La magia llega en instantes que se pueden contar con los dedos de la mano. La magia llega cuando tengo que llamarle apurada porque tengo que pedirle algo. Y últimamente le pido muchas cosas para 'ayer'. Me da apuro decirle que necesito algo ya, y él nunca me dice que no. Entonces siento la magia en las venas. Esa capacidad que tiene él para estar siempre dispuesto (laboralmente hablando) me brinda energía nueva. Cuando llega la magia veo las cosas desde otra perspectiva. Ya no cuesta tanto lo que tenga que hacer, porque él ha conseguido que fluya la magia.
La magia llega cuando no ha hecho más que empezar el día y entonces levanto la mirada y me encuentro con esos ojos profundos, con esa mirada que hechiza, y tengo que mirar para otro lado porque me siento intimidada por esa mirada perfecta. Yo creo que incluso me ruborizo un poquito.
La magia siempre viene con él. Y cuando llega la magia el mundo es más azul, el día tiene más color. Y siento que vuelvo a sonreír.
No todas las personas que nos rodean tienen magia, pero con una única persona que nos traiga la magia ya es suficiente para que veamos todo con un color diferente.

1 comentario:
La magia tiene que venir gotita a gota, pero sin parar.
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