Rememorando días de la semana pasada, recuerdo las palabras de M. que estaba de frente. Yo no le había visto venir porque estaba pendiente de la gente, pero mi amiga sí que le vio. "No ha dejado de mirarte desde que ha salido del coche". Ni nunca lo hará, supongo, sobre todo si yo no he reparado en él, como ocurrió en aquel primer encuentro. Sólo cuando se puso delante de mi campo de visión le observé, pero ya estaba de espaldas.
Después llegaron las fotos y se reía de la situación, incluso se escondía de mi cámara. Y finalmente me acerqué a él. Quizás fue la última conversación agradable que tuve con él. Hablamos de todo un poco, olvidándonos incluso de que él era F. y yo era Ana. Con cinco minutos yo ya había reparado en que, mientras yo le miraba a los ojos, él evitaba mis ojos. ¡No se atrevía a mirarme a los ojos! Y, cuando no tienes nada que ocultar, no apartas la mirada. Ahora comprendo por qué él sabe lo que hay en mi interior con tal facilidad y por qué yo no puedo profundizar más en el suyo. No es fruto de su timidez, sino que él es consciente de que si él me puede desnudar, por mi parte yo también podría hacerlo. También le noté nervioso, pero las palabras fluían con candidez. Me dijo que había leido mi manuscrito y que le había gustado. He llegado a dudar de que realmente lo hubiera leido, pero repasando mentalmente ciertos detalles sé que lo ha leido y que ha intentado buscarse entre los personajes. Y sé que si hubiera tenido el valor suficiente me hubiera preguntado al respecto, pero no lo hizo. Él también teme las respuestas.
Estos días he descubierto lo que cambia F. cuando está solo a cuando está rodeado de amigos. Sólo podré dialogar con él cuando no esté en el círculo de amistad que conoce únicamente una versión de la historia, pues yo no he formulado todavía (ni creo que lo haga) mi punto de vista.
Dos veces hablé con él a solas y le vi como una persona agradable. Su carácter varió en cuando estuvo rodeado de amigos. ¿Y qué puedo hacer con este chico? Yo le amaré siempre, pero en estos momentos me es indiferente todo lo que tenga relación con él. Es terrible el sacrificio de no hablar con la gente de su pueblo mientras esté él, dejar de escribirme con su hermana y mirar hacia el infinito intentando no alimentar un odio que mantengo al margen. Porque si dejara fluir al odio el dolor sería más insoportable todavía.
Me faltó al respeto y eso... eso es imperdonable. Por eso digo que ésa es la última conversación con él, porque para mí, el jueves pasado F. murió para siempre, porque no quiero saber nada de él, no quiero ni verle ni hablarle. Porque me dio miedo, justificación suficiente para que por mi parte no haya más que silencio. Y sí, le amaré siempre, pero ahora será desde el silencio y desde la distancia.
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