domingo, diciembre 20, 2009

Gélidas tardes de domingo

Cuando hemos llegado al Madison estaba casi vacío. Yo he montado una especie de oficina, puesto que en la hora crítica que salía de casa me ha sonado el móvil de Urgencias. En una hora tenía solventado el problema. Pero entre móvil, libreta, portátil y demás, había ocupado todo el tablero de la mesa.
Hemos estado mirando disfraces y al final hemos elegido tres que hemos enviado a todas por correo electrónico. Dos ya han contestado diciendo cuáles eran los que más les gustaban.
Cuando nos hemos marchado, el Madison estaba lleno de gente.
Estoy descargando la película de "Peregrinos". Tengo entendido que los actores estuvieron grabando en Santo Domingo. La verdad es que me apetece ver una película esta noche.

Lo que haremos por la tarde

Si las carreteras están en condiciones esta tarde iremos al bar de todos los domingos con el portátil para aprovecharnos de la zona WiFi y ver disfraces. Llevo un rato mirando, ya que no me voy a gastar 70 € en el de Reina Amidala para ponérmelo sólo una vez. Me han gustado tres: de hippy, de geisha y de novia descompuesta. Este último tiene tintes goticistas y, si mis amigas no se ponen de acuerdo esta próxima semana, posiblemente lo pida por internet.
¡Qué ganas tengo de que llegue el 7 de enero!

Un sábado diferente

No ha habido cartas en el bar, aunque me han entregado mi perfume, CK 'One', y me he enterado que sólo falta una persona del grupo por dar su número de lotería. Lo de los perfumes tiene su historia, puesto que una amiga suele pedir en una página web donde salen más baratos (el mío por la mitad) y son originales, nada de copias. Generalmente no suelo pedir, pero esta vez tengo el bote a punto de terminar. Ni recuerdo los años que llevo usando ese perfume, que además es unisex, aunque es cierto que hubo una época en que estuve probando y probando y no me convencía ninguno. Hasta que probé Massimo Dutti Femme, con el que duré aproximadamente dos años. Entonces, un día llegó a mis manos el de CK. Y no lo cambio. El tema de los perfumes es complicado. A mí me costó mucho tiempo encontrar uno que me convenciera. Me gusta porque no empalaga y porque da la sensación de frescura.

Hoy apetecía salir... pero ¡a ver quién se arriesga a coger el coche!

No soporto caminar por las calles heladas, con ese manto frío que entumece los músculos. Además creo que el día que se me quedó el coche en la nieve pude coger frío, porque un incipiente resfriado comienza a materializarse en estos momentos. Me tomaría ahora un vaso de leche con miel, pero no me apetece caminar hasta la cocina. Así que me subiré el edredón hasta la nariz y cerraré los ojos pensando en él, porque al fin y al cabo es la única persona que me quita todos los males. Me voy, pues, a soñar.

sábado, diciembre 19, 2009

Partida de cartas en el bar

Estoy segura de que hoy no saldremos de fiesta y nos quedaremos en el bar jugando a las cartas. Por la misma regla por la que nosotros nos quedaremos aquí, él tampoco creo que coja el coche hoy. ¡Qué mala fortuna la mía!
También es un reto no darle señales de ningún tipo. Y sé que no aguantaré mucho sin decirle algo en los días venideros.
Quedamos a las 22.30h., por lo que llego media hora tarde a la partida y al café.

Los días tan fríos como hoy (marcaba -11º) suelo pensar mucho en él, sobre todo a la hora de ir a dormir. Anoche, antes de cerrar los ojos, imaginaba lo gratificante que sería acurrucarme junto a él en la cama. Dejaré las ilusiones para otro momento, puesto que me cuesta un cuarto de hora llegar al bar, debido a que la calle está helada.

