Eran más de las nueve cuando salía de una reunión. Entonces me marchaba. He visto su coche, estaba tan cerca, que casi me daban ganas de esperar.
A ver si se me va a olvidar su rostro, aunque no lo creo. En realidad, le echo mucho de menos y es inevitable no pensar en él casi cada día, pero el silencio me está desinflando. Necesito algo más de él, algo más que ver su coche, o su saludo si nos encontramos en el café, necesito que me diga algo.
A veces me pregunto si él también necesita que yo le diga algo. Quizás debería coger el teléfono e inventar una excusa sólo para escuchar esa voz tan sensual, aunque no necesito inventar nada, puesto que si busco seguro que encuentro algo que decirle.
Es cierto que le echo de menos, que es demasiado tiempo sin saber nada de él, sin encontrarnos casi nunca, sin su mirada, sin su voz, sin su sonrisa.
A veces me dan ganas de ir a buscarle, sólo para comprobar si sigo tan enamorada como hace unas semanas, y susurrarle lo adorable que es. En realidad, yo ya sé lo que siento y que sigo tan enamorada como siempre, sólo que sigo buscando algo que me lleve a él.
Quizás mañana le vea. Ojalá...
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