los croqueses.
Todos estos ejemplos, y muchos otros, demuestran que el sueño siempre ha despertado un vivo interés entre los seres humanos, que les ha preocupado hasta el extremo de dirigir los designios de la Humanidad en forma de avisos, advertencias u oscuros augurios recibidos en estado onírico. Dichas señales no siempre pudieron ser empleadas en provecho y beneficio de los hombres.
Los sueños, a lo largo de la Historia, fueron tenidos como señales divinas que, frecuentemente, avisaban de peligros que habrían de acontecer en el futuro. De todo ello existen referencias. La Biblia es un buen ejemplo de ello.
Algunas de las más conocidas tienen como protagonistas a Jacob y su espectacular sueño de la escalera por la que bajaban ángeles; José y la interpretación que hizo de los sueños del faraón de Egipto; Gedeón, que escuchó el relato de un sueño que habría de darle la victoria frente a los madianitas; Daniel, que ejerciendo de oniromante para Nabucodonosor logró salvar la vida, etc.
Pero además de la Biblia, existen muchos más casos, que podrían tildarse de sueños premonitorios.
Sócrates sabía que iba a morir tres días antes porque le comentó a Critón que había visto en sueños una bella dama que le llamaba por su nombre, al tiempo que recitaba un verso de Homero, "dentro de tres días veréis los campos". Tres días después moría tras ser obligado a ingerir cicuta.
Calpurnia, la esposa de Julio César, soñó la muerte de su marido, que, por cierto, también soñó, en forma simbólica, que algo terrible le ocurriría en el Senado.
Sófocles vio en sueños a Heracles (Hércules) indicándole el emplazamiento en el que unos ladrones habían escondido una copa de oro robada de un templo.
Tariq, el líder musulmán conquistador de España, tuvo un sueño, cuando ya estaba en alta mar, camino de Andalucía, en el que el profeta le indicaba con precisión: "Sigue adelante", lo que le ayudó a cobrar mayor fuerza en la lucha.
Solimán el Magnífico tuvo una visión onírica del derviche Hudai Efendi, que le anunció su inminente victoria en la campaña de Hungría.
Edwin Reed, el que fuera naturista y director del Museo de Historia Natural en Concepción (Chile), soñó -encontrándose perfectamente de salud- que paseaba por una avenida al final de la cual veía una tumba de mármol blanco, en cuya lápida leyó: "Reed, naturista. 7 de diciembre de 1910". Lo cierto es que murió en esa fecha.
El obispo húngaro de Grosswardien, monseñor Josef Lanyin, tuvo un sueño tan real que lo primero que hizo al despertarse fue escribir al obispado para relatar lo siguiente: "En la madrugada del 28 de julio de 1914 me he despertado a las 3 de la madrugada en medio de un sueño espantoso. He soñado que estaba sentado en mi mesa de trabajo para despachar la correspondencia. Encima de las cartas recibidas ese día había un sobre con la orla negra, el sello y el escudo del Archiduque. Reconocí enseguida su caligrafía. Abrí el sobre y saqué una hoja, en cuya cabecera vi una imagen azul, parecida a la de las tarjetas postales, que representaba una calle y un estrecho callejón. Sus altezas estaban sentadas en un automóvil y, al lado del chófer, un oficial. A ambos lados de la calle se agolpaba un gentío enorme. Dos jóvenes saltaban sobre el automóvil y disparaban sobre sus cabezas (...). La carta que recibí en sueños tenía el siguiente texto: Excelencia, caro doctor Lanyin. Le comunico que hoy caigo con mi esposa en Sarajevo, víctima de un atentado. Nos encomendaremos a sus oraciones. De corazón le saluda su archiduque Francisco. Sarajevo, 28 de julio". Poco después, Lanyin recibía un telegrama en el que se le comunicaba la violenta muerte de los herederos al trono del imperio austrohúngaro.