Veronika decide morir


Resultado de imagen de veronika decide morir paulo coelho
En el momento en que empecé a leer este libro, pensé en que no me iba a gustar. Comienza con un intento de suicidio, la decisión sopesada de una joven de veintipocos años que decide poner fin a su vida sin un motivo aparente. Ese comienzo fue suficiente para que me costara seguir con lo que venía después. Y eso que Paulo Coelho me gusta mucho y el libro no tiene más de 200 páginas.
Hoy, tras haberlo acabado, no me reitero en la impresión inicial. El final es apoteósico, aunque previsible. A lo largo de las doscientas páginas se descubre la conversión de la personalidad de una joven desde que siente que quiere suicidarse hasta una verdadera lucha por la vida y la ilusión de vivir, de vivir cada día como si fuera el último.
Pero entre bambalinas está el doctor Igor, a modo de demiurgo (recordando aquellas clases filosóficas del colegio), que mueve los hilos de unas vidas ajenas. Él es el “creador”, el que a través de su tesis y su estudio consigue cambiar los conceptos de la chica.
Y en medio de todo ello, el amor, como no podía ser menos en un libro de Coelho. Un amor que surge en un manicomio, entre dos seres que se comprenden, que están hechos el uno para el otro, dos jóvenes desubicados en el mundo exterior, donde todos les creen locos, y desubicados en el mismo centro, donde para el resto de los pacientes son dos personas muy lúcidas. Dos jóvenes que no han encontrado su sitio aún, que sólo lo encuentran en el momento en que entran en contacto y, desde ese instante, es raro que lleguen a separarse.
Veronika vive en Ljubljana, capital de Eslovenia. Es una joven que ha tenido todo en su vida y, quizás debido a esto, considera que la vida no puede ofrecerle mucho más. Un buen día decide suicidarse mediante una mezcla explosiva de pastillas de todo tipo. Sin embargo, es encontrada a tiempo. Cuando despierta se encuentra el Villete, el sanatorio mental más famoso de la ciudad. El doctor Igor le dice que le quedan unos pocos días de vida, puesto que el intento de suicidio ha alterado sus constantes vitales y también su maltrecho corazón.
Una noche decide tocar el piano. Solamente tiene como público a un chico de su misma edad, Edouard, que es esquizofrénico y que no habla. Él la busca para que toque el piano para él, y ahí comienza la historia de amor. Edouard no es esquizofrénico realmente, pero está allí porque para su padre, un célebre diplomático, es una vergüenza tener un hijo que no quiera seguir sus pasos y que haya optado por hacerse pintor.
Y allí en Villette se conocen los dos jóvenes que en el supuesto último día de vida de Veronika deciden escaparse. En el castillo de Ljubljana despiertan a otro nuevo amanecer y descubren que ella sigue viva.
Cuando le comunican al doctor Igor que los dos jóvenes se han escapado, él sonríe porque de esa manera conseguirá terminar su tesis: ha conseguido eliminar todo rastro de amargura (o vitriolo, como lo llama él) del cuerpo de la joven, que opta por luchar por vivir.

Retos

En nuestra vida nos rodeamos de innumerables retos que pueden o no cumplirse. Más bien son los objetivos que tratamos de alcanzar. Pero para conseguir grandes retos siempre hay que pensar en otros más pequeños, que están al alcance y que pueden obtenerse con gran facilidad. Desde pequeños empezamos a crearnos objetivos que, con el paso del tiempo, van acumulando mayor esfuerzo. Y a veces, ofuscados o no por los grandes objetivos, no vemos los pequeños.
Por ejemplo, es un reto salir hoy a la calle y caminar sin pegar resbalones hasta la panadería a través de calles heladas. Yo lo he hecho y en ciertos momentos he tenido que contener la respiración para pasar.
Los grandes retos, sin embargo, en el momento en que se cumplen nos dan enorme satisfacción. He cumplido algunos, otros posiblemente no se cumplan, otros están por verse. Lo que está claro es que no se cumplen sin esfuerzo alguno.

