Monastiraki
La víspera de marchar caminé mucho por Atenas, entré en varias tiendas de deporte porque mi hermano pequeño y mi sobrina de diez años querían una camiseta cada uno del Olympiakos. En todas las tiendas que entré junto a la Plaza Syntagma me dijeron que encontraría en Monastiraki.
Cuando salí del metro me encontré con una pequeña pero populosa plaza que, a su vez, es uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Desde el centro de la plaza se veía la Acrópolis y muchos de los edificios tienen terrazas para admirar el Partenón al atardecer.
En el medio de la plaza había gente cantando o bailando mientras la gente hacía corro a su alrededor, y desde allí había infinitas arterias plagadas de tiendas de todo tipo, donde predominaban las tiendas de sandalias y de souvenirs.
Tienda del Olympiakos
Cogí una de las calles, llena de gente y de tiendas, y entonces, desconociendo los colores, me encontré de frente con una tienda del Olympiakos. La persona que me atendió se sorprendió cuando le pedí la camiseta para una niña de diez años, pero salí de la tienda con las dos camisetas oficiales del Olympiakos.
Y como era un lugar para soñar me dejé caer en una y otra tienda, donde había cantidad de regalos, lo que no estaba mal, ya que siempre quedaba algo que no había comprado. Allí fue donde traje unas máscaras de teatro griego, una para mi pared y otra para mi novio, nuestras tazas de Grecia, pero también detalles con el ojo griego o una lapicera con figuras negras sobre fondo naranja, igual que las antiguas cráteras griegas.
En ocasiones, hablando de Grecia, he nombrado las Grandes Panateneas, sin explicar lo que eran. El acontecimiento capital de la antigua Grecia era la procesión de las Panateneas, momento culminante de los Juegos Panatenaicos o Panateneas, que se celebraba para venerar a la diosa Atenea. La ruta atravesaba toda la ciudad, pasando por el Ágora antigua. El friso de 160 metros del Partenón en el Museo de la Acrópolis representa escenas de la procesión.
La festividad tenía dos versiones: una anual y relativamente tranquila para recordar el nacimiento de Atenea, más o menos en julio, y otra más populosa cada cuatro años. Ésta, las Grandes Panateneas, empezaba con bailes, seguidos de torneos atléticos, teatrales y musicales. A partir del siglo IV a.C., el Estadio Panatenaico acogía muchas de las competiciones atléticas, como un pentatlón (carrera, lanzamiento de disco y jabalina, salto de longitud y lucha), carreras de cuadrigas y un combate de lucha libre llamado pankration.
Los ganadores recibían como premio ánforas con aceite de los olivos sagrados de Atenas; algunas se exponen en el Museo Arqueológico Nacional.
El último día del festival, la procesión de las Panateneas partía de la puerta del Dípilon de Kerameikos, encabezada por hombres que portaban animales sacrificados a Atenea, a quienes seguían doncellas con ritones (vasos corniformes) y músicos que tocaban mientras las muchachas nobles sostenían en alto el peplo sagrado (una preciosa túnica de color azafrán); durante el año anterior, estas jóvenes escogidas habían tejido dicho peplo para el festival, lo que constituía un alto honor.
La procesión discurría por la Vía Panatenaica, que atravesaba el Ágora antigua y pasaba por medio de la Acrópolis. La entrada a ésta no estaba permitida a todo el mundo, pero durante la conclusión del festival, las agraciadas colocaban el peplo sobre la estatua de Atenea Polias en el Erecteión.
Biblioteca de Adriano, fachada de poniente
Junto a la plaza de Monastiraki se encuentra la antigua Biblioteca de Adriano. Son los restos de la mayor estructura levantada por Adriano (siglo II), que no sólo era una biblioteca, ya que funcionaba también como sala de lectura y centro de reunión.
Biblioteca de Adriano
Su planta era la de un típico foro romano, con un estanque en el centro de un peristilo con 100 columnas. La fachada de poniente, junto a la entrada, ha sido restaurada. Aparte de eso sólo quedan los restos de la biblioteca, además de las dos iglesias construidas en los siglos VII y XII. Lamentablemente no pude entrar porque cuando llegué estaban cerrando.
El Imperio Romano se apoderó por primera vez de una parte de Grecia en el 146 a.C. En el 86 a.C. Atenas se sumó a una malhadada rebelión en el Asia Menor encabezada por el rey del Ponto, Mitrídates VI. En castigo, el dictador romano Sila invadió Atenas y la despojó de sus esculturas más valiosas. Convertida en provincia de Aquea, la península griega quedó oficialmente sometida a Roma, pero a algunas ciudades grandes se les concedió un autogobierno limitado.
A la obtención de tal privilegio ayudó también la veneración que los romanos sentían por la cultura griega, y así Atenas conservó su posición como centro del saber. La ciudad floreció bajo el poder de los emperadores romanos Augusto, Nerón y Adriano. Adriano la consideró capital cultural de su imperio e invirtió en una biblioteca, templos y un acueducto. La Pax Romana, un período de relativa prosperidad, duró en Grecia hasta mediados del siglo II.