Siempre he sido de ideas fijas y es muy difícil que alguien me haga cambiar de opinión cuando he tomado una decisión.
Pues bien, la negativa de hoy la venía meditando desde hace unos días y no había vuelta de hoja, aunque la otra persona haya interpretado otra cosa, o intentara convencerme de lo contrario.
Este asunto comienza hace dos semanas, cuando recibo una llamada a mi móvil de un número que desconozco. Estaba en la oficina y la curiosidad hizo que contestara, porque generalmente evito mi móvil en la oficina (bastante hablo por teléfono a lo largo del día). Al otro lado había una voz conocida y algo dentro de mí me decía quién le había dado mi número. Cuando me explicó el motivo de la llamada, comprendí quién le había dado mi número: la persona que se retiraría en agosto.
La razón era que el que promueve y realiza la revista cultural desde sus orígenes, un profesor jubilado con el que me llevo bien, se retira y estaban buscando un equipo de personas (periodistas, escritores, etc.) que no permitieran que se dejara de hacer, que siguieran el ritmo, que continuaran la obra de la persona que se retira.
En un principio me agradó que contaran conmigo, y dije que me parecía perfecto, incluso llegué a preguntar quiénes formarían parte del grupo. Éramos cuatro y la persona que me llamaba haría de coordinadora. Sin embargo, cuando el jueves me envió un mensaje y me dijo de quedar hoy, que no sabía si trabajaría o no (pese a ser fiesta, para adelantar trabajo retrasado), estuve rumiando que en realidad si apenas tengo tiempo para escribir en el blog, para escribir para certámenes literarios, y cuando el trabajo me deja algo de tiempo me gusta dedicarlo a mis sobrinas y a leer libros o a pasear si hace buen tiempo (obviamente, busco la tranquilidad mental y el relax espiritual), pertenecer a una revista literaria cuando no estoy en ese mundo me resultaba una obligación que no iba a poder cumplir. Así que esta tarde he llamado a la coordinadora y le he dicho que no contaran conmigo, que no iba a poder cumplir, ni reunirme la mayor parte de las veces, teniendo en cuenta que mi horario es inoportuno, porque no me limito al horario de oficina, sino que aparte de las reuniones entre semana, tampoco perdonan los sábados ni domingos.
Y así se lo he dicho, que no iba a poder cumplir. Mi negativa era rotunda, aunque la otra persona creo que ha pensado que era un no que finalmente podría convertirse en un sí. No sé, creo que soy muy clara cuando digo las cosas, así que se lo puedo decir más alto, pero no más claro. Aun así, a las ocho me ha llamado. Increíble. Cuando un no es un no, no va a cambiar por mucho que insistan.
La noche es joven. Hoy veré a mi ángel y apenas tengo tiempo para marchar...
Y así se lo he dicho, que no iba a poder cumplir. Mi negativa era rotunda, aunque la otra persona creo que ha pensado que era un no que finalmente podría convertirse en un sí. No sé, creo que soy muy clara cuando digo las cosas, así que se lo puedo decir más alto, pero no más claro. Aun así, a las ocho me ha llamado. Increíble. Cuando un no es un no, no va a cambiar por mucho que insistan.
La noche es joven. Hoy veré a mi ángel y apenas tengo tiempo para marchar...

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