sábado, noviembre 21, 2009

Tengo la negra

En verdad tengo mala suerte, porque cuando el otro día decía que estaba incubando virus no hablaba en vano. Ahora tengo un fuerte dolor de pecho que ha bajado desde la garganta. Así que voy a coger el coche y me voy a ir al centro de salud. Y aunque soy reacia a que me pongan la vacuna de la Gripe A, si me la tienen que poner que lo hagan. Sinceramente creo que es sólo un resfriado que me está afectando el pecho, el catarro que más fastidia, pero ¿tenía que ocurrir justo a 24 horas de irme de viaje? Al menos me darán algo para aliviar el dolor.
Lo mejor es que no toso ni tengo fiebre, así que ha sido relativamente fácil ocultarlo en casa.

Curiosidades sobre Malta

Ayer estuve ojeando la guía de Malta. La semana pasada me quejaba de que no había trenes, que es normal, cuando la isla más grande (Malta) tiene 27 km de largo por 14 km de ancho. También tiene un clima más templado, tanto que incluso en invierno es posible bañarse en el mar.
Creía también que sería al menos una hora más, pero tampoco tendré que cambiar la hora, pues es la misma que aquí.
Llegó un momento en que dejé de leer, porque entre las horas de autobús y los aviones tendré suficiente tiempo para empaparme con lo que he de ver. Ayer sólo leí datos necesarios para antes del viaje, aunque no me dijeron nada que no supiera, pero tenía que asegurarme.

viernes, noviembre 20, 2009

Sopor, por no decir sueño

A las ocho tenía intenciones de salir hoy, hora y media más tarde estaba dormida con el libro abierto sobre la cara, que ha venido a despertarme mi hermano para ir a cenar. Ahora no me apetece maquearme para salir de fiesta; lo dejaré para mañana, siempre y cuando tenga hecha la maleta para la tarde, puesto que el domingo que levantaré a la hora de comer y el autobús me sale por la tarde.
La verdad es que en mi interior siento un enfrentamiento entre sentimientos opuestos: uno, que pugna por obligarme a ir de fiesta, verle acaso, sólo que falta algún aliciente que tenía antes y del que ahora carezco; el otro, el que me empuja a ponerme el pijama y dormir, descansar por fin, sin tener que madrugar mañana. Pesa más este último. Sea.

Me siento, en cierto modo, desganada.

En cuatro vueltas de reloj

No queda nada...
En estos momentos ya huele a vacaciones, a sal de mar, a arena de playa, a peces (espero que el pescado no sea comida típica, aunque buscaría otros sucedáneos, claro) y un largo etcétera.
Me gustaría seguir escribiendo, pero debo dormir un poco por si al final salgo hoy, que con esta niebla quizás al final echemos una partida de cartas y nos quedemos aquí, aunque realmente hay un motivo más profundo por el que realmente no tengo muchas ganas de fiesta hoy, sólo que me lo voy a guardar para mí.

Por lo demás, voy a relajarme.

El corazón cerrado... (no comments)

N. siempre me dice que soy muy arisca, que nunca doy besos ni abrazos, y que además tengo el corazón cerrado. Igual es que no dejo que mis sentimientos afloren al exterior. No, en cierto modo tiene razón, por mucho que hable de mí, es algo que mantienes oculto en su mayor parte. Exteriorizar los sentimientos me resulta difícil, por eso a la hora de pensar en hablar, en tener una conversación, en hacerle una confesión de esta índole me resulta cuesta arriba.
Lo que le ocurre a N. es que ella es demasiado cariñosa. Y a mí tanta efusión, tanta demostración de cariño me parece que está de más, y también si tienes que demostrar a alguien que le quieres mejor en la intimidad, en la complicidad de dos personas donde no cabe nadie más.
Por supuesto, yo no considero que tenga el corazón cerrado, ni mucho menos. Amo la vida. Me siento reacia a amar a alguien de verdad, y aunque es posible que evite reconocerlo quizás esté empezando a amar. Ni pensarlo quiero.
Arisca, sí, excepto cuando me sale una emoción de manera impulsiva. Hay alguien a quien estaría besando, tocando y abrazando las 24 horas del día los 365 días del año. Pero contra eso no puedo hacer nada, sólo controlar la efusividad.

