Estuvimos seis horas largas sin luz. Desde la ventana veía a lo lejos los potentes focos de los técnicos de la eléctrica. No somos nadie sin electricidad.
Hoy ha amanecido como si nada hubiera pasado. Mi pueblo está lleno de peregrinos y apenas hay servicios para abastecerlos a todos.
Y así, poco a poco, va acabando mi semana de vacaciones. La única semana del año que no marcho de viaje y, sin embargo, la que más descanso.
Es casi la hora del vermout.

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