Sabía que mis sobrinas venían a comer, así que les he llenado una bolsa de tela que compré en Zarautz con galletas, dos libretas, rotuladores y hojas troqueladas para hacer dibujos.
Ni que decir tiene que nos hemos puesto a pintar porque hoy no se podía estar en el jardín al levantarse tanto aire.
Me han dicho que se lo llevaban todo a su casita y se han colgado la bolsa de tela al hombro.
Muero de amor.
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