Esta vez voy a hablar de libros infantiles, sobre una conversación 'muy madura' que tuve el domingo. Esa conversación fue con mi sobrina de tres años y medio. Hubo un momento que en el restaurante donde nos encontrábamos empezó a caminar por las mesas, seguida de su hermana de casi dos años.
No sé si alguna vez lo he comentado por aquí, pero durante los dos embarazos de mis sobrinas, cuando ya sabíamos el nombre, su tía -es decir, yo- ávida y recalcitrante lectora, igual que los padres de las pequeñas, les regaló un ex libris personalizado a cada una. De alguna manera, los padres no podrían cambiar el nombre elegido. Y es que si Paula fue escogido por unanimidad, porque a todos nos gustaba, y además mi abuela paterna también tenía ese nombre, con la pequeña fue otro cantar. Si no hubiera sido por mí, la niña se hubiera llamado Alba, un nombre que gustaba y no gustaba al 50%. Alba suena a niña buena, y mi sobrina pequeña es demasiado traviesa. Entonces me acordé de un nombre que me gustaba desde siempre: Andrea. Cuando los padres estaban barajando las dos opciones vino a visitarnos un amigo que es como un hermano para mi hermano (valga la redundancia), y reafirmó la decisión: Andrea suena mejor, tiene más fuerza. Y, cuando aún no era seguro, le pregunté a mi hermano qué nombre sería, diciéndome él que finalmente Andrea. "¿Sin cambio, verdad? Verás, que tengo que encargar el ex libris, y el resto de amigas están esperando a encargar los chupetes personalizados". Así que Andrea.
Lo que veo que es Paula, que ahora está aprendiendo a leer y ya reconoce las letras mayúsculas, siempre ha estado interesada por los libros. E incluso se pone a leer en un idioma ininteligible, pero resulta gracioso verla haciendo como que lee en voz alta. Además, adora que le contemos cuentos.
Andrea, en cambio, no parece sentirse tan atraída por los libros, pero como imita en todo a su hermana mayor, supongo que finalmente también se le contagiará el hábito lector.
La cuestión es que no había manera de que estuvieran quietas en el restaurante al que habíamos ido con motivo de que a mi madre la dejaban salir a comer fuera del hospital. Así que llamé a Paula y le dije que dentro de poco es el cumpleaños de Andrea, que el suyo es en verano. Le enseñé el regalo de Andrea y le dije: "Pero para ti tengo otra cosa que te va a gustar mucho". Nos empezamos a reír y le hice el gesto de que es todo secreto cuando su hermana se acercó -que aunque solamente chapurree algunas palabras lo entiende todo-. Nos llevamos el índice a los labios y dijimos que sería nuestro secreto, mientras ella se reía.
"Paula, ¿qué te parece si la tía Ana coge todos los cuentos infantiles y te los regala?". Me miró, me miró, me miró y dijo: "¿Qué cuentos tiene la tía Ana?". A medida que iba enumerando títulos de libros infantiles, ella me pedía más y más. Cuando llegué a Pinocho, ella me dijo que me iba a crecer la nariz, y se acordaba de Pepito Grillo, pese a que hace muchos meses que le conté el cuento (eso sí, varias veces, e incluso vimos la película).
Así que ahora me queda recoger todos los libros infantiles para mis sobrinas. Es posible que alguno lo ponga por aquí, como es el caso de Miguel Strogoff, de Julio Verne. El caso es que a mí me regalaban muchos libros cuando era pequeña, pero pocos llegué a leer. Mi pasión lectora es tardía: comienza en la adolescencia. El de Verne sé que trata de un correo del zar, pero es uno de los que no llegué a leer. Tendré que leerlo antes de contarle la historia a mi sobrina, ya que pasarán unos meses antes de que ella pueda leerlo sola.
Eso sí, recoger los libros infantiles será dentro de poco, con motivo de la mudanza que espero hacer en breve. Si es que encuentro un carpintero que haga unas estanterías con capacidad para 4.000 libros. En realidad no tengo tantos, tendré unos 3.500, pero sé que las llenaré. Y los libros infantiles se los daré a mis sobrinas, con lo que ganaré algo de espacio.
Uno de los libros que me reservo aún es El Principito, del que tengo una edición bilingüe (español-francés) y un CD narrado en alemán. Es mi primer libro. Cuando estábamos en 3º de EGB era el libro que leíamos en voz alta en clase, pero considero que no es un libro para leer siendo un niño porque no se entiende. Después lo leí cuando estaba en la universidad y me encantó. Mis sobrinas quiero que lo lean conmigo para explicárselo a medida que avanza.

1 comentario:
Hola!!
Qué entrada más bonita, tienes que estar encantadas con tus sobrinas :D
Seguramente sea lo que has dicho, Andrea terminará leyendo por ver a su hermana, ya se saben que estas cosas siempre pasan. Espero que disfruten un montón de tus libros ^^
Besos!! <33
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