
¿Qué más se puede pedir cuando hoy he visto a la persona que tanto quiero tantas veces...? No lo hubiera esperado, pero así ha sido. La primera vez venía y, cuando le he visto, sólo se me ha ocurrido volver sobre mis pasos para darles un detalle de la boda. Y cuando se lo daba, sentía cómo me temblaba la voz y no podía mirarle a los ojos. No me atrevía. Pero si yo me escuchaba hablando y pensaba que si ellos me estaban escuchando tenían que estar notando cómo me temblaba la voz. Si él me escucha hablar así, bien podría preguntarse el motivo. ¿Por qué me temblaba la voz? Como al principio cuando me cruzaba con él. Por él, porque sigo cortándome en su presencia, porque le adoro y como no me atrevo a decirle nada, mis órganos tienen su manera de delatar a mi corazón, bien sea a través de la voz temblorosa, bien porque me ruborizo, etc. El cuerpo humano es inteligente, al menos no se corta cuando quiere demostrar algo que debería poder controlar mejor. Y no puedo. Aparece él y me siento hechizada. Es tan fuerte su magia que al acercarme a él me pongo a temblar irremediablemente. Pero ese momento es único. Su presencia es mágica y él es magia. Es tan dulce...
Luego ha pasado con el coche. Llevaba gafas de sol, lo que me ha alegrado, porque ya empezaba a sentirme culpable de que últimamente no se las pusiera. Sigue estando guapísimo, aunque yo prefiero verle los ojos y aunque no me atreva a mirarle fijamente.
Y a las cuatro, que he terminado marchándome bastante tarde, he vuelto a cruzarme con él. Ha sido un poco el azar, porque me he encontrado con alguien cuando iba a tomarme una caña y he terminado quedándome una hora. Curiosamente ese alguien es más cercano a él que a mí. Él iba a tomarse un café y nos han dado las cuatro. Me he quedado con "navegar" y un pueblo de la Costa Brava. "Si es en fin de semana soy capaz de ir allí". "No lo sé", me ha contestado. Y lo mejor es que sé que sería capaz de presentarme allí, a ver si el azar nos reencuentra, aunque si el azar no ayudara bien sé que le llamaría. Si el barco se hunde, mejor nos hundimos juntos. Aunque un barco pilotado por él no se hundiría, que él es siempre el mejor en todo y en eso no iba a ser menos. La cuestión es que JC me lo ha contado y sólo se me ha ocurrido decirle: "Que yo quiero ir a navegar con él". Sólo que esa circunstancia es difícil que se dé si él no pone nada de su parte. Me siento como si me hubieran puesto delante la guinda de un pastel y no pudiera alcanzarla. Claro, si me enterara cuándo va, sería fácil jugarlo todo a la ruleta del azar, pero desconozco cómo de grande es el pueblo y, después de haberle ido a buscar, no podría regresar sin encontrarme con él. Lo normal sería decirle a él que quiero ir a navegar con él, pero en la situación actual doy el rodeo de ir a un pueblo desconocido, sin una dirección, en busca de un ángel. Por estas pequeñas locuras comprendo que estoy enamorada, pequeñas locuras que sería capaz de llevar a cabo si supiera algo con seguridad. Lo que ocurre es que no es posible, porque desconozco la fecha, aunque siempre podría preguntárselo o decirle que quiero ir a navegar. ¿Cambiaría las cosas?
Cuando a las cuatro hablaba por teléfono, me he esmerado para colgar pronto y para volverle a mirar. Esta vez sí que le he mirado a los ojos. Adoro esa dulzura que emana de él, la mirada perfecta, su voz sensual. Y cuando ha pasado me he quedado mirando a la nada y a él... He sentido un calor terrible. Mi mente ha procesado que aún con el coche podría volverme a cruzar con él. Estaba guapísimo. Pero me satura encontrarme con él tantas veces. Me gustaría verle sólo una vez y pasar una hora hablando con él. ¿Por qué con JC lo puedo hacer y no con él? Tampoco lo he intentado. Además con su amigo me encuentro siempre por casualidad. A él tendría que decirle que viniera o algo, o ir yo.
La cuestión es que la idea de ir a la Costa Brava me seduce. Un lugar diferente, gente diferente. A veces creo que es lo que necesito. Que cambie el escenario únicamente.
Tres veces. Los planetas se encuentran alineados hoy. Me apetece darle un abrazo, pese al calor. Y susurrarle que me lleve con él a navegar (o a lo que fuera menester), pero quiero pasar tiempo con él, incluso aunque me tiemble la voz.