3 horas para la cuenta atrás

Después de las tres horas de esta tarde seré algo así como más libre.
Las vacaciones en sí no es lo que me atrae, sino el hecho de viajar. Puede ser a cualquier parte, que seguro que disfrutaré en todo momento.
Hoy ya me he concienciado, al despedirme de una de mis compañeras. Ya le he dicho que una semana se pasa muy rápido.

Estoy bastante espesa hoy, será porque he dormido cuatro horas y me siento un poco como en "tierra de nadie".

¿2.33 a.m.?

Sí que se me ha hecho tarde hoy. Mañana a las siete tendré que pegar una cabezada si quiero salir por la noche, aunque ¿quién sabe?
He hecho lo que tenía que hacer y no he parado hasta hacerlo.

Ahora me sumergiré en esos sueños únicos...

jueves, noviembre 19, 2009

Helaba...

Cuando caminaba hacia el coche creo que estaba helando. Hacía un frío terrible. Sentía mis dedos fríos moviéndose en torno a la llave del coche. La calle estaba casi vacía, el silencio era abrumador, pero eso no me ha instado a caminar más rápido, sino a parar y mirar alrededor. Ni rastro de él. Y es que es cierto que siento su ausencia como una losa. Los días son más oscuros sin él, más tristes sin encontrarme con una señal que tenga relación con él.
Si me da por salir mañana quizás le vea, o quizás no.
De momento, voy a seguir con mis apuntes de contabilidad. Que no apetece nada, pero quiero estar libre el fin de semana.
Aunque ahora estoy al lado del radiador sigo teniendo los dedos tan fríos como a las nueve de la noche.

Hasta el infinito

Es que hoy me quedaré en la oficina hasta el infinito. De hecho, ya me duele la espalda de estar más de una hora inclinada junto al escáner. Es lo que tiene cuando quieres acabar algo antes de marcharte. Es lo que tiene cuando llevas toda la tarde sola en la oficina sin parar, que se acumula el trabajo y no quieres marchar sin haberte quitado cosas de encima.
La impaciencia puede conmigo. Tras escanear algo más de 150 páginas de un documento oficial, al subirlo a internet tengo poca paciencia, porque tarda muchísimo. De hecho, ese pc no puedo tocarlo hasta que no termine...
Tengo un presentimiento que aumenta con el paso del tiempo. Para mañana.
Sí, hoy se me hará tarde aquí, pero me sentiré más aliviada al haber terminado lo que me he propuesto.

Catarro en ciernes

Me da la sensación de que estoy incubando un virus de invierno, lo que me desagrada sobremanera. Espero que no se me olviden las gafas de sol, aunque sólo sea para tapar los ojos llorosos, síntoma del catarro que se aproxima.
En la peluquería no paraba de estornudar, por una parte, y toser, por otro lado. Pero he cerrado los ojos, se ha materializado en mi mente una imagen y repentinamente se ha pasado todo.
Hoy en la cafetería estaba muy lejos. Después de decirle a D. que lave el coche y que se afeite, mi imaginación ha volado. Porque hay alguien a quien no se me ocurriría decirle jamás que se quite la barba porque le sienta bien o porque yo estoy quizás acostumbrada a verle así. Y el coche siempre lo tiene limpio. Sé que he sonreído enigmáticamente y a mis pensamientos ha llegado la voz de D. preguntándome en qué estaba pensando. Un rato después le he respondido: "Lo siento, ¿qué decías?". Creo que se ha mosqueado, pero es que cuando lo que me cuentan no me interesa tengo gran facilidad para desconectar de la conversación, y si es una cháchara interminable -hablar por hablar- entro en un mutismo como el de hoy. Es curioso cómo la mente te lleva a cualquier sitio, con cualquier persona, en cualquier momento y parece que estás sentada en la gloria. Además, eso es suficiente para sentirme algo más feliz.

