Tenía muchas ganas de visitar el Parque Güell, porque en otras ocasiones que había visitado la Ciudad Condal nunca había tenido la oportunidad de visitarlo. Posiblemente, junto a la Sagrada Familia, es uno de los lugares más visitados, y más multitudinarios, de Barcelona.
Cuando le dije a mi hermano que iba a ir me dijo que me preparara para subir hacia arriba. Y eso fue el primer día, cuando una tarde empecé a subir y subir bajo un sol implacable, cogí varios tramos de escaleras mecánicas, y cuando llegué a uno de los accesos la taquilla estaba cerrada, las entradas vendidas y en internet podía comprarla para una hora y media después, así que decidí dejarlo para otro día.
Y la siguiente vez, cogí la entrada el día anterior, pillé un taxi que me dejó en la entrada principal, y accedí una hora antes de lo que ponía en mi entrada. La visita y el paseo al parque, grandísimo, merece la pena. Estuve tres horas, pero para verlo bien se requieren al menos cuatro horas.
Ahí va un poco de historia sobre el Parque Güell, que no es poca...
En 1898, el británico Ebenezer Howard publica la obra Ciudades jardín del futuro, en la que propugna la creación de localidades de población controlada que combinen lo mejor de la vida rural y urbana, de acuerdo con las ideas antiindustriales de William Morris, el padre del movimiento Arts and Crafts, antecedente del modernismo. En esa misma época, en Cataluña, el empresario y político Eusebi Güell, que había estudiado Ciencias Sociales en Nimes (Francia) y viajaba a menudo a Inglaterra, constata que el rápido proceso de industrialización está alejando a la sociedad de los valores seculares del cristianismo y las tradiciones catalanas, divisas del regionalismo conservador. En este contexto, Güell propone a Gaudí la adaptación del modelo de ciudad jardín de Howard a su ambición de reinstaurar esos valores tradicionales en la sociedad industrial. Para este fin, pone a disposición del arquitecto un gran solar en la llamada montaña Pelada -actual Turó del Carmel-, entonces una zona alejada del centro de Barcelona. En el año 1900, Gaudí, muy identificado con las ideas políticas de Güell, proyecta un complejo residencial repleto de simbolismos relacionados con Cataluña y el cristianismo, y siembra el solar de un sinfín de muestras de su arquitectura de formas orgánicas inspiradas en la naturaleza. No obstante, la falta de interés de la burguesía por el proyecto de Güell y Gaudí condujo a la suspensión de las obras en 1914, cuando sólo se habían construido las zonas comunes y dos de las 60 casas previstas. En 1922, el Ayuntamiento adquirió el complejo para convertirlo en parque público y, en 1984, la Unesco reconoció su enorme valor artístico declarándolo Patrimonio de la Humanidad.
Gaudí proyectó el parque sobre un terreno de 15 hectáreas que Eusebi Güell había adquirido y que estaba situado a cuatro kilómetros de la Barcelona antigua, en la ladera de una colina orientada al sur. El terreno ocupaba los dominios de varias masías de la solana del Turó del Carmel, una colina de escasa altura, pero bastante accidentada. Sobre este sustrato, Gaudí concibió un complejo residencial cerrado por un muro y con los accesos controlados. El parque debía contar con áreas comunitarias, caminos, paseos y 60 parcelas triangulares de baja edificabilidad. Gaudí dotó de simbolismo este vastísimo espacio ideando un programa didáctico pensado para recuperar los valores del cristianismo y el catalanismo. Aprovechó el desnivel para convertir el parque en un camino de purificación, desde los pabellones decorados de la entrada -que aluden a la frivolidad de la época- hasta la capilla, situada en lo más alto, a la que se accedía recorriendo los senderos en peregrinación.
60 metros es el desnivel del Parque Güell, entre la entrada principal y la cima de la ladera sobre la que se extiende. 1400 metros cuadrados era la superficie promedio de los solares triangulares previstos en el Parque Güell, área que permitía rodear las casas de un amplio jardín. En 1902 el abogado Martín Trias compró las dos únicas parcelas del parque que se vendieron. En esos terrenos hizo construir su vivienda, obra de Juli Batllevell.
