lunes, marzo 10, 2014

Pequeño teatro


Ana María Matute ganó el Premio Planeta en 1954 con Pequeño Teatro. El prestigioso certamen literario había visto la luz por vez primera dos años antes. En aquella época, en plena posguerra y en un mundo de hombres, la galardonada fue una mujer: Ana María Matute. Y lo cierto es que esta novela es una maravilla literaria.
Ana María Matute tenía tan sólo 28 años cuando ganó el Planeta, pero según ella había escrito Pequeño Teatro cuando contaba con 17. Quizás por su corta edad nos sorprende la complejidad de sus personajes que cobran vida en sus páginas, que para nada son marionetas, al menos no son como las marionetas del teatro de Anderea, uno de los personajes secundarios, el teatrillo que Ilé Eroriak admira.

"Ilé Eroriak era de cortos alcances, tardo en hablar, y había quien hallaba estúpida su sonrisa. Sus escasas palabras a menudo resultaban incoherentes y poca gente se molestaba en comprender lo que decía. Sin embargo, había un rayo de luz, fuerte y hermosa luz, que atravesaba el enramado de sus confusos pensamientos, y le hería dulcemente el corazón. Su grande, su extraordinaria imaginación le salvaba milagrosamente de la vida. También su ignorancia, y sobre todo, aquella fe envidiable y maravillosa. Ilé Eroriak creía en todo, profundamente. Amaba el mar sin saberlo, hasta el punto de ser, hasta entonces, la única cosa en el mundo capaz de hacerle llorar o reír. 
Pero de todas estas pequeñas cosas de su alma, solamente un hombre sabía y comprendía. Era éste un anciano, dueño de un mundo mágico: un teatro de marionetas".
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Polichinela

La acción transcurre en una pequeña población pesquera llamada Oiquixa. La Kale Nagusia, la Kale Mari, el nombre de la población e incluso los de muchos de los personajes nos recuerdan a una zona rural del País Vasco. Los personajes, si bien no son marionetas, debido a la profundidad de su personalidad y por su complicado encasillamiento, sí nos encontramos con que el destino mueve los hilos de sus vidas y esos hilos del destino constituyen la esencia de la novela.
Ilé Eroriak es el protagonista por autonomasia, el que une y separa a los demás, el que es utilizado, el que no tiene amigos, que nos demuestra una inteligencia sin igual a medida que le vamos conociendo, pero que es considerado como un loco corto de entendederas, hasta que alguien se fija en él y entonces todo el mundo le quiere a su lado.
Ilé ha admirado desde que era muy pequeño al gran Kepa Devar. Kepa es el hombre adinerado y pudiente del pueblo. Un día salió en barco en busca de perlas y regresó con mucho dinero. Se casó y compró una gran casa en la calle donde viven los hombres más influyentes, en la Kale Nagusia. Su mujer falleció poco después de dar a luz a Zazu, una muchacha solitaria, que pese a sus ademanes bruscos, el lector termina adorándola.
Nos encontramos con sus tías solteronas, las hermanas Andía, que parecen dos muñecas de cerámica, orgullosas y acosadas por las influencias, sumida una por la tiranía de la hermana mayor.
Y finalmente aparece el forastero, Marco, el hombre de pelo rubio pajizo que se aloja en el hotel y que se rumorea que es un hombre muy rico. Marco -con cuyo nombre ya nos podemos imaginar que es un viajero de mil mares- nos hace desconfiar desde el principio. Se acerca a Ilé, porque dice admirar su inocencia, su felicidad inconsciente, y durante toda la novela se irán haciendo amigos, pero en realidad Marco está utilizando a Ilé para conseguir el amor de Zazu, a la que no ama en realidad, para él Ilé es un medio para conseguir un fin: Zazu, que como hija única será heredera universal de su padre, el gran Kepa Devar.
A veces, nos encontramos las miradas al pasado de algunos de los personajes cuando recuerdan: recorremos a través de ellos las calles del barrio de pescadores, cuando Kepa era protegido por su hermana mayor, que un buen día se enamoró de un titiritero y abandonó Oiquixa, para morir un tiempo después; nos encontramos en los recuerdos ocultos y delicados de Mirentxu Andía, que guarda un rencor insólito hacia su hermana mayor, pero a la que terminamos compadeciendo por amar en secreto y no ser capaz de demostrarlo.
Y nos sorprende descubrir lo que Kepa no descubrirá jamás: que Ilé es en realidad su sobrino, que es el hijo del titiritero, y que es el único que le podría distanciar de esa soledad que tanto teme...
De la mano de los personajes nos encontramos con el teatro de Anderea, el único y verdadero amigo de Ilé, el que mueve los hijos de unos muñecos que él mismo crea y que, curiosamente, se parece a muchos de los personajes 'reales' de la novela, e incluso tiene un polichinela jorobado que se parece a su propio creador. él mueve los hilos de sus personajes de cuento, se inventa las historias, pero a la vez es un observador. Sin ser el narrador de la historia, el viejo Anderea conoce todos los secretos del corazón humano, y por ello no nos sorprende cuando al final Ilé le descubre algunas anécdotas de personajes como Marco y Zazu y el anciano es como si se lo esperara...
Finalmente, nos sorprende descubrir que en cierto momento Ilé deja atrás su inocencia. Cuando el muchacho comprende que siente un dolor en el corazón, comprendemos que tantos engaños, tanta hipocresía, tanta soberbia, tanta maldad también han dejado una huella muy profunda en Ilé, que no es el mismo personaje feliz que era al principio del libro. Quizás también él se haya enamorado...