Lotería por internet

Acabo de comprar lotería por internet. Es la primera vez. Ha sido en la Administración de Doña Manolita, en Gran Vía de Madrid. Por supuesto, no es para mí, ni la voy a pagar yo. Solamente he hecho de mediadora. En fin... tanta lotería...

Esas cenas de empresa

Acabo de llegar de la cena de empresa, teniendo en cuenta que una cena así para mí es casi familiar. Estábamos en un restaurante nuevo que han abierto no hace mucho junto a la catedral y cuyo nombre no voy a decir. Me quedaría corta si digo que se cena bien; más bien debería calificarlo de chic, comida elaborada y original, pequeñas exquisiteces peculiares.
Hemos hablado mucho tiempo de sexo. Más bien, han hablado sólo dos personas, las otras dos escuchábamos. Por mi parte, es un tema que prefiero guardarme para mí por la intimidad que conlleva. Y es lógico que en esos temas nos echemos unas risas.
Si mi hermano pequeño no hubiera llamado para decirnos que la carretera se estaba poniendo mal allí seguiríamos. Apetecía una copa. Todos los coches se han quedado allí y mi hermano ha venido a buscarnos. Hoy todos dormimos aquí.
Es hora de dormir. Ahora acabo de acordarme de alguien. Por lo tanto, es buena idea de ir a dormir ahora para que sea esa persona la última en quien piense esta noche.

viernes, diciembre 18, 2009

Pese al frío

Pese al frío me he asomado a la ventana. Montones de nieve se acumulan en las aceras. Más allá, su coche. Y entonces sonrío porque siento su proximidad etérea.
Es complicado caminar por la calle. Para un recado que he tenido que hacer, he dado varios traspiés. Menos mal que están los de Protección Civil con sacos de sal y palas para quitar el hielo de las aceras.

jueves, diciembre 17, 2009

La maleta de los sueños pendientes

La verdad es que hoy me sorprendo a mí misma por apenas haber entrado aquí o, al menos, por no haber escrito más que al comienzo del día. Me pregunto de dónde sale esta dejadez y sólo encuentro una posible respuesta.
Lo cierto es que, hasta hace días, quise creer que él entraba aquí. Ahora no estoy tan segura y me temo que me quedaré con esa duda. La razón es que durante dos o tres semanas coincidía con alguien que aparecía con una localización invisible, pero había dos personas navegando. Quise creer que era él y eso, aunque en realidad no fuera él, era un aliciente para escribir de cualquier cosa. Ahora no lo veo, porque considero que a veces es mejor mantenerse en la ignorancia.
Si de verdad fuera él como a mí me gustaba creer, me temo que sabe cosas que jamás hubiera osado decirle. Si de verdad fuera él, a estas alturas es posible que conozca mucho de mí, más incluso que muchas personas que se encuentran a mi alrededor.
Pero, ¿y si no fuera?
Siempre me quedará esa duda. Es mejor no saberlo.

