jueves, julio 19, 2018

Novelas del pasado: La tempestad

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Hace unos años tuve que presentar una reseña en Literatura Contemporánea sobre un libro de actualidad. Elegí La tempestad, de Juan Manuel de Prada, que había ganado el Premio Planeta en 1997, y no hace mucho encontré la reseña, que reproduzco a continuación.

A la hora de abordar esta novela, el lector se ve atrapado al igual que Ballesteros, en una tela de araña que no le deja tranquilo hasta desvelar todos los misterios. Con esto quiero decir que La tempestad es un libro lleno de paisajes misteriosos que se mezclan con el paisaje lacónico de una Venecia que va a sucumbir, en un futuro, a un desastre final: una ciudad destinada a desaparecer bajo sus aguas. Venecia se convierte así en el testigo de todo lo que allí va a ocurrir. El protagonista la describe al principio como un extranjero  y después la ve como si formara parte de él mismo. Al final, él es como si fuera la propia ciudad, pero la realidad, desvelada por Chiara, es que él tiene que volver a España.
Respecto a Alejandro Ballesteros, es el típico joven que acaba de terminar la carrera, que siente curiosidad por todo lo que le rodea, que se ve enganchado por esa tela de araña desde el principio. En realidad él es quien descubre todo el misterio. Sus pensamientos se ven plasmados en el libro como si también formaran parte de Venecia. Yo creo que el autor se identifica con el protagonista, bien sea por la edad, bien por esos sentimientos que les atraen a todos los hombres hacia el sexo opuesto.
Todos los demás personajes también gozan de atención, porque son los que conforman esa red de misterio que envuelve el libro. Es curiosa la personalidad de Gabetti, director de una academia de arte, al que le gusta derrotar y desprestigiar oralmente a todos aquellos que dan su opinión sobre cualquier cuadro de su galería. Es el típico hombre que goza de fama, de una vida cómoda y de una compañía femenina a la que él ha educado a su imagen y semejanza, y a la que admira y compara con la mujer que amamanta al niño en La tempestad de Giorgione.
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Venecia, Puente Rialto y góndolas

También es preciso destacar a Chiara, personaje femenino que inspira confianza y respeto, sobre todo a Ballesteros, quien siente una atracción excesiva y gran admiración desde el momento en que la conoce, hasta el final, cuando mantiene la viva esperanza de haber dejado su semilla de amor en ella, que cree haber engendrado un hijo, como recuerdo de su estancia en la misteriosa ciudad italiana. Tampoco nos imaginamos que Chiara pueda ser la asesina de un amante al que quería desde niña, posiblemente porque Ballesteros la describe como una diosa demasiado buena para hacer mal a nadie.
Hay bastantes más personajes, como Nicolussi, que es el típico inspector de policía, que no para de fumar y un poco desgarbado, que desea hacer algo diferente, con tal de dejar su trabajo en la prefectura de policía, para rehacer su vida junto a la mujer que ama, Diana, que es la dueña del hostal donde se hospeda Alejandro. También es destacable Tedeschi, el guarda del palacio, que ayuda en todo lo posible al joven español. Tampoco podía faltar alguien con una personalidad tan terrible como Giovanna Zanon, siempre sembrando cizaña allí donde esté, y contando todo al revés, ansiosa por tener más y más dinero. Pero, sobre todo, no podemos olvidar a la víctima, Fabio Valenzin, alrededor de cuya muerte gira todo lo que ocurre en Venecia. Desde que Ballesteros llega allí hasta su regreso a España, todo lo que pasa durante su estancia tiene relación con el famoso falsificador de cuadros, que resulta asesinado. En las mentes de todos los demás personajes está presente Fabio, incluso en la de Ballesteros, que no le conoce más que por lo que le han contado y por haberle ayudado en su agonía hacia la muerte.
Además, en este libro, es preciso destacar también el sentido mitológico que parece irradiar del cuadro, desde las identificaciones de los personajes con las imágenes del cuadro, las distintas interpretaciones a La tempestad de Giorgione hasta ese sentimiento de Ballesteros respecto a la ciudad, que parece haberse paralizado en el tiempo; esto da la sensación de que el protagonista llega de la realidad a la ficción, como si llegara a otro mundo relacionado con el cuadro, que es el objeto de su estudio.

Por último, me gustaría comparar este libro con La piel del tambor, de Arturo Pérez-Reverte. No es que estén relacionados, pero el protagonista, que es un sacerdote, también llega a enamorarse de una mujer hermosa. También la persona que explora en los archivos de la Santa Sede es una mujer, de la que no se sospecha nada, y que también se descubre al final, todo de palabra de la joven que representa en ambas novelas la pasión del artista. Los dos libros tienen su aureola de acción y misterio que giran en dos ciudades completamente diferentes (Venecia y Sevilla), escenarios de los cuales, si se sacan las acciones que en ellos transcurren, no sería posible buscar otros lugares en los que podrían pasar estas cosas. Los dos sitios mantienen al lector pegado al libro como si fuera un imán.
Imagen relacionada
La Tempestad, de Giorgione (1508)

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