La entrada original del Parque hoy es la salida actual del visitante. A fin de garantizar la seguridad de los vecinos de la futura urbanización, Gaudí mandó rodear todo el recinto de un muro de mampostería, coronado en la calle de Olot por medallones de trencadís. El conjunto de zonas comunes formado por el vestíbulo de entrada, la escalinata, el mercado y la plaza constituyen el núcleo principal del parque.
Rebosante de colorido, formas exóticas, figuras oníricas y símbolos, la entrada del parque separa la ciudad gris y mundana de la urbanización ideal imaginada por el promotor Güell y proyectada por el arquitecto Gaudí. El arquitecto diseñó la entrada al parque para llamar la atención de los paseantes con construcciones casi escenográficas y para comunicar un mensaje mediante multitud de símbolos cuya interpretación permitía resolver un juego de enigmas que llevaba a la siguiente conclusión: el Parque Güell es el paraíso. Por esa razón, el colorido y el exotismo de los edificios de la entrada intentan marcar la frontera entre los dos ámbitos alegóricos, la tierra y el cielo. El diseño de los dos pabellones que flanquean la verja -la portería y la administración del parque- responde, pese a su apariencia caprichosa, a criterios estrictamente funcionales.
El pabellón menor de la entrada fue proyectado para alojar las oficinas de la futura urbanización (edificio de la administración). Tiene 29 metros de altura y el cuerpo de la torre mide 17 metros hasta la cruz de cuatro brazos. En 1936, coincidiendo con la guerra civil, fue destruida la cruz original. Gaudí recurrió a módulos prefabricados de formas curvas para delimitar las terrazas del pabellón. La estructura de arcos paralelos del techo de la primera planta recuerda al costillar de un animal. El ventanal está enmarcado por piezas de trencadís, y proporciona luz a la planta baja, habilitada como sala de espera. El conducto de ventilación tiene una cúpula que recuerda a la forma de una seta.
El pabellón mayor es la portería, formado por la vivienda del conserje de dos plantas, desván y mirador. La cúpula de la portería está adornada con tazas de café boca abajo. Se dice que, con esta idea, Gaudí declaró su renuncia a seguir tomando café.
Vista desde el vestíbulo, el refugio para carruajes es una galería porticada diseñada para guarecerse en caso de lluvia, que sugiere el perfil de un elefante caminando.
La verja de entrada fue instalada en 1965 en sustitución de una puerta de madera. La verja de hierro que cierra el acceso principal del parque fue diseñada por Gaudí para la Casa Vicens, su primera gran obra. La verja de la entrada principal está decorada por hojas de palma. Gaudí utilizó también piezas prefabricadas en muchos de los elementos del parque.
Gaudí solía recurrir al pasado o a las aficiones de sus clientes para personalizar las obras que proyectaba. En el diseño de algunos elementos del Parque Güell, el artista emuló los Jardins de la Fontaine de Nimes, un parque planificado en el siglo XVIII alrededor de unas ruinas romanas en la ciudad francesa en la que Güell había cursado parte de sus estudios superiores. Gaudí recurrió asimismo a la Antigüedad griega al inspirarse, también a instancias de Güell, en las ruinas del templo de Apolo en Delfos, construido en la ladera de un monte, y símbolo del clasicismo, de la misma forma que el industrial deseaba convertir el parque en el emblema de la Renaixença catalana.
La escalinata que se abre frente a la entrada de la urbanización forma un conjunto de gran impacto visual, con alusiones a la geografía catalana y a los temas mitológicos, como el dragón protector, símbolo del parque. Las paredes de la escalinata están revestidas con paneles de trencadís.
Situada entre los muros almenados y con las imponentes columnas del mercado como telón de fondo, la escalinata está formada por cuatro tramos y dividida en dos partes simétricas por tres fuentes de formas orgánicas que, en conjunto, representan la idea de la magnitud geográfica de Cataluña en su esplendor medieval.