La neblina matinal

Esta mañana amanecía todo con niebla, esa espesa niebla que toca con el suelo. Apetecía parar el coche y sumergirte en medio de esa nada de blancura.
Es una sensación claustrofóbica. Siempre recordaré aquel momento de terror en los alrededores de la Laguna Negra, cuando se echó de repente la niebla y sólo podíamos comunicarnos a través de la voz, porque ni siquiera podías distinguir a la persona que tenías al lado.
Pero perforar durante un momento ese manto de niebla, tal y como se veía esta mañana, tiene que ser una sensación placentera, algo parecido a cuando pisas la nieve virgen por donde aún no ha caminado nadie.

miércoles, noviembre 18, 2009

El alma como obra de arte

El alma es lo único que realmente nos pertenece, pues es lo único que nos sobrevive. Considero necesario pulirla, aunque es tarea difícil, porque algo que no se ve...
Hace unos meses escribí algo sobre la escritura, que era como un trozo de arcilla que tienes que empezar muchas veces y moldearla siempre en busca de una belleza superior, que es susceptible de error, de ahí que muchas veces tengas que empezar de nuevo, una y otra vez, las veces que haga falta. No es exacto, pero la idea era ésta.
El alma también es como ese trozo de arcilla que debemos moldear a diario. Hay que cuidar esa posesión nuestra como el tesoro inalcanzable que es.
A veces, los sentimientos negativos nos dejan unas heridas inmensas, el alma sufre... Los errores que cometemos a lo largo de nuestra vida no se pueden tapar con tiritas como si tal, necesitan tiempo. Seguro que mi alma tiene muchas grietas, pero me he encargado de que se cierren. He conseguido que la energía negativa no llegue a tocar esa alma.
Esta filosofía de la vida te lleva a sonreír siempre y eso es algo que está en cada persona. También es cierto que esto te coloca en un estado de sensibilidad suprema, pues todo te afecta mucho más.
Cuando digo que esa persona me aporta una tranquilidad y una paz tan grandes, hay que llegar a la profundidad del alma. Realmente esa tranquilidad que proviene de él traspasa todo de mí y ha llegado a tocar mi alma, la reconforta, por decirlo de alguna manera. Es sorprendente, porque el alma de cada persona es algo muy íntimo, casi oculto, que roza el misterio; casi nadie llega nunca a tocarla, aunque siempre hay excepciones. Yo sé que cuando él me mira contempla mi alma, de ahí que me resulte imposible ocultarle nada.
El alma es como una obra de arte y la belleza de la misma no está en lo que parezca a simple vista (lo bello no es siempre lo más bonito), sino en algo mucho más profundo, algo que no se ve, y según se la cultive, así será el fruto.

Tu libertad acaba donde empieza la mía

Las despedidas nunca fueron mi fuerte. Jamás se oirá de mis labios un "adiós", aunque sepa que a la persona que tengo delante no la volveré a ver jamás. Y esto es algo relativo, puesto que en la actualidad tenemos los medios suficientes para acortar esas distancias invisibles.
Un día, llegas a casa y te encuentras las palabras avinagradas de una amiga del colegio despidiéndose de ti por no haber recibido respuestas (no es justo). Es cierto que no he fomentado la relación lo que debería. Podría poner mil excusas. Ella podría pensar (y pensará): "Tiene tiempo para escribir en un blog y no saca dos minutos para responderme a mí". Estoy algo enfadada, conmigo misma, por no haberlo visto venir, por no haber sido más constante a la hora de responderle, o quizás llamar.
Llegas a casa y lo único que te apetece es relajarte, dejando aparte todo lo demás.
Ella no se da cuenta de que, por mucho que lea aquí, no plasmo aquí más que una mínima parte de mí, la que quiero que se vea (el lado oscuro me lo guardo para mí) y que lo que cuento no siempre forma parte de mi vida, que hay días que estoy tan saturada de todo que no tengo ganas más que de tumbarme en la cama y leer y olvidar, que cada semana, puntualmente, tengo que enviar cuatro tests (=exámenes) aprobados a un curso en el que me he apuntado, pero para aprobarlos tengo que estudiarme primero los apuntes, y que a veces no tengo el estado de ánimo que me gustaría tener para responder con ganas. Y no quiero ser hipócrita, pues las palabras que se escriben sin ganas son palabras vacías, sin fuerza. Yo no escribo a nadie por quedar bien, sino porque me apetece. Y eso es algo bello, porque hablarás con el corazón en la mano, con la sinceridad que en ese momento te alienta a seguir. Ella tiene su parte de razón, porque una llamada o un correo electrónico es cuestión de unos pocos minutos. Aunque sin ganas...
Siempre he considerado que la libertad a hacer algo es esencial, sobre todo en lo que respecta a cualquier relación, sea del tipo que sea. Nadie puede obligarte a decir nada si no quieres, no se puede obligar a nadie a hacer algo. Y mientras esto no se respete no existirá ese tipo de libertad, y no habrá, por tanto, ningún tipo de conexión, porque una persona (la que quita la libertad) se coloca en un escalón superior a la otra (la que ve menguar su libertad). Y la amistad debería suceder en un plano de igualdad.

