viernes, enero 22, 2016

Introducción a las Novelas Ejemplares

En 2016 se cumplen 400 años de la muerte de Cervantes y en cualquier lugar hay homenajes al ilustre escritor de lengua castellana. Tengo que decir que voy a empezar a leer las Novelas Ejemplares, pero antes de ello me apetece hacer una pequeña mención a las famosas novelas cervantinas.
No hace mucho me apunté al Reto Cervantino, en el que había que leer las doce Novelas Ejemplares, una por mes. Podría haber comprado todo en un tomo, pero reconozco que tengo algunas novelas sueltas e incluso leídas en la universidad, como El celoso extremeño (que me encantó) o Rinconete y Cortadillo.
Y, como no podía ser de otra manera, a Cervantes le leo con lápiz en mano.

Las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes se publican en 1613 en Madrid, por Juan de la Cuesta, aunque algunas de sus aprobaciones son de 1612. El escritor, en el prólogo al lector, afirma que es el primero que ha novelado en lengua castellana, 'que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas'. Y tenía razón, ya que no hay colección impresa de novelas -término italiano que se aplica a narraciones breves- originales anteriores a las doce que da a la imprenta.
El escritor había incluido ya en la primera parte de su Don Quijote (1605) una novela ejemplar: El curioso impertinente, como historia sucedida muchos años antes, en tiempos del Gran Capitán.

Cervantes ofrece al lector doce novelas no contadas, sino vividas. No tienen marco -cornice-, como en el gran modelo, el Decamerón, de Giovanni Boccaccio, donde damas y caballeros las narran. Sólo El coloquio de los perros es en realidad un diálogo escrito por uno de los dos personajes que charlan en El casamiento engañoso: el alférez Campuzano dice al licenciado Peralta haber oído hablar a dos perros, Cipión y Berganza, durante dos noches, en el hospital donde se curaba de la sífilis; para que no se le olvidara lo que había escuchado, escribe el coloquio de la primera noche, la vida de Berganza; y tenía pensado escribir el de la segunda, donde Cipión contaba la suya. El licenciado Peralta lee el diálogo de los perros al mismo tiempo que lo hace el lector, mientras duerme quien lo escribió. 
Cervantes es siempre muy original, incluso al crear el marco para uno de los relatos. Y derrocha posibilidades narrativas: deja a menudo la puerta abierta para mucho más de lo que cuenta.

El orden en que aparecen las novelas impresas es el siguiente: La gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre, El celoso extremeño, La ilustre fregona, Las dos doncellas, La señora Cornelia, El casamiento engañoso y La novela de los perros Cipión y Berganza. Este orden no corresponde con el de su composición.

Todas las novelas suceden en una geografía real y en un tiempo contemporáneo; son historias 'vividas' en una realidad reconocible. Se ha intentado clasificarlas, pero Cervantes tiene tal capacidad para mezclar géneros y registros que resulta imposible su clasificación. Por ejemplo, en La ilustre fregona crea dos líneas paralelas que responden a la condición de 'a noticia' y 'a fantasía' (realismo e idealismo); mientras que en La gitanilla, se une el relato costumbrista a la anagnórisis (elemento esencial de la fábula), hay un canto amebeo pastoril y otros muchos ingredientes. En Las dos doncellas, nos encontramos a dos damas vestidas de hombre en busca de un burlador, bandoleros, escaramuzas en la playa de Barcelona, una peregrinación y una batalla de dos caballeros al modo de los libros de caballerías. El licenciado Vidriera nos ofrece una serie de apotegmas, la salida de las armas y las letras para un personaje sin cuna, y la descripción de un viaje por Italia, sin carecer de una peripecia que arranca de un desordenado amor.

La lectura de las Novelas Ejemplares regala esas 'horas de recreación' de las que habla Miguel de Cervantes en su prólogo.
"Y así te digo otra vez, lector amable, que destas novelas que te ofrezco, en ningún modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen pies, ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca; quiero decir que los requiebros amorosos que en algunas hallarás son tan honestos y tan medidos con la razón y discurso cristiano, que no podrán mover a mal pensamiento al descuidado y cuidadoso que las leyere.
Heles dado nombre de ejemplares, y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso".              (Miguel de Cervantes, Prólogo al lector)
Dentro de esos doce títulos está el gran teatro del mundo: nobles y pícaros, peregrinos y pastores, brujas y rufianes, soldados y letrados, indianos e ingleses, cautivos y estudiantes, damas disfrazadas de hombre y cortesanas, gitanos y bandoleros, un loco que pide agudas verdades y un perro que opina sobre la forma de contar; hay reuniones del hampa, combates caballerescos, batallas navales, raptos, asaltos, una violación, envenenamientos, peregrinaciones, golpes y abrazos, apasionados amores y celos... Espléndida literatura contada por un escritor extraordinario.
Crea personajes y escenas inolvidables, multiplica las peripecias en ritmo rapidísimo o hace caminar el relato por un tempo sosegado, en el que llega a ver un mudo y sosegado silencio. Permite que el narrador se inmiscuya en lo que sucede, preocupado por lo que pueda pasarle a un personaje o rechazando la conducta de otro; pero al mismo tiempo a veces le hace decir que reproduce más o menos lo que sucede. Cede las riendas de la acción a personajes, que se convierten en magníficos tracistas, como si estuvieran en un espacio teatral; y deja que otros interpreten un final de entremés dándole así esa condición a lo vivido antes. Dentro hay también teatro y poesía, hay retazos de novela picaresca, pastoril, de caballerías, de cautivos, cortesana... y otros de literatura sentenciosa, de crítica literaria. Cervantes no sólo cuenta, sino que crea atmósferas, ámbitos, donde los personajes hablan de muchas cosas y viven.

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