No necesito pensar que él podría entrar para escribir. Pero no es la única vez que me da un aliciente. Ya una vez me dijo que escribiera un libro, me hizo reflexionar en que si escribir me gustaba no debía cejar en el intento, tenía que escribirlo. Lo mejor de todo es que tenía razón. Esos ojitos han hecho que cree un personaje que, en definitiva, no se parece mucho a él, pero está basado en su persona. Es inevitable no fijarse en su personalidad magnética e intentar describir los rasgos más distintivos de su carácter.
Le echo muchísimo de menos. Hoy le hubiera llamado para quedar a tomar algo con él, pero me da la sensación de que temo lo que pueda decirme. Y soy consciente de que, cuando le vea, le voy a preguntar. Nunca antes nadie había conseguido doblegar mi impaciencia hasta límites insospechados. En el fondo estoy ansiosa por saber lo que pasa por su cabeza y, sin embargo, soy capaz de esperar. Lo que nunca hago con nadie. Llega un momento en que te sorprendes pensando en que si alguien quiere de verdad algo (o a alguien) no le importará esperar el tiempo que haga falta.
Me muero por verle de nuevo, por perderme en su franca mirada, por congelar esos momentos. Me muero por irme con él, lejos, no sólo donde él quiera, sino cuando él quiera. Nuevamente tenía razón: puedo irme de vacaciones cuando quiera. Y él sabe por qué.
Temo encontrármelo, tengo miedo a que se haya perdido la magia. Aunque... me da que eso es casi imposible. Sé que le veré cualquier día de estos y me sentiré feliz. Aunque no me diga nada respecto 'a lo otro'.
La de veces que me he preguntado últimamente si hubiera venido conmigo a Bélgica o a Malta si se lo hubiera preguntado. Quizás debiera haberlo hecho. Nunca se sabe lo que hay en la otra orilla. No fui capaz de preguntárselo en el pasado, pero como el pasado ya no existe, siempre nos quedan las ilusiones del futuro. Y no cogeré un avión sin haberle dicho antes a él que podemos irnos al fin del mundo juntos, con una maleta de sueños aún pendientes de cumplir.
Le quiero tanto, tanto, tanto, que no se puede abarcar con los brazos abiertos. A él, que me ha devuelto las ilusiones y la risa (y que también podría robármelas con una sola palabra).

Copo a copo

No soporto la nieve de ninguna manera. Parece que vas pisando huevos por la calle y te extorsiona, sobre todo si tienes que moverte.
Mañana no madrugaré mucho. Imagino que iré a la oficina a una hora como a la de hoy, sobre las 9.00h. Está helando, lo que es terrible. La carretera, eso sí, está limpísima, pero las salidas y entradas a los sitios están fatal.
Hoy, como he estado en la oficina hasta las 21.00h. y ha llegado un momento en que estaba saturada, he optado por entrar de nuevo en Facebook. Lo de siempre: no recordaba la contraseña. Ahora he puesto una que es imposible que olvide. El caso es que me ha sorprendido la ventana tipo messenger que ha salido. Porque era mi amiga I., sino cierro.
Al entrar en Facebook no he escrito nada aquí, pero tampoco tenía ganas. Luego quizás explique por qué. El caso es que antes de regresar a casa he empezado a sentir mareos. Hasta que he recordado que sólo había comido un minibocata al mediodía. En cuanto he cenado me he sentido mejor.
Mañana tenemos la cena de empresa.

Todo blanco


¡Qué bonito es que nieve...! (irónico)
Después de la de anoche lo único que deseo es que deje de nevar ya. Cuando me he levantado, más tarde de lo habitual, porque hoy no corría prisa venir como todos los días, estaba todo nevadísimo, con una capa de hielo y nieve impresionante. En mi pueblo podía haber perfectamente 30 cm de nieve, de nieve virgen. Ni siquiera he bajado del coche para pisarla. Lo único que quería era llegar a la cafetería y tomar un café.

Coches no circulaban por ningún sitio y las rodadas que se veían eran profundas. Nos hemos cruzado con otros todo-terrenos que llegaban con cuentagotas. Y en cierto momento nos ha pasado la máquina quitanieves. El resultado es que sólo ha quitado la nieve, pero debajo había ¡hielo! Y el hielo seguía adherido a la carretera.