Sé que leerás esto, A. Mi consejo es que recapacites. Y piensa que si no contesto es por algo. Que esto no es un medio para justificarme, pues yo siempre contesto, aunque sea el año que viene. Y, mientras esté en mi mano, jamás escribiré algo si no tengo las ganas y la energía necesarias para hacerlo.

Cansancio físico


Caminaba por la calle como a saltitos. Después de más de doce horas con tacones de aguja es normal que los pies se resientan. Salíamos a las nueve de una reunión y sólo me he esforzado a caminar erguida unos quinientos metros (nunca se sabe a quién te puedes encontrar). También mis ojos se han desviado, pero los árboles me lo tapaban todo.
En el coche he sentido el cansancio en todo su esplendor, sobre todo en los ojos. Creo que hoy me quedaré K.O. más pronto de lo habitual.

Cuatro días

Que el tiempo se pasa muy rápido. No debería pensarlo, pero es inevitable. Pienso en el mar y la tranquilidad y me siento feliz. Lástima no poder disfrutarlo con quien realmente me gustaría. Seguro que me acordaré allí de él, sobre todo porque me da la sensación de que tendré tiempo para pensar, de que será una especie de retiro de reflexión. Haga lo que haga, seguro que volveré con alguna decisión tomada, y con varias ideas nuevas.
Ya sabía yo que se me iba a echar rápidamente encima. Debería intentar no pensarlo, porque las tardes se me convierten en algo tedioso y los días pasan más lentamente que lo habitual.

Hipocampos, pacíficos seres marinos

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Durante la época de la esclavitud, llegaban a las costas de Guinea embarcaciones procedentes de los Estados Unidos con el propósito de capturar a los hombres y mujeres que allí vivían para venderlos luego como esclavos en América. Llegaban con mosquetes e imponían su brutalidad, los encadenaban y los obligaban a subir a sus barcos. Pero en una ocasión, un hipocampo vio desde una de las rocas de la costa lo que en la playa estaba sucediendo y decidió avisar al rey Tritón para que tomara cartas en el asunto.
El hipocampo es un ser mitad caballo mitad pez, y puede vivir dentro y fuera del agua. Normalmente son seres solitarios, y suelen ir a lo suyo y no meterse en lo que no va con ellos, pero aquella vez se sintió tan indignado por las acciones de los hombres que quiso ayudar a los esclavos, así que trotó por la playa, se sumergió en el mar y buceó hasta la corte del rey Tritón. Al oírlo, Tritón montó en cólera y agitó las aguas provocando un tremendo oleaje que hizo que los barcos naufragaran y toda la tripulación fuera arrojada a las frías corrientes submarinas. Luego convocó a todos los hipocampos que estaban bajo sus órdenes, les ordenó que fueran velozmente hasta la zona del naufragio y que salvaran a todos aquellos que habían sido capturados. Los hipocampos no perdieron ni un segundo. Con sus fuertes dientes de caballo rompieron las cadenas, cargaron a los esclavos sobre sus lomos y los llevaron sanos y salvos hasta la orilla.

Un poco sibarita


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No había visto el hotel de Malta hasta hoy. Me lo buscaron todo, así que no me había molestado hasta ahora. ¿Por qué? Porque he mirado a ver si tiene zona wifi. Es que estaba pensando en llevarme el portátil para escribir. Ya sé que llevar un ordenador es un incordio en lo que respecta a seguridad en aeropuertos. Pero también soy consciente de que Malta y las dos islas que le pertenecen, Gozo y Comino, son muy pequeñas, y a mitad de semana me quedará poco por ver y mucho por disfrutar de cada momento y del mar. El mar me tranquiliza, por eso sé que esos días serían buenos para dar rienda suelta a la creación e inspiración. También he pensado que Sicilia no está muy lejos, lo que ocurre que a mí los barcos no me convencen, pero la mafia siciliana tiene una especie de atractivo. Vale, tiene la fama, una larga tradición en el cine, pero si fuera a Sicilia sería por otra cosa: tengo una amiga allí, Flora.
De todas formas, que el hotel tenga piscina cubierta me hace ver las cosas de otra manera. Pues no tenía intención de llevar bikini. Ahora la cosa cambia.
Antes era mochilera, ahora me estoy convirtiendo en una sibarita.

