lunes, julio 30, 2012

¿Tanto hemos cambiado?

Anoche comprendí una cosa: ya no me siento obligada a llenar los tiempos muertos, y llamo tiempos muertos a esos espacios de silencios que a veces pueden resultar incómodos, aunque cuando él está cerca ningún silencio es incómodo. Pero ayer no hablaba tanto y le observaba más. Estaba guapísimo, pero me guardé para mí misma mis percepciones. Posiblemente él lo notara, es demasiado perspicaz. Pero me guardé mis impresiones. 
¿Le sigo queriendo? Es obvio, si no... no escribiría sobre él ni sobre los momentos que comparto con él. Sólo tuve que mirarle a los ojos para sentirme 'tocada', pero de algún modo sigo encontrándome dolida. No he olvidado. Me fui porque me acordé de ciertos momentos de los últimos meses, porque si en ese momento no hubiera recordado es muy posible que me hubiera quedado más. Hay algo que me impulsa a acercarme a mí, pero ahora también hay algo que me hace salir huyendo. No salí huyendo anoche, sólo que no quería más fiesta. No quería compartir más cervezas con él. No quería mirarle a los ojos y recordar instantes que no quería recordar.
Está bien así. Una cervecita junto a él y a casa. Sigo queriéndole. Si quito las capas que se han ido amoldando en mi corazón en los últimos meses, sé que al final sigue estando esa semilla del amor que aún siento por él. Sólo que cada vez me cuesta más hacerla aflorar, por lo menos en su presencia.
Él es adorable. Lo sigo pensando. Sólo tengo que mirar a sus ojos para redescubrir el mundo mágico que ahora intento ignorar.

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