jueves, marzo 06, 2014

Novelas del pasado: El ocho

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Leí El ocho con dieciséis o diecisiete años, y lo recuerdo perfectamente porque pasé muchas horas sentada entre los árboles de una parte del patio del colegio, allí a la sombra de los castaños. También recuerdo leer el libro en el autobús cada viernes por la tarde, al regresar a casa. Lo que sí recuerdo es que lo leí en el colegio, y que en la época universitaria entré en contacto con otro libro célebre de la autora, El círculo mágico, aunque no llegué a leerlo, porque escuché críticas nefastas respecto de esta novela. Finalmente, antes de hacer las maletas y regresar a casa definitivamente, un amigo me regaló El fuego, que desde hace años ocupa su espacio en la estantería de los libros que aún no he leído. Fue un regalo de despedida, lo que me emocionó, ya que me marchaba de Salamanca y me dolía mucho marcharme. Después he pensado en ese momento como en uno de los cambios que nos brinda la vida, porque se acababa una etapa y me tocaba comenzar otra nueva: la vida laboral.
Recuerdo El ocho como un libro que disfruté muchísimo. Creo que por eso mismo no he leído otros libros de Katherine Neville. A veces un libro te impacta tanto que los que vienen después, comparados inconscientemente, salen mal parados. Se trata de una obra maestra en su género (misterio). El vínculo es ese ajedrez “mágico”, el ajedrez de Montglane, que une las dos variantes argumentales: una histórica, trasladada a la época de la Revolución Francesa, donde nos encontramos a personajes históricos como Robespierre, Jacques-Louis David, Napoleón, Talleyrand o Marat; y una historia más moderna que tiene como protagonista a una mujer que adora las matemáticas y el ajedrez. La intriga se mantiene en el libro desde el principio hasta el final.
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Ajedrez de Montglane, museo de Roncesvalles

Nueva York, 1972. Catherine Velis trabaja en una auditoría como experta en informática. Su empresa la envía a Argelia, pero antes de marchar una vidente le lee las líneas de la mano y le advierte sobre un grave peligro que se cierne sobre ella, porque quedará atrapada en la búsqueda de un legendario ajedrez que perteneció a Carlomagno. A su vez, un antiguo comerciante, campeón soviético de ajedrez y miembro de la KGB, le dice a Catherine que tendrá problemas si codicia las piezas del ajedrez, por ser la llave de la fórmula mágica ligada a la masonería, la alquimia, a los druidas y los poderes cósmicos.
Paralelamente a esta historia nos encontramos con Mireille de Rémy y su prima Valentine como novicias en la abadía de Montglane, al sur de Francia. Corre el año 1790 y Francia arde en las llamas de una revolución que pretende aniquilar a la Iglesia y robarle sus tesoros. Enterradas desde hace siglos, en el subsuelo de la abadía se encuentran las piezas del ajedrez de Carlomagno. Quien consiga reunirlas adquirirá un poder ilimitado. Para mantener las piezas fuera del alcance de quieren codician ese ilimitado poder, Mireille y Valentine deben separarlas y repartirlas por todos los confines del mundo.
El ajedrez de Montglane nos traslada de 1790 a 1970 por un mundo de infinitos personajes que han ido poseyendo las piezas hasta que éstas caen en manos diabólicas. Confiadas a unas monjas, las piezas se dispersan en plena Revolución Francesa. Napoleón, Robespierre, Voltaire, Casanova y Catalina la Grande son algunos de los personajes históricos que pasan por las páginas de la novela acercándonos un poco más a la realidad.
El ajedrez de Montglane es mucho más que un juego, es una metáfora del poder, donde parte de sus piezas son sacrificadas –peones generalmente-, como paso previo a movimientos más efectivos. Es un juego de guerra por la posesión de información, envuelto en una historia de conspiraciones, traiciones y lealtades a lo largo de los tiempos. Se trata de un libro con un argumento completo, que tiene intriga, acción, ciencia ficción, historia e incluso un toque de romanticismo, que combina dos historias paralelas trazadas en diferentes siglos con el ajedrez histórico como eje común.
Se trata de una novela de lectura obligada, un libro que cualquier lector debe leer alguna vez en su vida.
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Jean-Louis David, El rapto de las sabinas (1799), óleo descrito en el libro

2 comentarios:

Isi dijo...

Yo también lo leí hace mucho tiempo y me gustó, pero no levendría mal una relectura, que seguro que lo vuelvo a disfrutar.

K dijo...

Al recordarlo, yo también he pensado en una relectura. Es un libro para disfrutar, pero claro, han pasado dos décadas desde que lo leí, así que las sensaciones serían completamente diferentes.

Saludos guapa!!