El doctor Gudden, de Mónaco, médico privado de Luis II de Baviera, tenía un sueño recurrente antes de aceptar el cargo, que comentó con varias personas. Se veía a sí mismo sumergido en un lago, luchando por salvar la vida de un hombre -al que no conseguía ver la cara- y la suya propia.
El 13 de junio de 1886, los cadáveres de Luis II y de su médico eran sacados del lago Stanberg. Los desafortunados protagonistas habían ido al castillo de Berg al dar comienzo la demencia del monarca. No se sabe muy bien qué ocurrió. Al parecer, Luis II quiso poner fin a su vida y arrastró con él al médico.
Cabe destacar, como nota personal, que Luis II de Baviera (Ludwig II) fue el mismo artífice del famoso castillo de Neuschwanstein, el castillo-cisne.
Constantino el Grande, convertido al Cristianismo, fue estimulado en sueños para conseguir la conversión de los romanos a la fe cristiana.
Tutmosis IV tuvo una reveladora experiencia onírica al quedarse dormido a los pies de la esfinge, en la que se le prometía alcanzar el poder a cambio de quitar la arena que recubría casi por completo este monumento, lo que dio lugar a la famosa "estela del sueño", que puede ser contemplada entre las patas del gigantesco animal mitológico.
La condesa de Toutshkoff soñó la muerte de su esposo en la batalla de Borodino. Cuando ella tuvo esta experiencia Borodino no figuraba en los mapas, por lo que no pudo avisar a su marido a tiempo.
Alejandro Magno siguió adelante en su propósito de conquistar Tiro a raíz de sus sueños, en los que veía cómo Hércules alargaba la mano desde el otro lado del muro de la ciudad para llamarle a su lado, y otro en el que se aparecía un sátiro que quería jugar con él. Su oniromante privado, Aristandro, fue el encargado de analizar dichos sueños y de aconsejarle que no abandonara en su empeño.
Abraham Lincoln tuvo un sueño premonitorio en el que señalaba con todo lujo de detalles su propia muerte a causa de un atentado.
Famosos son los sueños que tuvieron muchas personas antes del hundimiento del malogrado Titanic. Algunas consiguieron cambiar los pasajes, como el señor J. Connon, que tenía reservado el billete un mes antes y pudo cambiarlo en el último momento, después de soñar que "veía al Titanic flotando en el Atlántico, con la quilla al aire y los pasajeros y sus equipajes flotando en el agua". Otros hicieron caso omiso y perecieron en el naufragio.
Horacio Acavallo, el que fuera campeón de los pesos mosca en los 60, estando en Tokio debía tomar un avión para trasladarse a Buenos Aires, con escala en San Francisco. Sin embargo, tuvo un sueño tan impactante que ordenó a su manager que cancelara los pasajes para él y todo el equipo técnico (masajistas, entrenador, etc.) para dos días después. El avión que deberían haber tomado explotó en el aire al despegar. La tragedia tenía lugar en 1965.
Mark Twain soñó que el cuerpo de su hermano Henry era sacado del agua. Semanas después se enteró de que las calderas del barco en el que viajaba su hermano habían estallado cerca de Memphis.
Ricky McDowell, un niño que agonizaba en un hospital a causa de una leucemia, cayó en estado de semicoma. Al despertar, horas antes del asesinato de J. F. Kennedy, afirmó: "Kennedy ha muerto". No fue un caso único, pues otras muchas personas en todo el mundo soñaron su muerte.

Muchos psicólogos y psiquiatras no admiten la existencia del conocimiento del futuro a través de los sueños. Tratan de buscar explicaciones lógicas a todos los casos. Otros investigadores tienen claro que algo sucede en determinadas personas, y en momentos concretos, que les permite entrar en el túnel del tiempo y atisbar hechos que ocurrirán más adelante. No obstante, se ignora el mecanismo que activa este tipo de vivencias, y por qué sucede con algunas personas acusadamente a lo largo de sus vidas, mientras que otras jamás llegan a experimentarlas.
