A veces se me olvida que llevo encima una cámara de fotos, siempre llevo una en el bolso, pero es la gran olvidada. Los paisajes primaverales de la tarde, esos mismos que se retienen en nuestra mirada, que se guardan en nuestro recuerdo, que quizás alteran todos nuestros sentidos, no se podrán plasmar nunca por el objetivo de una cámara.
Y ahora, al ver las fotos, recuerdo lo que pensaba cuando las hacía. Mi mirada se dirigía hacia donde presumiblemente estaría él.
Tengo tantas ganas de verle... Y siempre, en momentos de paz, en los instantes que serían dignos de compartir, siempre me acuerdo de él. Fue un mes de marzo, a finales (no podría concretar el día exacto), cuando hace tres años le vi por primera vez.
Creo que es un buen momento para tumbarme e ir a leer, antes de sumergirme en los recuerdos de él y quedarme dormida...
Creo que es un buen momento para tumbarme e ir a leer, antes de sumergirme en los recuerdos de él y quedarme dormida...
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