viernes, agosto 02, 2019

"Cold War"

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Descubrí esta película en un blog de cine y sentí verdadera curiosidad. Y es que, después de tanto tiempo de barbecho cinematográfico, hoy en día una película tiene que atraerme mucho. Y Cold War, sólo en el título, ya me seduce lo suficiente. Lo que no me llamaba la atención era la imagen del cartel, porque rechazo las películas de amor de carácter pasteloso, pero no reniego de las que tratan de amores imposibles.
Y ésta habla de un amor imposible en una época equivocada para los amantes.

Polonia, 1949. En plena Guerra Fría, un grupo de artistas están reclutando personas con talento para la música. Recorren las zonas rurales haciendo un recopilatorio de canciones populares y bailes del folclore polaco. En esa tesitura, convocan a una mansión abandonada a un grupo de polacos para enseñarles a cantar y a bailar canciones del folclore polaco con el fin de que no se pierdan en el olvido. El pianista Wictor (Tomasz Kot) descubre en Zula (Joanna Kulig) a alguien con el firme coraje para resaltar en los escenarios, aunque en un principio ni siquiera sobresale. 
Mientras ella se encuentra allí después de que le levanten la pena de prisión, él es vigilado muy de cerca por los camaradas comunistas, pero se sume en un silencio que no da pie a nada más. El Ministro les reúne para incitarles a que canten canciones sobre Stalin y el comunismo, y el director del grupo acepta la oferta. Cuando son invitados a los escenarios de Berlín Este, Wictor ha decidido que quiere pasar al otro lado, y aunque Zula no aparece, él se marcha. 
Unos años después, él se encuentra en París, toca el piano en un club nocturno y se rodea de la bohemia de la ciudad. Ella se engrandece como cantante y bailarina y comienza a visitar otros países de la órbita soviética, como Yugoslavia, adonde él va a verla.
Entre unas y otras cosas, nunca se ponen de acuerdo para coincidir, hasta que ella aparece en París, ciudad que no la llena, o quizás no le llena la vida que había imaginado junto a Wictor. 

Siempre he querido aprender a tocar el piano y como no he aprendido, disfruto cuando lo escucho. En esta película he gozado escuchando a Wictor tocar el piano. Si en un futuro recuerdo esta película lo primero que me vendrá a la cabeza será el piano.
También me han hecho disfrutar de la película los fotogramas en silencio de ciertos sitios o de las personas que aparecen... sin más aclaración. Por ejemplo, en el comienzo vamos descubriendo las manos de uñas sucias de un hombre que toca la gaita -mientras escuchamos el sonido del instrumento que se hace eco en nuestros oídos-, para luego enfocar el rostro del gaitero y la chaqueta raída, y entonces se escucha un violín junto a él, y la cámara va distanciándose lentamente para enfocar al grupo entero. Así el espectador sabe que se encuentra ante un grupo de músicos en una zona mísera y rural. 
Descubrimos una camioneta que recorre kilómetros bajo un manto blanco de nieve. O los trigales del cruce del final de la película... como si estuvieran vaticinando algo que dejan a nuestra elección...

La película es en blanco y negro. No sé si es porque se quiere resaltar la época en que viven los protagonistas, ese lugar frío y gris que les impulsa a abandonarlo por un París donde tampoco encuentran el color que necesitan sus vidas, o no sé si es un mensaje implícito para aclararnos que se trata de un amor imposible. O simplemente porque la Guerra Fría fue una época siniestra, sobre todo para los que vivían bajo los auspicios de la URSS.

2 comentarios:

Yamil Salinas Martinez dijo...

Bonita reseña, tenía pendiente de mirarla y voy a hacerlo durante el fin de semana. ¡Gracias! :)

K dijo...

Es preciosa, creo que te gustará. Saludos!!