Ya lo dijo Calderón: "Que toda la vida es sueño, y los sueños... sueños son".
Mi novio y yo teníamos claro que queríamos visitar el Museo Tecnológico Nacional de Praga. Y ha sido un acierto, aunque esperábamos que fuera más pequeño. Nos hemos tirado allí unas cinco horas, comida incluida. Merece la pena la visita.
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