En la fuente del primer tramo, un círculo representa el mundo y un compás evoca a Gaudí como arquitecto y a Güell como promotor del parque. En la segunda fuente, una cabeza de serpiente, símbolo de la medicina, aparece bajo la bandera catalana. Podría tratarse de Nejustán, la serpiente de bronce que Moisés puso en su báculo durante la travesía del desierto. La tercera fuente está dominada por el famoso dragón revestido con trencadís cerámico, mientras que el último tramo acoge un banco en forma de odeón.
Gaudí decidió ubicar en la parte alta de la escalinata un reptil gigante que se erige en guardián del parque, emulando la figura del dragón que, según la mitología griega, defendía las fuentes del templo de Delfos. Para dar forma a la figura del dragón, se dice que Gaudí saltó repetidamente sobre una malla metálica. A partir del molde diseñado por Gaudí, se elaboró una pieza prefabricada a base de ladrillo rasilla. Una vez colocada en su emplazamiento definitivo, la figura fue decorada con fragmentos de cerámica. Las piezas cerámicas utilizadas para decorar el dragón son de tamaño reducido, con el fin de adaptarse a los volúmenes curvos de la figura (trencadís).
Según algunos investigadores, el reptil del Parque Güell es una salamandra, animal que en la mitología griega se asocia con el fuego.
El dragón es el punto inicial del sistema de fuentes de la escalinata, que se nutre del agua de lluvia filtrada por la gran plaza y acumulada en la cisterna del mercado. Los conductos se hallan en el interior de las columnas del mercado.
Gaudí se inspiró en los templos de la Antigua Grecia para proyectar bajo la gran plaza del Parque Güell un bosque de columnas dóricas destinado a convertirse en el mercado de la futura urbanización. Situada en el segundo nivel del parque, la sala hipóstila genera un imponente fondo monumental que crece a medida que se asciende por la escalinata. El artista confirió una gran inclinación a las columnas más exteriores del conjunto, una práctica habitual de los arquitectos griegos que Gaudí exageró deliberadamente a fin de reforzar la estructura y dinamizar visualmente el espacio. La sala se compone de 86 columnas hechas de mortero y escombro que sostienen la gran plaza superior. La cubierta está formada por bóvedas semiesféricas revestidas de trencadís blanco. Gaudí sustituyó cuatro de las columnas para poner en su lugar sendos plafones, también de trencadís, que representan las cuatro estaciones. Cuatro soles de tres metros de diámetro y de diseño similar, pero de distintos tonos, decoran el techo del mercado. Junto a los soles, en el techo también aparecen representadas 14 lunas de formas variadas. La cornisa del mercado está adornada con una serie de gárgolas que representan cabezas de león y que sirven para desaguar la lluvia que cae sobre el banco de la gran plaza.
Según el proyecto inicial, la sala hipóstila tenía que albergar un mercado, respondiendo así a la necesidad de crear espacios que garantizaran la autonomía de los residentes del Parque Güell.
El trencadís está omnipresente en la arquitectura de todo el parque. Se trata del revestimiento a base de fragmentos rotos de cerámica y otros materiales, técnica ideada por Gaudí que en el Parque Güell adquiere la categoría de arte. Unidas con argamasa, las piezas de trencadís se colocaban sobre la superficie arquitectónica para formar un puzle lleno de color. En el banco de la gran plaza, los motivos vegetales y animales contrastan con los elementos geométricos.
Concebida para ser el ágora o espacio de encuentro de los residentes de la urbanización, la gran plaza acoge el banco serpenteante, considerada una de las mayores obras de las vanguardias del siglo XX. Inspirándose en las ágoras de las polis griegas, Gaudí diseñó este vasto punto de reunión y esparcimiento en el que debían desarrollarse las actividades cívicas y las ceremonias religiosas de los habitantes de la urbanización ideal. Situada en el centro geográfico del parque, la gran plaza tiene forma oval y un tercio de su superficie excavada en la ladera de la montaña, en una configuración que imita la de los templos griegos arcaicos. El resto del espacio, contorneado por el larguísimo banco serpenteante que actúa como barandilla, se asienta sobre las 86 columnas dóricas del mercado ubicado justo debajo, con lo que la gran plaza se convierte en un gran mirador sobre la llanura de Barcelona y el mar Mediterráneo.
