Pasear por el parque de Can Rius fue una experiencia maravillosa, tanto como que otras veces me llevaba incluso el eBook para leer.
Cruzando uno de los puentes, en la orilla opuesta al centro de Caldas, había un parque a dos alturas (vamos, que se podía bajar al lecho del río), con árboles, caminos, columpios, bancos, miradores e incluso una tirolina.
Estaba lleno de gente. Y es que merecía la pena ir a pasear por allí.

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