Al final he encontrado una alusión a internet. Aunque realmente no quiero eso, sino conexión wifi para conectarme en la habitación, no en una zona pública, y encima cobran; por lo que me cabe suponer que tienen pc's allí mismo. Al final va a ser que no, que mejor me llevo la Moleskine y escribo todo a mano. Ya sé que para escribir no necesito conexión a internet, pero... ya puesta prefiero tenerlo todo.

Servicios

Caja fuerte en la recepción
Cambio de divisas
Cargo por uso de Internet en áreas públicas
Equipos de gimnasia
Lavandería
Sala de juegos electrónicos/de mesa
Sauna
Servicio de habitaciones (horario limitado)
Servicio de niñera
Transporte al aeropuerto (de pago)

Todo en su conjunto

Cuando preguntan qué es lo que te gusta de una persona, a veces no hay una respuesta. Una persona puede gustarte tal cual, todo en su conjunto, sin separar las partes que lo integran. Es muy difícil separar una mirada del todo que lo rodea, o las manos de su conjunto.
Así, si a mí me preguntaran qué es lo que me gusta de él no sabría qué contestar. Porque me gusta todo de él en conjunto, desde los rasgos de su personalidad hasta el más mínimo gesto, pasando por unas características físicas que sobresalen. Y es que, cuando te gusta alguien, aceptas todo de esa persona, tanto virtudes como defectos, sus palabras y su silencio, ese mechón que ha despeinado el viento, incluso una herida oculta que jamás hayas visto.
No se puede separar. Es obvio que hay rasgos en él que destacan, pero siempre en conjunción con todo lo que hay alrededor. Y eso acompañado por su personalidad, a veces poderosa, a veces atrayente, a veces enigmática... aunque estas cualidades también van unidas, sólo que en ocasiones una se sobrepone al resto.

La hora de dormir

Me estremezco sólo de pensar en irme a dormir. Cerrar los ojos y dejarme llevar por un sinfín de sueños en donde generalmente aparece él. Cerrar los ojos y quedarme con su imagen perenne antes de sucumbir al sueño tranquilo que terminará con los primeros rayos del alba.
Es hora de ir a dormir.

martes, noviembre 17, 2009

Los misterios del tarot

Me estoy leyendo un libro que trae una baraja de tarot incluida, con instrucciones. Pero aún no he desembalado las cartas, por la simple razón de que tiendo a rechazar este tipo de cosas que tocan lo enigmático. De igual manera sería incapaz de ir a una adivina a que me echara las cartas, por poner un ejemplo.
No tengo intención de leerme esas instrucciones, aunque el libro ya se ha metido de lleno en ello. A mí me gusta la historia que hay detrás. De hecho, dos capítulos dedicados al tarot me han parecido desidiosos y aburridos, quizás porque debería haber quitado el plástico que mantiene cerradas las cartas y haber seguido las pautas. Pero no. Si puedo vivir sin ello... lo prefiero.
Tengo una amiga que le gustan estas cosas y hace unos años se compró una baraja de tarot. Nos echaba las cartas, siempre leyendo las instrucciones. Era tontería, porque creo que para echar estas cartas hay que estar muy metido en el tema y estar versado en los enigmas y misterios.
Sin embargo, a mí este tipo de cosas me dan respeto. Igual que el espiritismo. Hice dos veces y me prometí que jamás repetiría esas experiencias. Prefiero no saber nada que esté más allá, prefiero caminar día a día, con mi esfuerzo, con esa ignorancia que nos lleva a preguntarnos muchas veces qué nos deparará el futuro, prefiero que en mi vida no haya resquicios de artes oscuras. Quizás es porque peco de incrédula y soy más del "ver para creer".
Estoy enganchada al libro (pero sin tarot).