
Leí El ocho con dieciséis o diecisiete años, y lo recuerdo perfectamente porque pasé muchas horas sentada entre los árboles de una parte del patio del colegio, allí a la sombra de los castaños. También recuerdo leer el libro en el autobús cada viernes por la tarde, al regresar a casa. Lo que sí recuerdo es que lo leí en el colegio, y que en la época universitaria entré en contacto con otro libro célebre de la autora, El círculo mágico, aunque no llegué a leerlo, porque escuché críticas nefastas respecto de esta novela. Finalmente, antes de hacer las maletas y regresar a casa definitivamente, un amigo me regaló El fuego, que desde hace años ocupa su espacio en la estantería de los libros que aún no he leído. Fue un regalo de despedida, lo que me emocionó, ya que me marchaba de Salamanca y me dolía mucho marcharme. Después he pensado en ese momento como en uno de los cambios que nos brinda la vida, porque se acababa una etapa y me tocaba comenzar otra nueva: la vida laboral.
Recuerdo El ocho como un libro que disfruté muchísimo. Creo que por eso
mismo no he leído otros libros de Katherine Neville. A veces un libro te
impacta tanto que los que vienen después, comparados inconscientemente, salen
mal parados. Se trata de una obra maestra en su género (misterio). El vínculo
es ese ajedrez “mágico”, el ajedrez de Montglane, que une las dos variantes
argumentales: una histórica, trasladada a la época de la Revolución Francesa,
donde nos encontramos a personajes históricos como Robespierre, Jacques-Louis
David, Napoleón, Talleyrand o Marat; y una historia más moderna que tiene como
protagonista a una mujer que adora las matemáticas y el ajedrez. La intriga se
mantiene en el libro desde el principio hasta el final.

Ajedrez de Montglane, museo de
Roncesvalles
Nueva York, 1972. Catherine Velis trabaja en una auditoría como experta en informática. Su empresa la envía a Argelia, pero antes de marchar una vidente le lee las líneas de la mano y le advierte sobre un grave peligro que se cierne sobre ella, porque quedará atrapada en la búsqueda de un legendario ajedrez que perteneció a Carlomagno. A su vez, un antiguo comerciante, campeón soviético de ajedrez y miembro de la KGB, le dice a Catherine que tendrá problemas si codicia las piezas del ajedrez, por ser la llave de la fórmula mágica ligada a la masonería, la alquimia, a los druidas y los poderes cósmicos.
Paralelamente a esta historia nos
encontramos con Mireille de Rémy y su prima Valentine como novicias en la
abadía de Montglane, al sur de Francia. Corre el año 1790 y Francia arde en las
llamas de una revolución que pretende aniquilar a la Iglesia y robarle sus
tesoros. Enterradas desde hace siglos, en el subsuelo de la abadía se
encuentran las piezas del ajedrez de Carlomagno. Quien consiga reunirlas
adquirirá un poder ilimitado. Para mantener las piezas fuera del alcance de
quieren codician ese ilimitado poder, Mireille y Valentine deben separarlas y
repartirlas por todos los confines del mundo.
El ajedrez de Montglane nos
traslada de 1790 a 1970 por un mundo de infinitos personajes que han ido
poseyendo las piezas hasta que éstas caen en manos diabólicas. Confiadas a unas
monjas, las piezas se dispersan en plena Revolución Francesa. Napoleón,
Robespierre, Voltaire, Casanova y Catalina la Grande son algunos de los
personajes históricos que pasan por las páginas de la novela acercándonos un
poco más a la realidad.
El ajedrez de Montglane es mucho
más que un juego, es una metáfora del poder, donde parte de sus piezas son
sacrificadas –peones generalmente-, como paso previo a movimientos más
efectivos. Es un juego de guerra por la posesión de información, envuelto en
una historia de conspiraciones, traiciones y lealtades a lo largo de los
tiempos. Se trata de un libro con un argumento completo, que tiene intriga,
acción, ciencia ficción, historia e incluso un toque de romanticismo, que
combina dos historias paralelas trazadas en diferentes siglos con el ajedrez
histórico como eje común.
Se trata de una novela de lectura
obligada, un libro que cualquier lector debe leer alguna vez en su vida.

Jean-Louis David, El rapto de las
sabinas (1799), óleo descrito en el libro
2 comentarios:
Yo también lo leí hace mucho tiempo y me gustó, pero no levendría mal una relectura, que seguro que lo vuelvo a disfrutar.
Al recordarlo, yo también he pensado en una relectura. Es un libro para disfrutar, pero claro, han pasado dos décadas desde que lo leí, así que las sensaciones serían completamente diferentes.
Saludos guapa!!
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