Ocurre un día en que llega a tus manos una novela de ésas que no puedes dejar de leer... Y que sin haber llegado siquiera al ecuador, saboreas en todo su esplendor.
Y lo que ocurre es que temes llegar al final y entonces bajas el ritmo de lectura para leer a paso de hormiguita porque verdaderamente disfrutas con cada palabra.
Una novela que invita a tomar una taza de chocolate caliente. Y no por el frío, es que comienza con un fabricante de chocolate... Y cada vez que alguien hace un chocolate caliente en la novela me apetece a mí también.
Llevo al menos ocho tazas de chocolate imaginarias.
Hay novelas que nos encandilan. Podría estarme día y noche sin parar de leer esta novela. Me cuesta dejarla cada vez y cuando llego a casa no pienso más que en ponerme cómoda y proseguir. Y cuando tengo la novela en mis manos intento leer despacito para que termine dentro de muchos días.
Podría contar con los dedos de una mano cuántos libros me han hecho sentirme así.
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