Mi novio y yo enseguida cogimos un autobús urbano desde la Playa del Sardinero hasta el centro de Santander. Allí pasamos junto a los despampanantes edificios que albergan sedes del Banco Santander, el Ayuntamiento y la Plaza Porticada.
En una calle junto a la Plaza Porticada nos tomamos una cerveza en una terraza, mientras preparaban un escenario en la plaza para un concierto esa misma noche.
Otro edificio que nos llamó la atención fue el que alberga el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, porque al entrar nos encontramos con toda una planta baja llena de bares de tapeo, estaba lleno hasta las trancas.
Pasamos junto al Refugio Antiaéreo, que estaba cerrado de noche y ya no nos dio tiempo a regresar. Y vimos de refilón la catedral.
De hecho, quisimos pasar la tarde del sábado por el barrio pesquero, pero se nos echó el tiempo encima y tuvimos que regresar.



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