Hace mucho tiempo que no cojo unos pinceles. Es curioso porque no hubiera comprado un lienzo para pintar por números si no hubiera compartido con dos amigas. Así que hoy nos hemos reunido y cada una tiene su lienzo: uno de París, otro de un pueblo a orillas del río Como y el mío, de San Francisco.
Iba a empezarlo el fin de semana con tranquilidad, pero hoy lo he desenvuelto y me he puesto a pintar. Es muy relajante.

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