Aunque yo piense que las nueve es tarde para marchar, siempre hay quien se queda trabajando más tarde. En momentos así, cuando veo su coche y sé que él sigue, me apetecería ir a buscarle, darle un masaje en la espalda y quedarme escuchando su voz, incluso llevarle algo de cena, compartir unos minutos con él para marchar rauda, sin hacer mucho ruido.
Porque eran las nueve y él aún seguía. Aunque en mi mente deseaba encontrármelo por la calle. Que hoy estaba guapísimo y me ha alegrado el día.
Será que es un ángel.
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