Estuve una semana en el hotel balneario Termes Victòria de Caldas de Montbui, con un planning de piscina y dietas que me mantuvo ocupada toda la semana, pero cada vez que pienso en el balneario tengo una sensación de tranquilidad inmensa, y es porque volví renovada en cuerpo y mente. Mens sana in corpore sano.
Cada día, durante siete días, tenía dos horas en la planta inferior del edificio, una en la piscina de aguas termales y otra de masaje.
Lo que recuerdo es lo que me aburría la piscina termal, porque la hora bajo los chorros se me hacía muy larga, pero ahora lo recuerdo con una paz inmensa. En la piscina entablaba conversaciones con mucha gente, de cualquier edad y clase social. Esto lo digo porque una señora me dijo que vivía al lado de la Sagrada Familia y veía pasar hordas de turistas, que iba cada año allí con su hermana, a la que hace uno año le había dado un ictus; o los cubanos que iban con una señora mayor que tenía el pelo de color azul, aquejada de cáncer; o la joven alemana que acompañaba a los baños a su madre...
Conocí a mucha gente allí, aunque los mejores recuerdos son para Susi, la quiropráctica; para Sebastián, que me dejó moratones en las piernas tras un duro masaje; o para David, que me dio el mejor chorro a presión de la semana. Al final, en los masajes, podías hablar con todos y te contaban retazos de sus vidas. Sebastián, que era nieto de inmigrantes chilenos, me recomendó ir al pueblo donde vivía, Sant Miquel del Fai, porque había unas cascadas espectaculares. Pero no llegué a ir por falta de tiempo.
Al salir de la piscina nos esperaba una infusión de regaliz. Las aguas termales relajan la presión arterial. Esta infusión de regaliz ayuda a equilibrar y compensar la presión arterial. Estaba muy rica.
La comida en el hotel era espectacular. Aunque a mí me ponían comida especializada, es cierto que el restaurante bufet tenía unos platos que maravillaban a la vista y, supongo que también, al paladar.
El comedor estaba presidido por un enorme cuadro de Saló Francesc Domingo. La imagen representa a los payeses de Caldas de Montbui regresando al pueblo después de coger cerezas, tal como hacía la familia de Isidro Anglí. Este cuadro forma parte de una trilogía del mismo autor que se exponen en la recepción del hotel.
Las habitaciones eran espectaculares, todas con balcón y con unas vistas preciosas a la riera de Caldes, la montaña y el pueblo. Mi balcón daba a la parte de la montaña y se veía más abajo un poco de la piscina exterior.
La piscina exterior se abre de 9 de la mañana a 9 de la noche todos los días del año. Y es que, aunque haga frío, el agua de la piscina viene del subsuelo, por lo que su temperatura es muy elevada. Junto a la piscina había un espacio con bar, cerrado en esa época del año, pero que tiene que ser una delicia en temporada alta.
La planta baja contaba con varios salones antiguos pero renovados, butacas de época, la campana para llamar al servicio, cuadros familiares, varios pianos.
Junto a la entrada había un patio con árboles frutales, y pájaros cantando. Para mí era una delicia salir allí con mi eBook a leer, aunque algún día hacía frío, pero disfruté mucho de este patio.
El balneario Termes Victòria tiene más de 300 años de historia, siempre ha sido un balneario familiar. En el siglo XVII se erige la primera casa de baños con el nombre de Balneario Llobet, propiedad de Antonio Llobet i Valllosera. A mediados del siglo XIX el nuevo propietario, el señor Monteys, y dos gerentes administran los baños termales. Un descendiente de Monteys cambió el nombre por Termes Victòria, en honor a su esposa Victòria. Su hijo mayor, Joan Anglí, se casó en 1917 con María Rosa Garriga Mansclans, y juntos dirigieron el balneario. Sus dos hijos fueron la última generación que nació y creció en el balneario. Isidro Anglí se casó con María Torres, que llevaba el peso de la administración, mientras su marido se centraba en la política local de Caldas de Montbui, llegando a ser alcalde de la población. Tuvieron cinco hijos.
El balneario además tiene un espacio Cel, que se llena los fines de semana de familias, que son piscinas diferentes, también termales.
Sólo puedo decir que regresaré al balneario Termes Victòria. El trato fue espectacular, pero además vive desconectada de mente y cuerpo. Descansé, lo que es mucho decir, ya que en todas mis vacaciones suelo ir a visitar muchas cosas, me embriago con historia y arte y al final la cabeza no desconecta. Ahora bien, sí que estuve en Barcelona y vi cosas, pero con mucha calma...














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