La postura más científica debería ser la de pensar que "algo" permite viajar a otras realidades. Por tanto, en vez de negar dichas experiencias, habría que estudiarlas en profundidas.
Que toda la vida es sueño y los sueños... sueños son, como dijo Calderón de la Barca.
El mundo de los sueños es fascinante. Quizás porque se sale de lo rutinario, quizás porque pertenece a una dimensión que se nos escapa, quizás porque tiene tesoros de un valor incalculable. Sea por lo que sea es un mundo atrayente, posiblemente por el misterio que conlleva.
Porque tus sueños son tuyos y esos... nadie podrá arrebatártelos.
En los sueños me he sentido muchas veces llevado por un extraño instinto que me impulsó a escribir.
J. W. Goethe
Goethe no fue el primero ni el último. Otros muchos utilizaron los sueños como fuente de inspiración, dando forma a todo un universo de posibilidades. Muchos pueden pensar que alguien creativo puede serlo también mientras está soñando, pero cierto es que existen casos de personajes mucho más pragmáticos que nos legaron fórmulas, tablas y hasta descripciones quirúrgicas.Tal es la experiencia del célebre médico griego Galeno (siglo II a. C.), quien intuía el poder de los sueños hasta el extremo de consultar sus problemas con la almohada. Si le surgían dudas sobre el modo de proceder con alguno de sus pacientes, le daba vueltas en la vigilia y dejaba que su mente vagara en busca de soluciones.
Un día se enfrentó a un problema de salud propio y recibió en sueños el consejo de lo que debía hacer. Probablemente su mente siguió trabajando sobre ello. En su sueño, los "dioses" le explicaban que "para calmar el dolor persistente que tenía de continuo entre el hígado y el diafragma debía cortarse la arteria que se encuentra entre el índice y el pulgar". Según parece, sus sufrimientos desaparecieron cuando efectuó esta operación. Muy convencido con el éxito debía estar para acometer semejante operación.
Mucho más sorprendente es el caso del químico alemán Friedrich August Kekule. Él mismo narraba su vivencia onírica: "Volví la silla hacia la chimenea y me sumí en un estado de duermevela. Los átomos revoloteaban ante mis ojos (...) retorciéndose y girando como serpientes. Pero una de las serpientes se agarró la cola y la imagen pasó desdeñosa ante mis ojos. Me desperté como si saliera de un instante de iluminación. Pasé el resto de la noche elaborando las consecuencias de la hipótesis". Dicha consecuencia fue el descubrimiento de la fórmula del benceno. Posteriormente tendría otro sueño que le ayudaría a finalizar su tesis. Es más, en una convención de científicos que tuvo lugar en 1890, llegó a afirmar en público: "Aprendan a soñar, caballeros".
Algo parecido le ocurrió al científico ruso Mendeleev, que formuló la tabla periódica de los elementos a través del sueño. En él vio una estructura de tabla con hileras y columnas. Al despertar, lo primero que hizo fue pasar a papel aquellos datos.
Hay quien incluso empleaba como método de trabajo la cama y lo que ésta pudiese aportarle, como el novelista francés Paul Bourget. En cierta ocasión, hallándose como invitado en el castillo del conde Haussonville, y estando la mesa puesta, el escritor no daba señales de vida. El conde mandó llamarle. El escritor explicó que él trabajaba por las mañanas en la cama y que empleaba las tardes y las noches para escribir. Lo que en realidad hacía Bourget en la cama era... dormir.
El poeta Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) también se inspiraba en sueños. Una tarde se quedó dormido pensando en la corte de Qubilay Kan.
