martes, abril 29, 2025

En el bosque


Cuando Ana María Matute ingresó en la Real Academia Española, leyó un discurso sobre el bosque, porque su infancia transcurrió en un bosque imaginario y es un lugar inspirador de ideas.
Con motivo del Día del Libro, han editado una parte de ese discurso junto a unas tarjetas que emulan a los minioramas del siglo XIX con imágenes sobre el bosque. Se pueden mezclar de tantas formas como historias pueden surgir en un bosque.
Me ha parecido una edición preciosa.


El 18 de enero de 1998, Ana María Matute leyó ante los miembros de la Real Academia Española su discurso de ingreso, titulado En el bosque, y, desde ese lugar creado por las palabras, desplegó, con la voz clara de una contadora de historias, el mundo que le había fascinado desde la infancia.
Ese mundo, contenido en un bosque infinito, con claroscuros, criaturas, deseos, sueños, personas y personajes misteriosos... era para la académica el mundo de la imaginación y también el de la propia literatura.


Un bosque en el que se internaba de niña, atravesando las profundidades de un ropero, en el que entraba como Alicia en el país de las maravillas a través del agua del espejo; o con los ojos abiertos, sentada en el rincón oscuro del cuarto de los castigos. En la oscuridad, Ana María veía perfectamente.
En el caluroso verano de su undécimo cumpleaños, estalló la Guerra Civil. Fue entonces cuando descubrió otra realidad, y conoció la palabra muerte, fusilamiento, enemigo. Su infancia al abrigo de sombrillas, paraguas y niñeras quedó para siempre detrás de los visillos de su casa en la barcelonesa calle de Platón. Sin embargo, la escritora se agrandaba, su bosque se llenó de miradas, memorias y atropellos.
Ganó el Premio Planeta en 1954 con Pequeño teatro, escrita con diecisiete años; Primera memoria, el Nadal de 1959; Polizón del Ulises y Sólo un pie descalzo, el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1965 y 1984 respectivamente; y otros muchos galardones, coronados por el Miguel de Cervantes de Literatura en 2010.


Los libros eran para ella como bosques misteriosos, y la escritura, una voluntad constante de adentrarse en ellos, de perseguir las palabras que nos revelan las historias que conocemos y las que presentimos, e incluso nuestra propia historia. Y la de Ana María Matute acaba como un cuento de hadas, con la alegría y la nostalgia de un "por siempre jamás".

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