Ante la perspectiva del regreso a casa, parece que mi estómago es de mantequilla, añadido además al hecho de que hace dos días hice algo de lo que me arrepentí. Aunque es muy posible que no me encuentre con él el fin de semana, también hay probabilidades de que lo vea. Y suele pasar que siempre nos encontramos con las personas con las que no queremos cruzarnos.
Por lo demás, el hecho de que ayer me perfilara el flequillo, después de más de una década careciendo del mismo, me produce una sensación de cambio. Mi rostro tiene ahora una décima más de picardía. El problema es que he de andar planchándomelo, porque mi pelo es ondulado. No me queda mal. Me da unos aires nuevos.
Hoy toca hacer limpieza. Ya he empezado y en unas horas mi piso brillará como los chorros del oro.
Tengo mucha labor que hacer hoy. Hace un mes empecé a escribir a máquina algo, y ahora lo voy a pasar al pc. Seguiría escribiéndolo a máquina si no fuera porque quiero guardarlo todo en el pen y tenerlo preparado para cuando vaya a casa y poder reanudar allí mis idas de olla, aunque... la verdad... dedicaré más horas a la piscina y a tomar el sol.
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