Cabe decir que el libro está lleno de sueños, que los anhelos de los personajes son casi palpables y, sin embargo, se masca la tragedia.

Personalmente, debo decir que es un libro que he disfrutado muchísimo. Está muy bien escrito, con una delicadeza y una ternura tal que nos hacen seguir leyendo un poco más. Adoramos a los personajes de la novela porque son personajes profundos, atípicos, diferentes, porque nos hacen sentir, porque vemos que aman, que ríen, que lloran, que odian. Pero sobre todo porque son personajes que viven.
Ana María Matute es una gran escritora y, pese a la corta edad en que escribió Pequeño Teatro, es imposible que esta novela decepcione. Quizás porque sus páginas tienen magia, quizás porque nos hace soñar... Leer este libro es como dejarnos mecer por una musical poesía...

LA AUTORA:


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Ana María Matute (Barcelona, 1925) ha cosechado los premios literarios más prestigiosos por su obra, entre la que figuran las novelas Los Abel (finalista Premio Nadal 1947), Fiesta al Noroeste (Premio Café Gijón 1952), Los hijos muertos (Premio de la Crítica 1958 y Premio Nacional de Literatura 1959), Primera memoria (Premio Nadal 1959), Los soldados lloran de noche (Premio Fastenrath de la Real Academia Española 1962), La torre vigía (1971), Olvidado Rey Gudú (1996), Aranmanoth (2000) y Paraíso inhabitado (2008). También es autora de varios libros de cuentos reunidos en el volumen La puerta de la luna (2010). Es miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America. En 2007 fue galardonada con el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra y en 2010 se le otorgó el Premio Cervantes.

EL LIBRO:

Título original: Pequeño teatro
Autora: Ana María Matute
Edición: Planeta (1ª en esta presentación, 2011)
Número de páginas: 287
ISBN: 978-84-08-100085-0

Valoración: 10/10

RETOS:

-Reto "Mujeres Laureadas".
-Desafío "Lee el nombre de tu blog", con la P.
-Desafío "En femenino".
-Reto 25 Españoles.
-Reto 14.000 páginas, restando 287.
-Reto "Sumando 2014", con 13 caracteres.
-Reto 100 libros.

"Teatro de títeres: humildes muñecos movidos por la destreza de un anciano bondadoso... Pero seres humanos también, que palpitan y bullen en la ciudad, dejando al descubierto sus propias miserias, sus torpes sentimientos, sus mezquindades, sus odios...".

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