Al despertar, tenía en mente ¡doscientos o trescientos versos! Se puso como loco a escribir, pero al llegar al verso 54 le interrumpió alguien. Para cuando regresó a su tarea, desafortunadamente el resto de los versos habían desaparecido de su memoria.Mary Shelley (1797-1851) tuvo una, ya famosa, charla sobre fenómenos paranormales con P. B. Shelley, Lord Byron y su doctor. Tras ésta, se fue a dormir y tuvo un sueño tan inquietante e impactante que al día siguiente comenzó a escribir Frankenstein.
Alberto Durero (1471-1528) llegó a plasmar sus sueños en dibujos, especialmente aquellas pesadillas que le llenaban de pavor. Él mismo lo explicaba: "En el año 1525, entre el miércoles y el jueves después del domingo de Pentecostés, durante la noche vi esta aparición en mi sueño (...). Y así, cuando me levanté por la mañana, pinté sobre estas líneas lo que había visto".
Tartini afirma que compuso el Trino del Diablo porque este personaje se le apareció en sueños para suministrarle ayuda en un pasaje especialmente difícil que no conseguía sacar adelante. Lo que él denominó "diablo" era, posiblemente, su propio inconsciente.
Resoluciones de inventos tan prácticos como la máquina de coser se deben a inspiraciones oníricas. Elias Howe, el inventor de este aparato, no sabía cómo colocar la aguja. Encontró la solución tras soñar con unos salvajes que intentaban clavarle lanzas con un agujero en forma de ojo en un extremo.Grandes obras nos han llegado a través de los contenidos oníricos; en todos los campos del arte se han dado este tipo de manifestaciones: música, pintura, literatura, fotografía, cine... Haëndel, por ejemplo, compuso los últimos compases del Mesías después de haberlos soñado. El genial Rafael aseguraba haber visto en sueños el rostro de sus vírgenes, y películas como "El piano" surgieron de sueños. La directora y guionista de la película tomó el proyecto de un sueño en el que veía un piano en una playa.
Para los sioux tetones, los chippewas y los papagos, al igual que otras tribus, las canciones y/o poemas no son obras de arte, sino el producto de un sueño, un instrumento sagrado legado por la divinidad. He aquí algunos ejemplos.Canción dada por un lobo a un sioux tetón, Búfalo Valiente:
Donde el viento sopla el viento brama.
Yo estoy hacia el oeste
el viento sopla el viento brama.
Yo estoy.
Canción dada por un alce a un sious tetón, Pato Cerceta:
Lechuzas (estaban) ululando al final de la noche.
Lechuzas (estaban) ululando.
Canción soñada por una mujer papago:
Donde la montaña se cruza
en lo alto de la montaña yo no sé
dónde vagué por donde mi mente y mi
corazón parecían perdidos
anduve errante.
Todo ello es síntoma de que para estos pueblos existe una viva comunicación directa e íntima entre la divinidad, lo que nos supera, y las personas.
Otro ejemplo de la creación a través del sueño nos lo ofrece Kwan Hiu, pintor, monje y poeta que realizó una serie de pinturas de santones budistas que había visto en sus períodos oníricos. Antes de pintar oraba para recibir la información -otra forma de ritual para conectar con el inconsciente-. En homenaje a él se construyó una sala para albergar sus pinturas oníricas.
William Blake, pintor y poeta interesado en lo paranormal, estaba convencido de la existencia de otras realidades. Llegó a dibujar al ser que, según él, le había enseñado a pintar en sus sueños, titulando el dibujo Un amigo en la eternidad.Arthur Schopenhauer obtuvo algunos de sus postulados inspirado en sueños, e incluso se salvó del cólera tras abandonar su ciudad natal, Berlín, después de que soñara que si permanecía allí moriría. Lo cierto es que gracias a este traslado no cayó enfermo.
Richard Wagner compuso Tristán e Isolda tras un sueño. Robert Louis Stevenson escribió de un tirón El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Su pluma corría veloz porque había visto el argumento claramente en sueños.