Finalmente hemos desayunado en la cafetería. La verdad es que la nieve paraliza todo. Yo tenía claro que vendría a la oficina, nevara o no nevara, pero si en mi casa no hubiera un todo-terreno aún seguiría durmiendo.
Estoy pensando que hoy me gustaría quedar con... Caminar por las calles blancas con él, tirarle acaso una bola de nieve -con cariño-, entrecruzar mis dedos helados con los suyos para entrar en calor... Es uno de estos días que apetece estar con alguien que te aporte una ingente cantidad de pensamientos positivos. Pero no puede ser.

miércoles, diciembre 16, 2009

Una odisea para llegar a casa

Desde la ventana. SD esta tarde
Nunca antes había conducido con nieve. ¿Y quién se imaginaba que el día iba a acabar así? De hecho, no nos hemos dado cuenta de todo lo que nevaba hasta que nos ha alertado el flash de una cámara en la ventana de enfrente. Entonces hemos mirado la calle: no paraba de nevar. Era bonito verlo... desde la ventana.
Otra historia era la de volver a casa. Creo que teníamos que habernos marchado antes. A las 18.55h. nos estábamos poniendo los abrigos. Yo estaba casi segura de que llegaría hasta el empalme, pero a partir de ahí... Y no me he equivocado. A medida que me acercaba a casa, caía más y más, y todo el tiempo de frente. Yo sé que el coche que llevo es pésimo para la nieve, sobre todo por las ruedas, y además iba sin cadenas.
En el puente pensaba que me encallaba, porque sé que es una pista de patinaje cuando nieva. Pero he conseguido seguir un rato más, aunque ya empezaba a encenderse la luz de emergencia. Ese coche es como un robot, te avisa de que no puede seguir. He continuado. En vez de girar hacia la curva, temiendo las enormes cunetas, he seguido recto, pero había mucha más nieve. A medio kilómetro de las primeras casas no he podido seguir.
Detrás de mí venía A. y nos hemos quedado charlando un rato. La gente ha empezado a aparecer. Mi coche no se movía de ningún modo, y sobre todo gracias a la tracción trasera. A regañadientes le he dejado el coche a J., después de explicarle cómo funcionaba todo. Entre empujones y poquito a poco hemos conseguido llegar a las primeras casas. Ahí J. ha parado, porque mi padre venía con el todo-terreno y lo ha llevado a casa.
He venido tiritando y lo que no digo es que cuando me he quedado, antes de que apareciera A., me ha dado una especie de ataque de nervios. Es que hay que imaginarse dentro del coche, en medio de la nada (pues aún no se veía mi pueblo), nevando sin parar y con el coche parado en medio de la carretera porque si lo movía un poco se me iba. Y en ese momento, en un momento de crisis en que estaba realmente mal, una sola imagen ha acudido a mi mente, a modo de salvación. Entonces me he permitido la licencia de reírme de la situación y he pensado: "Ya vendrá alguien". Y así ha sido.
¿Cómo no voy a quererle, si me 'salva' de las situaciones más adversas? Es que si no hubiera pensado en él, que además seguía trabajando cuando me he marchado, la siguiente persona me hubiera encontrado realmente nerviosa. No ha sido así, porque un pensamiento a tiempo me ha ayudado a pensar en que nada, ninguna cosa que nos pase, por mala que sea, será mañana tan importante, porque todo se termina arreglando. Si él supiera...

Pero qué gozada llegar luego a casa, descalzarse, ponerse el pijama, secarse el pelo, ponerse unos calcetines gordos en los pies y colocar las manos delante del radiador...