Las obras de la plaza comenzaron en 1907, al tiempo que se construía la columnata del mercado. La plaza se inauguró dos años después, aunque el banco serpenteante de trencadís se completó años más tarde. El banco presenta un revestimiento de trencadís de estilo vanguardista, obra de Josep Maria Jujol. Las líneas ondulantes del banco contrastan con la rigidez de las columnas que soportan el peso de la plaza. El revestimiento de la parte externa del respaldo, visible desde la propia plaza gracias al diseño serpenteante del banco, presenta hasta 75 variaciones de una forma de hoja de palma.
La superficie total de la plaza es de 2.694 metros cuadrados, la mitad de la cual descansa sobre la sala hipóstila. El banco mide aproximadamente 110 metros de longitud.
El extenso banco que ciñe con su forma ondulada la mitad sur de la gran plaza fue uno de los últimos trabajos ejecutados por Gaudí en el parque. Antes de su construcción, Gaudí elaboró un detallado estudio para encontrar la forma más cómoda de asiento y, al mismo tiempo, integrar el banco en las funciones comunitarias de la plaza. De esta manera, el arquitecto desarrolló dos módulos curvilíneos -uno cóncavo y otro convexo- que, repetidos en serie, generaban esa forma ondulada, muy útil tanto para actos multitudinarios como para grupos pequeños que charlaran en la intimidad.
El muro de la parte trasera de la plaza está formado por una serie de gruesos pilares que imitan la forma de palmeras.
Gaudí resolvió los grandes desafíos que el pronunciado relieve genera a la circulación por la urbanización diseñando una densa red de viaductos, pórticos, caminos y senderos con estructuras sumamente originales, diseños y recorridos muy funcionales y una estética que se funde a la perfección con el terreno. Inspirándose en el modelo de jardín inglés del siglo XIX, Gaudí concibe una red que une todos los puntos de la urbanización y cumple con el programa simbólico de ascensión de lo mundanal -la entrada al parque- a lo más ascético: el Calvario que lo culmina.
Dentro del parque también se encuentra la Casa-Museo Gaudí, lugar de residencia del arquitecto entre 1906 y 1925, pocos meses antes de su muerte, antes de trasladarse a vivir al taller de la Sagrada Familia. Allí vivió con su padre y su sobrina. Diseñada por su ayudante Francesc Berenguer, fue construida como casa de muestra de la urbanización, hasta que fue adquirida por Gaudí, que ya se olía el fracaso del proyecto. Se trata de una casa con sótano y tres plantas, dos terrazas y rematada por una alta torre coronada con una cruz y una veleta, rodeada por un jardín rústico cercado por un muro bajo, donde destaca una pérgola de arcos parabólicos recubierta de jazmín. La decoración, donde destacan los elementos de cerámica y los esgrafiados, es de estilo modernista.
Cuando murió el arquitecto se puso en venta y el importe fue destinado a las obras de la Sagrada Familia, según el testamento dejado por Gaudí. Fue adquirida por el matrimonio italiano Chiappo Arietti, y en 1963 la compró la Asociación Amigos de Gaudí con el objetivo de fundar un museo dedicado al arquitecto.
El museo alberga diversos muebles y objetos personales de Gaudí, como su dormitorio y su oratorio, además de algunos cuadros y esculturas, así como paneles informativos y audiovisuales dedicados al arquitecto. En el vestíbulo hay un busto de bronce con la efigie del arquitecto. Entre los muebles hay mobiliario original procedente de la Casa Calvet, la Casa Batlló y la cripta de la Colonia Güell. En el jardín se exponen también diversos objetos, como la cruz de cuatro brazos del portal de la Finca Miralles, una copia de una escultura de la Sagrada Familia (terminada según el proyecto de Gaudí), una gárgola con forma de cabeza de león de la cornisa de la plaza del parque o unas rejas procedentes de la Casa Vicens y la Casa Milá.




















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