Son tantos los ejemplos que nos terminaríamos aburriendo. Todos ellos vienen a resaltar la importancia que la Humanidad ha concedido a los sueños. Estos han constituido un motor para el desarrollo de la creación, de la imaginación, dando en muchos casos solución a problemas que inquietaron a los hombres.
Antiguamente se le concedía una importancia muy especial al mundo onírico. Lo que antes se consideraba un regalo de los dioses y una forma de comunicarse con ellos, ahora es denominado inconsciente.
Han sido muchos los pueblos que se han ocupado de ellos y, desde siempre, se les ha atribuido un carácter sagrado.
Los sumerios, egipcios, acacios, griegos y romanos estaban convencidos de que las horas de descanso les reportaban informaciones que debían aprovechar al máximo.
En Grecia se prestaba especial atención a todo lo relacionado con el sueño e incluso se refleja su historia a través de las deidades relativas a él: Hipnos (dios del sueño) era hermano gemelo de Thanatos (la muerte). Hipnos, desposado con la Noche, tuvo tres hijos: Morfeo, Fantasio y Fobetor. El primero enviaba a los hombres sueños positivos, el segundo, sueños fantásticos, mientras que Fobetor era el encargado de mandar terribles pesadillas y monstruos engendrados en las sombras de la noche.Las mentes más privilegiadas de la Grecia clásica también se ocuparon del sueño, aportando diversas tesis que intentaban acercarse a sus misteriosos orígenes. Platón, Sócrates, Pitágoras, Aristóteles... estaban entre ellos.
Por supuesto, en Roma no sólo se tenían en cuenta los sueños, sino que se fomentaban a través de la "incubación". La incubación consistía en accionar los sueños mediante una serie de técnicas de purificación y de la encomienda a los dioses pertinentes. Las personas acudían a los templos destinados exclusivamente a esta actividad y dormían en ellos. A la mañana siguiente contaban sus sueños a los sacerdotes encargados de realizar la interpretación, o a veces eran estos últimos los responsables de soñar a fin de encontrar respuestas a los problemas que acuciaban a los visitantes de los templos, principalmente en las cuestiones de salud. Algunos de estos famosos emplazamientos fueron los templos de Esculapio (Roma) y Asclepio (Grecia).
En el Talmud aparecen al menos 200 referencias relacionadas con el mundo onírico. Por su parte, Mahoma tuvo una serie de experiencias con los sueños que le llevaron a afirmar que buena parte de las 90.000 palabras registradas en el Corán fueron recibidas a través de estos. El nombre Buda significa "el que despierta del sueño", si bien se refiere más al despertar espiritual, pero no deja de ser curiosa la asociación de términos.No faltan las leyendas que explican la creación del Universo a raíz de sueños. Tal es el caso de las creencias de los indios colombianos uitotos. En el hábitat de los uitotos apenas se registran delitos o trastornos mentales y/o físicos. Quizás esto guarde alguna relación con su forma de vivir los sueños. Están acostumbrados a compartir desde niños sus experiencias oníricas con los que les rodean, formulándose en sus vivencias el hábito de analizar su visión de la existencia a través de la comprensión de los problemas de los otros. Si alguien sueña que se pelea con alguno de sus "hermanos", diseccionan el sueño en busca de la explicación de por qué se produjo oníricamente una discrepancia entre ellos. Sencillamente, liberan las tensiones y los anhelos a diario, sin tabúes.
Muchos pueblos primitivos norteamericanos gustaban de emplear a un chamán para que indagase en los significados de sus sueños. Así ocurría con los maricopa, los iroqueses y los croqueses.
Todos estos ejemplos, y muchos otros, demuestran que el sueño siempre ha despertado un vivo interés entre los seres humanos, que les ha preocupado hasta el extremo de dirigir los designios de la Humanidad en forma de avisos, advertencias u oscuros augurios recibidos en estado onírico. Dichas señales no siempre pudieron ser empleadas en provecho y beneficio de los hombres.