Las grayas, viejas monstruosas

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Cuentan que cuando el héroe Perseo recibió el encargo de matar a la gorgona Medusa, lo primero que hizo fue encaminarse hasta la gruta de sus hermanas las grayas, allá en el occidente extremo, junto a un acantilado sobre el que rompían las olas del mar. Perseo había oído contar la leyenda que hablaba de la monstruosidad de las grayas, tres horribles viejas de pelo gris, con un solo ojo y un único diente para las tres, y sabía también que sólo ellas conocían el camino secreto que conducía hasta las gorgonas.
Cuando Perseo llegó hasta la gruta de las grayas, se encontró a Pefredo y a Euyo durmiendo plácidamente en el interior, mientras Dino vigilaba con el único ojo que las tres compartían. Perseo se ocultó detrás de unas rocas y esperó pacientemente a que llegara el cambio de turno y los monstruos se relevaran en sus puestos. A las cinco horas se despertó Pefredo y su hermana Dino se arrancó el ojo para cedérselo, pero justo en ese momento Perseo salió de su escondite de repente y se lo arrebató de un salto.
Ciegas y desorientadas, las grayas temieron lo peor y le suplicaron que les devolviera su posesión más preciada. Entonces Perseo acercó el filo de su espada a la pupila y las amenazó con vaciarlo si no le revelaban el camino que conducía a la guarida de las gorgonas. Y ante un chantaje como éste, las grayas no tuvieron más remedio que desvelar el secreto de sus hermanas.
De este modo, con astucia e inteligencia, fue como el héroe Perseo comenzó la aventura que acabaría con la muerte de la Medusa. Pero ésta ya es otra historia.

¿Quién moverá ficha ahora?

Cuando le vea le preguntaré si sabe jugar al ajedrez. Porque me da la sensación de que estoy jugando una partida de ajedrez yo sola. Tampoco es eso, puesto que en una partida de ajedrez las dos personas son contrincantes. Y en la situación actual, no somos rivales.
De hecho, me hubiera gustado encontrármelo, porque después de unos días sin ver su coche, hoy sí que lo he visto. Pero ya no le busco, porque parece matemáticamente imposible el hecho de que nos encontremos por la calle. Cuando veo su coche le siento tan próximo, tan cercano... Ahí es cuando aparece esa necesidad de decirle algo, de hacerle saber -aunque indirectamente- que a veces pienso en él. De todas formas, no quiero darle señales. Quizás es porque desconozco lo que piensa.
En estos momentos, quizás es mejor seguir el consejo de la máxima que dice: "no digas nada si lo que vas a decir no es más bello que el silencio".
Pese a todo, le echo de menos.
Intento no pensar en él porque se me hace absolutamente insoportable no saber nada. Y sé que aceptar, digerir, asimilar algo requiere mucho tiempo. De ahí mi silencio. Pero vas, por ejemplo, a Correos y te encuentras con los sobres llenos de libros de una señora que te ha dejado pasar. Y echas un vistazo al remitente. El apellido, ese apellido... ¿no podría haber sido Pérez o Martínez o López? Y tan sólo ese detalle ha hecho que entablara una pequeña conversación con la señora.
Está claro que hay miles de detalles que me llevan a él. Aunque no quiera, siempre hay algo que me trae su imagen a la mente. Inevitablemente tengo que sonreír.

Las mujeres y la ropa

Es algo natural en las mujeres tener un ropero lleno de prendas de todo tipo, para todas las ocasiones y, a veces, con las etiquetas colgando. Es también natural coger un día y dejar la cuenta tambaleando porque has ido de compras.
Al final el armario está a rebosar y se queda pequeño. A mí me pasa y eso que casi siempre llevo vaqueros.
Hace unos meses ya vacié la mitad del armario y regalé mucha ropa a Cáritas. Ahora me veo con la urgente necesidad de volver a vaciarlo, pero esta vez se debe a que he llenado el armario de abrigos que guardaba en otro lugar y que necesito tener a mano.
Hoy me he levantado pensando en que puede ser un gran día. Siempre me despierto buscando la buena disposición del día -mucho más cuando recreo la imagen de alguien-, pero hoy me apetecía un cambio.
Buscas entre la ingente cantidad de ropa del armario y ves un traje que sólo te has puesto dos veces. "Será éste". Quizás esta mañana sólo quería ver una imagen diferente de mí.

