Nunca sabemos adónde nos pueden llevar los mundos de internet. En el iPad me descargué el acceso a un juego on line de búsquedas, que no requiere mucho tiempo. Añado a todos como amigos y de repente un día tenía un mensaje en ruso que, obviamente, no comprendía. Le pedí que lo transcribiera en inglés y comenzamos a intercambiar saludos en inglés, casi a diario.
Cuando esta mañana me he despertado me decía de dónde era y su nombre. Desde entonces ha empezado un intercambio de información. La forma de hablar, aun sin saber su edad, me decía que tenía una edad aproximada a la mía y, efectivamente, tiene tres años más que yo.
Quizás si algún año de estos termino visitando Rusia le conozca en persona.
Lo cierto es que, con el día tan largo que he tenido, me ha hecho sonreír en ocasiones.
Ahora bien. Sigo echando de menos a esa persona especial que hace que los días siempre sean más amenos. Cuando he querido darme cuenta de la hora, era la una. Ni siquiera me he dado cuenta del paso de las horas, tan concentrada como estaba y ni siquiera he podido ir hoy a Ezcaray. Necesito descanso emocional, en el sentido de que hablo con demasiada gente y son conversaciones muy complejas. Así que a veces siento que necesito huir unos minutos de la oficina para respirar.
En días como hoy desconozco cómo pasan las horas tan rápidas. De repente, ya es de madrugada. Recuerdo que un nudo en el estómago me ha despertado a las siete de la mañana, ahora siento un cansancio terrible, pero una de las cosas peores de esta semana ya ha pasado. Mañana volveré a casa tarde, pero será algo más llevadero. La segunda cosa que esta semana es de suficiente peso es la reunión del sábado por la mañana, que será de cinco horas mínimo.
Si tuviera que elegir esta noche, daría un mundo por quedarme dormida en los brazos de un ángel de mirada perfecta. Ni siquiera he tenido tiempo para leerme los apuntes de esta semana. Supongo que tendré que hacer una excepción y dejarlo todo para el sábado por la tarde.
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