Los sueños, a lo largo de la Historia, fueron tenidos como señales divinas que, frecuentemente, avisaban de peligros que habrían de acontecer en el futuro. De todo ello existen referencias. La Biblia es un buen ejemplo de ello.
Algunas de las más conocidas tienen como protagonistas a Jacob y su espectacular sueño de la escalera por la que bajaban ángeles; José y la interpretación que hizo de los sueños del faraón de Egipto; Gedeón, que escuchó el relato de un sueño que habría de darle la victoria frente a los madianitas; Daniel, que ejerciendo de oniromante para Nabucodonosor logró salvar la vida, etc.
Pero además de la Biblia, existen muchos más casos, que podrían tildarse de sueños premonitorios.
Sócrates sabía que iba a morir tres días antes porque le comentó a Critón que había visto en sueños una bella dama que le llamaba por su nombre, al tiempo que recitaba un verso de Homero, "dentro de tres días veréis los campos". Tres días después moría tras ser obligado a ingerir cicuta.Calpurnia, la esposa de Julio César, soñó la muerte de su marido, que, por cierto, también soñó, en forma simbólica, que algo terrible le ocurriría en el Senado.
Sófocles vio en sueños a Heracles (Hércules) indicándole el emplazamiento en el que unos ladrones habían escondido una copa de oro robada de un templo.
Tariq, el líder musulmán conquistador de España, tuvo un sueño, cuando ya estaba en alta mar, camino de Andalucía, en el que el profeta le indicaba con precisión: "Sigue adelante", lo que le ayudó a cobrar mayor fuerza en la lucha.
Solimán el Magnífico tuvo una visión onírica del derviche Hudai Efendi, que le anunció su inminente victoria en la campaña de Hungría.
Edwin Reed, el que fuera naturista y director del Museo de Historia Natural en Concepción (Chile), soñó -encontrándose perfectamente de salud- que paseaba por una avenida al final de la cual veía una tumba de mármol blanco, en cuya lápida leyó: "Reed, naturista. 7 de diciembre de 1910". Lo cierto es que murió en esa fecha.
El obispo húngaro de Grosswardien, monseñor Josef Lanyin, tuvo un sueño tan real que lo primero que hizo al despertarse fue escribir al obispado para relatar lo siguiente: "En la madrugada del 28 de julio de 1914 me he despertado a las 3 de la madrugada en medio de un sueño espantoso. He soñado que estaba sentado en mi mesa de trabajo para despachar la correspondencia. Encima de las cartas recibidas ese día había un sobre con la orla negra, el sello y el escudo del Archiduque. Reconocí enseguida su caligrafía. Abrí el sobre y saqué una hoja, en cuya cabecera vi una imagen azul, parecida a la de las tarjetas postales, que representaba una calle y un estrecho callejón. Sus altezas estaban sentadas en un automóvil y, al lado del chófer, un oficial. A ambos lados de la calle se agolpaba un gentío enorme. Dos jóvenes saltaban sobre el automóvil y disparaban sobre sus cabezas (...). La carta que recibí en sueños tenía el siguiente texto: Excelencia, caro doctor Lanyin. Le comunico que hoy caigo con mi esposa en Sarajevo, víctima de un atentado. Nos encomendaremos a sus oraciones. De corazón le saluda su archiduque Francisco. Sarajevo, 28 de julio". Poco después, Lanyin recibía un telegrama en el que se le comunicaba la violenta muerte de los herederos al trono del imperio austrohúngaro.El doctor Gudden, de Mónaco, médico privado de Luis II de Baviera, tenía un sueño recurrente antes de aceptar el cargo, que comentó con varias personas. Se veía a sí mismo sumergido en un lago, luchando por salvar la vida de un hombre -al que no conseguía ver la cara- y la suya propia.