Relajarse

Éste es un buen momento para tumbarse en la cama y relajarse. Hace días que no leo antes de dormir, una rutina que tenía inculcada desde hace décadas. Quizás hoy retome ese libro que está algo abandonado.
No leo porque prefiero apagar la luz y mirar hacia la oscuridad que se cierne alrededor de mí. Soñar despierta o soñar dormida, eso da igual; lo importante es soñar, no perder jamás esos sueños. ¿Qué sería de nosotros sin esos sueños? Y no sería un sueño si no apareciera otra imagen que a veces siento muy cercana y en otras ocasiones parece estar ausente. Intento no pensar en él. Soy consciente del tiempo que lleva asimilar ciertas cosas, a veces quizás nunca llegamos a asimilarlas por completo. Y soy consciente de que ese tiempo también es necesario.
Me relajaré y leeré, sabiendo que con un libro me sumergiré en historias ajenas, sin pensar en nada más.

martes, diciembre 15, 2009

Aquellos viejos zapatos

El sábado rompí aquellos viejos zapatos granates que me han durado años. Es que siempre los zapatos me duran siglos. Hoy tengo puestas unas botas blancas de 'chúpame la punta' que tienen por lo menos ocho años. Pero tenía ganas de algo diferente. Lo que ocurre es que tengo mal ojo con el calzado, puesto que me lo suelo poner una o dos veces recién comprado y luego no vuelvo a tocarlo hasta que pasan años. No es de extrañar que en mi zapatero se acumulen zapatos y botas que están casi nuevos.
Lo que ha ocurrido es que me he comprado unas botas de piel y con flecos, y he pedido otras rojas de 'chúpame la punta', pero con la puntera menos pronunciada que las que llevo puestas. Lo mejor es que tanto unas como otras las estrenaré y se quedarán en el zapatero hasta que dentro de unos años me dé por cogerlas.
Quizás soy un poco fetichista con el calzado. No es que no me lo ponga, es que tengo tantos pares que me resulta incluso difícil elegir. Al final siempre terminaré usando lo mismo, casi sin variar.

Un vacío que se ha llenado

Quizá ese hueco que estaba tan vacío lo fue llenando poco a poco, quizá lo hizo sin querer, sin intención alguna, quizá pasó de ser una persona que pasaba desapercibida a convertirse en un imán que hacía feliz a otra persona totalmente ajena.
¿Qué será lo que hace que sea una persona, y no otra, la única que llena ese vacío, ese vacío que cuando está lleno es imposible de vaciar?
Lleno de él, de su sonrisa, de sus ojos, de su dulzura, de su ternura, de sus palabras, de su delicadeza…
Y, a pesar de estar lleno, aún podría llenarse más. Llenarse de cosas inexplicables.

La última nevada que recuerdo

Rúa Mayor en dirección a la catedral, Salamanca
Si viene mi hermano iré a comer a casa. Si no viene me quedaré a comer aquí. Y eso que ha dejado de nevar. Aunque el día sigue blanco. Yo creo que no me despertaré un día de éstos sin que me encuentre con un manto blanco cubriendo el paisaje que se ve desde mi ventana, o desde las ventanas de atrás.
Por supuesto, preferiría que no nevara.

La última gran nevada que recuerdo fue hace un año más o menos. Pero yo estaba en otro lugar, a 315 km de aquí. De repente, me levanté y estaba todo blanco.
He tenido que acudir a un foro donde colgué estas fotos para recuperarlas, ya que son fotos que sólo tengo en el portátil de casa. La fecha en que las colgué es de 15 de diciembre de 2008. Un año exacto.
La sensación del aquí y el ahora es extraña. ¿Quién me lo iba a decir tal día como hoy hace un año? Yo me quería quedar allí. Pero si me hubiera quedado no hubieran ocurrido tantas historias dignas de contar; hubieran sido otras historias diferentes, con otras personas y en otros lugares, creando recuerdos distintos. Si siguiera allí me hubiera perdido algo que ha trascendido más de lo que quisiera, algo que me hace feliz. Que allí estaba bien, pero... aquí me encuentro mejor.Calle Compañía: a la derecha, la Casa de las Conchas y, a la izquierda, la puerta de la Universidad Pontificia, Salamanca