El 13 de junio de 1886, los cadáveres de Luis II y de su médico eran sacados del lago Stanberg. Los desafortunados protagonistas habían ido al castillo de Berg al dar comienzo la demencia del monarca. No se sabe muy bien qué ocurrió. Al parecer, Luis II quiso poner fin a su vida y arrastró con él al médico.Cabe destacar, como nota personal, que Luis II de Baviera (Ludwig II) fue el mismo artífice del famoso castillo de Neuschwanstein, el castillo-cisne.
Constantino el Grande, convertido al Cristianismo, fue estimulado en sueños para conseguir la conversión de los romanos a la fe cristiana.Tutmosis IV tuvo una reveladora experiencia onírica al quedarse dormido a los pies de la esfinge, en la que se le prometía alcanzar el poder a cambio de quitar la arena que recubría casi por completo este monumento, lo que dio lugar a la famosa "estela del sueño", que puede ser contemplada entre las patas del gigantesco animal mitológico.
La condesa de Toutshkoff soñó la muerte de su esposo en la batalla de Borodino. Cuando ella tuvo esta experiencia Borodino no figuraba en los mapas, por lo que no pudo avisar a su marido a tiempo.
Alejandro Magno siguió adelante en su propósito de conquistar Tiro a raíz de sus sueños, en los que veía cómo Hércules alargaba la mano desde el otro lado del muro de la ciudad para llamarle a su lado, y otro en el que se aparecía un sátiro que quería jugar con él. Su oniromante privado, Aristandro, fue el encargado de analizar dichos sueños y de aconsejarle que no abandonara en su empeño.Abraham Lincoln tuvo un sueño premonitorio en el que señalaba con todo lujo de detalles su propia muerte a causa de un atentado.
Famosos son los sueños que tuvieron muchas personas antes del hundimiento del malogrado Titanic. Algunas consiguieron cambiar los pasajes, como el señor J. Connon, que tenía reservado el billete un mes antes y pudo cambiarlo en el último momento, después de soñar que "veía al Titanic flotando en el Atlántico, con la quilla al aire y los pasajeros y sus equipajes flotando en el agua". Otros hicieron caso omiso y perecieron en el naufragio.
Horacio Acavallo, el que fuera campeón de los pesos mosca en los 60, estando en Tokio debía tomar un avión para trasladarse a Buenos Aires, con escala en San Francisco. Sin embargo, tuvo un sueño tan impactante que ordenó a su manager que cancelara los pasajes para él y todo el equipo técnico (masajistas, entrenador, etc.) para dos días después. El avión que deberían haber tomado explotó en el aire al despegar. La tragedia tenía lugar en 1965.Mark Twain soñó que el cuerpo de su hermano Henry era sacado del agua. Semanas después se enteró de que las calderas del barco en el que viajaba su hermano habían estallado cerca de Memphis.
Ricky McDowell, un niño que agonizaba en un hospital a causa de una leucemia, cayó en estado de semicoma. Al despertar, horas antes del asesinato de J. F. Kennedy, afirmó: "Kennedy ha muerto". No fue un caso único, pues otras muchas personas en todo el mundo soñaron su muerte.

Muchos psicólogos y psiquiatras no admiten la existencia del conocimiento del futuro a través de los sueños. Tratan de buscar explicaciones lógicas a todos los casos. Otros investigadores tienen claro que algo sucede en determinadas personas, y en momentos concretos, que les permite entrar en el túnel del tiempo y atisbar hechos que ocurrirán más adelante. No obstante, se ignora el mecanismo que activa este tipo de vivencias, y por qué sucede con algunas personas acusadamente a lo largo de sus vidas, mientras que otras jamás llegan a experimentarlas.
La postura más científica debería ser la de pensar que "algo" permite viajar a otras realidades. Por tanto, en vez de negar dichas experiencias, habría que estudiarlas en profundidas.
Que toda la vida es sueño y los sueños... sueños son, como dijo Calderón de la Barca.









































